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Red Internacional

Arrancó en Mendoza la campaña electoral en este segundo año de pandemia y con la educación como uno de los ejes de disputa entre las dos fuerzas políticas mayoritarias. Hablan de crisis y cada fuerza política tiene su programa, aunque no lo expliciten. Unos hablan de carnaval y otros del corazón. Pero trabajadoras y trabajadores de la educación, el sindicato recuperado SUTE y la izquierda insistimos que hace falta #MasParaEducación. Una primera columna de opinión.

Martes 10 de agosto | 13:25

La (falsa) disputa entre presencialidad-virtualidad sigue teniendo a millones de estudiantes y cientos de miles de trabajadoras y trabajadores de la educación de todo el país de rehenes.

En un año y medio de pandemia la realidad quedó muy en evidencia: los gobiernos no garantizaron ni pusieron nada para una real continuidad pedagógica. Exigen mucho y ahora quieren evaluar. La ecuación clásica de un modelo pedagógico burocrático, que le preocupa rendir con los estándares de los organismos internacionales, pero no la realidad social, ni la educación.

Y entre el avance de la variante Delta, la disputa por las vacunas y las disputas electorales, hay una derecha que, con discursos nostálgicos hablan de la educación “de antes”, “los docentes de antes” y esa idea de que todo pasado fue mejor porque lo que ya no habría es “vocación”. Mientras tanto aseguran, como si fueran realmente especialistas, que la educación fracasa. Todo mientras ellos cobran por “su vocación”, en algunos casos, diez veces más que una maestra y gozan de incontables privilegios como funcionarios. Sobre esta escribimos acá.

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¿Se trata de vocación y corazón?

La pandemia mostró su peor cara con la juventud. Esa que pedalea sin descanso con una mochila en la espalda, casi como única posibilidad laboral. La misma que tienen prácticamente nulo acceso a la educación por falta de conectividad, dispositivos o becas.

Pero ante el descontento el gobierno nacional anunció en actos de campaña que venía a revertir la política del macrismo. En concreto lo que hubo para unos 6.000.000 de estudiantes de todos los niveles que hay en el país, solo 120.000 notebooks. Es decir menos del 2%. Lo que sí se garantizó fue un acto proselitista, no el derecho a la educación. Cada medida que toman deja de manifiesto claramente cuáles son sus prioridades: el pago de la deuda al fondo.

Durante una cuarentena muy larga y con el aislamiento social como medida para evitar que colapse el sistema de salud, no se tomaron ni las más elementales medidas como debería ser el liberar los datos móviles. Nada, porque eso implicaba tocar intereses de las empresas amigas del gobierno. Garantizar una virtualidad real implicaba tomar decisiones políticas y tocar intereses que no están dispuestos: telefónicas, empresas distribuidoras, etc.

Sin embargo en rounds televisivos simulan competir por quién está más a favor del derecho a la educación. Pura hipocresía.

¿Es posible hablar del derecho acceso a la educación en este marco?

Presencialidad y circo

Para justificar sus planes, la política es negar. Niegan el trabajo realizado en plena pandemia por miles y miles de trabajadores y trabajadoras de la educación, diciendo que se perdió un año. Niegan la realidad social y responsabilizan a las familias de las carencias. Niegan su fracaso, para seguir con sus planes a pedido de los organismos de crédito internacional.

En pleno invierno impusieron una presencialidad a todo o nada, negando la realidad estructural de las escuelas, del clima y la de cientos de miles de estudiantes, que en muchos casos no solo les faltan útiles, dispositivos o libros, sino que muchas veces no cuentan ni con abrigo ni calzado adecuado.

Suárez, Cobos y Cornejo sonríen en televisión para un spot de campaña y aseguran que todo está en el corazón. Pero la realidad es que educación, salud, acceso al trabajo, a la vivienda, son una mera ilusión para el 44% de la población pobre de la provincia. En la niñez y juventud esa cifra alcanza el 58%. Es decir que mientras la mitad de la población es pobre y el 10% indigente, para la oposición de Sagasti, Bermejo y el recién incorporado Ramón, “la vida es un carnaval”. Todo mientras se terminó el IFE para las familias que lo necesitaban y es cada vez más difícil acceder al PROGRESAR.

¿De verdad les da la cara para hablar de calidad educativa?

Pospandemia

Como trabajadoras y trabajadores de la educación sabemos de antemano que vamos a escenarios muy complejos en este mundo pandémico. No solo que la apertura de las escuelas implica la aglomeración de la población no vacunada (niños, niñas y jóvenes), en un marco en que nuevas cepas están volviendo hacer estragos en el mundo, sino que las consecuencias psicológicas y el desgaste cotidiano de una pandemia que implica muerte y desigualdad explícita aún están por verse. La pregunta que nos hacíamos aquí mantiene plena vigencia: “pensar la salud y bienestar integral de niños, niñas, niñes y adolescentes tiene que partir de un plan serio e integral desde el punto de vista de la salud, en términos amplios. Esto implicaría pensar desde la salud pública también la salud mental y todos los aspectos subjetivos y materiales. Además de ya saber que las ayudas no están llegando, que hay hambre, que no hay conectividad para todes para escolarizarse o socializar con otres. En ese marco una pregunta retórica: ¿están planificando para “el día después” el trabajo interdisciplinario con profesionales de la salud mental, del arte, de la pedagogía?”.

