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Red Internacional

Política Obrera -grupo dirigido por el fundador del Partido Obrero Jorge Altamira-, al igual que el Nuevo MAS, responde a nuestro artículo. Se demuestra que, no sólo las y los diputados y legisladores del FITU no votaron ninguna declaración de repudio al atentado a CFK que contuviera un llamado a la “paz social”, sino absolutamente todo lo contrario. Pero, para variar, la respuesta es un rosario de epítetos y afirmaciones que se dan de bruces con la realidad, incluyendo la propia historia de Altamira como legislador. Pasen y vean.

Guillo PistonesiDirigente nacional del PTS. Miembro de la Mesa Nacional del FIT | @GuilloPistonesi

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Viernes 9 de septiembre | 12:26

El artículo firmado por el compañero Néstor Jacyn (en respuesta a éste) contiene una serie de acusaciones y epítetos contra el PTS y quien esto escribe. Les invito a leerlo en honor a la brevedad del presente.

A diferencia del Nuevo MAS que reconoce de facto su equivocación (pero insólitamente la justifica diciendo que es una “nimiedad”) y debe cambiar de tema, el grupo de Altamira intenta hacer un “retruco”. Aún reconociendo de alguna manera que la pifiaron tomando un bulo de Página|12 que afirmaba que lo votado en relación al repudio al atentado a CFK eran los fundamentos de un legislador del Frente de Todos, no dan el brazo a torcer y dejan entrever en forma intrigante -porque no lo pueden decir abiertamente- que en el caso de una Declaración, a diferencia de una Ley, los fundamentos también se votan. Algo totalmente falso, y lo saben.

Jorge Altamira se desempeñó como Legislador de la Ciudad entre 2000 y 2004. Marcelo Ramal entre 2013 y 2017. Ambos votaron afirmativamente y fueron cofirmantes de decenas de declaraciones, “pesares por fallecimientos”, “declaraciones de interés”, “pedidos de informes” y hasta solidaridades con periodistas como Marcelo Bonelli (Altamira, 19/01/01). Cuando decimos decenas, son decenas, y junto con legisladores de los partidos capitalistas, hayan sido la Alianza, el peronismo, kirchnerismo, el PRO o el cavallismo.

Intentando borrar la historia de los máximos dirigentes de Política Obrera, el autor de la nota va más allá y plantea una suerte de insólita máxima del parlamentarismo revolucionario: a partir de ahora ningún diputado de la izquierda puede votar afirmativamente una declaración o una ley con los partidos capitalistas. “Lo significativo es que a Pistonesi ni se le ocurre que incluso si la declaración reivindicara la revolución proletaria tampoco habría que votarla o haberla votado, porque como decía Lenin cuando Clarín no existía: la burguesía miente, está dispuesta a cualquier extremo para mantener bajo su tutela política a los trabajadores”.
Ya sabemos, si Altamira estuviera en una banca legislativa eso no corre, ya que su sola presencia le cambia el contenido a las cosas…

Pero volviendo al tema de marras, ¿Altamira y sus compañeros consideran en serio que había que votar “en contra” de una declaración que repudiaba el atentado a la vicepresidenta -y punto- porque “la burguesía miente”?, es decir ¿Habría que haber votado “en contra” de lo que opinamos y que ellos mismos (Política Obrera) sostuvieron cuando salieron a repudiar el intento de magnicidio?

Parlamentarismo revolucionario

“La actividad parlamentaria, que consiste fundamentalmente en servirse de la tribuna del parlamento para la agitación revolucionaria, para denunciar las maniobras del adversario, para agrupar a las masas en torno a ciertas ideas, debe estar totalmente subordinada a los fines y tareas de la lucha extraparlamentaria de las masas”, se sostiene en las tesis “Los revolucionarios frente al parlamentarismo: Resolución del II Congreso de la Internacional Comunista” (agosto 1920). “El partido comunista no entra en él para dedicarse a realizar un trabajo constructivo, sino para minar desde el interior el aparato gubernamental y el parlamento” (ídem).

