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Red Internacional

Opinión.Editorial de editoriales: la épica de la diplomacia

De gira en Roma por el G20, Alberto Fernández muestra los alcances del giro discursivo sobre la negociación con el FMI. Las dos caras de la diplomacia del Frente de Todos y la encerrona de pagar la deuda.

Domingo 31 de octubre | Edición del día

Nueva Roma

Alberto Fernández está de gira por Italia a propósito del encuentro del G20. Ya hizo su foto con el presidente norteamericano Joe Biden, y el sábado se reunió con la titular del FMI, Kristalina Georgieva. El convite dio como resultados tuits sobrios de ambas partes que lo calificaron de un “buen encuentro”. El presidente agregó que “Negociar con firmeza es recuperar soberanía”. Georgieva le dio su impronta diciendo que acordaron “trabajar juntos e identificar políticas sólidas para abordar los importantes desafíos económicos” de la Argentina. Cuando se habla de “políticas sólidas”, léase el tan solicitado “programa económico” al que ya se refirió el futuro embajador de Estados Unidos en Argentina con su mensaje de presión. “Es responsabilidad de los líderes argentinos elaborar un ‘plan macro’ para devolverla, y aún no lo han hecho. Dicen que ya pronto viene uno” lanzó Marc Stanley. Como refresca Mónica Arancibia en La Izquierda Diario, el documento que presentó el FMI para el G20 “pide” a las economías: “reforma laboral, reforma de la estructura tributaria, la liberalización o facilitación del comercio, facilitar las regulaciones del mercado de productos”. La de siempre, que nadie se haga el sorprendido.

Gabriela Pepe en Letra P cuenta que “Fernández busca que el organismo acepte dos pedidos clave: la eliminación de las sobretasas y la creación de un fondo de resiliencia de la pandemia, que funcionaría como una tercera línea de créditos y le permitiría a la Argentina exigir una extensión del plazo de pago de la deuda”. En esa “negociación con firmeza” de la que ahora habla Alberto Fernández, ya parte de una resignación. Está descartada la posibilidad de desconocer la deuda en forma soberana que amerita la estafa que significó lo hecho por Mauricio Macri. Desde que asumió el Frente de Todos ya le desembolsó solo al FMI U$S 4.216 millones, y está previsto destinar otros U$S 2.300 millones más hasta fin de año, como cuenta Lucía Ortega en el Semanario de Ideas de Izquierda este domingo.

Al gobierno le quedaron esos dos objetivos, aunque del otro lado no hay mucho eco. Sobre el pedido de eliminar las sobretasas, todos los analistas coinciden en que Argentina no tiene chances con el FMI, ya que Estados Unidos y Japón no están de acuerdo siquiera en bajarlos. Román Lejtman en Infobae cuenta que es una posibilidad que la comitiva oficial logre que sea un punto que se incluya en el comunicado final del G20, aunque sea algo completamente simbólico. “El reconocimiento tiene valor político, pero no sirve al momento de cerrar un acuerdo con el FMI”, sentencia.

La gira presidencial por el G20 con la negociación con el FMI en el centro, parece mostrar los verdaderos alcances del giro discursivo que presenciamos esta semana del Frente de Todos. Como dice Alejandro Rebossio en El DiarioAr, desde la jefatura del Gabinete liderado por Juan Manzur, “analizan que la dureza de Cristina y Máximo Kirchner ante el FMI, que contagia a Fernández y a Guzmán, es parte de una estrategia electoral para retener el voto duro y de una técnica para negociar concediendo menos al organismo, pero confían en que la vicepresidenta no quiere un default que seque más la plaza de dólares y agrave la situación política y socioeconómica”.

Los virajes discursivos del Frente de Todos ya son una marca registrada. Al igual que las “vicentineadas” de retroceder frente al poder económico. Un sello que se agudizó tras la derrota de las PASO. Los audios de Fernanda Vallejos, los cambios de la propia Cristina Fernández sobre el uso de los Derechos Especiales de Giro, suman al prontuario. Pero si nos vamos a apenas dos semanas atrás, el propio Alberto Fernández dejó constancia en su propia cuenta de twitter de lo que le dijo a grandes empresarios. El acuerdo con el FMI no está postergado, sino en proceso de realizarse.

