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Desalojo y represión en Guernica: un punto de inflexión en la situación de Argentina

Después de tres meses de toma, el Gobierno rompió negociaciones y mandó una fuerte represión contra las familias sin techo en un territorio propio, la provincia de Buenos Aires. Días antes, la vicepresidenta Cristina Kirchner había pedido pactar con los poderosos: hoy se ven las primeras consecuencias de esa política. Guernica, un laboratorio de quién es quién ante la crisis.

Fernando Scolnik

@FernandoScolnik

Viernes 30 de octubre | 00:20

Las imágenes recorrieron el país, en una suerte de cadena nacional en la que los sectores más concentrados del poder aprobaron lo que estaba pasando: durante la madrugada de este jueves, un enorme operativo policial al mando del ministro de Kicillof y ex carapintada, Sergio Berni, se desplegó en Guernica.

Lejos de un “Estado presente” para dar respuesta a las necesidades de los más postergados, como dicen algunos relatos, el fenomenal despliegue fue para desalojar con balas de goma, topadoras, gases y palos a las familias sin techo que desde hace tres meses piden por su derecho elemental a tener una vivienda. Con saña, las fuerzas represivas hasta les quemaron sus precarios refugios en los que estaban hasta hoy.

Muchos de los ocupantes del predio, que resistieron durante largas horas, son los perdedores de la crisis, aquellos que se quedaron sin trabajo durante la cuarentena y ya no pudieron pagar un alquiler, pero que están dispuestos a pelearla.

Mientras comenzaba el desalojo, el diputado del Frente de Izquierda Nicolás del Caño hizo uso de la palabra en el Congreso Nacional para denunciar que “lo que se está viendo es que fue una verdadera estafa electoral lo del Frente de Todos, porque en pocos minutos van a votar el presupuesto de ajuste al servicio del FMI”.

Es que una cosa y otra van de la mano: los planes que van a acordar con el organismo internacional solo cierran con represión a los que salgan a luchar para no quedar en la desocupación, la pobreza, la precarización de la vida. El año que viene ni siquiera habrá el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), en un país en el que la pobreza afecta ya casi a la mitad de la población.

Hoy el Gobierno mandó la represión contra muchos que fueron sus votantes, a los cuales les mintió cuando les dijo “primero los últimos”. Muy por el contrario, los especuladores inmobiliarios y los dueños de los countries, que son los verdaderos usurpadores de tierras que en casos como éste no demostraron siquiera títulos de propiedad, reciben los “servicios” de represión del Gobierno, mientras a los pobres se les mete bala, en la mejor tradición del peronismo de Duhalde y Ruckauf en la provincia de Buenos Aires. Como dijo la legisladora del Frente de Izquierda Myriam Bregman en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, “hoy ganaron los usurpadores”.

El “progresismo” de Kicillof fue una clara mentira. Por qué Sergio Berni sigue en su cargo al frente del ministerio de Seguridad después de tantos escándalos como el de Facundo Castro, hoy queda mucho más claro, así como también los motivos por los cuales el Gobierno cedió hace algunas semanas al chantaje armado de una policía a la cual necesita para reprimir.

Lo significativo es que hace menos de veinte días el propio presidente Alberto Fernández había dicho que “no avalo la toma de tierras, pero la respuesta no es sacarlos a palazos con un juez y un policía".

Sin embargo, lo que sucedió fue todo lo contrario. Este miércoles el Gobierno decidió romper la negociación que llevaba adelante con la mayor parte de las organizaciones y delegados, y proceder al desalojo violento.

Resulta difícil separar esta decisión del oficialismo de la carta que publicó la vicepresidenta Cristina Kirchner este lunes, cuando pidió, como salida ante la crisis, un "gran acuerdo nacional" con todos "los sectores políticos, económicos, mediáticos y sociales".

Es decir, pidió un acuerdo que incluya a Clarín, Techint, la Sociedad Rural y muchos de los sectores del poder que son los ganadores de siempre, y que en el último tiempo venían pidiendo “respeto a la propiedad privada” y más ataques y ajustes, a pesar de que el Gobierno retrocedió en Vicentin y ni siquiera votó su tímido impuesto a las grandes fortunas. Vale señalar también que esos mismos sectores de poder fueron cómplices de la dictadura genocida, en algunos casos con campos de concentración dentro de sus empresas. También el llamado al pacto incluye a la Iglesia, que salió de vuelta a repudiar las tomas, y a la burocracia sindical, siempre cómplice de todos los ataques contra el pueblo.

El lector atento notará el giro dado, en comparación con lo que había pasado hace pocas semanas, cuando la ex presidenta había criticado el acto de Alberto Fernández del 9 de Julio junto a esos mismos sectores, al difundir por Twitter una nota de Alfredo Zaiat en Página 12, que dio lugar a una gran polémica dentro del oficialismo.

