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Red Internacional

La constelación de ataques gorilas a la educación pública se repite a sí misma, total el público se renueva. En una controversial nota del Diario La Nación sobre las declaraciones del gerente de Toyota, se abren debates, ataques e interrogantes. En período electoral, la educación está en disputa.

Miércoles 18 de agosto | 13:21

Esta semana se hizo conocida una "fake news" del gerente de Toyota: “No conseguimos jóvenes con secundario completo”, anunció. Con un gran cinismo, estos capitalistas que buscan explotar jóvenes para abultar sus ganancias y llevarlas al exterior, mientras se ajustan los recursos del Estado para educación, ahora aparecen “preocupados”.

Sobre esta “fake news”, Guillermina Tiramonti, renombrada pedagoga con estrechos vínculos con la educación privada, los posgrados pagos, las universidades privadas, quien también fuera funcionaría de María Eugenia Vidal, disparó contra la educación pública desde el Diario La Nación (11/08/2021) y sentenció que el sistema público de educación en nuestro país es un gran “simulacro”.

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Sus argumentos, son que el problema educativo y los llamados “pésimos resultados” se reducen a la ecuación: demasiada inversión, demasiados sindicatos y derechos laborales. Desde su perspectiva es un simulacro porque la escuela en definitiva cumple un rol de contención social, en detrimento de la “educación”. Hace rato viene desarrollando sus opiniones desde la tesis que indica que el “mito” de la escuela igualadora es puro cinismo y que los pobres son los que se llevan la peor parte y esto es responsabilidad de la escuela y de las familias desmembradas en la precariedad. Tiramonti esboza dos argumentos que por separado son objetivamente ciertos: la expansión del sistema educativo por un lado, y de la educación privada subsidiada por otro. Pero expuestos a su conveniencia son un tiroteo contra la educación pública.

Para colmo de males, el ex presidente se hizo eco de su nota y twitteo:

Se abrió el debate

Ezequiel Adamosky en Diario.Ar, se mete de lleno en el debate y da más fundamentos. En su nota titulada el “Fin de un mito: los empresarios no dan trabajo” concluye que “El caso de Toyota permite entender que no. Cuando la empresa sale a pedir trabajadores con secundario completo, no está pidiendo solamente el trabajo de esas personas. Está requiriendo, además, el trabajo que anteriormente aportaron los docentes de los colegios a los que fueron, sin los cuales –como amargamente comprobó en estos días– los potenciales trabajadores no alcanzan el piso de preparación que la empresa necesita. Sin profesores de secundario no hay trabajadores aptos para Toyota. Y sin trabajadores, no hay autos Toyota. Lo que implica que el trabajo docente gestionado por el Estado participa de manera bastante directa en la generación de riqueza que aporta la fábrica.”

Desde otro punto de vista, el Dr. Oscar L. Graizer, quien es profesor e investigador en Sociología de la Educación Universidad Nacional de General Sarmiento y Universidad Nacional de Luján, plantea que “es responsabilidad principal de las autoridades gubernamentales, pero también de intelectuales y trabajadorxs del campo educativo abrir las conversaciones y darle centralidad pública al problema del sistema educativo en la Argentina del 2021; que transita una crisis social y económica agudizada por la pandemia de nivel mundial, en la que lxs niñxs y jóvenes sufren particularmente la vulneración de derechos fundamentales y básicos que son requisito para acceder al derecho a la educación. Descalificaciones y acusaciones de amplio espectro desde el “no lugar” de la ajenidad del problema, sólo son útiles para el show en los medios masivos de comunicación.”

De estas conclusiones, Flavia Terigi, licenciada en Ciencias de la Educación (UBA), doctora en Psicología (Universidad Autónoma de Madrid), magister en Ciencias Sociales con Orientación en Educación (FLACSO) y profesora para la Enseñanza Primaria, desde sus redes sociales cuestionó que “No tengo energía para escribir en este momento. Comparto este escrito de Oscar Luis Graizer a propósito de la nota "En la Argentina, la enseñanza pública es un gran simulacro", de Guillermina Tiramonti. Lo único que puedo decir es que me cuesta comprender que una investigadora suponga que se puede explicar la situación de la educación pública en Argentina mediante la reducción de los fenómenos educativos a una suerte de suma de comportamientos idénticos y especulares de los sujetos (la "simulación). No se molesten en explicarme que la educación pública esto o que la desigualdad lo otro. Hablo de la construcción de la explicación.”

