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El futuro del fútbol argentino: el Gobierno y su plan privatizador

A un año de las elecciones presidenciales, el Poder Ejecutivo juega su última carta para habilitar la llegada de capitales privados en el manejo de los clubes nacionales bajo la forma de Sociedades Anónimas Deportivas.

Alfredo Blanco

@alfredoescribe

Martes 23 de octubre de 2018 | 00:12

Claudio Tapia y Mauricio Macri. (@tapiachiqui)

Uno de los intereses más fervientes del Gobierno Nacional puede cristalizarse en poco más de treinta días. El arribo de las sociedades anónimas (SAD) en el fútbol argentino es un debate que está vivo y cuenta con posturas bien marcadas, ya sea por la aprobación como por la negativa. El 29 de Noviembre, en una asamblea extraordinaria, la AFA dará lugar a una votación que marcará el futuro del deporte más popular del país, pero sobre todo de los clubes, como entidades civiles y sin fines de lucro.

No es la primera vez que se sugiere la llegada de capitales privados. En el año 1997 fue el mismísimo Mauricio Macri, por entonces presidente de Boca Juniors, quien llevó la propuesta a Julio Grondona: argumentaba que de esta manera los clubes iban a resolver sus asfixiantes crisis económicas y, además, volverse más eficientes desde el manejo de las finanzas. El ex titular de la Asociación del Fútbol Argentino llamó a una votación que culminó con un rechazo unánime a este tipo de inversión. La historia, veintiún años después, le daría una segunda chance a Macri, pero desde un lugar de mayor privilegio.

A un año de las elecciones nacionales, el Gobierno juega su última carta para introducir el cambio en el estatuto de la AFA. Cuenta con el apoyo de Talleres de Córdoba (actualmente gerenciado), Patronato, Arsenal de Sarandí y San Martín de San Juan. Quien no definió abiertamente su postura es Daniel Angelici, presidente de Boca y figura clave de Cambiemos, muy influyente en el comité ejecutivo de la entidad de la calle Viamonte. Más allá del silencio, junto a Fernando Marín (ex titular de Fútbol Para Todos y Blanquiceleste S.A, empresa gerenciadora de Racing entre los años 2000 y 2008), fueron quienes iniciaron las negociaciones con los clubes de Primera División y del Nacional B, para introducir el debate y llevar a cabo la votación del 29 del próximo mes.

Sin embargo, por estos días, son mayoritarias las voces que rechazan enérgicamente la idea macrista de privatización del fútbol. Desde el Club Atlético Lanús se oponen y repudian este modelo, ya que “modifica radicalmente la esencia e idiosincrasia de las instituciones. Se dejaría de contar con socios para pasar a tener clientes”. Matías Lammens, titular de San Lorenzo, fue otro de los que rechazaron a las SAD: en la red social Twitter, mostró preocupación por el peligro que significa en la “extraordinaria red de contención y promoción social” para miles de chicos y chicas, más allá de los noventa minutos que pueda durar un partido profesional. También aseguró que el Estado debe “ayudar a los clubes, no asfixiarlos con tarifas impagables y tampoco convertirlos en negocios”.

El Club Atlético River Plate, Vélez Sarsfield e Independiente también manifestaron su postura. Rodolfo D´Onofrio, presidente del club de Núñez fue categórico: “los resultados se reparten entre accionistas y no vuelven a los socios”. Según su mirada, el fútbol debe mejorar como producto y apuntar al mercado internacional para obtener nuevos ingresos, de esa manera mejoraría los números que reparte, por ejemplo, la televisación de los partidos. Desde Liniers advierten, en la misma línea que las voces críticas, que la llegada de capitales privados echaría por tierra, por ejemplo, la ley 24.853 que otorgó terrenos para la villa deportiva velezana, con la condición de que se mantenga como una sociedad civil sin fines de lucro. Por su parte, el “Rojo” de Avellaneda, a través de su vicepresidente Pablo Moyano fue más tajante: “es un negocio más del Gobierno”, afirmó. Quien mostró ante los medios la voluntad de sus asambleístas fue Víctor Blanco. Sostuvo que su club votará en contra del proyecto impulsado por el ejecutivo. La preocupación de los hinchas de La Academia se basa, especialmente, en la experiencia de Blanquiceleste S.A, que fue a la quiebra luego de ocho años de gerenciamiento y puso a su equipo al borde del descenso a la B Nacional en el año 2008.

Está claro el daño que puede llegar a hacer una eventual “bienvenida” a las SAD. Es tácito el peligro que corren aquellos clubes que ofrecen diversas actividades para resguardar y sacar de la calle a chicos y chicas de diferentes sectores vulnerables de la población. Las inversiones privadas buscarán el rédito económico más que mejorar la vida social de las instituciones deportivas, el recorte por un posible déficit sería mortal para su funcionamiento.

El próximo mes se realizará la votación en una asamblea extraordinaria en AFA: cuarenta y tres serán los representantes, de los cuales veintidós corresponden a la Primera División y veintiuno al ascenso. Vencerá la propuesta que saque a su favor las dos terceras partes de los votos. La polémica, además, gira en torno al método con el cual se va a sufragar: algunos de los clubes que se manifestaron a favor están convencidos de que debe ser en secreto, mientras que los críticos sostienen que debe ser a mano alzada: “los dirigentes deben hacerse cargo ante su gente, los clubes no son anónimos”, sentenció -entre otros- un indignado Matías Lammens.







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