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Red Internacional

Opinión.Editorial de editoriales: la política del olvido

Que se olvide la foto de Olivos o que se olvide el desastre de Macri. Las preocupaciones de la política tradicional para salvarse a sí misma, mientras la crisis avanza sin perspectiva de futuro con el FMI en la nuca.

Domingo 22 de agosto | Edición del día

A veces me olvido

Los privilegios de la política tradicional siguen en la agenda, y se derraman. La contraofensiva del Frente de Todos incluyó equiparar los hechos de la fiesta en Olivos, con el festejo de cumpleaños de Elisa Carrió de Juntos por el Cambio. Es que cuando se trata de sus privilegios no hay grieta, lo sabemos. Un intento del gobierno de acallar a la coalición opositora que se empeña en la utilización política de la foto, pero de dudosa efectividad por fuera de los núcleos duros empapados del minuto a minuto de la política.

El gobierno encargó encuestas para medir el impacto en el electorado. Para Diego Genoud, en El DiarioAr, el resultado le dice que “el impacto de las imágenes de la fiesta en Olivos hoy es fuerte pero en tres semanas puede perder efecto como sucedió antes con el vacunatorio VIP y, si no aparecen más sorpresas, en noviembre será historia”. La clave es el olvido. Dar vuelta la página.

Pero en los propios análisis que se filtraron desde voceros oficiales, sacan otra conclusión. Brenda Struminger en Infobae, dice que en la Casa Rosada están confiados que “no está en la agenda de los votantes” el escándalo de Olivos, y “que los únicos cuestionamientos al oficialismo responden a la situación económica y al manejo de la pandemia”. Cita las palabras de un dirigente de confianza del presidente: “Los votos que perdimos desde 2019 se nos fueron antes, por la gestión de la pandemia. Si la recuperación les llega, nos van a votar. Si no les llega, no nos van a votar”. Un conclusión más peligrosa. La foto podría quedar en el pasado, pero nadie se olvida que necesita comer o pagar el alquiler para tener un techo.

Pablo Ibáñez en El DiarioAr, tiene la misma información. "Hay un porcentaje de votos que nos acompañaron en el 2019 que ya no nos acompañan pero no es por la foto, viene de antes, por la pandemia o por desencanto", cuenta que le confió un funcionario de la mesa de campaña del Frente de Todos.

Eduardo Van Der Kooy en Clarín se entusiasma con los datos de la consultora Isonomía que, en lugares precisos del conurbano, “detectó que la caída de imagen de Alberto osciló en esos días entre 8 y 10 puntos. Es decir, se produjo un poderoso golpe emocional”.

La apelación al lema que mire al futuro con “la vida que queremos”, pretende también que sus votantes olviden las decisiones políticas que tomó el gobierno desde que asumió. Como Alberto Fernández, que dijo que a veces “se olvida” que es presidente. Parten de reconocer que no estamos bien, pero adjudican los problemas exclusivamente a la herencia macrista y la pandemia. Los discursos de campaña lo repiten una y otra vez como un mantra. Como respondió Nicolás del Caño del Frente de Izquierda, luego del acto oficialista en Avellaneda, “la pandemia no obligó a firmar un salario mínimo de indigencia, o ajustar a los jubilados”. El cambio de la movilidad jubilatoria, recordó, se hizo en diciembre de 2019 antes de la pandemia.

En Juntos (por el Cambio) también apelan a la desmemoria del monumental ajuste que hizo el gobierno de Macri. Cambiando figuritas de un distrito a otro y las propias internas con “caras nuevas”, son intentos de refrescar su imagen como si fueran algo distinto.

