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Nacido un día como hoy de 1922, el novelista más destacado de la llamada Generación Beat y padre del movimiento hippie supuso una revolución en el mundo de las letras con su prosa espontánea, la poesía y la posterior influencia que tuvo en la cultura contemporánea.

Viernes 12 de marzo | Edición del día
Kerouac, Ginsberg y Burroughs en el techo del departamento de Ginberg, Lower East Side, Manhattan, 1953

Allan Ginsberg, William Burroughs y Jack Kerouac. Hoy, esos tres nombres podrían no decirnos mucho, pero hace ochenta años atrás fueron sinónimos de lo cool, de un movimiento under que criticaba la superficialidad y la banalidad que se escondía detrás de la american way of life. Esta “forma de vida americana” estalló en Estados Unidos tras el fin de la Segunda Guerra Mundial y pintaba un mundo feliz mientras por debajo se empezaban a cuestionar los estándares sociales y culturales. Estos cambios vertiginosos se dieron en el transcurso de 20 años y fueron los que armaron de otra manera a la juventud que pisó la década de los ‘60 con dudas, temores y audacias muy diferentes a las de sus padres.

Kerouac nació en Massachusetts. Hijo de padres franco-canadienses, fue atleta universitario hasta que tuvo una lesión y decidió dejar los estudios. A comienzos de los años ‘40 se alistó en la Marina Mercante pero fue dado de baja por cuestiones psiquiátricas relacionadas con la soledad y la indiferencia que el joven marino demostraba. Fue por esa época que comenzó a escribir su primer novela “El mar es mi hermano” y en 1951 terminó el manuscrito de On the Road (En el camino), su novela más famosa y en gran parte autobiográfica que describe el recorrido que hizo por todo Estados Unidos y México y en donde aparecen sus amigos Ginsberg, Burroughs y Neal Cassady. Recién pudo ser publicada seis años después debido al rechazo de las editoriales por narraciones explícitas de drogas, orgías y angustia existencial.

El grupo literario de amigos que componen la novela eran parte de la Generación Beat, un movimiento cultural que surgió a mediados de la década de 1940 y que tuvo grandes influencias del jazz. Considerados al comienzo como unos parias sociales, la libertad sexual, las adicciones y la prosa descarnada fueron los elementos que se colaron y que se convirtieron en protagonistas de las obras de los beatniks, cuyo momento fundacional comenzó con la lectura de Howl (Aullido) de Allan Ginsberg en 1955 y posteriormente con la publicación de On the Road. De esta manera, se convirtieron en la carta de presentación en sociedad de un movimiento que ya no podía ser ignorado.

Con su novela, Jack Kerouac fue conocido como “el heredero de Charlie Parker”, el famoso saxofonista de jazz que con su fraseo vertiginoso inventó el bebop. Bird fue también el personaje que usó como base a nivel local Julio Cortázar con su cuento “El perseguidor”, publicado en 1959, y en donde el jazz y la literatura se convirtieron en una sola cosa rápida y frenética, tal como les ocurría a los beatniks.

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La obra literaria del escritor y poeta continuó en desarrollo. La prosa espontánea que lo obligaba a escribir horas y horas sin descanso se convirtió en su sello característico y fue lo que supuso una revolución con On the Road por tener una forma rápida, en primera persona, detallada y llena de sus propias impresiones y sensaciones que le dio voz a toda una generación cuyo ruido de fondo era cada vez más ensordecedor. Su influencia estalló en el universo de la época y Bob Dylan, The Beatles, Patti Smith y The Doors entre tantos otros lo catalogaron como una de sus fuentes de inspiración

Finalmente, Kerouac falleció en 1969 como consecuencia de una cirrosis hepática. A más de uno le hizo pensar que todavía tenía bastante para aportar a ese mundo que estaba viviendo los últimos estertores de la Guerra de Vietnam.

“Pero entonces bailaban como peonzas enloquecidas, y yo vacilaba tras ellos como he estado haciendo toda mi vida mientras sigo a la gente que me interesa, porque la única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas y entonces se ve estallar una luz azul y todo el mundo suelta un “¡Ahhh!”. Quizás sea entre estas palabras de On the Road que podamos vislumbrar, tal vez apenas, algo del extraño mundo de Jack.




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