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Red Internacional

Opinión. Editorial de editoriales: lo que está roto es el contrato

Cambio de página del cristinismo: con 17 millones de personas en la pobreza debaten cómo pagarle al FMI. La agenda del Pacto Social y la Moncloa argentina entre internas y liderazgos hacia el 2023, mientras avanza la fractura social.

Domingo 3 de abril | 10:45

Todo roto

Ríos de tinta gastada en los diarios para sumarse a la ola de una agenda impuesta desde arriba. La novela en el Frente de Todos sigue sumando capítulos, al igual que las disputas en Juntos por el Cambio, se llevan la atención. Cada paso dado por sus protagonistas, se interpreta y analiza desde esa óptica. El prime time de la política jugando a ser Instrusos, mientras cruje la crisis económica y social.

Una semana donde los datos de pobreza del Indec y una 9 de julio colmada por el acampe de organizaciones sociales y de desocupados, ponen al rojo vivo un drama social que afecta a las mayorías. Inflación y pobreza. Precariedad laboral y desigualdad. Son 17 millones de personas en la pobreza, solo hasta el segundo semestre del 2021 según el INDEC. En niños y niñas es del 51,4%. Una cifra que se sabe desactualizada, sin contar las nuevas calamidades de una inflación que se acelera y hace trizas el poder adquisitivo de las mayorías. El dato es escalofriante si se lo analiza combinado con otros indicadores: aún con crecimiento económico y con menos desempleo, la pobreza es altísima y está configurando un piso más alto de este flagelo. Ya no alcanza con tener un trabajo, inclusive formal, para escapar de este universo de la fractura social. Pagar la deuda al FMI empuja a millones a la pobreza, como dice Mónica Arancibia en La Izquierda Diario.

En La Nación, Santiago Dapelo alerta sobre un período que viene con mayor conflictividad social. Desde el propio gobierno reconocen que la alza de precios, sobre todo en alimentos, “Va a crecer”. Hay preocupación en la Casa Rosada “de perder el control callejero”.

A las declaraciones delarruescas del presidente de una inflación “autoconstruida” por la gente, se sumaron las del ministro de Trabajo Claudio Moroni. “Aun con esta inflación no veo problemas de salario”, dijo. Toda una pauta de lo que pasa por la cabeza de los funcionarios. En La Izquierda Diario hablan quienes, para ellos, “autoconstruyen” sus problemas. “Pago 27 mil de alquiler, incluidos servicios. Cobro 60 mil. Casi el 50 % de mi sueldo se va en los gastos de la casa, comida, etc. Somos cuatro personas. Tuve que dejar los estudios, mi familia, amigos de lado para llegar al alquiler”, contó Jazmín que tiene 20 años y trabaja 14 horas. Otras jóvenes como ella tienen que ajustarse en la comida. Mientras el problema habitacional también se agrava, Sergio Massa del Frente de Todos planea con Juntos por el Cambio modificar la ley de alquileres. El debate arranca el martes en comisiones de Diputados. El lobby de inmobiliarias y grandes propietarios viene operando para una legislación que los beneficie.

¿Qué hacer con la inflación y la pobreza que siguen escalando? Las respuestas que vienen desde el Frente de Todos y Juntos por el Cambio varían, pero ninguna defiende los bolsillos populares.

Mario Wainfeld en Página 12 pone en cuestión la política del gobierno: “El método elegido para negociar con las patronales y los formadores de precios es básicamente acuerdista, una seguidilla de reuniones. Hasta ahora, no rindió frutos”. Una de las reuniones que se anotó en la lista es la que hicieron Martín Guzmán (Economía), Kulfas (Producción) y Moroni (Trabajo) con la UIA y la CGT con el objetivo de ir hacia un especie de “pacto social” de precios y salarios. Se volverán a reunir el próximo martes, y planean sumar a las patronales del campo de la Mesa de Enlace y al ministro Julián Domínguez (Agricultura). Nada bueno podrá salir de ahí para las mayorías, con las cámaras empresarias al frente. Menos con dirigentes sindicales que están vendidos hace rato.

