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La pobre agenda ambiental que anunció el presidente ante la Asamblea Legislativa no pudo ocultar que el modelo sigue siendo el extractivismo que saquea, contamina y destruye. Repudio en las redes.

Valeria Foglia@valeriafgl

Lunes 1ro de marzo | 15:51

No tiene mucho para ofrecer sobre el tema y se nota. Alberto Fernández abrió las sesiones ordinarias del Congreso y confirmó que el extractivismo seguirá siendo el modelo con el que su Gobierno intentará atraer dólares para pagar la deuda externa. La pobre y decorativa agenda ambiental del oficialismo, expresada en proyectos de ley e iniciativas limitadas para erradicar basurales o crear nuevos parques nacionales, no faltó durante un discurso cargado de chicanas a la oposición de derecha, con la que sin embargo comparte la apuesta por el tridente tóxico: megaminería, agronegocio e hidrocarburos.

En el marco de la crisis climática y ecológica que gusta citar en ocasiones especiales, el modelo que propone Fernández simplemente no es sostenible. Como parte del Plan de Desarrollo Federal, el presidente enumeró una serie de iniciativas, entre las que se encuentra la actualización del Acuerdo Federal Minero, una herencia de Macri de la que el Gobierno del Frente de Todos no reniega y cuya continuidad confirma el impulso de la Casa Rosada a los planes de gobernadores como Arcioni en Chubut, una provincia donde la minería metalífera está prohibida desde 2003. Una mención sin estridencias ni apelaciones a la "minería sustentable" como suele hacer, pero que tranquiliza a las multinacionales que operan en el país.

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En la alocución ante senadores y diputados, el presidente celebró haber trabajado durante todo 2020 con el Consejo Agroindustrial Argentino, es decir, el sector del agronegocio que le es afín y con el que cooperaron para estimular la “inversión para agregar valor”, aumentando la producción y las exportaciones. Eso incluye desde autorizaciones para el trigo transgénico -que es parte del paquete tecnológico de Bioceres y cuya comercialización depende de Brasil, principal mercado-, las negociaciones arduas y sin descanso con China para el memorándum de entendimiento para la instalación de granjas porcinas -que avanza por provincias- y hasta compromisos “diplomáticos” como la celebración del cumpleaños de Syngenta.

Pero hubo premios para todos: se jactó de eliminar o reducir retenciones a las exportaciones y aseguró que continuarán dando “incentivos impositivos” y “previsibilidad” para estimular inversiones con la excusa de que el agronegocio genera empleo. A menos retenciones, “mayor elaboración del producto”, prometió Fernández, quien habló de proteger los bosques nativos, pero sin mencionar ningún freno a la deforestación ni la cajoneada ley de humedales que fue reclamada masivamente durante 2020.

El discurso presidencial tomó en gran medida la agenda de Biden en su campaña electoral: autos eléctricos con baterías de litio para una “movilidad sustentable”. Fernández prometió crear un "instituto para la movilidad" e inversiones de cinco mil millones de dólares e incentivos fiscales, especialmente para la minería del litio, extraído trabajosamente de los salares de Jujuy. Esta es una de las coincidencias que tiene el Gobierno nacional con Gerardo Morales pese a la resistencia de los pueblos indígenas que ven destruidas sus condiciones de vida y afectado su acceso al agua.

A contramano de la opinión de expertos y científicos climáticos de todo el mundo, la “transición energética” que propone Fernández para mitigar y adaptarse a los efectos de la emergencia climática incluye la promoción integral de la industria de hidrocarburos, es decir, “desde su extracción hasta su industrialización”. El presidente llegó a decir que “Vaca Muerta es la segunda reserva de gas del mundo. Es un recurso clave en la transición energética contra el cambio climático”.

Su proclamada adhesión a los compromisos ya limitados del Acuerdo de París y las promesas formales de reducción de emisiones de dióxido de carbono, con plazos de hasta una década, son políticas inofensivas mientras lo que impera es la profundización de la extracción de petróleo y gas, incluso para la exportación a países limítrofes, en lugar de su drástica reducción como propone el tratado climático que ya cumplió cinco años.

La justificación presidencial para las prácticas basadas en la apropiación de bienes y recursos naturales y su comercialización al mercado mundial como materias primas es siempre la misma: dólares y empleo. Este mediodía habló de poner los “recursos energéticos” que tiene el país para “beneficio de los argentinos”. Los datos no lo amparan: recientemente se dio a conocer que el auge petrolero de Neuquén en los últimos catorce años generó $ 1400 millones por día, mientras que hay familias sin acceso a la energía, contaminación e investigaciones sobre actividad sísmica a causa del fracking y solo un refugio para mujeres víctimas de violencia machista en la capital. ¿Quién se beneficia?

Sin hacer anuncios importantes ni proponer transformaciones en la matriz energética, de consumo y circulación a la altura del grave panorama ambiental -algo que comparte con otros líderes mundiales-, Fernández sacó a relucir que su gestión está “absolutamente” comprometida con los principios establecidos en el Acuerdo de París y que “el futuro será verde o no será”. La apuesta al extractivismo y a seguir promocionando “bombas climáticas” como Vaca Muerta la combina con una política formal de apoyo a la economía circular, que incluye plan de inversiones para erradicar basurales a cielo abierto y mejoras en las condiciones de recuperadores urbanos, iniciativas como la ley de educación ambiental que está en condiciones de ser tratada en el recinto y la creación de nuevos parques nacionales en seis provincias “para preservar la biodiversidad”.

Sin menciones a temas espinosos como la megaminería en Chubut, la depredación del mar argentino por los "socios" de China y otros países, las fumigaciones con sustancias cada vez más tóxicas, Alberto Fernández volvió a ofrecer bagatelas sobre un tema que no domina, no le importa y para el que está pésimamente asesorado. La resistencia a sus planes de saqueo, destrucción y contaminación del extractivismo seguirá estando en las calles.




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