El deseo de estos olvidos de las dos coaliciones tiene el problema de que necesitan igualmente, seguir recurriendo a las figuras más reconocidas de sus propios espacios. Cristina Fernández gana protagonismo en la campaña, busca blindar al gobierno. Unidad hasta que duela. Como un espejo de la polarización, Macri se animó a salir al ruedo electoral. Eso sí, por ahora solo en la Ciudad de Buenos Aires, el distrito más amigable para la coalición de la oposición de derecha. Aunque dicen que planea visitas a Santa Fe y algunos lugares del interior de la provincia de Buenos Aires. Lejos del conurbano profundo.

Hasta los libertarios tienen que jugar con el olvido de ciertos “hitos” de su espacio político. Desde Espert negociando hasta ultimo momento hacer una lista común con Juntos por el Cambio. Milei diciendo que Menem fue el mejor presidente por lo que hizo su ministro Domingo Cavallo (ajuste a jubilados, reforma laboral, privatizaciones). O escondiendo tuits fachos de sus candidatas pidiendo la vuelta de Videla.

Los programas que ofrecen son más de lo mismo. Desde los que se presentan como algo nuevo en la política, hasta los que juegan con figuras reconocidas con la zanahoria de que, ahora sí, van a ofrecer algo distinto. Sus programas ya se han aplicado en la historia reciente del país, son los que causaron más miseria, pobreza y decadencia.

Ayer en el Parque Centenario jóvenes trabajadores y estudiantes que apoyan al Frente de Izquierda hicieron un acto donde también hablaron Nicolás del Caño y Myriam Bregman. A diferencia de la misma política de siempre, la izquierda destaca por conformar un frente de unidad hace 10 años que muestra su trayectoria. Como dijo Myriam Bregman, demostraron que siempre están del mismo lado y que las bancas que pelean son puestos de lucha para las causas de los trabajadores, mujeres y sectores populares. Al revés de todos los demás: no olvidar, sino recordar cada pelea en la que estuvieron, en las calles y el Congreso. También son quienes plantean una salida radicalmente opuesta a los programas ya conocidos para salir de la crisis: empezando por el desconocimiento soberano del fraude de la deuda, como la propuesta de reducir la jornada laboral a 6 horas para repartir las horas de trabajo entre ocupados y desocupados, con salarios que alcancen y con derechos.

El mensaje de Cristina

El protagonismo que viene ganando la vicepresidenta es motivo de diversas interpretaciones. Joaquín Morales Solá en La Nación, se refiere a la debilidad de Alberto Fernández, e interpreta que Cristina “exhibe obscenamente la anemia política del jefe del Estado”. Van Der Kooy repara en las palabras de la vicepresidenta, que dijo en La Plata “Todos tenemos que saber que la vida que queremos requiere de muchos períodos de gobierno”. El analista de Clarin las encasilla en la aspiración de poder del Frente de Todos, para quedarse en el gobierno. Si esa es la conclusión, nobleza obliga, Mauricio Macri también ha manifestado en varias oportunidades que para poder implementar su plan económico le hacían falta varios mandatos presidenciales.

Pero hay otra interpretación posible de esa frase de Cristina Fernández, que tiene que ver con lo que venimos analizando domingos anteriores. La socia mayoritaria del Frente de Todos viene dando mensajes para buscar consensos con la oposición, especialmente en torno al pago de la deuda con el FMI. Quieren que se vote en el Congreso y comprometer así a Juntos por el Cambio. Incluso para recordarles que si la oposición vuelve al gobierno, también van a tener que cargar con esto.

Alejandro Bercovich en Bae adelanta algunos puntos de la negociación del gobierno con el FMI: “la última oferta del organismo es un programa de Facilidades Extendidas que incluye refinanciación de la deuda a 10 años con cuatro de gracia, eliminación de la sobretasa de interés para países hiperendeudados (...) El borrador también establece un “sendero de convergencia fiscal” que apunta al déficit cero en 2025”. Es sabido que el “déficit cero” es igual a mayor ajuste. Bercovich agrega que el debate sobre la deuda que va a llevarse al Congreso, va a superponerse con otras cuatro leyes que darán beneficios a empresas (y el FMI avala): “la Ley de Hidrocarburos, la de Agroindustria, la de incentivo a la producción de autos y la de Movilidad Sustentable”.