Desde el sector cristinista, hay poco dicho públicamente. Roberto Feletti, secretario de Comercio y cercano a la vicepresidenta, como cuenta Alejandro Rebossio en El DiarioAr, en concreto propone “acordar precios”. Se suma a las iniciativas que vienen fracasando.

Un hecho que no puede pasar desapercibido como parte de las respuestas del cristinismo a los problemas más acuciantes del pueblo trabajador, es el proyecto presentado por sus Senadores. Ir en busca de los dólares fugados, para crear un fondo para pagarle al FMI. Cambiaron repentinamente el eje del debate. Atrás quedaron las “duras críticas” al acuerdo, ahora quieren discutir cómo se paga. Buscar recursos en los fugadores, pero no para atender las necesidades sociales más urgentes de un país con 17 millones de pobres. La ¿épica? de poner como prioridad cómo pagar una estafa cuando la crisis social escala.

Del lado de Juntos por el Cambio aprovechan el problema de la inflación para meter su programa de reformas estructurales (laborales, jubilatorias, impositivas). No es otra cosa que pedir ajuste más abierto y declararle la guerra a la clase trabajadora y sectores populares. Hasta apareció un proyecto de un diputado radical para “dolarizar la economía”, tomando la propuesta del liberal Javier Milei. Es Alejandro Cacace de Evolución radical, del sector de la UCR que responde a Martín Lousteau y Emiliano Yacobitti. Yabobitti es el histórico referente de la agrupación estudiantil Franja Morada, que disputará en las elecciones de la UBA que inician esta semana.

En la vereda de enfrente, el Frente de Izquierda viene proponiendo medidas de emergencia para enfrentar la inflación en beneficio de las y los trabajadores. Combinan aumento salarial de emergencia acorde a la inflación, con afectar los intereses de las grandes empresas y que abran sus libros contables, control de precios por comités populares de trabajadores y consumidores, apuntalar el sistema bancario y el comercio exterior que canalizan la fuga y la especulación. Nicolás del Caño, que se hizo presente en el acampe de la 9 de julio, también planteó medidas frente a la pobreza: “la salida de fondo es trabajo genuino, pero mientras tanto la gente tiene que comer”. Retomó la pelea que vienen dando para reducir la jornada laboral y repartir las horas de trabajo: “se podría generar, solo contando las empresas grandes, un millón de nuevos puestos de trabajo”.

En este cuadro social, el tiempo dedicado a las internas de las dos coaliciones refuerza y agranda la enorme distancia entre lo que pasa en las alturas de los palacios y la calle, los barrios, lugares de trabajo. Es abajo donde está roto. Crece el hartazgo con coaliciones que no pueden resolver ningún problema estructural y nos arrastran a empeorarlos. Ya es mucho más que no cumplir las promesas que hacen en campaña. Cuatro años de gobierno de Macri, dos del Frente de Todos y estamos peor. Con el acuerdo con el FMI, el panorama se ennegrece.

El FMI ya llegó hace rato

El quid de la cuestión es que con el FMI al mando del rumbo del país, ni el Frente de Todos ni Juntos por el Cambio pueden proponer ninguna medida seria contra la inflación, aunque quisieran. Empezando porque el acuerdo es inflacionario, necesita que la inflación sea alta o no baje mucho, para que sean cumplibles los compromisos y se achique el gasto del Estado. También por lo que implican las revisiones trimestrales que, como analizamos el domingo pasado, se van a adelantar y “recalibrar” por los mayores efectos de la guerra en Ucrania.

Escuchar en boca de los defensores del acuerdo con la FMI, desde Alberto Fernández, Sergio Massa, hasta Macri o Gerardo Morales, la promesa de que van a combatir la inflación, es cuanto menos un acto de hipocresía.

