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Red Internacional

Colombia.El Paro Cívico Nacional de 1977: un precedente de la rebelión popular

Con motivo de la enorme lucha que viene llevando el pueblo trabajador de Colombia contra el gobierno de Duque, buscaremos profundizar en el proceso conocido como el Paro Cívico Nacional en Colombia, en 1977, considerado por muchos como la movilización obrera y popular más grande en aquel país desde mitades del Siglo XX y hasta la actualidad.

Domingo 30 de mayo | 21:34

"Un día en que se vivió la lucha popular con la intensidad acumulada de veinte años; un día en que estuvieron parados más trabajadores que en el conjunto de los diez años anteriores; un día en que la combatividad y la iniciativa de las masas salieron a flote para mostrarse en un solo rostro de odio, por todos los años de frustración que han significado los gobiernos de las últimas décadas; en fin, un día de septiembre que se convirtió en el más importante movimiento urbano desarrollado en Colombia... Fue el día 14 de septiembre de 1977."

Arturo Alape comienza con esas palabras su libro “Un día de septiembre: Testimonios del Paro cívico”, en el que reúne información muy valiosa sobre los hechos ocurridos en Colombia en 1977. Con motivo de la enorme lucha que viene llevando el pueblo trabajador contra el gobierno de Duque, buscaremos profundizar en el proceso del Paro Cívico Nacional considerado por muchos como la movilización obrera y popular más grande en aquel país desde el Bogotazo de 1948, y la más grande en la segunda mitad del siglo XX.

Queremos rescatar esta experiencia de lucha, ya que en general tanto en las Universidades como popularmente, este importante hecho es muy poco conocido para la visión argentina de la historia latinoamericana respecto a una tradición obrera en Colombia.

Acumulando la bronca (y la experiencia)

Para comprender la magnitud de este proceso, es necesario realizar un repaso de los hechos que estaban ocurriendo a nivel mundial y en Colombia en particular.

Los cambios ocurridos en la década de 1970 explican en parte los niveles de radicalización y participación en el Paro Cívico Nacional. A nivel mundial, influyeron la Revolución Cubana y los procesos revolucionarios de la década del ‘60 y ‘70. Por otra parte, la crisis del petróleo repercutió en el país generando un estado recesivo: Los niveles de inflación fueron una constante en toda la década, que empobreció cada vez más a las masas obreras de las ciudades.

Colombia mantiene desde principios del Siglo XX una relación estrecha con Estados Unidos, debido a la cercanía estratégica al Canal de Panamá. Por otra parte, el Imperialismo estadounidense fortaleció su injerencia en el país a partir de enormes inversiones en Colombia, ya sea en el sector industrial como en la producción cafetalera y con importantes ayudas financieras, que se tradujeron en votaciones comunes en las organizaciones internacionales como la ONU y la participación del país en diversos tratados económicos como el Tratado del Pacífico [1].

Por otra parte, el sistema político estuvo muy marcado por un Estado cuya principal herramienta ha sido la violencia y la represión, con largos años de estado de sitio. Recién en 1935 se estableció la obligatoriedad del voto, pero el fraude electoral y el bipartidismo alcanzado por el pacto de alternancia entre el Partido Liberal y el Partido Conservador llevó a altos niveles de abstención política hasta la década del ´70.

