Política

OPINION

El complot de la Quinta de Olivos

Los hombres de la foto (sin mujeres), festejaron como “histórica” la baja de los salarios. También piden acordar con los acreedores y seguir pagando la deuda. Redoblaron campaña punitivista. Acordaron que no se discuta el impuesto a los ricos. Y que se siga subsidiando a los empresarios. Del otro lado: buenos ejemplos de lucha y organización de los trabajadores ante la crisis.

Fernando Scolnik

@FernandoScolnik

Jueves 7 de mayo | 14:59

Los 16 hombres posan sonrientes. Hay pandemia. Hay crisis económica. Pero ellos ríen.

Están en la foto el Gobierno, la Sociedad Rural, los bancos, la UIA, la CGT, entre otros.

¿De qué se ríen? Los poderosos del país celebran los acuerdos a los que llegaron. El propio presidente se encargó de festejar que es “histórico” que, sin la opinión de ningún trabajador, se hayan puesto de acuerdo para bajar hasta un 25 % los salarios de los trabajadores suspendidos. La inflación sigue, los sueldos bajan.

Alberto Fernández también agradeció en la reunión el apoyo para la propuesta oficial de renegociar la deuda. Esa misma noche, en el canal TN, amplió el concepto: si los bonistas aceptan lo que el Gobierno ofrece, seguirán ganando. Después el ministro Guzmán avisó por las dudas que incluso pueden ser más flexibles con la propuesta. Todavía hay final abierto y el default no se puede descartar, pero el oficialismo hace ofertas para que los especuladores de siempre sigan ganando.

Pero la cosa no terminó ahí. Esa reunión en Olivos dio inicio a una semana en la que el Gobierno también decidió surfear la ola de los cacerolazos. Lejísimos de aquellos años en los que el kirchnerismo decía dar la batalla cultural, esta vez los representantes supuestamente progresistas acompañaron a los exponentes más de derecha del Frente de Todos. Otra vez, hay una foto que lo explica: la de Axel Kicillof el martes en conferencia de prensa junto al represor xenófobo Sergio Berni, dando rienda suelta a las fake news y a la política punitivista.

Como broche de oro, la semana redondeó un acuerdo entre el Gobierno y el macrismo. El Congreso Nacional volverá a sesionar, pero arreglaron que ni siquiera pondrán en debate establecer un impuesto a las grandes fortunas, que hasta ahora es puro humo. Solo el Frente de Izquierda propondrá debatirlo, contra el pacto de los partidos mayoritarios. Los bancos, los terratenientes y las privatizadas, entre otros tantos de los que ganan siempre, seguirán de fiesta mientras a millones les bajan el salario o los despiden.

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Por último, no hay que olvidar que la semana incluyó también el anuncio del jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, de que las jubilaciones se seguirán aumentando por decreto. Seguirá entonces suspendida la movilidad jubilatoria, en perjuicio de millones de adultos mayores, los más expuestos al coronavirus, que en su inmensa mayoría cobran haberes de miseria.

Los empresarios van por más: hacia una nueva fase de la cuarentena

Insaciables. Como ven que el Gobierno les cede, piden todo. Este miércoles, la Asociación Empresaria Argentina (AEA), que agrupa a grandes firmas como Arcor, Perez Companc, Irsa, Fiat, Coto, Techint, Mercado Libre, Globant, entre otras, emitió un comunicado presionando por un avance en salir de la cuarentena.

Más allá de los cruces verbales, con quejas presidenciales, Alberto Fernández, presionado por la situación económica cada vez más grave, parece avanzar hacia ese lado. Detrás del discurso, la realidad indica que el 72 % del gasto público por la cuarentena, según un estudio de la economista Agostina Constantino, está destinado a las empresas. En estas horas se conoció además que el Gobierno ampliará los sueldos que paga de la actividad privada.

Este miércoles fue el propio titular del Indec, Marco Lavagna, quien dijo, refiriéndose a la situación económica, que “me tengo que morder la lengua pero el panorama es realmente muy malo”.

En ese marco, el Gobierno anunciará en los próximos días lo que seguramente será una fase más flexible de la cuarentena, que traerá aparejados nuevos problemas.

Por un lado, en el plano de la economía, al no sacarse recursos de los grandes grupos económicos, como solo propuso el Frente de Izquierda en el Congreso Nacional, no habrá un plan de emergencia para paliar los sufrimientos de millones, excepto que lo impongamos con la lucha. Para eso hay que prepararse, contra la traición de los sindicatos y las centrales sindicales, casi todos oficialistas.

Pero, por otro lado, a falta de tests masivos y un sistema sanitario preparado, por las consecuencias de décadas de ajustes a la salud pública, es una incógnita lo que sucederá con la pandemia. La grave situación en las villas de emergencia, donde se están disparando los casos, debería ser un alerta.

Para los sectores que vuelvan al trabajo, ya se pueden ver algunos adelantos del peligro que tendrá la desidia patronal con la complicidad de la burocracia sindical. Como fue el caso de la sucursal de Once de Coto, donde la empresa quiso ocultar un caso de coronavirus, exponiendo a trabajadores y consumidores.

Luchas que dan el ejemplo

Desde el comienzo de la pandemia, trabajadores como los tercerizados de GPS – Aerolíneas Argentinas vienen dando ejemplos de cómo ponerse al frente de cuidar la salud, con comisiones de seguridad e higiene en los lugares de trabajo. Esta semana dieron un nuevo paso muy importante, logrando que a raíz de un posible caso de coronavirus se aislara a cientos de trabajadores para evitar que se expanda el virus entre ellos. También, en asambleas virtuales, exigieron tests masivos para todos los trabajadores aeronáuticos y rechazaron las reducciones salariales. Si se flexibiliza la cuarentena, cada vez más será más necesario hacer como ellos, tomar el cuidado de la salud en nuestras manos sin dejarla en manos de empresarios y burócratas sindicales.

Otro gran ejemplo esta semana lo dieron los obreros de Mondelez – Victoria, en la zona norte del Gran Buenos Aires, que en asamblea rechazaron la intención de la empresa de suspender a más de 500 trabajadores con reducción salarial. Se trata de una empresa que en Argentina facturó en 2019 $ 41.600 millones y que, como tantas otras, quiere descargar la crisis sobre los trabajadores, que en este momento están firmando un petitorio y exigiendo que el sindicato se haga presente en la fábrica.

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Este viernes también saldrán al paro los trabajadores precarizados de las empresas de apps, símbolo más visible de millones que trabajan flexibilizados y son los que más sufren los ataques y la prepotencia de las empresas.

Pero claro, como es obvio, ninguno de todos ellos salió en la foto de la Quinta de Olivos. Contra los poderosos que ríen, necesitamos un camino de lucha y organización política independiente para no ser otra vez los que paguemos la crisis. A eso apostamos desde el PTS-Frente de Izquierda, y te invitamos a sumarte. En lo inmediato, apoyando todas las luchas y una gran campaña por un impuesto de emergencia a las grandes fortunas y los grandes grupos económicos, para afrontar los costos sanitarios y económicos de la crisis.







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