El FMI tiene una larga trayectoria de sometimiento económico y político sobre los “países deudores”. Ahí volvió a aparecer Ecuador y las nuevas protestas para recordarlo. Ahí está el ejemplo griego. Todos los caminos conducen a Roma. Con la rapiña imperialista no hay diplomacia ni “viraje discursivo” que valga. Como dice la canción, "locura de locuras, porfiar dados trucados".

Di’ qualcosa di Sinistra

“Di algo de izquierdas” gritaba al televisor Nanni Moretti en la película Aprile. Una recordada escena, con un protagonista enojado por la tibieza e impotencia del candidato del Partido Demócrata de Izquierda en un debate con Berlusconi, emblema de la derecha italiana.

Más de uno seguramente habrá pensado en esta frase, luego de ver la performance de los candidatos oficialistas en los debates televisivos de la Ciudad y la provincia en TN semanas atrás. Fueron los candidatos del Frente de Izquierda, Myriam Bregman y Nicolás del Caño, quienes cruzaron el consenso del ajuste con el FMI y la agenda de la derecha. Es conocida la trayectoria de la izquierda trotskista, que respalda lo que dice con su accionar en cada reclamo del pueblo trabajador, las mujeres y las disidencias y la juventud.

Brenda Struminger en Infobae señala justamente la preocupación del Frente de Todos “por un incremento en la fuga de votos hacia la izquierda cuando faltan dos semanas para las elecciones de noviembre”. Atribuye el viraje discursivo del oficialismo alrededor del FMI y la campaña sobre el control de precios a este problema. “Es en buena parte por este motivo que el Gobierno decidió endurecer, de manera urgente, el discurso contra algunos grupos empresarios y el Fondo Monetario Internacional (FMI) antes de los comicios”, dice. Menciona el caso del Frente de Izquierda en la Ciudad (“el éxito” de Bregman en el debate), la provincia de Buenos Aires (Del Caño “en lo alto” en varias de las últimas encuestas de imagen), y el “caso paradigmático” de Alejandro Vilca en Jujuy con el 23% de los votos.

Algo de lo que también dio cuenta Carlos Pagni en La Nación, y que en medios afines al gobierno tuvo eco con algunas notas. Casi como redacciones “coordinadas”, activaron un discurso contra el voto a la izquierda muy flojo de papeles. Quienes vienen de la obsecuencia oficialista, después de que los propios reconozcan el ajuste, se ofuscan con la única fuerza política que lo denunció y lo enfrentó antes del “mensaje de las urnas”. El reconocimiento al Frente de Izquierda es que no tiene un discurso y un accionar según la ocasión. Siempre está del mismo lado y es la única garantía para enfrentar el ajuste y la crisis económica y social. Un compromiso de lucha en las calles, como dijo Del Caño. Y en el Congreso, con la posibilidad esta vez de una bancada de izquierda más grande, tan necesaria en este contexto.

La propia Struminger reconoce que “en la Casa Rosada aseguran que las alocuciones más duras del Presidente contra el organismo de crédito son ´para la tribuna´, agregan que ´lo importante es lo que se habla en las mesas de negociación´, y le bajan el precio a las amenazas internas sobre los términos del acuerdo”.

Desde los medios opositores hicieron el esperable análisis. “El Presidente se ultrakirchnerizó” dice Eduardo Van Der Kooy en Clarín. Analiza que, en la recta final de la campaña electoral, el esfuerzo del Frente de Todos, está concentrado en “en retener su núcleo duro de votantes” porque no ven perspectivas de dar vuelta la elección. Similar lectura hace Joaquín Morales Solá en La Nación, dice que el presidente “hace cristinismo verbal” y “repite el discurso contra el Fondo cuando lo hacen Cristina y el camporismo”.

Horacio Verbitsky se entusiasma en El Cohete a la Luna con la “alineación de planetas” al interior del Frente de Todos (a la vicepresidenta dice, más precisamente), y confía en que el gobierno no está dispuesto a firmar “un mal acuerdo”.