Alfonso López Michelsen asume la presidencia en 1974 electo por el Partido Liberal Colombiano. Su gobierno busca calmar el descontento político existente por las condiciones económicas y el bipartidismo reinante, planteando la necesidad de restituir “la paz democrática y las condiciones de vida”. Pese a algunas medidas parciales iniciales, como el levantamiento del estado de sitio o el otorgamiento de la personería jurídica a la central sindical dirigida por el Partido Comunista (CSTC) y a la demócrata cristiana (CGT), las medidas económicas y políticas tomaron un curso que favoreció al capital financiero y extranjero: reforma laboral para quitar ayudas sociales en los salarios, medidas de corte neoliberal que implicaron mayor apertura de importaciones, una inflación cada vez más acuciante y el congelamiento de los salarios. Durante 1977, el costo de vida aumentó cerca del 30% y una familia pobre destinaba el 40% de sus ingresos a la compra de alimentos (González, 2017). El desempleo urbano llegó a niveles altísimos: del 4% en 1951 al 16% en 1967. A su vez, las migraciones internas de sectores campesinos expulsados por las inversiones extranjeras en la producción cafetalera agravaron esta situación, complicando la situación habitacional de una ciudad que no tenía la infraestructura para albergar a este sector. Las quejas por los problemas con los servicios y la carestía de vida se volvían cada vez peores.

Por otro lado, desde mediados de la década del 60 se venía desarrollando en Colombia un proceso de reorganización sindical, con la creación de nuevas centrales y movimientos independientes, en los cuales la clase obrera había expresado su capacidad de acción convocando a paros nacionales en los años ‘64,‘65, ‘69 y ‘71. En 1975 se registró un pico de 797 protestas, en 1976 fueron 540 y 359 de enero a septiembre de 1977. “De esa época datan importante huelgas como las de Riopaila (noviembre del 75 a febrero del 76), Vanitex (febrero-abril, 1976), bancarios (febrero-junio, 1976), médicos del ICSS (septiembre-octubre, 1976), magisterio (varios conflictos en 1976 y 1977), cementeros (julio-septiembre, 1977), petroleros (agosto-octubre, 1977), e Indupalma (agosto-septiembre del mismo año).” [2] Esto implicó el surgimiento de importantes sectores de lucha de la clase obrera que comenzaron a “entrenar sus músculos”.

En 1971, además, con la ocupación de la Universidad del Valle por parte de las Fuerzas Militares, se inicia una crisis universitaria que deviene en una serie de paros estudiantiles que se extenderán hasta octubre de 1972, donde participan importantes sectores de la comunidad educativa.

La preparación del paro

Este paro no fue una medida improvisada. El llamado a huelga general fue realizado el 20 de agosto por parte de las cuatro centrales sindicales: la Confederación de Trabajadores de Colombia (CTC) dirigida por el Partido Liberal; la Unión de Trabajadores de Colombia (UTC) dirigida por el Partido Conservador; la Confederación Sindical de Trabajadores Colombianos (CSTC) dirigida por el Partido Comunista y la Central General del Trabajo (CGT) de orientación demócrata cristiana. La medida tomaba reivindicaciones concretas de varios sectores movilizados: aumento de salarios por encima del 50%, la congelación de los precios de los artículos de primera necesidad y de las tarifas de servicios públicos; el levantamiento del estado de sitio; el restablecimiento de los derechos laborales y el respeto a las libertades sindicales; la abolición de la reforma administrativa que clasificó a los empleados al servicio del Estado como trabajadores oficiales, a quienes se les impedía disfrutar el derecho de asociación y huelga; la derogación del Estatuto Docente; la reapertura y desmilitarización de las universidades y el aumento del presupuesto asignado a la educación pública; la entrega inmediata a campesinos de haciendas afectadas por el Instituto Colombiano por la Reforma Agraria y el cese a la represión en el campo.

A partir de esta declaración, sindicalistas y obreros organizados que ya habían participado en conflictos anteriormente, centrales sindicales independientes como la FECODE, de docentes y diversos partidos como “el Partido Comunista Marxista Leninista -ruptura del PC-,sectores del Movimiento Obrero Independiente Revolucionario, el Bloque Socialista, entre otros [3] comienzan a conformar los comités pro paro en distintas partes de las ciudades, que jugarán un rol central en la preparación de la jornada y el convencimiento de otros sectores obreros, estudiantiles y campesinos de participar. Conformando asambleas y brigadas en los barrios populares de las principales ciudades, realizan actividades clandestinas de agitación para convencer a los vecinos, hablan con los comerciantes, para que no abran ese día y evitar enfrentamientos. “Señor, hay que cerrar la tienda... Es peligroso vender mañana, día de paro...”. [4] También con los colectiveros para anunciarles las medidas que deciden tomar: “Mañana compañero no vaya a salir. Sería una imprudencia. No sabemos cuáles van a ser las consecuencias del paro”. [5] Los últimos días de preparación logran la adhesión de los docentes, que juegan un rol destacado en convencer a los padres de familia de participar del paro y de la organización del mismo.

