OPINIÓN

El Voto de los Trabajadores

Un año de innumerables viajes a las urnas, desdoblamientos de elecciones que buscan favorecer a los partidos más poderosos, cómo se ve el futuro panorama político, que conducirá los destinos de Mendoza? desde el llano del pueblo trabajador.

Edgardo Videla

Delegado Comisión Interna de Cuyoplacas | Mendoza

Domingo 22 de marzo de 2015 | 12:07

Gran parte de los votantes actuales, comenzamos a votar luego de la llegada de la democracia en 1983, es quizás por eso que no todos somos conscientes de la responsabilidad que conlleva emitir un voto.

Cuando un ciudadano reniega del tiempo que pierde, de la incomodidad que representa acercarse a una escuela a votar, y descree que su voto aportará algo a un futuro distinto al presente, es casi seguro que ese ciudadano, cambió de canal cada vez que un representante de los partidos políticos exponía sus proyectos en la TV. Ese ciudadano, es también, símbolo del pensamiento de muchos trabajadores que votan, podría interpretarse que todos quieren soluciones pero nadie quiere compromiso.

Este pensamiento, incentivado y explotado al máximo por los partidos mayoritarios, es consecuencia de un desinterés, inducido por las clases políticas.
Cuando un trabajador se convence que su vida se circunscribe a sus afectos personales, sus bienes materiales, y su forma de sostener esa forma de vida, deja en manos de los políticos de turno, las decisiones que pondrán límites a su cómodo beneplácito individualista.

Desde esta columna se alienta permanentemente a la participación obrera en política, pero no todos los trabajadores están dispuestos a militar, entonces lo más respetable que puede hacerse como clase social, es emitir un voto responsable, y para eso es imprescindible informarse y analizar.

Señales del futuro

En Mendoza, la ciudad capital de la provincia abrió el año electoral del país, y ya tenemos una clara tendencia de cómo serán las cosas.

En general, las ciudades capitales concentran a los sectores sociales más acomodados, y aglutina, como excluidos del paraíso, a sectores marcadamente pobres en las periferias. A las clases acomodadas, poco le interesan los cambios, siempre votan a quien le ofrezca, espacios bonitos y limpios por donde ellos transitan. Lo bonito y limpio incluye para ellos, libre de pobres de la periferia, que en muchos casos tratan de ganarse la vida en las calles de la capital provincial. A las clases acomodadas de Mendoza capital, poco les interesa la salud pública, la educación pública, y todo lo que sea público, si su vida pasa por lo privado, por lo que solo se alcanza con una buena posición económica.

Fayad, el fallecido Intendente de la ciudad de Mendoza, ya había marcado la tendencia, expulsando a los artesanos de algunos espacios públicos, su sucesor, también radical, Rodolfo Suarez, candidato más votado para la intendencia, llevó esta manía por la exclusión al máximo, reglamentándola en un polémico código de convivencia, que prohíbe, regula, y castiga a todo lo que no sea “bonito” en la ciudad, desde artistas callejeros, artesanos, vendedores ambulantes, hasta skaters, y manifestaciones públicas.

Y vamos a resaltar esto de las manifestaciones públicas, ya que son todo un indicador. Luego de aprobado el Código de Convivencia, se produjeron algunas manifestaciones que bloquearon la circulación normal del tránsito en las calles capitalinas. Una convocada en diciembre de 2014, por el PTS, en solidaridad con los despedidos de LEAR, y denunciando a algunas empresas mendocinas que vienen dejando, sistemáticamente, a trabajadores en la calle. La segunda fue convocada por los simpatizantes xeneises de Mendoza, para celebrar en el kilómetro 0 de la provincia el denominado día del “Hincha de Boca”, también en diciembre. En enero de 2015, los trabajadores de IMPSA, empresa del millonario Pescarmona, cortaron la calle frente a la Subsecretaría de Trabajo, en reclamo por salarios adeudados y despidos de compañeros.

La última gran manifestación pública en Mendoza se produce invocando el nombre del fiscal Nisman, cientos de ciudadanos de la capital y otros vecinos de Mendoza, se convocaron a mostrar su dolor y su indignación por la muerte de un fiscal que habían conocido, por los medios, una semana antes. Por supuesto, todo el arco radical entre los que estaba el intendente Suarez, acompañado por la fórmula Cornejo-Montero, candidatos a Gobernador y Vice, y Don Julio Cobos, fiel a su estilo mostrando una presencia “no-alegre”, puso su mejor cara de congoja, y salió a mezclarse con la gente, y “discursear” para las cámaras de TV, con un tono que, por momentos, rozaba lo eclesiástico.

Según el Código de Convivencia del Intendente Suarez, las manifestaciones que interrumpan la normal circulación vehicular, serán multadas económicamente, pero de las cuatro manifestaciones mencionadas, solo dos fueron multadas con $20.000. Las multas recayeron sobre el PTS, por denunciar despidos y acompañar a los trabajadores de LEAR, y sobre la Unión Obrera Metalúrgica, Sindicato que nuclea a los trabajadores de IMPSA, que denunciaban despidos y reclamaban su sueldo. Mientras que Suarez, explicó a los medios que no se multaba a los hinchas de Boca, ya que no había entidad que recibiera la multa. Y respecto a la marcha “yo soy Nisman”, no pasó nada, incluso hubo un guiño cómplice de los medios que ni siquiera preguntaron por la multa.

