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Opinión. Editorial de editoriales: volver al centro

Cristina, el peronismo y la centralidad del centro. Tiempo de descuento para el Frente de Todos: esperando el milagro con la inflación en la carrera 2023. Nuevas-viejas derechas, el pragmatismo de "administrar las consecuencias" y la fuerza del futuro.

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Domingo 6 de noviembre | 05:00
Cristina Fernández en el acto de la UOM en Pilar l Foto: prensa FdT

Tiempo de descuento

Cristina Fernández habló frente a un público del sindicato metalúrgico cruzado por clamores, abucheos y reclamos. Desde el “Cristina presidenta”, pasando por los silbidos al ex presidente Mauricio Macri y al ex titular de la UOM, Antonio Caló, que estaba presente. También se colaron reclamos del público: “aumentá la hora”. Una cronista que presenció el acto identificó el grito: se repitió tanto en el discurso de la vicepresidenta como en el del actual titular de la UOM, Abel Furlán. Quizás la expresión de un estado de ánimo camaleónico, confuso y contradictorio de una insatisfacción acumulada.

La vicepresidenta apareció y revalidó definiciones que ya estaban en el aire hace rato. Su centralidad electoral en el peronismo en el pasado, y que busca repetir hacia la contienda del 2023. Reivindicó su decisión de poner a Alberto Fernández para encabezar la fórmula en el 2019: “no me arrepiento” fueron sus palabras. Recordó su “responsabilidad” (“como la fuerza más representativa después de las elecciones de 2017”), y se justificó en el contexto local, regional y global de ese momento. Aunque en 2015 ya había optado por una figura de centro, o más inclinada a la derecha, eligiendo a Daniel Scioli.

Cristina habló del “objetivo cumplido” del Frente de Todos: “garantizar que el peronismo ganara las elecciones” y “votar en contra de determinadas políticas” del anterior gobierno. Un reconocimiento de los límites de origen del Frente de Todos, que sinceró que era mucho menos de lo que prometían. Lo que se presentó como oposición a “determinadas políticas”, terminó alimentando el barro que profundizó muchas de las anteriores dinámicas estructurales. Las más emblemáticas: las cadenas que se reforzaron con el FMI, la pérdida del poder adquisitivo y el aumento de la desigualdad. Se habrá cumplido el objetivo en el plano electoral, pero la supuesta oposición a “determinadas políticas” navega en los fracasos y promesas incumplidas.

El mensaje al 2023 fue a dos bandas. Combinó el “voy a hacer lo que tenga que hacer”, pero sin definiciones de proyecto a futuro. Solo pasado: "No hablo de lo que vamos a hacer sino de lo que hicimos", dijo.

Diego Genoud en La Política Online señala los límites de este tiempo, pensando en Argentina y en Brasil que viene de elegir a Lula por un estrechísimo margen. “En la región, los protagonistas pueden repetirse, pero los progresismos de la impotencia envidian la épica de sus antecesores, fogoneada por el boom de los commodities” analiza.

El presente de la manta corta, y con más contradicciones sociales y económicas acumuladas, está en el trasfondo de las complicaciones del oficialismo y marcan el pulso de nuevas disputas electorales. Pablo Ibáñez señala en El DiarioAr, el enfrentamiento entre el presidente y la vice: “la novedad es que los dos se mueven sobre un territorio donde tarde o temprano romperán explícitamente su sociedad política”. Interpreta a Máximo Kirchner como “el traductor de lo que pide Cristina: que Fernández desista de competir en el 2023 (...) y acepte que las decisiones estratégicas hacia adelante las tome la vice”. Este sábado en Mar del Plata, el diputado y titular del PJ bonaerense lanzó un “No puede volver a pasar que aquellos que se valen de construcciones colectivas y esas construcciones lo llevan a un lugar tan importante, lo lleve a una aventura personal. Para aventureros está el turismo”.

Ibáñez se pregunta si “¿Habrá, por primera vez, PASO masivas en el peronismo?”. Pero a falta de respuestas económicas para las mayorías, los candidatos escasean tanto como el proyecto hacia adelante.

