Sociedad

El agua en Córdoba: negocio para pocos y riesgo para muchos

La Izquierda Diario entrevistó a Exequiel Di Tofino, docente e investigador de la UNC, sobre la problemática del agua en Córdoba.

David Voloj

@VolojDavid

Viernes 2 de agosto | 23:00

En las últimas semanas, el estado del agua potable en la ciudad de Córdoba, si es que puede calificarse en términos de “potable” al líquido que fluye por las cañerías de la ciudad, ha estado en el centro de la atención pública. No solo se advierte un color extraño, sino que el mal olor y el sabor a algas -o, en su defecto, saturado de cloro- ha generado el reclamo masivo por parte de los usuarios. La situación no es nueva, como tampoco es novedosa la falta de respuesta por parte de la empresa encargada del suministro ni de los organismos estatales. Mientras el Ente Regulador de Servicios Públicos (Ersep) amenaza con algún tipo de sanción, desde Aguas Cordobesas expresaron que no hay ningún tipo de riesgo para la salud, que el agua es absolutamente potable y que el tratamiento que recibe es exitoso.

Cabe recordar que Aguas Cordobesas forma parte de las empresas del Grupo Roggio, al igual que Metrovías, concesionaria del Subte en Capital Federal. Aldo Roggio renunció a la presidencia del Grupo el año pasado, después de ser aceptado como imputado colaborador en la “causa de los cuadernos”. El empresario había declarado que pagó el 5 % de los subsidios correspondientes al Ferrocarril Urquiza al ex secretario de Transporte Ricardo Jaime y también por la explotación del subte. Sin embargo, no se rescindieron ninguno de los contratos que mantienen los distintos gobiernos con las empresas del Grupo.

En el caso de Aguas Cordobesas, se ha visto ampliamente beneficiada por el gobierno provincial desde el primer mandato del exgobernador José Manuel De la Sota. La empresa no solo que no pagó nunca el canon por el uso del agua cruda, sino que pide una actualización semestral de las tarifas, actualización que el Ersep siempre aprobó. Esto repercute de lleno en el bolsillo de las familias, que han tenido que pagar de su bolsillo la instalación de los medidores. Así, Roggio se embolsa millones y brinda un servicio precario y carga sobre los usuarios cualquier iniciativa de mejora.

Ahora bien, la situación crítica que afecta tanto a las principales cuencas hídricas como a las plantas de potabilización, que operan desde hace años sin un control exhaustivo por parte del Estado. Los residuos tóxicos fabriles, los líquidos cloacales y la deforestación masiva ha generado preocupantes niveles de contaminación en los diques San Roque y Los Molinos, que aportan el agua al 70 % y al 30 % respectivamente de la población de Córdoba (el primero a la zona norte de la ciudad y el segundo, a la zona sur).

Para dimensionar la magnitud de esta problemática, consultamos al Licenciado Exequiel Di Tofino, docente e investigador de la Universidad Nacional de Córdoba, especialista en Química y tecnología de los Alimentos y en Biofisicoquímica. Al referirse a los diques, Di Tofino expresa que “existe hace tiempo un marcado deterioro de las condiciones del agua de los diques San Roque y Los Molinos, y una proliferación cada vez más acentuada de todo tipo de algas, bacterias y otros organismos. Lamentablemente, el agua del dique los Molinos, que era uno de los espejos de agua más saludables con los que contaba la provincia, se está deteriorando en menos tiempo que el que llevó el deterioro del dique San Roque”.

Hace varios años que las investigaciones de Di Tofino vienen arrojando resultados negativos en torno al estado del agua que se consume en Córdoba. Desde su área de conocimiento, señala que lo que más compromete el estado del agua no es la contaminación a nivel químico sino del orden biológico. Esto quiere decir que “lo que se puede observar a simple vista y que resulta desagradable, ese manto verde sobre la superficie del agua, resulta lo menos importante frente a todo aquello que deteriora las condiciones del agua.”

Al profundizar en el análisis, Di Tofino explica: “El problema, lo constituyen las siete u ocho variedades de algas microscópicas, dentro de las cuales, una de las más peligrosas, es la Microcystis, que genera una toxina (la Microcystina) que no se elimina con facilidad y se absorbe a través de la piel con solo exponerse al agua”.