Es bajo esa estrategia que la actividad parlamentaria a nivel nacional, en las provincias y municipios nos permitió tener una histórica influencia en la vida política nacional de Argentina, como izquierda clasista y revolucionaria, cuestión que ya ha trascendido las fronteras y es seguida por gran parte de la izquierda a nivel global. Cualquier lucha de las y los trabajadores y los sectores agraviados por la opresión del régimen y el sistema se ve referenciada en las y los parlamentarios del Frente de Izquierda. La existencia de estas bancadas obreras y socialistas, por ejemplo, permitió hacer audible ante millones la denuncia del pacto colonial con el FMI, y desde allí se organizó una amplia coalición de organizaciones que protagonizaron multitudinarias marchas y actos por la ruptura con el Fondo, actividades de las que participó el conjunto de la izquierda, incluyendo Política Obrera, y que pusieron en valor la impostura del kirchnerismo y su supuesta “oposición” al pacto.

El Congreso, las legislaturas y los concejos deliberantes son una forma supuestamente “democrática” del dominio de la burguesía, de la dictadura de los capitalistas que votan todos los días extorsionando con corridas cambiarias, sentándose en los silos-bolsas para conseguir que les paguen 40 % más por dólar, remarcando los precios para sostener sus ganancias, despidiendo impunemente a los trabajadores, etc. En estos ámbitos parlamentarios ni siquiera se pueden votar los proyectos propios, sino que sólo se ponen a consideración los proyectos del oficialismo y los consensuados con la oposición de derecha.

Se vota a favor, en contra o abstención. No hay otra opción, y la mayoría de las veces, como no puede ser de otra manera, nuestros parlamentarios votan de la misma forma que alguna de las bancadas de los partidos burgueses, aunque con fundamentos bien distintos que se expresan en las intervenciones en el recinto o en las comisiones.

De lo que se trata es sostener la independencia política e intentar por todos los medios utilizar la tribuna parlamentaria para fortalecer cada lucha reivindicativa en la preparación de una lucha extraparlamentaria para derrotar al régimen del FMI, y a la par demostrar el verdadero carácter antidemocrático de estas instituciones que deben ser reemplazadas por los organismos democráticos de autoorganización de las y los trabajadores que se vayan creando al calor de la lucha obrera y popular. Esta es la tarea que desarrollan nuestras diputadas y diputados, legisladoras/es, concejalas/es, junto con participar activamente de la construcción del partido revolucionario necesario para que el torrente de la lucha obrera y popular sea conducido a la victoria, como vemos en su activa participación cotidiana en las asambleas abiertas del PTS.

Por el contrario, una semana después del levantamiento popular del 19 y 20 de diciembre de 2001, Altamira presentó un proyecto de ley que en sus fundamentos planteaba que “la Legislatura tiene la oportunidad de encabezar este proceso político de renovación” (subrayado nuestro). De puño y letra Altamira planteaba que la Alianza, los cavallistas, los videlistas, todos los bloques parlamentarios de la Legislatura, constituyan “un gobierno colegiado” hasta que se convoque una “Asamblea Constituyente”… Ya hubiera sido cuestionable, por su carácter policlasista, la convocatoria a un gobierno de las asambleas populares que surgían en los barrios de la Ciudad, pero esto lo superó con creces.

Cuando Altamira habla de “cretinismo parlamentario” debería revisar su propia historia como Legislador.

Bonus track

“Alberto Fernández: hemos estado cuatro años en una comisión de Legislación Laboral peleando por el salario mínimo, por los subtes, por la unión civil y por un montón de cuestiones, teniendo grandes debates. Vos sos la persona que va a ser Jefe de Gabinete por tu mérito y por tu capacidad. Te ganaste la posibilidad de demostrarle a la Argentina de hoy y del futuro que vos tenés razón. Ese es un hecho extraordinario. (Aplausos)” (versión taquigráfica de la sesión de la Legislatura porteña del 22/05/03).

Quien pronunció estas emocionadas palabras de despedida a quien había asumido como legislador porteño de la mano de Domingo Cavallo y Gustavo Béliz, en una lista con Diego Santilli y la videlista Elena Cruz, y estaba a punto de asumir como Jefe de Gabinete del flamante gobierno de Néstor Kirchner, fue Jorge Altamira en la Legislatura porteña. Hace tres años el destinatario de estos elogios llegó a la máxima investidura de la república burguesa.

Que cada quien saque sus conclusiones.




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