"(...) escribimos una carta muy amable, en la cual aconsejamos a nuestros vecinos de apartamento, que lo mejor para su seguridad personal y familiar era no enviar a sus hijos al colegio (...) que llamaran a su trabajo y dijeran que era imposible llegar a la oficina por dificultades en el transporte, en fin, salir el día del paro era peligroso ya que nada se podía garantizar como organizadores del paro. (...) Al día siguiente salía para la calle y una de las vecinas me dijo: Mire don Jairo, qué señores tan caballerosos esos que están organizando el paro. Hasta cartas decentes le escriben a uno, para prevenirlo del peligro… " [6]

Dos días antes comienzan los preparativos. El eje central es el bloqueo de todos los medios de transporte: se utilizan tachuelas y aceite. En las carreteras principales se disponen todo tipo de material que los trabajadores fueron encontrando y esconden los días previos para realizar los bloqueos el 14. Se llenan las calles con litros de aceite para imposibilitar el paso.

"Queremos paralizar el tren. Somos más o menos treinta. Hay una piedra que no se puede mover entre todos. La dejamos ahí y cuando volvemos con más hombres, los habitantes del barrio ya la habían subido. Como la piedra está sobre la carrilera, se nos ocurre embadurnarla con aceite y grasa y rociarla con vidrio molido, cosa que cuando vayan a cogerla se les deslice por las manos como pescados." [7]

El ejército se extiende por las calles, frustrando algunos planes. López Michelsen da conferencias públicas por los medios todos los días, amenazando con la represión y tachando el paro de subversivo. Ya desde 1976 habían vuelto a instaurar el estado de sitio.

La CTC y la UTC, afines al gobierno, buscaban realizar un paro sin movilización. Pero la bronca acumulada y los procesos anteriores de organización dieron lugar a un desborde total de la medida. Entre las 8 y las 10 de la mañana, ante el despliegue del ejército, la multitud se hace presente en las calles para detener a la policía. Los preparativos anteriores para detener el transporte fueron fundamentales para terminar de convencer a sectores vacilantes y sobre todo, a aquellos que no se encontraban sindicalizados. La movilización y organización de los estudiantes también es un factor explosivo contra la policía.

"La policía detiene a dos compañeros. Está bloqueado totalmente el transporte por la 13 hacia Fontibón y la Avenida de las Américas. Son las nueve. Estruendoso se ve el paro. Gentío hacia el centro, no caben por las avenidas. Son los colegios de los barrios Galán y Trinidad. Gritan vivas al paro, abajo el gobierno. Son más de mil estudiantes." [8]

La orden del ejército era sostener el transporte como fuese, lo cual muy temprano implicó enfrentamientos, represión, detenidos y muertos. Aquellos que habían salido a trabajar finalmente comenzaron a movilizarse y a bloquear las vías del tren, enfrentando a la policía. En algunos barrios lograron reducirla. Hacia el mediodía, algunas calles estaban desiertas, en otras las mareas humanas se movilizaban a las comisarías y se enfrentaban con las fuerzas represivas.

La población resiste y da un combate callejero levantando barricadas y usando piedras para atacar a la policía y saquear reconocidas empresas multinacionales. En distintos barrios lograron expulsar a las fuerzas represivas durante varias horas. La población luchó hasta el 15 de septiembre a la noche, donde la policía finalmente logra aplastar los últimos vestigios del paro y la movilización callejera.

