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Red Internacional

Cumbre de las Américas. El cinismo "democrático" de Biden y la sumisión de Bolsonaro

Los presidentes de Estados Undidos y Brasil coincidieron en las Cumbres de las Américas que se realiza en Los Ángeles. Fue el primer encuentro entre los mandatarios y se realizó en un contexto de adversidad para ambos.

Viernes 10 de junio | 17:44

El encuentro entre el presidente brasileño, Jair Bolsonaro y el estadounidense Joe Biden no puede entenderse fuera del contexto de la organización de la Cumbre de las Américas en Los Ángeles.

Biden tuvo que lidiar con el riesgo de realizar una Cumbre vacía, ante la amenaza de faltazos de los presidentes de los países más grandes de América: México y Brasil. A Estados Unidos le resulta cada vez más difícil alinear a socios y aliados tradicionales detrás de su retórica belicista en la guerra de Ucrania, que comenzó con la invasión reaccionaria de Putin. En América Latina, no logró obtener el apoyo de Brasil y México, sin los cuales es evidente ante el mundo la percepción global de mayores dificultades de su control sobre la región.

Debido a la exclusión de Cuba, Venezuela y Nicaragua, el presidente mexicano, Andrés Manuel Lópes Obrador, boicoteó la Cumbre. Además de López Obrador, los presidentes Luis Arce de Bolivia y Xiomara Castro de Honduras tampoco asistieron a la cumbre en señal de protesta. Para Biden, la participación de Venezuela y Cuba, en particular, podría tener efectos adversos por parte del electorado más conservador en las elecciones intermedias que se realizan dentro de unos meses y donde los demócratas buscan perder lo menos posible frente a los republicanos.

En este escenario adverso, la ausencia de Bolsonaro hubiera significado un gran revés para Biden, dejando al descubierto a un presidente con relaciones muy precarias en su propio “patio trasero”. Por eso, si bien le hizo exigencias al presidente brasileño, centrándose en las elecciones y la Amazonía, las moderó en tono diplomático, para evitar que Bolsonaro se sume al bloque de países ausentes, lo que hubiera terminado por sellar el fracaso de la Cumbre, dejando más en evidencia el declive de la hegemonía estadounidense. Es por esto que Biden otorgó "como premio" la oportunidad de un encuentro personal con Bolsonaro, algo que no hacía desde que llegó a la Casa Blanca en 2020.

Además de los factores inmediatos y el peligro de vaciar la Cumbre, a Biden tampoco le interesa tensar más las relaciones con el Ejército brasileño, que sigue siendo un actor clave en la seguridad de su patio trasero y que, de momento, apoya plenamente a Bolsonaro, aunque no comparte su afiliación con el trumpismo.

Para Bolsonaro, por su parte, el encuentro con Biden no fue menor, ya que es uno de los presidentes más aislados a nivel internacional.
Como ingrediente adicional, la participación del presidente brasileño se dio en medio del escándalo por la desaparición del periodista británico, Dom Phillips, y del indigenista Bruno Pereira, en la Amazonía.

En un intento de mostrarse como interlocutor del actual presidente de la Casa Blanca, Bolsonaro no escatimó elogios para Biden. Buscando sortear de alguna manera su imagen de paria internacional, Bolsonaro calificó el encuentro como "excepcional, mucho mejor de lo que esperaba". En una entrevista con CNN, se declaró “asombrado” con Biden, y también dijo que su relación con Trump era cosa del pasado.

El discurso inaugural de Biden estuvo centrado en la agenda de la “democracia en las Américas” con eje en que el continente debe ser la “región más democrática” del mundo. En parte, este discurso le sirve para defender las exclusiones de países a los que se les impidió participar, pero también para marcar sus diferencias con el proyecto trumpista, e incluso con quienes eran seguidores suyos, como Bolsonaro. Es un discurso cínico de Biden, quien encabeza el imperialismo estadounidense que nada tiene que ver con la democracia, que estuvo detrás del golpe institucional en Brasil, el cívico militar en Bolivia, los intentos golpistas en Venezuela, solo para contar los últimos, y que apoya a toda una serie de dictaduras alrededor del mundo.

En cuanto a las elecciones de este año en Brasil, llamó la atención que Bolsonaro, que viene agitando el fantasma de un fraude haya dicho que: “Estoy seguro de que se llevará a cabo en este espíritu democrático. Llegué por la democracia y estoy seguro que cuando deje el gobierno también será de forma democrática”.
Bolsonaro, que ha declarado unas cuantas veces que sólo dejaría la silla presidencial preso o muerto, de alguna manera necesitaba dar una señal de que respetaría el proceso electoral en el marco de esta Cumbre.

Sobre la agenda climática, Biden transmitió el mensaje de que quiere que Brasil acepte más abiertamente la injerencia estadounidense. Sin embargo, lo hizo en tono cauteloso para no generar disputas diplomáticas con Brasil, e incluso elogió el “buen trabajo” de Brasil para defender la Amazonía. Este probablemente debe haber sido uno de los temas previamente acordados entre EE. UU. y Brasil, que evitaron declaraciones de mayor tensión -junto con el silencio en el caso de la desaparición de Dom Phillips y Bruno Pereira, que aún se reflejaba en los medios debido a las protestas organizadas en los alrededores de la Cumbre.

A pesar del esfuerzo mutuo de Biden y Bolsonaro en querer transmitir unas relaciones diplomáticas respetuosas y un clima templado, la reunión durante la cumbre no significa que se hayan resuelto las fuertes contradicciones acumuladas entre ellos, ni que Biden haya sugerido una preferencia hacia la candidatura de Bolsonaro sobre la de Lula-Alckmin.
Se trata de un intercambio de favores impuesto, en el que cada parte busca sacar provecho del encuentro, estando los objetivos de EE.UU. ligados a mostrar al mundo una figura de autoridad, aunque no pueda ocultar las grietas. Biden también busca establecer puentes con Bolsonaro en un marco en el que Lula tampoco está en directamente alineamiento con su política e incluso lo ha criticado. El imperialismo yanqui parece buscar tender puentes con ambos candidatos ya que no tiene uno que sea más abiertamente "suyo".

Si bien no hay un alineamiento automático entre Lula y Biden, y se conservan diferencias importantes, como la guerra en Ucrania, en la que Lula culpa no solo a Putin sino también a Zelensky del conflicto, por parte del Partido Demócrata existen diferencias sustanciales con Bolsonaro, principalmente porque es el presidente que dirige el país más grande de América Latina y que hasta no hace mucho elogió a Trump.

Las declaraciones de Bolsonaro expresan una disciplina que la Casa Blanca logra imponer y un servilismo que Bolsonaro sabe que es difícil de desafiar, a pesar de las dudas que siguen existiendo sobre el discurso de Bolsonaro ante las elecciones. El encuentro entre los dos presidentes sirvió para que EE. UU. expresara, una vez más, que no acepta un escenario de no reconocimiento de las elecciones en un país de proporciones como Brasil, más aún en un mundo atravesado por tensiones cada vez más severas. Así, Biden se presenta como un "demócrata", busca imponer límites a las aventuras de tipo trumpista por parte de Bolsonaro, aprovechando una mayor subordinación de su parte, y al mismo tiempo se ubica en mejores condiciones de negociar con la fórmula Lula-Alckmin.




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