De esto se tratan las señales, los indicadores son claros, y como trabajadores, solo tenemos una lectura posible, se sancionó a los laburantes, se los castigó por pedir lo que les corresponde, por tomarse el atrevimiento de juntarse a mostrar su enojo. Se castigó al descontento, mientras que la celebración y la marcha contra el oficialismo, fueron exceptuadas. Es decir, se promulga un código de convivencia, muy resistido, para aplicarlo a conveniencia de quien lo sanciona. Y al radicalismo de Mendoza, no le gustan los trabajadores que se quejan, y los castiga.

Cambiando la Educación

Desde el oficialismo provincial se impulsó, a mediados del año pasado, una nueva Ley de Educación, con el pretexto de que se necesitan cambios en esa área. Como había ocurrido con el Código de Convivencia del radicalismo en capital, esta Ley del justicialismo, encontró un fuerte rechazo, primero en la comunidad docente, y luego en padres y alumnos. Esta nueva Ley de Educación, proponía retirar del programa algunas materias y talleres, vinculados al arte y la filosofía, y corrían riesgo algunos puestos de trabajo de los docentes. La ley obtuvo media sanción a fines de diciembre pasado, pero finalmente fue archivada en marzo, gracias a algunos artilugios y chicanas de la oposición, sobre todo del radicalismo, y el voto en contra de los parlamentarios del FIT. Paralelamente a esto, los colegios técnicos de Mendoza iban a sufrir una reestructuración de títulos y contenidos, que desde todo punto de vista, perjudicaba a la calidad educativa y a la salida laboral de los estudiantes egresados. Otro fuerte rechazo, movilizaciones, y se suspende el cambio, abriendo llamados a la concordancia.

Si se analiza, los puntos a modificar son, sugestivamente, los que desarrollan capacidades de reflexión y sensibilidad en las personas, la filosofía estimula el razonamiento, nos hace considerar una situación desde varias perspectivas, y el arte estimula la sensibilidad. Cuando una persona puede entender la perspectiva de otra persona, y es sensible a otras realidades, se despierta la solidaridad y la voluntad de cambio. Con respecto a las escuelas técnicas, se empobrece la formación, y se quita respaldo al título habilitante. Hoy por hoy, muchos estudiantes secundarios, egresan con acceso directo a un trabajo, gracias a su desempeño en las pasantías, y al título Nacional que los habilita. Ese título, con los nuevos cambios, sería Provincial, y deberían validarlo en Buenos Aires, gastando tiempo y dinero, antes de poder acceder a un trabajo genuino.

Para qué, o para quién se educa?

Personalmente, me cuesta imaginar una reunión de cerebros maquiavélicos, diagramando un futuro de mano de obra barata, pero sí creo que hay una complicidad tácita naturalizada entre la política y los grandes capitales privados. Entonces, crear por medio de la educación pública una legión de personas insensibles y sin poder de razonamiento, con un título técnico mediocre que los lleve a mendigar una plaza laboral genuina donde aplicar sus conocimientos, es algo que les caería muy bien a los encargados de dar trabajo a la ciudadanía, a los grandes empresarios, dueños de industrias, supermercados, clínicas, y todo lo que pertenece y enriquece a los dueños del futuro.

Ojos bien abiertos

En estos dos ejemplos mencionados, hay toda una exposición a la vista de quien quiera analizar. Por un lado, el radicalismo propone un Código, que el justicialismo no pudo rechazar legislativamente, y que se aplica para castigar a los trabajadores que reclaman. Por otro lado, el justicialismo oficialista, propone una Ley de educación, que el radicalismo “chicaneó”, para lograr archivarla, y que apunta a formar futuros trabajadores que no sepan organizarse para reclamar. La sensación que queda en gran parte de la opinión pública, es que ni a radicales, ni justicialistas, tienen el menor interés de tratar seriamente, las propuestas del otro, el nudo de la discusión pasa por mostrarse en contra, de análisis… nada.

Ese análisis que los políticos radicales y justicialista no hacen, estamos obligados a hacerlo nosotros como trabajadores, es obvio que a ellos no les importa. Pero sin ningún pudor, tanto radicales, como justicialistas, recibieron en silencio un aumento que alcanzó el 48% en algunos casos, llevándolos a ganar, por mes, lo que un obrero promedio gana en 6 meses. Se pusieron de acuerdo para recibirlo y para defenderlo unidos, cuando el FIT lo denunció públicamente. Los parlamentarios del FIT, ya habían votado en contra del Código radical en capital, y de la Ley de Educación oficialista, y en ambos casos acompañaron marchas de ciudadanos organizados, y los recibieron desde sus bancas, para dejar clara su postura ante estos temas.

Los trabajadores, debemos tener los ojos bien abiertos y llegar a las urnas, por el camino de la conciencia de clase. Debemos saber quienes somos y adonde pertenecemos, a la hora de emitir el voto.

Las palabras que el Intendente Suarez pronunció en un programa de canal 9, Mendoza,” al ciudadano no le interesan las discusiones de derechas o izquierdas. El ciudadano quiere que la política le arregle las calles y veredas”, deben avergonzarnos como ciudadanos votantes y trabajadores si coincidimos con esa frase, o deben llenarnos de interés, y ansias de participación, si sentimos que este pensamiento nos denigra.

Cada vez somos más los trabajadores, que entendemos que nuestro voto, debe ser para el proyecto político, que nos incluya como parte activa de la solución a nuestros problemas, y que estamos lejos del proyecto político, que prometa soluciones, sin darnos participación.-







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