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El cuarto propio de Victoria Ocampo

Un día como hoy, en 1977, la Academia Argentina de Letras consagraba a Victoria Ocampo como la primera mujer miembro de esta institución.

Jueves 21 de julio de 2016 | Edición del día

El nombre Victoria Ocampo es sin duda, uno de los nombres más relevantes si nos referimos al mundo de las escritoras e intelectuales argentinas del siglo XX. Lo que quizás no es tan renombrado, es la militancia feminista que Victoria sostuvo hasta el final de sus años.

Inicios de su formación

Victoria fue la mayor de siete hermanas, y nació en el seno de una familia aristocrática. Su primer idioma fue el francés, sucedido por el inglés y luego el español. Se educó en la universidad de La Sorbona y en el College de France durante los sucesivos viajes que realizaba con su familia a Europa, tomó clases de teatro y piano y se formó en Filosofía y Letras, campo que constituiría su principal interés y especialidad.

En 1912, se casa con Luis “Monaco” Estrada, proveniente de una familia extremadamente católica y conservadora. Sin embargo, Victoria tenía severas dudas respecto al matrimonio, y a la dependencia que implicaba para la vida de las mujeres. Cuenta que solía recordar con indignación el caso de su abuela, que portaba un anillo de oro obsequiado por su esposo con el lema grabado «Encadenada y feliz». Luego de ocho años difíciles, ambos se separan y ella inicia una relación con un primo del ex marido, Julián Martínez. Su divorcio y la posición frente a sus relaciones ya delineaban una actitud audaz para la época.
En 1920, editó su primera nota para el diario La Nación, titulada Babel, donde realizó un comentario del Canto XV del Purgatorio de Dante, y escribió sobre las desigualdades entre los seres humanos.

Visitó Estados Unidos en los años 30, donde frecuentó a Waldo Frank, quien le sugirió que fundara una revista literaria en su país, la cual tratara las inquietudes y la literatura del momento. Esto, marcó en la joven Victoria la idea de lo que germinaría Sur, fundada en 1931, y que se consolidaría como editorial dos años después. A lo largo de su historia, la revista tuvo entre sus colaboradores a figuras literarias como Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, José Bianco, Waldo Frank, Thomas Mann, Thomas Stearns Eliot, André Malraux, Henry Miller, Octavio Paz, Gabriela Mistral, Ernesto Sábato, entre muchos otros.
Según Octavio Paz, «Sur no es sólo un revista o una institución: es una tradición del espíritu... [Victoria] ha hecho lo que nadie antes había hecho en América».

Dime con quién hablas, y te diré quién eres

Por su conflictiva relación con la iglesia y su declarado ateísmo, en 1933 fue declarada «persona no grata» por la Curia. Tiempo después, una carta de la Iglesia al presidente de facto Agustín P. Justo reveló que la decisión había sido motivada por su amistad con varias personas consideradas «enemigas» de la Iglesia.

En septiembre de 1934, a pesar de su oposición al régimen de Mussolini, Ocampo es invitada por el Instituto Interuniversitario Fascista de Cultura a dar unas conferencias en diversas universidades. La escritora mantuvo una entrevista con el dictador, donde le preguntó con respecto a la condición de la mujer en el Estado fascista. Este respondió que el primer deber de la mujer era el de dar hijos al Estado. Poco después, Victoria le escribió a María de Maeztu: «Si el fascismo triunfa en España, estamos perdidos en América>>.

Ese mismo año en noviembre Ocampo conoce a Virginia Woolf, la escritora del célebre ensayo “Un cuarto Propio”, hito pionero en discutir desde un enfoque socio-económico el rol de las mujeres en la literatura universal. Ambas mantendrían una relación de amistad y correspondencia hasta el suicidio de Woolf en 1941. Esta calificó a la escritora como «la opulenta belleza de la millonaria de Buenos Aires». No en vano usaría Virginia esta metáfora para describir la potencialidad literaria de Victoria, ya que esta heredó tres fortunas a lo largo de su vida. Sin embargo, el proyecto de Sur requería de grandes inversiones constantes y al momento de su muerte Ocampo no tenía suficiente dinero para abonar sus impuestos.

Unión Argentina de Mujeres

En marzo de 1936, funda la Unión Argentina de Mujeres junto a otras escritoras y activistas. La UMA era una organización de mujeres que se creó para defender los derechos civiles de las mujeres, donde la escritora María Rosa Oliver llevó a Victoria como presidenta, con el voto de todas. Oliver lo recuerda así en su libro La vida cotidiana (1969): ...“éramos voluntarias, no funcionarias, burguesas, no empleadas ni obreras. De distinta extracción partidaria, comunistas, socialistas, radicales, y apolíticas algunas. Nuestra tarea consistía, entre otras, en informarnos sobre las condiciones sociales vigentes, estudiar las leyes laborales y mantener lazos sobre las condiciones de las mujeres de otros países”.