Los discursos de la vicepresidenta suceden mientras el gobierno sigue desembolsando millones de dólares para el FMI. De hecho, en septiembre realizarán un nuevo pago, echando mano a los Derechos Especiales de Giro del Fondo que ingresan esta semana como cuenta Marcelo Colombres en Tiempo Argentino.

Venir pagando religiosamente esta deuda, ya muestra la contrapartida que se pide a cambio. El informe de CIFRA que se conoció estos días lo pone en números y Mónica Arancibia lo analizó en La Izquierda Diario. Allí dicen que el déficit primario del sector público pasó del 7,4% del PBI en el primer semestre de 2020 al 1,1% del PBI en el primer semestre de 2021. La conclusión es que el gobierno hizo más ajuste que lo establecido en el presupuesto.

Entre las fake news, los olvidos y los relatos

Alfredo Zaiat en Página 12 se queja de los “dispositivos mediático y políticos de derecha” que “están concentrados en advertir que después de las elecciones viene el ajuste o el estallido por la bomba electoral, ya sea por vía cambiaria o por desborde inflacionario”. Esta operación, según él, “revela, primero, que hoy no hay ajuste”. Si de interpretar los deseos de las corporaciones más poderosas del país se trata, es esperable que les parezca poco lo que ya se ha hecho, porque siempre quieren más ajuste. Pero analizado desde los ganadores y perdedores con la gestión del Frente de Todos, los resultados cambian.

Zaiat, para intentar fundamentar que no sólo no hay ajuste sino que lo que viene va a ser extraordinario, expone una serie de “datos duros de la actividad económica”. Alguno de ellos son: que avanzó el estimador mensual de la actividad económica, que creció la industria manufacturera, que se crearon 23 mil puestos industriales más que a finales de 2019, la expansión del comercio exterior y las exportaciones, entre otros.

Viendo el informe de CIFRA (de Hugo Yasky, del Frente de Todos), podemos leer por ejemplo que “el empleo registrado cayó 0,6% interanual en el primer trimestre de 2021 y el total 1,4 %, frente a un crecimiento del PIB que se ubicó en 2,5% interanual”. Si se va a mirar cómo está el salario real (algo que omite analizar Zaiat), dicen que “en el segundo trimestre de 2021, el salario real promedio de los trabajadores registrados en el sector privado fue 4,2% inferior al mismo trimestre de 2020 y 5,3% menor al mismo período de 2019. Así, el poder adquisitivo del salario es 20,1% menor al cuarto trimestre de 2015”.

¿Crecieron los ingresos del estado por el aumento de las exportaciones del campo? Según el Informe de julio de la Oficina de Presupuesto del Congreso sí. Crecieron el 63% internaual, a pesar de que el gobierno les bajó las retenciones. Pero el mismo informe también dice que el ajuste del gasto del Estado en jubilaciones fue del 5,5% y en programas sociales del 53,6%. ¿A dónde se fue esa plata? Además de los pagos de deuda, indican que en julio aumentaron los subsidios económicos a las empresas un 50,8% interanual, llegando al 59,3% en para el sector energéticos (todo comparado con julio del 2020). Conclusión: más ingresos, menos para jubilados, desocupados y precarios, más para deuda y empresarios. ¿Cómo se llama eso?

Diego Genoud agrega otros datos de la consultora PxQ, de Emmanuel Alvarez Agis, también afín al gobierno. Dice que sus proyecciones “que el salario real en septiembre de 2021 será el más bajo de las últimas seis elecciones, 4% por debajo del nivel de 2019 y 21% del nivel de 2015”. También que “la inflación acumulada anual para el mes próximo se estima en torno a 52% -solo superada por el 54% del último Macri- (…), la desocupación se ubica en el peor registro de las últimas seis elecciones”. Los datos que da sobre la actividad económica no son tampoco los que dice Zaiat, y afirma que “se encuentra en el escalón más bajo de los últimos 8 años”. PxQ coincide con CIFRA que “el gasto público está concentrado en transferencias al sector privado (principalmente, subsidios a la energía)”. ¿Cómo habría que definir esto?