Pero ante la aceleración de la crisis económica, con presiones devaluatorias y una economía en caída libre, los márgenes de acción se acotaron y la carta de Cristina Kirchner fue un aval explícito para un giro a la derecha, que tuvo su debut en la represión de Guernica, a la vez que se tomó el cuidado de dedicar algunas líneas milimétricamente pensadas para el difícil intento de preservarse, señalando que quien gobierna es Alberto y criticando determinados errores o funcionarios.

El miércoles por la tarde ya había quedado en claro que el Gobierno de Kicillof no tenía ninguna solución real para las familias sin techo. Su “propuesta” de negociación era un engaño que dejaba a cientos de personas sin nada, en una situación de total incertidumbre, para pasar la Navidad y el verano en las mismas condiciones de hoy, sin techo, con frío, expuestos a los temporales. Ante el lógico rechazo de este engaño por parte de asambleas de distintos barrios de la toma, sobrevino la represión.

Este martes el presidente Alberto Fernández en cierto modo lo había avisado: "Decir que la propiedad privada está en riesgo es una estupidez profunda". Hoy Berni y Kicillof demostraron que los intereses de los poderosos están protegidos, los del pueblo trabajador, no.

Un significado de fondo: quién es quién ante la crisis

Guernica no es solo Guernica. La represión, que no es la única sino que se suma a las que sucedieron en otros puntos del Gran Buenos Aires, Neuquén, Tucumán y otros lugares, busca poner “orden” ante una crisis de enorme profundidad que no hará más que agravarse bajo el nuevo acuerdo que se firmará con el FMI.

Guernica también es un mensaje que busca desalentar, a fuerza de represión, a todos los que quieran salir a luchar por vivienda, por trabajo, salud o educación. Pero la realidad es que en el próximo período se agudizará la lucha de clases, como fue siempre en cada gran crisis nacional, con todos los sectores que no estén dispuestos a pagar los costos y salgan a pelear por lo suyo.

Guernica es también un laboratorio que muestra quién es quién ante la crisis. De un lado, el Gobierno, sus fuerzas de represión, la derecha y los medios, contra las familias sin techo. El Frente de Todos mostró el abismo entre sus promesas de campaña y su rol a la hora de gobernar. La burocracia sindical que es parte de este espacio, como siempre, ausente sin aviso, cómplice del poder.

Del otro, la izquierda y algunas organizaciones sociales junto a los que luchan, porque no aceptamos un país de miseria mientras los partidos de los capitalistas entregan el país al FMI y a los grandes empresarios, convalidando y naturalizando siempre el camino que empezaron la dictadura genocida y el menemismo, y que el peronismo y el radicalismo “legalizaron” con el Pacto de Olivos de 1994 en una Constitución que sigue vigente.

Las familias de Guernica mostraron una enorme voluntad de resistencia y organización (con un rol muy destacado de su Comisión de Mujeres), pasando por tres meses de chantajes, amenazas e intimidaciones. Son un ejemplo.

En nuestro caso, desde el primer momento, el PTS-Frente de Izquierda Unidad y La Izquierda Diario estuvimos junto a ellxs apoyando e impulsando la más amplia unidad y solidaridad para con su lucha.

A la vez que defendemos que mediante asambleas sean los propios ocupantes los sujetos de su pelea, contra todos los métodos burocráticos de distintas organizaciones, hicimos nuestro aporte poniendo todas nuestras fuerzas para impulsar campañas de apoyo en los lugares de trabajo, de estudio, en los barrios, llevando donaciones en los días más difíciles a la intemperie, peleando por la unidad de todos los trabajadores ocupados y desocupados, efectivos y precarios, estudiantes, movimiento de mujeres, organismos de derechos humanos. Porque solo en la unidad en la lucha de todos los sectores explotados y oprimidos habrá un camino para que esta crisis no sea un nuevo saqueo histórico contra las grandes mayorías.

En esta batalla, por la política de las burocracias sindicales, los batallones centrales de la clase obrera no intervinieron apoyando a sus hermanos de clase. Por eso está más planteado que nunca fortalecer la pelea por la influencia en los sindicatos, para luchar contra las burocracias para sacar a estas poderosas organizaciones de su parálisis. La enorme fuerza social de la clase obrera, desplegada para la lucha, daría un cambio radical en la relación de fuerzas.

También pusimos todas nuestras fuerzas, desde La Izquierda Diario y nuestros diputados y diputadas en todo el país, para desenmascarar las mentiras de los poderosos, pelear para que la lucha de Guernica sea una causa popular y potenciar una campaña democrática contra la represión.

La lucha de Guernica sigue, pero sus primeras conclusiones son indispensables para una crisis que recién está en sus primeros capítulos y tendrá grandes hechos de la lucha de clases.

Al cierre de esta nota, los vecinos se están reorganizando y decidiendo los próximos pasos de su lucha. Hay que rodearlos de solidaridad, y dar pasos en cada pelea en el camino de recuperar las organizaciones de masas para la lucha y construir un alternativa política de los trabajadores, con un programa para que la crisis la paguen los capitalistas.







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