Toyotismo y el modelo Argentino

En economía y producción y su combinación con las nuevas tecnologías, se caracteriza por reducir el stock y producir “just in time” (justo a tiempo). Cada fase de la cadena solicita el suministro de lo justo y necesario. Para tal fin, buscan trabajadores “flexibles” y multifuncionales, y está asociado al neoliberalismo, la tercerización y precarización. ¿Por qué aparece la voz de Toyota en el inicio de la campaña electoral y hablan sobre educación?
Es que en educación, siendo que el Toyotismo requiere que la producción esté en función de la demanda, las instituciones educativas tienen que planificar teniendo en cuenta las necesidades de sus “comunidades”, de manera que el estado (en el caso de la escuela pública) delega su función de proveedor en las escuelas financiándolas o no de acuerdo a las supuestas necesidades que de la producción surjan. La educación se hace “flexible” en base a la demanda de cada lugar, por lo tanto puede haber una educación “rica” en contenidos para los “ricos” y otra “pobre” en contenidos para los “pobres” y otras variantes según matrices productivas, desarrollos tecnológicos, especulaciones de los capitalistas, nichos de consumo que requieran tales o cuales mercancías, inversiones locales o extranjeras según ventajas comparativas, etc, etc.
Esto es lo que viene siendo la base del diseño del modelo educativo Argentino y neoliberal: una educación a medida de la demanda de las patronales. En este contexto los dichos del gerente de Toyota, más allá de la propia fake news, ya que jóvenes calificados sí existen en la zona y se presentaron por el trabajo, hablan de la relación entre capital, estado y educación en el capitalismo actual.
En primer lugar, compartimos con Adamosky que el rol del educador tanto en el sistema público de la escuela estatal como en el privado, es parte de la generación de ganancias del capitalista, que el capitalista no paga, delegada en el Estado (capitalista). Es la definición clásica de todas las corrientes críticas que dice que el Estado hace de formador de mano de obra (más o menos barata según circunstancias del desarrollo del propio capital).
A lo largo de la historia (con la que Taramonti esquematiza su crítica) el rol de la escuela también fue cambiando de aspecto acorde a las necesidades del capital y al estadio de desarrollo de las fuerzas productivas. Presenciamos la confirmación de una escuela cada vez más transformada por los organismos de crédito internacionales como el FMI, el Banco Mundial o la OCDE, donde los gobiernos la consideran cada vez más como depósitos de niños, para que sus familias tengan y puedan ir a trabajar en horarios extensos, flexibles, precarios, garantizando un gran ahorro, también, a los capitalistas en las tareas de cuidado y crianza.
Como corolario y combinación de esta transformación, vemos a millones de estudiantes jóvenes trabajando en forma totalmente precaria para el capitalismo de plataforma, muchos dando sus vidas con sus bicicletas o motocicletas para las aplicaciones, Rappi, o lugares llamados de comidas rápidas, y donde una gran porción de la población joven que concurre a las escuelas tiene que debatirse entre pelear por un plato de comida o continuar en la escuela.
Tenemos que recordar, que en Argentina la juventud alcanza una desocupación que trepa al 17 % en los varones que tienen hasta 29 años y casi al 25 % en las mujeres en ese mismo rango etario. A pesar de los trabajos precarios que les ofrecen, la mayoría de esos jóvenes busca trabajo, como confirman las encuestas del propio INDEC. La realidad desmiente al gerente de Toyota. Porque hay miles de jóvenes que tienen el secundario completo y aún así, no consiguen trabajo o, si lo consiguen, es a costa de “más y mejor” precarización.

Un cuestionamiento a las clases escolares y sociales

La política de todos los gobiernos sigue fomentando una educación dualizada que implica continuar con la línea de cristalizar un sistema educativo con un sector público cada vez más degradado y un sector privado donde concurren los hijos de los sectores más acomodados de la población (y franjas de los trabajadores con mejores salarios, en general en blanco). Esta segmentación del sistema educativo ha acompañado la precarización creciente de la fuerza de trabajo y la marginalización de sectores crecientes de la población. La baja en la calidad educativa se corresponde con trabajos cada vez más precarizados y aumentos de los niveles de pobreza. Cada vez son menos los estudiantes que provienen de escuelas públicas que logran acceder a las universidades a pesar de la gratuidad y del ingreso "libre". Quienes cuentan con más recursos y provienen de los hogares de mayores ingresos, logran las mayores calificaciones educativas.
La relación entre educación y trabajo nos lleva a pensar y tirar del siguiente hilo entre el gerente de Toyota por un lado, y aquellos que piensan que el Estado burgués capitalista puede transformar la educación.
Un malabarismo ideológico que separa al capital de la escuela o la escuela del capital, y su Estado. Lejos de esto, entendemos con el pensamiento de Antonio Gramsci, que no ubica esquemáticamente a la escuela en alguno de los dos polos de la definición de Estado integral, y justamente por eso esta definición nos ayuda a complejizar el rol de la misma en sus dos aspectos, tanto de disciplina (normas, organización escolar, verticalidad), como de hegemonía (igualitarismo, acceso, consenso). La escuela, históricamente se consideró como parte de la “sociedad civil” pero ante la necesidad del propio capital para que el Estado desarrolle grandes sistemas educativos masivos, también se integra como institución directa del Estado.
Cuestionamos fuertemente la idea de que la buena educación sea sinónimo de un examen homogéneo de contenidos. Para nosotras y nosotros, una educación deseable es aquella que promueve el desarrollo integral de la personalidad, la capacidad de la libre expresión, la formación de “ciudadanos/as-gobernantes” de otro Estado en la lucha por el fin de la sociedad de clases y de trabajadoras y trabajadores en la perspectiva de un modelo productivo que ponga en el centro la reproducción de la vida para todos y todas y no la mera acumulación del capital. Este modelo pedagógico es un desafío a construir en tiempos de mudanza histórica, pero en todo caso está lejísimos de la perspectiva tecnocrática que de manera sutil Tiramonti defiende en su artículo, para terminar convocándonos a reinventar la educación democrática y emancipadora, como si tal cosa hubiera existido en los marcos del capitalismo.

Creemos firmemente que con más y mejor educación no alcanza para la conquista de otra sociedad sin explotación ni opresión, pero que se puede practicar una pedagógica crítica, donde desnudemos de conjunto los contenidos de la escuela, su organización vertical, la ideología de clase que la rodea. Pero sabiendo que es necesario que los y las trabajadoras puedan hacerse del poder y donde gobierne la mayoría para abrir la posibilidad de una nueva educación.

Dónde reine a cada quien según su posibilidad y a cada cual según su necesidad, la educación será creativa y no un peso muerto, botín de rapiña de una clase que parasita hasta destruir todo.




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