Hay otra fake que, inexplicablemente, sigue repitiendo Alberto Fernández: que entre los bancos y jubilados, eligió a los jubilados. Una de sus promesas de campaña fue que iba a terminar con la especulación de las Leliqs que nos legó Macri. Ocurrió exactamente lo contrario. El economista Amilcar Collante publicó unos datos fulminantes: el gobierno viene pagando $100.000 millones por mes a los bancos en concepto de intereses de Leliqs y Pases pasivos. Dice que al 30 de junio de este año las Leliqs y Pases alcanzaron $4 billones. Esto que quiere decir que tuvieron “un incremento de 241% en solo 20 meses de gestión” del Frente de Todos.

Esta información está ausente en los gráficos que presentan Macri y Cristina Fernández cuando hacen sus discursos. Tampoco se encontrarán en las columnas de Zaiat (que además omite el “pequeño detalle” de la renegociación con el FMI y sus consecuencias en lo que viene). La política tradicional y sus aparatos mediáticos necesitan moverse entre el ocultamiento de estas estafas y el olvido de las y los votantes sobre sus decisiones políticas.

Que quede en el olvido el aporte que hizo cada gobierno desde la dictadura en mantener las herencias neoliberales, es el juego que necesitan jugar. Horacio Rovelli en El Cohete a la Luna hace un interesante repaso del poder que logró conquistar el capital financiero en nuestro país en los mecanismos de deuda y fuga. Dice que fue gracias a la reforma financiera de 1977, luego profundizada por Domingo Cavallo en 1992. Toda esa legislación, “aún hoy en su esencia está vigente”. Si Alberto Fernández nos tiene acostumbrados a algunos amagues con el poder económico, como pasó con Vicentin, cuando se trata de los bancos no encontramos ni eso. Y los gobierno anteriores ¿por qué no los tocaron?

El reino de la política, pero ¿de cuál?

El hartazgo con “la política” es un tema que está en debate. Los decepcionados, los que pueden votar en blanco, o ni siquiera ir a votar. Los que dicen que los libertarios pueden expresar un sentimiento “anti política”. Hasta se metió el debate en la nueva serie argentina de Netflix “El Reino”, ficcionando la posible llegada de un pastor evangélico a la presidencia. Sin entrar en otras polémicas o análisis que podrían hacerse de la serie, muestran que hasta los que se presentan como “outsiders de la política”, son artefactos creados por lo más rancio y oscuro del poder económico y político. Cualquier similitud con los libertarios, no es pura coincidencia.

El hartazgo está anclado con las condiciones de vida que solo empeoran para las mayorías trabajadoras y más pobres. En el espiral de crisis recurrentes que nublan el futuro. En la política tradicional que se recicla para salvarse a sí misma, y a los suyos. Porque si economía y política van de la mano, es porque hay intereses de clase detrás de cada proyecto.

Hay ganadores y perdedores. Las decisiones de los gobiernos a veces son por acciones, y a veces por omisiones. No permitirnos olvidarlas, no elegir las recetas ya probadas y fracasadas, es un ejercicio necesario en el camino de construir una alternativa política. Recuperando las lecciones de experiencias de movilización y huelgas de la clase trabajadora. Como el 2001, que a diferencia del relato que lo asocia a "la anti política", fue la deliberación desde abajo de ocupados, desocupados y los estafados por los bancos en asambleas populares, la irrupción masiva en las calles del piquete y cacerola. Como la movilización contra la reforma previsional de Macri en 2017, que preocupó a las clases dominantes y las hizo retroceder de su plan de reforma laboral. Expresiones de la potencialidad de hacer política de otra clase.




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