Internacional

ANÁLISIS

“El ascenso del socialismo millennial”

Así titula la portada de The Economist, semanario inglés especializado en economía, su última edición dando cuanta de lo que denominan como el “resurgimiento de la izquierda” entre los jóvenes.

Diego Sacchi

@sac_diego

Viernes 15 de febrero | 18:29

La afirmación puede parecer exagerada, especialmente si se tienen en cuenta algunos éxitos electorales de la reacción como la llegada el gobierno de Donald Trump, las extremas derechas en Europa o Bolsonaro y los gobiernos de las derechas latinoamericanas. Pero el semanario inglés no hace más que dar cuenta, con un poco de demora, de una nueva generación que nace a la vida política bajo las condiciones de crisis orgánica, producto de la crisis de 2008.

“Después del colapso de la Unión Soviética en 1991, la contienda ideológica del siglo 20 parecía haber terminado. El capitalismo había ganado y el socialismo se convirtió en un sinónimo de fracaso” comienza afirmando el artículo de The Economist, tal vez rememorando aquellos años en que intelectuales neoliberales pregonaban “el fin de la historia”. Pero nada es para siempre y mucho menos bajo las condiciones creadas por un sistema en decadencia.

“El socialismo está de vuelta porque se ha formado una incisiva crítica de lo que ha ido mal en las sociedades occidentales” sentencia el artículo. Para confirmarlo dan algunos datos “Muchos de los nuevos socialistas millennials. Un 51% de los estadounidenses de entre 18-29 años de edad tienen una visión positiva del socialismo, según dice Gallup. En las primarias de 2016 más gente joven votó por Bernie Sanders que por Hillary Clinton y Donald Trump combinados. Casi un tercio de los votantes franceses menores de 24 años en las elecciones presidenciales en 2017 votaron por el candidato de extrema izquierda.”.

El interés renovado de una importante porción de la juventud por las ideas socialistas explica en buena medida el virulento ataque de Trump durante su discurso sobre el Estado de la Unión. “Estados Unidos nunca será un país socialista” sentenció el presidente, mientras una parte de los demócratas aplaudieron a rabiar el renovado juramento pasandole factura a Bernie Sanders, que se presenta como un sector que propone una vaga revolución política y un “socialismo democrático” en oposición al establishment del Partido Demócrata.

Junto a la aparición de Sanders, avanzaron nuevas candidaturas como la de Alexandria Ocasio-Cortés, una congresista recién elegido que se dice ser socialista democrática y se ha convertido en una sensación. El semanario inglés también destaca a Jeremy Corbyn, actual el líder del Partido Laborista, que surgió como la renovación luego de años de un laborismo marcado por la derechización que le imprimió Tony Blair. En estos casos detrás de esas candidaturas surgió un movimiento militante que reunió a miles de jóvenes, Momentum en torno a la candidatura de Corbyn, Our Revolution para darle impulso a Sanders dentró de la interna Demócrata o el crecimiento del DSA estadounidense, un partido socialdemócrata reformista que se ha visto revitalizado y que hoy tiene más de 50.000 miembros.

Ni Sanders, ni Corbyn representan un problema para la clase dominante ya que están lejos de hacer una revolución, proponiendo no mucho más que algunas políticas similares al New Deal o el regreso a las políticas de reformas que dieron los “estados de bienestar” europeos. En todo caso cumplen un valioso rol como contención de las crisis y posibles rupturas por izquierda que pudieran surgir en sus partidos.

Pero lo que muestran es un fenómeno político que promete tener dimensiones y consecuencias históricas. Una generación que nace a la vida política más cerca de la crisis capitalista y del agotamiento de la hegemonía neoliberal que de la caída del muro de Berlín de 1989 y el triunfalismo capitalista que le siguió. Muchos jóvenes que ven como el capitalismo les depara una vida peor que la de sus padres, trabajos precarios y perdida de derechos. Una parte de esa juventud protagonizan oleadas de huelgas como las de docentes, las de trabajadores de los fast food o las huelgas contra la precaridad laboral en las empresas de las “economías colaborativas” como Amazon. Son síntomas de una situación que está cambiando, hechos nuevos que no sucedían hace décadas.

Esta no es la única novedad global, existe el avance de sectores reaccionarios que buscan fortalecerse producto de las condiciones surgidas de las crisis, como refleja el intento de golpe en Venezuela. Pero el despertar político de una nueva generación es una buena nueva, creando un terreno fértil para las ideas realmente revolucionarias, que tiene el potencial de cambiar verdaderamente la historia.







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