La principal campaña que lideraba esta organización era contra la promulgación de una ley propuesta por un grupo de jueces en 1935, que hacía retroceder sobre los derechos civiles conquistados en 1926. Según la reforma, las mujeres casadas no podrían administrar sus propios bienes, aceptar trabajar, ni ejercer profesión alguna, sin autorización legal del marido. Además, estos eran autorizados a anular el vínculo si comprobaban que la mujer no era virgen al contraer matrimonio.
La UMA comenzó a expandirse en filiales en el interior, ofreciendo conferencias, reuniones públicas y panfletos, como el siguiente:

“La revolución que significa la emancipación de la mujer es un acontecimiento destinado a tener más repercusión en el porvenir que la guerra mundial o el advenimiento del maquinismo. Lo único que me pregunto es si la palabra ‘emancipación’ es exacta. ¿No convendría más decir ‘liberación’? No olvidemos que los intolerables métodos coercitivos que nacen tan naturalmente en los hombres y que las mujeres soportan con una naturalidad más extraordinaria aún están todavía en vigor entre la gran mayoría. La emancipación de la mujer, tal como yo la concibo, ataca las raíces mismas de los males que afligen a la humanidad femenina y, de rebote, a la humanidad masculina. Pues la una es inseparable de la otra… Que un grupo de mujeres tome aquí conciencia de sus derechos, que son responsabilidades. Tal es mi voto restringido y ardiente. Podrán responder dentro de poco por innumerables mujeres”. (v. Ocampo)

En agosto de 1936, Victoria propició un discurso radial transmitido simultáneamente en España sobre La mujer y su expresión con el fin de fomentar la solidaridad entre las mujeres de todo el mundo.

Finalmente, la UMA logró su objetivo y el proyecto de la reforma fue anulado. En 1938, renunció como presidenta. En 1951, una cruz fue pintada en la entrada de su residencia Villa Ocampo, lo que la señalaba como «oligarca disidente» del peronismo.

El 8 de mayo de 1953 Ocampo fue allanada en Mar del Plata y trasladada como presa política a la cárcel de El Buen Pastor en San Telmo. Ahí convivió con mujeres procesadas o condenadas por delitos comunes. Más tarde comentaría:”En la cárcel uno tenía la sensación de que tocaba fondo, vivía en la realidad”.

La noticia causó revuelo a nivel internacional, con la intervención de Huxley, del The New York Times, y Gabriela Mistral, entre otros. Finalmente fue liberada en la noche del 2 de junio luego de 26 días de arresto.

En 1955 la escritora apoyó el golpe militar de la autodenominada Revolución Libertadora. Hubo una editorial de la revista Sur que fue tan escandalosa en su apoyo, reivindicando a los golpistas como héroes, que llegó a generar diferencias hasta en la misma revista:

“Lo que acabamos de vivir ha demostrado la magnitud del peligro. [...] aprovechemos una lección tan cruel y que hubiera podido serlo aún más si el impulso de algunos hombres que se jugaron la vida no hubiera intervenido de manera milagrosa. [...] ayudémoslos con toda nuestra buena voluntad, con toda nuestra preocupación de verdad y de probidad intelectual” (Ocampo 1955).

En 1958 fue designada presidenta del Fondo Nacional de las Artes.

Últimos años

En un artículo publicado en la Nación en 1966, Ocampo explicaba: “Lo poco que he hecho en mi vida (y no lo califico de poco por falsa modestia sino porque mis planes eran más ambiciosos) lo he hecho a pesar de verme privada de las ventajas de ser hombre. Pero no lo habría alcanzado de no tener inconmovible convicción de que era necesario luchar por darle el lugar que le correspondía a la mitad de la humanidad. En mi caso, consistía en obedecer a una vocación: la de las letras. Vencer en ese sector, así fuera ínfimo, era ayudar al gran movimiento de emancipación que estaba en marcha”.

En 1970 dedicó sus últimos tres números de Sur a la mujer, contra viento y marea según confesara. Incluían una encuesta anónima destinada a indagar qué pensaba la mujer de su papel en el mundo y otra realizada a mujeres relevantes de la Argentina, en lo que se refería a las leyes que deben regir el control de la natalidad y el aborto.
En junio de 1977 se convirtió en la primera mujer miembro de la Academia Argentina de Letras por votación de sus pares. En la madrugada del 27 de enero de 1979 ingresó en coma y falleció a la edad de 88 años.

Borges publicó una nota que decía sobre Victoria: « En un país y en una época en que se creían católicos, tuvo el valor de ser agnóstica. En un momento en que las mujeres eran genéricas, tuvo el valor de ser un individuo. Que yo recuerde, no discutimos nunca la obra de Ibsen, pero ella fue una mujer de Ibsen. Vivió, con valentía y con decoro, su vida propia.”

Juan José Sebreli manifestó que «Victoria Ocampo era una oligarca, pero no todas las oligarcas fueron como ella. En tiempos en que las mujeres tejían, bordaban, iban a misa con los ojos mirando al suelo, Victoria quería ser actriz, escribía obras de teatro, se bañaba en las playas de Mar del Plata, montaba a caballo, bailaba tangos, fumaba, manejaba autos y, por supuesto, se declaraba atea».

También María Elena Walsh hace su conmemoración en un artículo publicado en Clarín ese mismo año, titulado “Feminismo y no violencia”. De ella dice Walsh: “Victoria Ocampo aprende muy temprano que la verdadera revolución cultural, es la emprendida por las mujeres. Es testigo de las batallas libradas en las primeras décadas del siglo por las sufragistas, a quienes tiene la osadía de elogiar y agradecer (…)”

Y compartimos aquí su conclusión: “No es sólo su pasión por la cultura lo que permite a Victoria evadir esquemas de época y de clase. Las trabas impuestas a toda mujer, puede sortearlas por terquedad y porque, al fin y al cabo, las actividades artísticas o literarias les son permitidas a las burguesas, “hijas de hombres ilustrados”, al decir de Woolf (…) Sin embargo, es reconfortante encontrar en esta tierra a alguien que en su pasión por la cultura demuestre la suficiente sensibilidad social como para afligirse porque haya sido desterrada de ella “la mitad de la humanidad” ¿No es eso integración humana?”.







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