LID: ¿Y si no se consume?

Di Tofino: Por más que el agua de red no se consuma, es el agua que se utiliza para cocinar los alimentos, para el aseo personal, para el lavado, etc. Entre los problemas de salud crónicos que puede generar está la ceguera a largo plazo, problemas digestivos, hepáticos, estomacales, entre otros de mayor gravedad todavía, y de aparición tardía.

LID: Pero entonces, ¿qué precauciones puede tomar el ciudadano común?

Di Tofino: Lo que la mayoría de la gente cree y aplica como método de prevención, es la cloración y el hervor del agua. En el caso de la cloración, sirve para eliminar bacterias, hongos y otros agentes patógenos, pero no elimina las toxinas (sustancias químicas) que pueden haberse liberado al medio acuoso. Y el hervor, que cumple la misma función que la cloración, en algunos casos puede inactivar algunas toxinas, pero en otros puede alterar la conformación de la molécula que conforma la toxina, volviéndola más toxica todavía.

LID: ¿Cuáles son los principales factores que intervienen en la problemática?

Di Tofino: El problema fundamental es el arrastre de sustancias y minerales de las zonas altas alrededor de las cuencas hídricas, producto del lavado y desprotección de los suelos por la deforestación descomunal. También está el vertido de efluentes cloacales prácticamente en crudo, sin ningún tipo de tratamiento alguno, y los desagües clandestinos (entre otros) que proveen de sustancias que resultan ampliamente nutritivas para el desarrollo y proliferación de una cantidad de agentes microbiológicos. Estos agentes, en su mayoría, resultan potencialmente peligrosos para la salud, y los métodos de potabilización que se aplican resultan cada vez más ineficientes y costosos para poder revertir una situación que se vuelve cada vez más comprometida.

Estado y empresa, responsabilidad compartida

En 2017, una planta de residuos peligrosos de Taym (también propiedad de Roggio), ubicada en la ruta nacional 36, liberó líquidos contaminados al canal Los Molinos. El hecho generó cortes en el suministro, información confusa acerca de los límites y alcances de lo ocurrido, y una modesta intervención del Ministerio de Agua, Ambiente y Servicios Públicos, que decidió abrir un expediente con las mediciones de agua. Ahí acabó todo.

LID: ¿Es reversible la problemática que afecta al agua potable en Córdoba?

Di Tofino: Para esta situación no existe una única solución o una única medida. Los gobiernos, los entes de contralor y los gobiernos de las localidades de influencia a las cuencas hídricas deben tomar la decisión y llevar adelante las medidas necesarias, de forma mancomunada, sistemática y sostenidas en el tiempo, para que tengan un resultado viable y permanente en el tiempo. Para que la situación no se siga precarizando, hay que tomar medidas; si se demora, serán más costosas y de cada vez más baja aplicabilidad.

LID: ¿Qué sugerirías hacer, en función de tus investigaciones?

Di Tofino: En la actualidad mis trabajos están apuntados a aportar mecanismos para reducir el ingreso de sustancias nutritivas para estos organismos a los diques, que sería una de las soluciones más viables y económicas, ya que la acción de cada una de las comunas reduciría significativamente el impacto. En particular estoy trabajando sobre organismos competidores con estos patógenos, es decir, que los eliminen o compitan con los nutrientes, para que no tengan lugar a su desarrollo. Y desde el punto de vista de sistemas de filtración de aguas, estoy desarrollando un sistema de filtración con materiales que permitan tener una interacción con la Microcystis (toxina), a nivel superficial con el material filtrante (fenómeno conocido como adsorción, no absorción), una interacción físico - química, que permita retener y en lo posible inactivar la toxina para mejorar las condiciones del agua, sobre todo para consumo humano.

Está claro que ni el gobierno provincial ni la empresa Aguas Cordobesas tienen ningún interés en mantener y cuidar los recursos hídricos, tanto en su importancia para la naturaleza como en cuanto a la provisión de agua potable para la población. La situación del agua en Córdoba muestra, una vez más, la urgente necesidad de estatizar los servicios esenciales para la sociedad, y que las empresas sean gestionadas y supervisadas por los propios trabajadores y usuarios.







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