Otra interpretación hace Diego Genoud en El DiarioAr del giro discursivo: “el ´Nuevo Fondo´ del que habló el Presidente nunca apareció y las ´relaciones constructivas´ que mencionó Guzmán en más de una oportunidad no dieron hasta ahora los resultados esperados”. Lo explica así por el fracaso de una “estrategia de acercamiento” con el FMI de la que “no obtuvo los gestos de piedad que pretendía”, y que también lo llevó a “enfriar relaciones con China”.

Fernando Rosso hace un ejercicio sobre las argumentaciones de Martín Guzmán en su disertación el pasado domingo en El DiarioAr. Parte de que el ministro explicó con precisión el funcionamiento del sistema financiero internacional y la capacidad de lobby a su alrededor. Se pregunta entonces: “si el poder del aparato financiero internacional respaldado por potencias que defienden sus intereses imperiales es de tal magnitud,¿cómo cree que se puede oponer resistencia o arrancar concesiones en el escenario reducido de la mesa de negociaciones?”. Siguiendo esa lógica, reflexiona que “a un poder tan gigantesco debería corresponderle una fuerza de resistencia vigorosa, si es que se tiene la convicción de enfrentarlo. Una movilización (o un proceso de movilización) de las fuerzas nacionales y de las organizaciones más interesadas en sacarse de encima el garrote de la deuda que no generaron y sobre las que recaen las principales consecuencias”.

Horizontes

No está en el horizonte del Frente de Todos esta perspectiva para defender los intereses nacionales y la autodeterminación del país frente al FMI. En el juego de esta retórica de un peronismo de manos vacías hay dos caras de la diplomacia del Frente de Todos. Una épica de confrontación en la negociación con el FMI hacia su “núcleo duro” (posiblemente de corta duración). La otra diplomacia que apunta a un acuerdo con la oposición de derecha alrededor de un paquete de deuda, producción y el empleo. ¿Estará ahí el “plan económico” que piden el propio Fondo, las finanzas y grandes empresarios? ¿Qué imaginan que pueden acordar con Juntos por el Cambio y los liberales que promueven un capitalismo salvaje?

Mientras tanto, en el llano de la realidad, hay datos contundentes. El Frente de Todos, en los primeros nueve meses del año, redujo los gastos primarios un 3,2% respecto al mismo período del 2020. Recortaron jubilaciones y pensiones en un 7,4% y programas sociales 45% (por la eliminación del IFE). Ajustes que al FMI le parecen insuficientes. En el período que va de agosto de 2020 hasta agosto de este año, el índice de salarios acumuló una suba del 49,1% cuando el índice de precios lo hizo en un 51,4%. Sigue la pérdida del poder adquisitivo para el pueblo trabajador. La pobreza, recordemos, alcanza a casi 19 millones de personas. Aunque hay un repunte de la actividad económica postpandemia, el empleo no logra recuperarse y el que se crea es precario y de mala calidad. Frente al reclamo de trabajo y vivienda de las familias de Guernica, desalojadas con topadoras hace un año, el gobierno no cumplió con los compromisos. El viernes hicieron un masivo corte en el Puente Pueyrredón para exigirle respuestas al gobernador Kicillof.

Del otro lado sigue la obscenidad de las ganancias de un pequeño grupo de empresarios que, como reflejamos el domingo pasado, se cruza con el listado de los principales evasores del Pandora Papers. También llamó la atención esta semana la noticia sobre el juicio que le hizo Cristina Fernández al ANSES para reclamar una segunda jubilación de privilegio, que le permite sumar un ingreso mensual de alrededor de $2,8 millones. ¿Cómo congeniar una épica entre esto y levantar la mano para ajustar a los jubilados con el cambio de movilidad?

Los contrastes de la Argentina desigual no tendrán escapatoria bajo la sombra del FMI y encorsetada en la diplomacia de los palacios alejada de la realidad de millones, las promesas o las especulaciones electorales. Sobran las variantes de caminos que buscarán confluir en lo esencial del sometimiento de la deuda. Lo que no sobra, y hace falta, es una bancada de izquierda más fuerte en el Congreso que se plante en defensa de los intereses del pueblo trabajador.




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