Martín Rodríguez Yebra en La Nación describe una dinámica donde “Alberto sueña despierto con una reelección quimérica. Massa se ilusiona con un giro drástico que le permita romper su promesa de no ser candidato. Cristina golpeó la mesa para avisar que es ella quien marcará el rumbo y hará ´lo que tenga que hacer´”. Añade un diagnóstico sobre la vicepresidenta y su discurso de este viernes: “puede obligarla a dar la cara en unas elecciones que se adivinan cuesta arriba”. Algo parecido señala Genoud: “Sin herederos capaces de retener su voto ni voluntarios para liderar la etapa que viene, CFK se ve a sí misma sin competencia ni atajo para eludir su centralidad”.

Del lado del otro experimento de coalición, se respiran otras disputas. Mientras florecen candidatos, internas y amenazas, en Juntos por el Cambio avanzan con debates económicos más claros y más clásicos (en el sentido neoliberal del término). No sin diferencias, matices de ritmos, o lecciones de cómo hacer ajuste con gobernabilidad. Pero el hecho más distintivo es que el legado que viene dejando este gobierno, los habilita a sobresalir con una agenda económica donde Macri sigue encabezando la orquesta. El ex presidente mantiene su coqueteo entre candidatearse y ser el mandamás del espacio de oposición de derecha con un radicalismo que quiere avanzar casilleros. Por lo pronto, Macri se ofrecerá este martes como “pacificador” de su propio mundo PRO tras los insultos viralizados de Patricia Bullrich contra un alfil de Larreta, como cuenta Claudio Mardones en Tiempo Argentino.

Suma cero

“El ministro de Economía está haciendo un gran esfuerzo administrando lo anterior”, dijo Cristina Fernández este viernes. Otra de las definiciones que revalidó el speech que ya venía en boca de dirigentes camporistas. Casi las mismas palabras. También retomó el reclamo de “suma fija”, que Sergio Massa busca instrumentar como “bono de fin de año”.

El retroceso del poder adquisitivo de los trabajadores es un fenómeno que se viene acentuando. Los datos oficiales del INDEC lo volvieron a mostrar días antes de su discurso: los salarios del sector informal registra una caída real de 15,6% desde que asumió el gobierno en diciembre de 2019. Desde octubre de 2016, con el gobierno de Macri, a la actualidad la caída acumula 35,7%. ¿Qué suma fija podría recuperar toda esa pérdida que afecta a un universo de trabajadores y trabajadoras cada vez más grande?

Horacio Verbitsky en El Cohete a la Luna reconoce que esta preocupación de la vice está atada a lo electoral: “Ella está segura de que si la inflación no afloja, ningún candidato del FdT tendrá chances en 2023”. Previo a las elecciones legislativas del 2021, también se había referido a la necesidad de “alinear precios y salarios”. Pero se ve que la centralidad que reclama para el armado de las listas, se desvanece en el aire cuando se trata de incidir en decisiones de su gobierno que reviertan esta degradación.

La realidad de las mayorías trabajadoras transcurre bajo la estricta pasividad y complicidad de las direcciones de las centrales sindicales. Lo que le achacó Cristina a los dirigentes de la CGT que “no parecían tan decididos a enfrentar” las políticas del gobierno de Macri, ahora que reconoce que en su gobierno empeoró la pérdida salarial, ¿no es más traidora esa ubicación sindical que es más pasiva todavía que antes? Estas semanas volvimos a ver la voluntad de lucha de trabajadoras y trabajadores de la salud: la marea blanca muestra que es desde abajo que se gesta la resistencia al ajuste del gobierno nacional y de Larreta. En el proceso de lucha de salud en Neuquén, habíamos visto como "los elefantes" pasaron por arriba de las burocracias, y en alianza con la comunidad paralizaron Vaca Muerta logrando un gran triunfo.

