Estado represivo

El Estado de Derecho y la represión en Chile (III)

En un escenario en que el Estado de Chile está impulsando una serie de acciones represivas contra las luchas sociales en curso, desde LID presentamos una sección dedicada a rastrear los momentos históricos en que los movimientos sociales han sido violentamente reprimidos por el Estado de Derecho.

Vicente Mellado

Licenciado en Historia U. Chile. Revistas Ideas de Izquierda.

Domingo 21 de junio de 2015

Vicente Mellado. Licenciado en Historia. Universidad de Chile

La masacre en la Escuela Santa María de Iquique (1907)

A fines de 1907 la región de Tarapacá se vio envuelta en un proceso de agitación obrera como no se daba desde 1890. Como afirmó Eduardo Devés, se combinaron tres elementos. Primero, la devaluación progresiva del peso chileno. Segundo, la tensión entre empresarios y trabajadores como resultado de la pérdida del poder adquisitivo de los últimos. Tercero, el conflicto existente entre el gobierno y la oposición por la ocupación de cargos públicos (1).

El 4 de diciembre de 1907 declararon la huelga 300 obreros pertenecientes al ferrocarril salitrero de Iquique. Su demanda consistió en exigir el reajuste de sus salarios en 16 peniques. Esto enmarcado en una situación económica donde el peso chileno alcanzó un valor de 7 peniques de libra esterlina. Resulta evidente que los bienes de primera necesidad se habían encarecido para el pueblo trabajador nortino.

Como los obreros ferroviarios lograron la demanda de aumento salarial, el 6 de diciembre los trabajadores de playa y bahía de Iquique siguieron el ejemplo, exigiendo a sus patrones —la Casa Gibbs— el pago de salarios al tipo de 16 peniques. Al ser rechazada la petición por la empresa, los obreros iniciaron la huelga el día 9. Se unieron de este modo los obreros panaderos, exigiendo el aumento del 20% de su salario, demanda que fue satisfecha para evitar la escasez del pan.

La huelga en Iquique integró a varios gremios de trabajadores. Sin embargo, su desarrollo fue desigual, en vista de que algunos al ver satisfechas sus demandas se retiraron (como los panaderos), otros se mantuvieron estacionarios al no recibir respuesta (portuarios) y otros se plegaron después (calzado). Allí residió la debilidad del movimiento en la ciudad: no fue una lucha compacta ni centralizada en un comité de huelga que unificara a los diversos gremios. La ausencia de grandes concentraciones laborales pertenecientes a un solo rubro económico, impidieron la coordinación entre las organizaciones obreras, separadas en distintas áreas productivas y empresas de menor tamaño.

El 10 de diciembre, mientras el movimiento huelguístico en Iquique languidecía, en la pampa salitrera de Tarapacá estalló la huelga en la Oficina San Lorenzo. Los obreros del salitre tomaron las demandas que en Iquique perdieron fuerza. Rápidamente, la huelga se propagó desde San Lorenzo al cantón San Antonio, y para el 14 de diciembre, la totalidad de la industria salitrera de Tarapacá, a la sazón la principal región productora de nitrato—solamente desplazada por Antofagasta recién en la década del 10—, paralizó sus faenas. Se hizo el llamado de bajar de las oficinas a la ciudad de Iquique, y miles de obreros con sus familias llegaron al puerto.

El 16 de diciembre se constituyó un comité de huelga que presentó el siguiente memorial:
1. Pago de jornales a 18 peniques
2. Supresión del sistema de fichas
3. Libre comercio al interior de las oficinas
4. Cubrir las bateas (cachuchos) en prevención de accidentes.
5. Balanza y vara para verificar pesos y medidas en las pulperías.
6. Locales para escuelas.
7. Prohibición de arrojar el caliche sin antes pagarlo.
8. Permanencia en sus puestos de los que han participado en la huelga o de indemnización entre 300 y 500 pesos en caso de despido.
9. Indemnización de 10 a 15 días de sueldo en caso de despido.
10. El acuerdo deberá ser firmado públicamente (2)

El gobierno de Chile, impactado y presionado por las patronales salitreras de la masiva “ocupación” de Iquique por 10 mil obreros, envió destacamentos de la Armada y el Ejército para garantizar el orden público. Se hicieron presentes el Regimiento de Artillería de Costa, de Valparaíso; el Regimiento O’Higgins, de Copiapó; el Regimiento Rancagua, de Tacna; marinería de los cruceros y guarnición naval; Regimiento Granaderos y una parte del Carampangue (3). Iquique se transformó en un campamento militar.

Se sabe por medio de la prensa de la época, que no hubo ningún desorden ni saqueo propinado por los huelguistas. La actitud de los obreros fue de absoluto respeto y tranquilidad. Sin embargo, su presencia produjo pánico en la población oligárquica y rica de la ciudad, que abandonó sus hogares subiéndose al crucero Zenteno, en el cuál fueron traídos los regimientos junto al Intendente Carlos Eastman.

Miles de obreros aglomerados en la Escuela Santa María esperaron hasta el 21 de diciembre la respuesta del Intendente de Tarapacá. Existía gran expectación por recibir una solución a las demandas. El día 19 el gobierno comunicó al comité de huelga que los obreros debían retornar a las oficinas, y solo de ese modo se llegaría a un acuerdo con los empresarios salitreros. Los trabajadores, conocedores de esa vieja artimaña para desmovilizarlos, se negaron a partir y se quedaron en la Escuela. Eastman declaró el estado de sitio.

El sábado 21 de diciembre de 1907, a las 15 horas con 30 minutos, el mayor Roberto Silva Renard dio la orden a los soldados apostados frente a la Santa María a abrir fuego con las ametralladoras. Desde las azoteas del edificio y a las afueras del mismo, se produjo una lluvia de balas, asesinando hombres, mujeres y niños. Nunca se supo el número total de muertos. Las fuentes más fidedignas sostienen que fueron alrededor de 2 mil los asesinados por el Ejército de Chile.

Miles de muertos por exigir que se suprimiera el pago en fichas y se aumentara un salario que no alcanzaba para alimentar a las familias obreras. Será recién en la década del 40 que se establecerá el pago en moneda corriente como obligación. Ninguna demanda se conquista sin luchar. Los obreros en la Escuela Santa María lo dejaron claro. Por su parte, el Ejército de Chile cumplió su función histórica y esencial. Defender la propiedad privada de los medios de producción y los intereses patronales.

(1) Devés, Eduardo, Los que van a morir te saludan. Historia de una masacre. Escuela Santa María, Iquique, 1907, Lom ediciones, 1997 [1988], pp. 43-44.
(2) Ibídem, pp. 93-94.
(3) Ibídem, p. 120.







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