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Red Internacional

Opinión. Editorial de editoriales: negociación sin reservas

La larga negociación del gobierno con el FMI ya tiene varios acuerdos sobre la mesa pero todavía no cierra. Tensiones con la escasez de reservas, la presión de “los mercados” y nuevos vencimientos de pagos de deuda. Espiral de una diplomacia sin salida a la dependencia.

Domingo 23 de enero | Edición del día

¿La historia sin fin?

La larga negociación del gobierno de Alberto Fernández por la deuda contraída por el gobierno de Macri trae nuevos capítulos. Algunos apuestan a que se esté acercando a su fin, aunque tal como reconoció la vicepresidenta en su carta de esta semana, es una historia de “nunca acabar”. Aun acercando posiciones en la negociación, lo que viene después de ponerle sello y firma, abrirá nuevos capítulos que pesarán por décadas con nuevos padecimientos para las mayorías.

Hay un consenso extendido de que el acuerdo con el FMI va a llegar. Mario Wainfeld en Página 12 dice que “en el oficialismo prevalecen los que piensan que el acuerdo está cerca, que se evitará el default, que no se suprimirán las sobretasas pero que habrá años sin pagos”. En La Nación citan fuentes de la Casa Rosada que están en sintonía: “Los planes B que proponen defaultear no tienen plafón ni consenso. No nos vamos a suicidar y el acuerdo va a llegar. Malo, pero lo vamos a tener”.

Aunque en el oficialismo se había escuchado que se alcanzaría el mejor acuerdo dentro de lo malo, Claudio Lozano, titular del Banco Nación, hace notar los fracasos de la diplomacia de la coalición que él mismo integra: “Llegamos a una situación donde el FMI mantiene su oferta de siempre y que no ha garantizado ni más plazo, ni mejor tasa, ni eliminado los sobre cargos. Tampoco se hizo cargo de su corresponsabilidad (en el préstamo otorgado a Macri) y sigue apretando en materia fiscal”. Todas las “banderas” que enarboló el ala kirchnerista en estos meses de negociación. Lozano sostiene que “deberían suspenderse todos los pagos al organismo” y recurrir a los tribunales internacionales “para denunciar como nulo el crédito stand by”.

El ministro de Economía, Martín Guzmán, repitió esta semana en un medio francés, que la diferencia principal con el FMI pasa por la “velocidad de la consolidación fiscal y las combinaciones entre gastos e ingresos”. En criollo, la velocidad del ajuste con la reducción del déficit fiscal.

Según Román Lejtman de Infobae estaría trabado en los planes del 2023, cuando se afrontará una nueva elección presidencial. “Ya hay un consenso virtual sobre la reducción del déficit para 2022, pero las diferencias son profundas al momento de negociar los parámetros del déficit fiscal para 2023”, dice. El Frente de Todos ya ha demostrado que está dispuesto a hacer el ajuste que pide el organismo. Como explica Mónica Arancibia en La Izquierda Diario “el 2021 cerró con un déficit fiscal primario del 3 %, según difundió el Ministerio de Economía, es un porcentaje por debajo de lo proyectado en el Presupuesto”. “Las diferencias profundas” de las que habla Lejtman entonces, estarían ancladas en las pretensiones electorales del peronismo para aspirar al siguiente mandato. La derrota en las elecciones legislativas del 2021 (en particular en la provincia de Buenos Aires) cruzadas por ese ajuste que chocó con las expectativas de quienes los habían votado, dieron una pauta para esta preocupación.

En La Nación, Jaime Rosemberg lo pone en otras palabras: “El problema de fondo de Cristina y de Máximo con el acuerdo con el FMI es el legado, la identidad política”. Es probable que esto motive las cartas de la vicepresidenta como un ejercicio de recuerdo permanente de la “pandemia macrista” que está del otro lado, y de diferenciación sobre algunos aspectos (aunque mostrando siempre su disposición a pagar al FMI). Los costos políticos de hacer el ajuste que pide el organismo es una preocupación compartida en la coalición de gobierno, habiendo varios candidateados y con posibilidad de recurrir a las PASO. Lo mismo aplica en Juntos por el Cambio, que hace sus especulaciones con el debate alrededor del llamado “plan plurianual”.

La maldición de las revisiones

Alejandro Bercovich en BaeNegocios puso el foco en otro aspecto de la negociación: las revisiones trimestrales que haría el FMI de cerrarse el acuerdo. Le baja el precio a las diferencias sobre el déficit fiscal: “no es el sendero de ajuste fiscal que exige el staff del FMI -una reducción del déficit del 1% del PBI anual en vez del 0,7% que propone el Ministerio de Economía”. Sostiene que “lo más difícil de tragar para el oficialismo” son esas revisiones trimestrales que implican “un pasaporte al cogobierno con el Fondo hasta el final del mandato”. Porque implica que “cada desembolso para cubrir cada cuota de la deuda que dejó Macri estaría condicionado al cumplimiento de las metas del trimestre anterior”.

