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Red Internacional

No hubo mucho plan “platita”, no se anunció un IFE limitado o un bono a los jubilados como se rumoreó tras la derrota electoral del oficialismo. Pocos recursos para aliviar los bolsillos, mientras se prioriza continuar las negociaciones con el FMI y pagar la deuda. Sin mejoras para la clase trabajadora, crece el empleo precario.

Viernes 5 de noviembre | 20:20
Foto: Télam.

La campaña electoral entra en la recta final, el Gobierno se jugó a reducir la diferencia con Juntos, pero habrá que esperar hasta el día de las elecciones para conocer el resultado. No se puede descartar que el descontento se vuelva a expresar con más fuerza y que el oficialismo pierda más votos, lo que puede abrir un escenario incierto de mayor crisis al interior de la coalición como se observó post elecciones en septiembre. En ese caso, ¿habrá recambio dentro del gabinete económico?, ¿resistirá Guzmán? También hay otros interrogantes sobre el rumbo económico, qué pasará con la inflación, con el dólar, el Gobierno devaluará o no, qué pasará con el acuerdo con el FMI.

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Luego de la derrota electoral del oficialismo se habló de una batería de anuncios para aliviar los bolsillos, el denominado plan “platita”, que como dijo el presidente era porque “escucharon e iban a corregir lo que hicieron mal”. Sin embargo, fueron medidas escasas. Se archivó el anuncio de un nuevo IFE 4 (versión limitada para un sector más reducido) y el bono para jubiladas y jubilados, en el Gobierno primó mantener el rumbo de ajuste para cerrar un acuerdo con el FMI.

Según las estimaciones de la consultora EcoGo, los anuncios electorales representan recursos, hasta ahora, por $ 123.437 millones, el equivalente a 0,22 % del PBI. Un monto que equivale al 30 % de lo que ya se le pagó al FMI desde que asumió Fernández.

Entre las medidas que anunció el Gobierno estuvieron la ampliación de las asignaciones familiares a los asalariados registrados, la suba del mínimo no imponible de Ganancias, el aumento del salario mínimo, vital y móvil, entre otras. Se trataron de anuncios que no compensan el deterioro de las condiciones de vida de las mayorías populares. Veamos: en el acumulado de enero a septiembre las asignaciones familiares cayeron un 3,1 % en términos reales en relación al mismo período de 2020, según detalló la Oficina de Presupuesto del Congreso. Los cambios en Ganancias alcanzaron a un sector, pero se calcula que el 10 % de los trabajadores seguirá pagando el impuesto cuando el salario no es ganancia y el poder de compra caerá por cuarto año consecutivo.

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El incremento del salario mínimo también se quedó corto. Según un informe de Cifra de la CTA, el haber debería ser de $ 44.700 a diciembre de este año para que sea equivalente al poder adquisitivo que el salario mínimo tuvo en 2015. Muy lejos de los $ 32.000 que alcanzaría en diciembre, definido por el Gobierno, los empresarios y los dirigentes sindicales, cómplices del ajuste salarial. Este aumento de miseria también afecta a las becas Progresar, Acompañar, Potenciar Trabajo y seguros de desempleo. Los trabajadores del Plan Potenciar tienen que sobrevivir con solo la mitad del salario mínimo, vital y móvil. En septiembre el haber mínimo cubrió menos de la mitad de la canasta de pobreza que elabora el Indec, y en el caso del Plan Potenciar alcanzó para solo un 52 % de la canasta de indigencia. Es un mínimo de lo poco que alcanza el salario ya que la canasta del organismo no incluye el gasto de un alquiler, siendo un gasto que se lleva gran parte del sueldo en muchos hogares. El Gobierno no escuchó el mensaje de las urnas, sino el pedido de ajuste del FMI.

Recuperación precaria

Otro problema que afecta a las mayorías populares, y en especial a la juventud, es la falta de empleo. En la campaña electoral tuvo su expresión en las recetas de siempre de reforma laboral de parte de las patronales y sus representantes como los liberales o Juntos. Desde el Gobierno propusieron medidas parches que solo mantendrían el empleo precario. Mientras desde el Frente de Izquierda se propone la reducción de la jornada laboral, sin rebaja salarial, y el reparto de las horas de trabajo entre todas las manos disponibles para terminar con el desempleo.

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Esta semana el Ministerio de Trabajo publicó los datos del empleo registrado de agosto. El Gobierno destacó el aumento del 2,8 % (326.932 empleos registrados) con respecto al mismo mes del 2020. ¿Se puede festejar dicha suba? De ese total, un 40 % (129.508 empleos) corresponde a monotributo y monotributo social, es decir empleo inestable, precario. Tanto los asalariados privados como públicos crecieron en relación al mismo mes del 2020, pero en el privado aún se mantiene por debajo de los niveles prepandemia. En tanto, se registró una caída de 5.704 asalariadas de casas particulares. No hay mucho para celebrar.

Si se comparan los datos de agosto con respecto a febrero del 2020 (sin el impacto de la pandemia en Argentina) el empleo registrado solo mejoró un 1 % (81.430 empleos más). Ese total se explica por: asalariados públicos (+85.522), monotributo (+84.399), y monotributo social (+29.105). Es decir, que la mayor parte de la suba del empleo corresponde al monotributo y monotributo social. Por su parte, en el mismo período se registró un desplome de: 73.732 empleos registrados privados, 24.400 trabajadoras de casas particulares, y 19.464 autónomos. A pesar de las quejas patronales por la prohibición de despidos, hubo una caída del empleo privado. También hay que mencionar que en el propio Estado se contrata trabajadores bajo la modalidad del monotributo, se esconde una relación laboral en dependencia, no acceden a un aguinaldo, no tienen ART, ni obra social, así como también hay empleo tercerizado como para el servicio de limpieza.

Del total del desplome del empleo privado en dicho período, las mayores bajas se registraron en: hoteles y restaurantes (-55.406 empleos), Transporte y comunicación (-21.708), Servicios comunitarios, sociales y personales (-18.705) y comercio (-12.704).

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La foto que publica el Ministerio de Trabajo solo muestra lo que sucedió con el empleo registrado, y no permite ver qué pasó con los sectores informales que fueron los más afectados por la crisis. En tanto, si se observa el informe de la Cuenta de generación del ingreso que publica el Indec en el segundo trimestre de 2021 (último dato disponible) los trabajadores no registrados alcanzaron a 4,5 millones, se recuperaron tras la caída del mismo período en 2020 que eran 3,2 millones, pero está por debajo del 2019 (4,8 millones de puestos de trabajo asalariados no registrados). Esto significa que hubo una suba del empleo informal luego de una gran reducción en la pandemia. Un panorama de precarización laboral, que las patronales quieren profundizar.

De las promesas electorales de Alberto Fernández de terminar con el ajuste de Macri se pasó a un avance del ajuste y seguir bajo el régimen del FMI, al menos por una década. Por eso hay decepción y bronca entre sus votantes, pero también hay otra alternativa como se expresó en el voto al Frente de Izquierda Unidad, cuyas bancas parlamentarias serán puestas al servicio de amplificar y favorecer la organización y la lucha de la clase trabajadora. La salida es por izquierda.

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