De la reunión de Guzmán, UIA y CGT para hacer un “pacto sobre precios y salarios”, el primer punto del comunicado conjunto dice “el acuerdo alcanzado con el FMI ha sido un paso importante para continuar despejando factores de incertidumbre e inestabilidad”. Desde ahí se ordena todo, y se desordena todo lo que agrava la crisis social.

Los sectores de La Cámpora y afines a Cristina Fernández no son ajenos a esta contradicción. Gabriel Sued en El DiarioAr, haciendo un perfil del ministro camporista Wado de Pedro, vuelve a exponer el rol que tuvieron para que se vote el acuerdo con el FMI en el Congreso. “En el fondo, no hay diferencias entre Maxi y Wado. Teníamos que fijar una posición sin boicotear el acuerdo”, cuenta en palabras de un testigo de las charlas entre Máximo Kirchner y el ministro del interior.

Las nuevas señales de la vicepresidenta van en esa dirección y se suma la foto con el embajador norteamericano. Cristina tuiteó sobre el encuentro con Marc Stanley, “le solicité la colaboración de su país con el proyecto de ley que presentaron hoy los senadores del Frente de Todos para crear un Fondo Nacional para la cancelación de la deuda con el FMI, con recursos recuperados en el exterior del lavado y la evasión". Otro salto mortal de este sector de la coalición: de criticar a los que “embellecen al FMI”, a embellecer a ¡Estados Unidos! Myriam Bregman del Frente de Izquierda, marcó la contradicción: "No creo que el embajador de EE.UU. sea la persona indicada para ayudarnos porque sabemos que dentro de EE.UU. hay distritos que son paraísos fiscales”. La diputada cuestionó el proyecto de sus senadores que implica “sacarle a un estafador para pagarle a otro estafador” en vez de recuperar esos recursos para las necesidades sociales más urgentes.

Entre los análisis afines al oficialismo, Alfredo Zaiat en Página 12, destaca la iniciativa se senadores cristinistas como un “gambito de dama”. Sin mencionar ni una vez la inflación y la pobreza, se pregunta “¿el FMI colaborará?”. Una pregunta graciosa, pero que se basa en uno de los artículos del proyecto. “En el artículo 26 del proyecto de ley se encomienda al Ministerio de Economía a solicitar la colaboración del FMI” dice Zaiat. ¿No era que el cristinismo era re conciente del rol nefasto del FMI en nuestro país? ¿De verdad creen que el FMI ayudará a ir contra los fugadores? Si el rol del FMI es el que describieron hace unos días diputados y senadores cuestionando el acuerdo, el objetivo no es que Argentina pague. Sino condicionar y someter por décadas con una deuda ilegal y que es impagable. El acuerdo que viene de votarse en el Congreso es garantía de eso.

Suma un datito Marcelo Di Bari en Tiempo Argentino: con las sobretasas del FMI, Argentina deberá pagar “un monto extra de U$S 8161 millones”. Explica que con los intereses, el monto a devolver se elevará a U$S 57 mil millones hasta 2032.

Nuevos hitos en el camino de ajuste que se viene construyendo desde que asumieron el gobierno y la primer medida fue contra los jubilados cambiando la movilidad.

De Moncloas y pactos sociales

Horacio Verbitsky en El Cohete a la Luna arranca su análisis con un señalamiento atinado: “Cada vez que se avizora un fin de ciclo político, que la restricción externa agrava una crisis económica, o que se temen sus consecuencias sociales, surgen opciones impulsadas por distintos sectores sociales, pero que tienen una víctima común. A la pugna clásica entre devaluacionistas y dolarizadores se suman las ensoñaciones con un pacto de la Moncloa, que viabilizó la transición española entre la dictadura y la democracia a la muerte de Francisco Franco. En los tres casos las consecuencias caen sobre los trabajadores y demás sectores de ingresos fijos”.