Horacio Verbitsky retoma este problema en El Cohete a la Luna con el sugerente título “La daga al cuello”. Explica que son tres “criterios de desempeño” que el FMI evaluará cada tres meses: el fiscal, el de acumulación de reservas y de financiamiento monetario de la política fiscal. Esta cláusula “habilitaría la intromisión constante del FMI en las cuentas oficiales y la posibilidad de objetar políticas públicas, bajo la amenaza de decretar que se incumplieron las metas y forzar así el temido default. Eso ocurrirá en el momento que el Fondo quiera”. El propio Bercovich citó a uno de los negociadores que admitió que "Así como está no despeja la incertidumbre, porque nos deja a tiro de default permanente".

Verbitsky recuerda que fue el propio Martín Guzmán quien reveló esta cláusula en su exposición el 5 de enero “ante todos los gobernadores del país o sus representantes y en presencia del Presidente de la Nación”. Da la pauta de que no hay negociación o “tensión” sobre este punto, sino no se hubiese anunciado. Concluye que “la reiterada afirmación gubernativa de que no se aceptará un ajuste que frene el crecimiento de la economía y la mejora en la distribución de sus resultados, queda reducida así a una simpática expresión de deseos”.

A esta altura, la ilusión de la diplomacia se va quedando sin cartas, y se hace más difícil defender el acuerdo en puertas. No solo pone cada vez más al descubierto las gravosas consecuencias de legitimar y pagar una estafa que pesará sobre el pueblo trabajador por varios años. También será una amenaza de inestabilidad permanente y probable fuente de nuevas crisis. Lejos del discurso del establishment y “los mercados” que prometen que acordando con el FMI se “ordena” la economía.

Próximas paradas

Las miradas en lo inmediato estarán puestas en los dos próximos vencimientos con el FMI que se avecinan: el próximo viernes 28 de enero Argentina deberá pagar U$S 731 millones y el martes 1 de febrero otros U$S 370 millones. El escenario es delicado por las escasas reservas del Banco Central y la presión permanente de “los mercados” que llevaron al dólar blue a nuevos récords esta semana. Entre estas dos tensiones se mueven los plazos del gobierno para cerrar el acuerdo con el FMI.

Alejandro Rebossio en El DiarioAr sostiene que en el equipo económico del gobierno no acuerdan con tensar más la negociación y “quieren cerrar en las próximas semanas porque temen que la actual disparada de los dólares paralelos recaliente aún más una inflación que marcó el 3,8% mensual en diciembre pasado”.

Román Lejtman en Infobae se centra más en la posibilidad de que el gobierno no pague el próximo vencimiento: “el Fondo ya sabe que el Presidente estudia postergar un pago (…), si ese día continúan las diferencias entre el FMI y la Casa Rosada”. Analiza que la lógica del gobierno responde a que “si la negociación no prospera, y encima se evaporan las reservas cumpliendo con los vencimientos, la debilidad financiera sería extrema". Brenda Struminger, en el mismo diario, explica que no implicaría que la Argentina entre en default porque hay una “cláusula del documento de préstamo que indica que se pueden evitar las cancelaciones durante la renegociación”. Agrega declaraciones del entorno presidencial: “Ahora viene un pago de la Argentina que por ahora no queremos hacer. Lo que decimos es que si no cerramos, no pagamos nada”. Una carta que ahora el oficialismo pone como opción, aunque viene pagando religiosamente desde que asumieron. Incluso en los momentos más críticos de la pandemia.

El FMI hizo sus propias amenazas estos días. El viernes, Kristalina Georgieva “apuró” a los países endeudados para que devalúen o renegocien, advirtiendo sobre el impacto que puede tener un aumento de las tasas de Estados Unidos. “Actúen ahora” dijo. En la misma sintonía con el comunicado publicado en la página oficial del Fondo que preanuncia que “las economías emergentes deberían prepararse para posibles episodios de turbulencia económicas" ante la suba de tasas de la Fed.

Mientras tanto hay preparativos para sesiones extraordinarias en el Congreso, aunque sin convocatoria oficial. Struminger agenda para esta semana una reunión del oficialismo con Juntos por el Cambio para debatir el temario de las sesiones que “el Gobierno convocará formalmente el martes, para que comiencen recién el 1ro de febrero”. Habrá que ver cómo vuelve al ruedo legislativo Juntos por el Cambio, que sigue sumergido en sus internas de liderazgo, que relata con detalle Diego Genoud en El DiarioAr.

El oficialismo prepara su agenda, en simultáneo con la negociación con el FMI, para intentar retomar la iniciativa. Horacio Rovelli en El Cohete a la Luna recorre algunos de los proyectos que llevarán al Congreso: sin sorpresas están atados a la obtención de divisas para pagarle al FMI. Promueven beneficios impositivos a los sectores más concentrados y ganadores de la economía. Agronegocios, hidrocarburos, automotrices están en el podio de las prioridades.

Todos los caminos conducen al Fondo de la mano del establishment y la política tradicional. Profundizar el saqueo, la dependencia y la fuga traerá más padecimientos a los provocados por la inflación, la informalidad y la pobreza. Otro camino es posible, pero de la mano de la clase trabajadora movilizada con una fuerza social que exprese los intereses de las mayorías. Ahí está la apuesta de la izquierda empezando por dar pelea en las calles llamando a todas las organizaciones que se opongan al ajuste y al acuerdo con el FMI.




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