Algunas conclusiones

El paro contó con un 90% de adhesión entre los trabajadores sindicalizados. Se calcula que junto a los trabajadores del campo la participación ascendió a dos millones y medio de trabajadores, que sumado a la participación de sectores sociales, barrios populares y población en general movilizó más de cinco millones de personas.

A su vez, tuvo una cobertura nacional ya que se vivió de manera intensa en ciudades como Bogotá, Barranquilla, Cali, Cúcuta, Ibagué, Villavicencio, Neiva, Cartagena, Santa Marta, Sogamoso, Buenaventura, Florencia y Barranca bermeja; su intensidad fue menor en Medellín y el Valle de Aburrá, Pereira, Armenia, Valledupar y Tunja; débil en Bucaramanga y Manizales, Duitama, Chiquinquirá y Maicao. La jornada también fue importante en regiones agrarias como Sumapaz, Tequendama, Urabá y parte del Atlántico. (Delgado, A., 1978).

En lo inmediato, las centrales sindicales emitieron un comunicado dando un parte de victoria y señalando que el paro fue un éxito en todo el país, ratificando la idea de un paro pacífico, y ordenando su levantamiento. Por otra parte, el gobierno, las clases dominantes y los medios masivos a su servicio intentaron demonizar al paro y exigieron mayor represión. La misma había dejado ese día un saldo de entre 19 y 24 asesinados, según el investigador Oscar Delgado; más de 30 muertos, centenares de heridos y arriba de 7.000 detenidos.

López Michelsen, según su alocución el mismo día, después de anunciar el toque de queda, dijo que el paro había sido un fracaso y que había “degenerado en una empresa de sabotaje”, acusando a los manifestantes de usar tachuelas.
Pero la huelga permitió lograr algunas demandas que el gobierno de todas formas tuvo que tomar, como los aumentos salariales. Para 1978 el salario real aumentó un 6% y el fabril, un 16%. La revuelta obrera y popular fue un hito importante no sólo porque las organizaciones obreras intervinieron a través de sus instituciones, sino que también tomaron las demandas de otros sectores sociales oprimidos, como los estudiantes y los campesinos. El comité pro paro logró organizar a los sectores de vanguardia, coordinando con los barrios populares para preparar la medida y trascender un paro simbólico, transformándolo en un verdadero combate con las fuerzas represivas.

Sin embargo, ninguno de sus participantes logró imponer una alternativa clara al régimen. Si bien el Partido Comunista estalinista (que dirigía una central sindical y tenía peso relativo) planteó que era necesario darle una reivindicación política al paro, su ligazón con los sectores más colaboracionistas de la burocracia sindical lo llevaron a no denunciar a López Michelsen ni plantear su caída.
Quedó planteada la necesidad de una salida independiente para las grandes masas, para que su enorme voluntad de lucha se refleje en una salida en beneficio de los trabajadores y el pueblo.


[1El tratado del Pacífico es un acuerdo de integración económica y regional impulsada por Estados Unidos para eliminar aranceles, reducir subsidios y unificar varias normas y stándares comerciales y económicos entre Estados Unidos, Japón, Canadá, México, Perú, Chile, Singapur, Vietnam, Malasia, Brunei, Nueva Zelanda y Australia

[2Archila Neira, M. “Las luchas sociales del Post-Frente Nacional”. En: Controversia no. 176. (abril 2000). Bogotá : CINEP, 2000

[3Arnulfo Bayona, J. “El Paro Cívico Nacional del 14 de Septiembre de 1977: La Jornada de Lucha que vislumbró la Esperanza”. Disponible en: https://socialistascolombia.wordpress.com/2017/09/21/el-paro-civico-nacional-del-14-de-septiembre-de-1977-la-jornada-de-lucha-que-vislumbro-la-esperanza/”

[4Alape, A., Un día de septiembre, Bogotá, Ediciones Armadillo, 1980. P. 30.

[5Ibidem, P. 30

[6Ibidem, P. 29.

[7Ibidem, P. 28.

[8Ibidem, P. 57.





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