Aunque después patina y sostiene que “La única tentativa exitosa en la Argentina fue el pacto social que planteó Perón en 1973”. Aquel pacto ideado por Perón no solo fue también contra los trabajadores, sino que terminó en el fracaso y voló por los aires con la movilización obrera conocida como el Rodrigazo. Entre otros puntos, ese Pacto congeló paritarias, mientras buscaba el orden con la colaboración de empresarios y las direcciones sindicales, frente al aumento de la acción directa de la clase trabajadora iniciada con el Cordobazo.

La reedición de un pacto social “a la Moncloa”, dice Verbitsky, “es una fantasía que ilusiona al Presidente Alberto Fernández, a Gustavo Béliz y al presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, quienes piensan que hablando se entiende la gente”. Se le olvidó mencionar que fue la propia Cristina Fernández quien inauguró el diseño del Frente de Todos pidiendo un “pacto social”, reivindicando el ideado por Peron en 1973. Fue el pedido que hizo al presentar su libro “Sinceramente”, con un llamado explícito a los empresarios.

Entre las reuniones acuerdistas impulsadas por el gobierno y los movimientos de Sergio Massa, vuelve a aparecer el sueño de los consensos en búsqueda de una gobernabilidad en la escasez. Fue el titular de la cámara de diputados quien utilizó el término “Moncloa” para convocar al diálogo y acuerdos con la oposición. Lo hizo mientras posó para la foto con Gerardo Morales (gobernador de Jujuy, UCR) y Horacio Rodríguez Larreta (jefe porteño, PRO). Massa parecía pedir a su fotógrafo: sacame una así, como soñando con el 2023.

Eduardo Van Der Kooy en Clarín habla de un “Massa que asoma” y lo pone en el rol componedor también al interior de la coalición gobernante. “Tiene que hacer lo indecible para calmar la agitación. A un año y medio del recambio presidencial cualquier posibilidad de ruptura en su grupo lo dejaría desguarnecido”, dice.

Así se mostró este sábado, participando de los dos actos conmemorativos por los 40 años de la guerra de Malvinas. Estuvo en el de Alberto Fernández, y más tarde con Cristina Fernández donde no faltaron los guiños mutuos.

Cada actor sigue moviendo sus fichas. Como describe Pablo Ibáñez en El DiarioAr “De los pedidos de una cumbre entre Alberto y Cristina, se pasó a tratar de construir una ´nueva normalidad´ que permita mantener activo el gobierno para luego escalar a un nuevo estadío: un sutil, y a veces no tanto, poroteo de aliados y sectores, acercamientos y acuerdos, pensados para una futura disputa”. Algo de eso ocurre también con otra foto de la semana: la de Máximo Kirchner con Pablo Moyano.

La dirigencia política tradicional se debate entre sus propios realineamientos de poder hacia un incierto 2023, mientras busca ensayar nuevos pactos sociales, sean preventivos frente a la amenaza de mayor conflictividad, o más directamente ofensivos contra la clase trabajadora.

La historia ha demostrado en reiteradas ocasiones que todos esos pactos, acuerdos o contratos sociales han fracasado. Muchos de ellos trágicamente, como aquel de 1973 que fue antesala del golpe genocida. El motivo de estos fracasos no ha sido por falta de diálogo, sino por una razón más simple: o prevalecen los intereses de unos o de los otros. La utopía de querer conciliar intereses contrapuestos, termina escondiendo que, hasta ahora, siempre ha ganado una minoría de grandes empresarios a costa de las grandes mayorías. Un camino que buscan repetir, cuando el primer pacto que rige hoy en Argentina es con el FMI.

Si para construir un presente y un futuro, es necesario apropiarnos de la historia, habrá que superar esos contratos rotos de ayer y de hoy. Una de dos. O se repiten esos fracasos con más decadencia. O los intereses de la clase trabajadora y los sectores populares se imponen con la lucha.




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