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PANDEMIA Y POLÍTICA.El Gobierno dice que la vacunación es pública, pero el negocio sigue siendo privado

Mientras las dosis llegan a cuentagotas, el Gobierno Nacional festejó el millón de vacunados con la primera dosis en la provincia de Bueno Aires. Para que la salud sea un bien público y global, hay que liberar las patentes y estatizar los laboratorios.

Lunes 22 de marzo | 20:39

Éste lunes, el gobernador Kicillof junto a Alberto Fernádez, hicieron un acto en la Universidad de Lanús, para celebrar que se llegó al millón de vacunas aplicadas contra el coronavirus en la provincia de Buenos Aires. Cabe aclarar que sólo 244.029 personas se aplicaron la segunda dosis en este territorio.

El oficialismo ha intentando desdibujar la imagen pública que dejó, vacunando a una casta privilegiada de funcionarios públicos, líderes gremiales y empresarios. A tono con la campaña electoral y para correr el foco de su propio escándalo, el Frente de Todos viene polemizando con la orientación privatista de Rodríguez Larreta, quien facilitó vacunas a clínicas privadas y obras sociales, como denunció originalmente la diputada Myriam Bregman.

"No es menor que es pública, gratuita y optativa", expresó Kicillof en la UNLA. "Que sea pública quiere decir que las vacunas que consigue el Estado Nacional se administran a través del sistema público".

Los cargamentos con las dosis de las distintas marcas de vacunas, vienen llegando al país a cuentagotas. Por eso, Alberto Fernández se cuidó de advertir que no quiere generar "falsas expectativas", ya que el cumplimiento del plan de vacunación, depende de que se logren concretar los acuerdos planteados con los laboratorios.

La oposición de derecha y sus medios afines atacan al Gobierno por su gestión en la
compra de las vacunas. Pero no hay grieta entre JxC y el FdT, en cuanto a que la producción de vacunas siga estando en manos privadas. Resulta completamente impotente pretender afrontar la crisis de la pandemia con mejores negociaciones con los laboratorios en medio de la escases y la guerra de vacunas. Sólo combatiendo el lucro y la rapiña capitalista en el desarrollo y producción de las vacunas y distintas tecnologías, se puede avanzar sobre esta crisis.

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La distribución es pública, pero el negocio es privado

En el acto de éste lunes, el Presidente manifestó: Lo que hace falta es preservar la salud antes que la renta. Por eso también nos preocupa que la vacuna sea gratuita, que todos tengan acceso a ellas. Nosotros no concebimos la vacuna como parte de un comercio, si no, la consideramos un bien global -así lo planteé en las dos reuniones de G20 donde participé- al que todo el mundo debe poder acceder.

Pero los hechos desmienten el relato. Argentina no se ha plegado a las peticiones formales que la OMS y países como India y los que integran la Unión Africana, hicieron a la Organización Mundial del Comercio, para la exención de los derechos de propiedad intelectual y patentes sobre las vacunas.

Más allá de que no se puede esperar que sólo con intercambios diplomáticos las grandes potencias y laboratorios del mundo cedan ante este reclamo; es lamentable que el Gobierno Nacional ni siquiera se haya adherido a este pedido formal.

Por otro lado, la vocación por lo público que el Gobierno dice tener contrasta con el hecho de que la única producción nacional de vacunas que existe está en las manos privadas del empresario Hugo Sigman, en un acuerdo firmado con AstraZeneca para producir acá el principio activo de la vacuna y luego envasar en México.

Para que la salud sea un bien público y global

El Frente de Izquierda plantea, desde el principio de la pandemia, la necesidad de liberar las patentes y derechos de propiedad intelectual sobre las vacunas, tratamientos y tecnologías que se desarrollen para combatir el covid-19. Cuando el 90% de las vacunas es acaparada por los 18 países más ricos del mundo, sólo así se podrá avanzar en que sea un "bien global".

A su vez, propone la unificación de todo el sistema de salud público y privado, bajo la órbita del estado, única manera de poner realmente la salud por delante de las ganancias.

En el mismo sentido, plantea la intervención estatal sobre todas las farmacéuticas y laboratorios, para ponerlos bajo control de los profesionales de la salud y al servicio planes racionales de producción y distribución de vacunas y testeos, en la perspectiva de nacionalizar estas empresas bajo control obrero, junto con los recursos de la sanidad privada.

Sin plantearse estas medidas elementales, cualquier discurso que diga priorizar la salud antes que la renta, se muestra puramente demagógico. Por otra parte, para arrancar medidas de este tipo, es necesario desarrollar una lucha de conjunto de la clase trabajadora, las mujeres y la juventud, que tienda lazos dentro y fuera de las fronteras nacionales.




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