Hablando de inflación, Horacio Rovelli en El Cohete a la Luna, no descarta la posibilidad de una hiper y nuevos descalabros de los mercados. Lo explica por el monumental poder que el gobierno le sigue dando a los 10 principales Bancos que poseen el 60 % de las Leliq y Notaliq que emite el Banco Central. Una preocupación que comparte Marcelo Di Bari en Tiempo Argentino. “El Banco Central redujo fuertemente la cantidad de pesos en circulación a lo largo de los últimos meses. Para ello duplicó la cantidad de letras y pases que colocó en los bancos para retirar el exceso de liquidez. Sin embargo, a pesar de esa clásica recomendación que propone la economía ortodoxa, no logró su cometido de reducir la inflación” dice. Di Bari agrega otro dato: los bancos se benefician con una elevadísima tasa de interés de “unos $ 500 mil millones al mes”.

Si hablamos de “ortodoxia económica”, un equivalente al recetario neoliberal, esta semana el FMI volvió a apuntar hacia la Argentina con imposiciones. Publicó un informe donde habla de las malas perspectivas para el país, y sugiere “la adopción de políticas más restrictivas en el marco del programa respaldado por el FMI”.

El presupuesto 2023 que ya obtuvo media sanción en diputados ya está en esa sinontía. El Frente de Izquierda es la única bancada que rechazó el ajuste en el Congreso, y lo enfrenta también en la calle. Ahora se debate en el Senado que preside Cristina Fernández, y esta semana el viceministro de Economía (Gabriel Rubinstein) fue a defenderlo. Allí dejó claro qué quiere decir ese sendero que exige el FMI y el Frente de Todos asumió como propio: "Para bajar el impuesto inflacionario lo más importante es bajar el déficit todo lo que sea necesario. Esto lo vemos como un presupuesto de transición en este orden fiscal”. Recortar gastos es como el primer mandamiento, afectando salarios del sector público, jubilaciones, prestaciones sociales, educación, vivienda y otras áreas sensibles que sufrirán fuertes ajustes el próximo año.

Cristina revalidó también el acuerdo con el FMI. Criticando el endeudamiento macrista, reconoció otra premisa de resignación frente a Washington: “hoy tenemos que destinar dólares al pago de la deuda externa y aceptar los condicionamientos del FMI a las políticas internas”.

Aceptar las imposiciones del FMI es y fue una decisión del gobierno, pero de ninguna manera un mandato divino ni inevitable.

Un gran remedio para un gran mal

Un síntoma de la decadencia capitalista de las últimas décadas se observa en una postal que se repite. Sistemas políticos tradicionales que concentran sus batallas en el terreno electoral, mientras el neoliberalismo sobrevive carcomiendo a la clase trabajadora y sectores populares, en sociedades cada vez más desiguales y empobrecidas. Un espiral que ofrece alternancia de los gobernantes, con nuevas derechas institucionalizadas como mostró Brasil, sin tocar los cimientos que provocan las crisis sociales y económicas recurrentes. O si los tocan, solo es para hacer “cambios” con reformas más regresivas aún contra el pueblo. Llueve sobre mojado.

Si la agenda pública se corre a la derecha, también es porque los llamados progresismos sobreviven reducidos a presentarse como alternativas electorales, con alianzas de centro y centro derecha. No proponen ningún proyecto alternativo de futuro: están entregados a ofrecer el pragmatismo de “administrar las consecuencias” de otros, sean propios o ajenos. Es la deriva que mostró el Frente de Todos, y pretende reciclar para el 2023. Una dinámica que ya se percibe parecida para el gobierno que viene en Brasil con la alianza encabezada por Lula. El culto a la moderación y el “mal menor” aparece con “acuerdos democráticos” frente a las nuevas-viejas derechas, mientras sigue la reproducción de la fractura social.

Abrir paso a un nuevo horizonte de futuro, requiere poner en el centro cuál es el modelo de sociedad deseable y necesario para alcanzar el bienestar, la plenitud y la libertad de todos y todas, y cortar el espiral de decadencia. Un debate que traspase los límites de esa ideología del mal menor atrapada en las urnas, que solo es funcional a establecer un umbral más alto de miseria tolerable.

Un gran remedio para un gran mal que requiere construir una fuerza política y social que tome en sus manos las peleas presentes para edificar el futuro deseable.


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