Géneros y Sexualidades

NI UNA MENOS

El caso Karla Pontigo: continúa impunidad en medio del confinamiento

Karla Ponitgo fue asesinada el 28 de octubre de 2012. A casi 8 años, su caso sigue impune.

Martes 20 de octubre | Edición del día

A pesar de que en 2015, la Corte Interamericana de Derechos Humanos impuso la sentencia Mariana Lima Buendía, la cual recomienda al Estado Mexicano que los asesinatos de mujeres deben ser investigados bajo cualquier circunstancia como feminicidios, la realidad para las miles de familias que buscan justicia para sus hijas, hermanas y madres, en nuestro país, es un tortuoso martirio.

Este es el caso de Esperanza Luccioto, madre de Karla Pontigo Luccioto, asesinada en 2012 en San Luis Potosí. Es verdad que el feminicidio de Karla se perpetro tres años antes de que esta recomendación fuera impuesta en nuestro país, sin embargo, la impunidad, las “negligencias” en la investigación por parte de las autoridades, así como revictimización de las víctimas de feminicidio han sido la norma a través de décadas en México.

En medio de la pandemia, y de lo doblemente burocrático que ha vuelto cualquier proceso legal, Esperanza busca que se cumpla la sentencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), la cual fue emitida el 13 de noviembre del año pasado. En ella se ordena que la Fiscalía de San Luis Potosí reinicie las investigaciones de la muerte de Karla, con perspectiva de género.

Karla Pontigo: El femincidio es un crimen de Estado

Ochoa años más tarde, la familia de Karla desconoce cómo ocurrieron los hechos. De lo único que hay certeza es que la madrugada del domingo 28 de octubre Karla fue retirada aún con vida en una ambulancia, con brutales signos de violencia física, en compañía de su hermano quien había ido a recogerla al bar “Play” donde la joven laboraba los fines de semana.

Su caso, relatado en múltiples ocasiones en distintos medios, revela la brutalidad y la saña con la que son violentadas las mujeres en nuestro país. Karla fue asesinada a los 22 años por Jorge Vasilakos, quien en ese momento era su jefe, y quien de acuerdo a testimonios de sus compañeros y amigos, la acosaba y hostigaba sexual y laboralmente.

Karla murió 20 horas más tarde de su atentado, después de varias intervenciones quirúrgicas, entre ellas la amputación de una pierna. A pesar de eso, en ese momento la versión emitida por las autoridades, fue que se trataba de un “homicidio accidental” provocado porque Karla “se había estrellado contra un cristal que no vio debido a la oscuridad”.

Desde el minuto uno, en el que la madre de Karla exigió investigar qué había ocurrido esa noche con su hija, las autoridades del Ministerio Público, operadores de este Estado patriarcal, buscaron, sin conseguirlo, dar salidas fáciles que dejaran conforme a Esperanza.

La madre denuncia que las autoridades decidieron investigar la escena del crimen casi dos días más tarde del asesinato de su hija. Cuando el lugar ya había sido limpiado y todas las pistas del hecho habían sido borradas, por órdenes de Vasilakos.

A una larga lista de anomalías en el actuar del Ministerio Público, se suma el extravió de los diagnósticos del médico legista, que reportaba signos de violencia sexual.

En 2015, la CNDH emitió una recomendación en la que exigía a Juan Manuel Carreras López, gobernador estatal en turno, investigar el caso con perspectiva de género, y abrir una carpeta de investigación contra los funcionarios que intervinieron en su caso; así como dos denuncias penales contra cuatro agentes. Esto no garantizó que el caso de Karla se resolviera.

A casi ocho años del feminicidio de Karla, Esperanza y sus dos hijos continúan buscando justicia, exigiendo que las recomendaciones de la CNDH y la sentencia de la SCJN abonen a resolver el caso.

“Desgraciadamente esta pandemia nos ha tenido parados, ahora todo es por Zoom, por otros medios, pero la lucha se hace; para mí no es lo mismo, quisiera poder ver todo personalmente, palpar y sentir el apoyo de las personas hacia nosotros; que vean cómo estamos, cómo nos sentimos, cómo son las cosas en realidad, no a través de las pantallas”

Confiesa Lucciotto.

Actualmente con respaldo de Amnistía Internacional (AI), la madre de Karla busca hacer una campaña virtual de al menos 2 mil formas de apoyo a una petición para cumplir la sentencia de la SCJN y al gobernador de San Luis Potosí Juan Manuel Carreral López y al titular de la Fiscalía General de Estado (FGE), Federico Arturo Garza Herrera.

El actuar de las autoridades en el caso de Karla, revelan un secreto a voces en México. Las autoridades son, no sólo cómplices por omisión de la violencia feminicida que atraviesa el país. También, son perpetradoras de esta violencia reproducida conscientemente bajo la etiqueta de “negligentes”, un mote que están dispuestos a pagar, a costa de enviar un mensaje implícito hacia la población: las mujeres pobres y trabajadoras podemos ser violentadas, incluso asesinadas sin que existan consecuencias.

Hoy, que los derechos de las mujeres se ponen sobre la mesa día con día, y que la consigna de ¡Ni una menos! se ha vuelto el estandarte de las movilizaciones por nuestros derechos, tenemos que tener claro que justicia para Karla, y para las miles que nos han sido arrebatadas durante décadas es que no vuelva a haber una sola mujer violentada.

Desde Pan y Rosas creemos que para lograrlo, tenemos que fortalecer el movimiento de mujeres que se viene gestando a nivel nacional, pero destacando la independencia de las autoridades y de todos los partidos del régimen, que han sido los encargados de revictimizarnos y guardar silencio ante el feminicidio sistemáticamente.

Solo así podremos imponer no solo penas y juicios para los responsables de la violencia feminicida, cuando los asesinatos ya han sido cometidos. Es necesario que nuestra organización sea en perspectiva de alcanzar mejores condiciones de vida para el conjunto de las mujeres, como imponer presupuesto para hogares transitorios para víctimas de violencia, salarios y condiciones laborales dignas para todes, para que no tengamos que callarnos ante el acoso laboral "por necesidad" como le ocurrió a Karla, quien además de estudiar, tenía dos empleos.

Karla es una más de las miles por las que saldremos este 25 de noviembre Día Internacional en Contra de la Violencia Hacia Las Mujeres ¡Nos vemos en las calles!







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