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TORTURAS IRAK

Ejército británico participó de las torturas en Abu Ghraib, la cárcel manejada por EE. UU. en Irak

A 15 años de conocidas las torturas en la cárcel de Abu Ghraib contra prisioneros de Estados Unidos en suelo iraquí, sale a la luz la participación del Reino Unido junto a la CIA en los brutales interrogatorios.

Juan Andrés Gallardo

@juanagallardo1

Lunes 4 de marzo | 16:48

En abril de 2004 el mundo quedó consternado con las imágenes brutales de torturas a prisioneros dentro de la cárcel de Abu Ghraib regenteada por la CIA estadounidense en suelo iraquí.

Hacía un año que Estados Unidos había invadido y ocupado militarmente Irak bajo la excusa de que el país tenía armas de destrucción masiva (algo que luego se demostró completamente falso).

Hoy, 15 años más tarde, se conoce que el Ejército británico también participó de esos interrogatorios dando soporte de la CIA. Esas sesiones de torturas incluyeron las vejaciones y tormentos más brutales que se habían conocido hasta el momento. Muchos de estos volvieron a ser utilizados por Estados Unidos en la cárcel de Guantánamo años después.

Según un artículo publicado este lunes por Middle East Eye (MEE) el Ministerio de Defensa de Gran Bretaña habría desplegado secretamente un equipo de interrogadores en Abu Ghraib, durante el momento más agudo del escándalo por la tortura y la humillación de los reclusos.

Esta operación, que según el MEE fue descubierta por un organismo de supervisión parlamentaria, permaneció oculta durante años hasta que se descubrieron pruebas documentales durante una investigación sobre la participación de Gran Bretaña en el programa de entrega de la CIA y el maltrato a los detenidos.

Según un informe del año pasado del Comité de Inteligencia y Seguridad (ISC) del Reino Unido, las agencias de inteligencia británicas habían participado en más de 50 operaciones de entrega de prisioneros y colaboraron en al menos 560 interrogatorios aún cuando conocían que se realizaban por medio de torturas.

La impunidad con la que actuaba Estados Unidos en suelo iraquí luego de la invasión era tal que ni siquiera se preocuparon en ocultar las brutalidades que cometían ante las inspecciones de Amnistía Internacional (AI) y la Cruz Roja.

A fines de 2003 AI había advertido públicamente que las tropas estadounidenses disparaban a los prisioneros mientras protestaban contra la detención indefinida en Abu Ghraib, y el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) había presenciado el maltrato de los reclusos durante una visita a la prisión.

El informe de la CICR que se filtró después decía que “durante la visita, los delegados del CICR fueron testigos y documentaron directamente diversos métodos utilizados para asegurar la cooperación de las personas privadas de libertad con sus interrogadores”.

Estos "métodos de cooperación" incluían mantener a los prisioneros desnudos en celdas oscuras durante varios días, obligar a los hombres a usar ropa interior femenina, atar fuertemente las muñecas de los reclusos mientras que les gritaban amenazas e insultos, o privarlos del sueño con música a todo volumen y luces brillantes.

Sin embargo esto es solo una parte. Las imágenes que se conocieron en 2004 mostraban simulacros de electrocusión y fusilamiento, ahogo por la utilización de agua o bolsas en la cabeza, la humillación mediante el uso de excremento en el cuerpo y rostro de los reclusos, o la utilización de perros cerca de los genitales con la amenaza de que se los iban a arrancar.

El gobierno británico había recibido el informe, al menos el de la CICR, en febrero de 2004, y sin embargo decidió enviar a sus "colaboradores" a participar de los interrogatorios en Abu Ghraib.

El mes siguiente, 16 soldados estadounidenses fueron acusados ​​por su papel en los abusos, y en abril de 2004 aparecieron por primera vez en el canal de televisión CBS de Estados Unidos fotografías que mostraban el abuso de prisioneros.

Los informes sobre la participación del Reino Unido en tales vejaciones comenzaron a circular en 2017, y a pesar del revuelo que generaron, los acontecimientos no sorprendieron a nadie. Cuando empezó la llamada "guerra contra el terrorismo" el primer ministro británico Tony Blair fue el primero en alinearse de forma automática con Estados Unidos y fue uno de los principales aliados en las guerras e invasiones de Irak y Afganistán.

Al igual que lo hicieron en aquella época, las alusiones a las injerencias imperialistas por cuestiones humanitarias, de seguridad nacional o por la democracia son parte del doble estandar por el que apoyan dictaduras sanguinarias en algunos lugares donde tienen aliados clave o intervienen militarmente, provocando las peores aberraciones en otras latitudes, según sus intereses políticos o económicos.

Es el mismo discurso con el que hoy Estados Unidos junto a los imperialismos europeos y la derecha regional de América Latina quiere intervenir militarmente o forzar un golpe de estado en Venezuela, bajo la excusa de la lucha por la democracia y la ayuda humanitaria. Un discurso que, como en Irak una década y media atrás, ya se sabe como termina.







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