No.

Sabemos que no hay prácticamente actividades culturales o deportivas gratuitas, seguras, diversas, con cupos. Los municipios que generaron actividades en el receso invernal han cobrado los espectáculos. Por ejemplo, el Municipio de Godoy Cruz ofreció cultura con entradas de $500. Algo tan elemental es un negocio que niega el derecho al acceso.

La apertura prácticamente total para garantizar el turismo y el comercio no tiene su correlato en la posibilidad de acceso para los sectores populares a la cultura o el deporte. En las escuelas el recorte llegó por las Aulas de educación protegida y las jornadas extendidas, cercenando más aún posibilidades de niños, niñas u jóvenes de los barrios populares.

Tomar partido y pelear por conquistar otra educación

Decenas de trabajadoras y trabajadores de la educación conformamos las listas del Frente de Izquierda Unidad (lista 501 1A). Entre ellos Lautaro Jiménez y Noelia Barbeito quienes encabezan las listas de Senadores Nacionales y Diputados Nacionales. O Laura Espeche, quién integra el Secretariado provincial del SUTE. Peleamos cada día desde las escuelas, como parte de la conducción FURS del SUTE, en las calles y también por una salida de fondo por el derecho a la educación, a una niñez plena, con derechos, como parte de una pelea más de conjunto para que la crisis la paguen los capitalistas y no el pueblo trabajador. Por eso queremos también ser una voz en estas elecciones, para pelear tener voz en los concejos, la Legislatura y el Congreso.

Somos quienes protagonizamos la defensa de la educación pública cuando enfrentamos la nefasta reforma anti educativa de Suárez y Thomas. Somos quienes sostenemos las escuelas, que pusimos de todo para garantizar continuidad pedagógica en el aislamiento necesario que implico la pandemia del COVID. Pero lo hacíamos desde antes.

Como parte de esa pelea, en lo inmediato exigimos la aplicación del protocolo nacional para la presencialidad escolar, porque nuestras vidas importan. Porque la salud y la vida del pueblo trabajador vale, seguimos reclamando que se respete la distancia mínima necesaria en el aula, los esquemas de burbujas por curso y todas las medidas sanitarias, con la lógica provisión de todos los insumos necesarios para garantizar los protocolos de bioseguridad. Y seguimos peleando caso por caso que se respeten las causales de excepciones tanto para trabajadores y trabajadoras de la educación, como para estudiantes.

También que se mantenga un análisis permanente de la situación epidemiológica porque hay nuevas cepas peligrosas y del impacto en el Sistema de Salud de la provincia para la toma de decisiones, con participación de los/as trabajadores/as, a través del SUTE. Son los propios trabajadores de la salud quienes han mostrado la verdad del nivel de colapso del sistema sanitario. Es fundamental también que se avance progresivamente en la vacunación de estudiantes.

Planteamos que es necesario un plan de obras de infraestructura escolar. No queremos accidentes por pérdidas de gas, o la carencia de elementales condiciones como que haya agua, o que el sistema eléctrico no sea un riesgo.

Seguimos exigiendo conexión a internet libre y dispositivos para todos y todas.

Si las escuelas están abiertas, hay que recuperar el funcionamiento de la jornada extendida ampliando su cobertura a otros ciclos, con la apertura de muevas horas y cargos en condiciones según estatuto y cobertura del comedor. Con hambre no se puede estudiar. Los y las trabajadoras de la educación necesitamos paritarias salariales urgentes para recomponer lo perdido e indexación según inflación acumulada.

Son medidas elementales, porque el derecho a la educación no se resuelve vociferando por los medios de comunicación, mientras la realidad muestra ajuste, cierres, reformas y persecución.

Sabemos que para los capitalistas y sus gobiernos la escuela es considerada un gran y eficiente depósitos. El estado garantiza que madres, padres, adultos asistan a trabajar mientras se cuida de niños y niñas y de paso se forma elementalmente mano de obra, tema que merece una próxima nota aparte.

Por eso la pelea por la educación pública no es solo de puertas adentro de cada escuela. Es necesario unir las comunidades educativas y pelear por el acceso a la educación, dando vuelta las prioridades.

Claro que en medio de la crisis que atravesamos y las consecuencias de una pandemia la vida no es un carnaval para las mayorías, ni alcanza solo con corazón. Por eso junto con pelear por otra educación cada día nos proponemos poner en la agenda política nuestras prioridades, las de las comunidades educativas, las del conjunto del pueblo trabajador. Por eso hacemos política y daremos pelea en las elecciones también.

Pensamos la educación claramente desde otro lugar. Aspiramos a la elaboración de planes de abajo hacia arriba, cuestionamos su métodos y contenidos. Aspiramos a otra educación. Y, desde ya, opinamos que hace falta más presupuesto, más insumos, más profesores y profesoras, más acceso para los y las estudiantes, #MasParaEducación.

Desde el Frente de Izquierda Unidad creemos que es una pelea que vale la pena, te invitamos a sumarte.




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