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Red Internacional

Opinión.Editorial de editoriales: la conjura de la deuda

Del mensaje de las urnas al “programa plurianual”. Entre las alternativas del gobierno, los pedidos del FMI y la carrera presidencial. ¿Qué negocian el Frente de Todos y Juntos por el Cambio? Las bancas de la izquierda y un compromiso de lucha contra el ajuste.

Domingo 21 de noviembre | 10:37

¿Cuánta hipoteca es plurianual?

Pasaron las elecciones, pasaron los análisis del resultado y queda la monumental deuda con el FMI. El hecho maldito de un país encerrado en la dependencia y las crisis recurrentes. La próxima parada será el “Programa Económico plurianual para el desarrollo sustentable” como anunció el presidente el domingo a la noche en un mensaje grabado. Un título pomposo y adornado que no es otra cosa que la renegociación de la deuda con el FMI. Con lo que eso implica: ¿cuáles serán los condicionamientos del organismo internacional? ¿cuántos años es plurianual?

El gobierno de Alberto Fernández celebró el domingo aún perdiendo como analizamos el pasado lunes con los resultados frescos. Evitó la catástrofe de una derrota aún mayor. Así lo define Diego Genoud en El DiarioAr: “el peronismo festeja por múltiples razones, pero sobre todo por una: es un gobierno débil que se salvó de un golpe más duro. (…) El tiro de gracia que la oposición pensaba darle no salió; por eso respira”. Eso también motivó las caras largas en el búnker de Juntos por el Cambio, y en la semana reclamó un reconocimiento del gobierno. Como si el triunfo nacional que le dieron las urnas no bastara.

En el Semanario Ideas de Izquierda, Christian Castillo y Juan Dal Maso profundizan el análisis de lo que dejaron las elecciones y los escenarios que vienen.

La debilidad en la que queda el gobierno del Frente de Todos, lo obliga a tejer alianzas y consensos con Juntos. En ese marco se inscribe el anuncio de enviar ese plan económico plurianual al Congreso. Las negociaciones que implica son cruzadas: al interior de la coalición peronista y con la oposición. Pero no solamente. También venía siendo una de las exigencias del FMI que haya un respaldo “institucional” transversal al acuerdo. A su vez, es un hecho que la reprogramación de vencimientos va a extenderse al gobierno que le siga al de Alberto Fernández. Lo que va a ponerse en discusión con el impulso de este “acuerdo nacional” es cómo hacer pagar la hipoteca del FMI al pueblo trabajador durante largos años. Para la política tradicional que ya mira al 2023, encierra la contradicción de quién se hará cargo de la contrapartida de ajuste que lo acompaña y la incógnita de si alguno tiene la fuerza para hacerlo.

Todavía no se conocen los detalles del plan plurianual, pero todos los analistas coinciden en que el debate central está en la reducción del déficit fiscal. Es decir, que el Estado gaste menos. Horacio Verbitsky en El Cohete a la Luna apunta que para esa reducción hay tres variables a analizar: de qué magnitud será, en qué plazos y de dónde saldrán los recursos.

¿Por dónde piensan recortar? Verbitsky aclara que no ve margen para achicar más gasto por el lado sistema jubilatorio, pero sí ve “más espacio hay en la reducción del subsidio al consumo eléctrico”. Si no hay margen para ajustar a las y los jubilados, es porque esa tarea ya se viene haciendo con la reforma previsional de Macri, y con el cambio de movilidad jubilatoria impulsada y votada por el Frente de Todos al inicio de su gobierno en la pre pandemia. El resultado, claro, fue a pérdida para las y los abuelos.

Ir por el lado de las tarifas, tampoco será un camino de rosas. Como explican Esteban Mercatante y Matías Maiello en el semanario Ideas de Izquierda, “la exigencia del FMI de ´sincerar tarifas´, aun si se hace de forma paulatina y con una segmentación que afecte proporcionalmente más a los sectores medios y altos (pero que no va a dejar afuera de los tarifazos a casi ningún sector), será otro acicate a los precios”. Es decir, sumarle otra mochila a una inflación que ya está descontrolada en un 52% interanual. Lo que sí no se pone nunca en cuestión por los sucesivos gobiernos es que desde la década del `90 los servicios públicos son una fuente de lucro y ganancias, y que los subsidios estatales van a engrosar sus bolsillos.

¿Cuál será la magnitud del ajuste? Alejandro Rebossio en El DiarioAr arrimó algunas variables que discute el gobierno. El plan de Guzmán es cada año reducirlo a “0,5 puntos porcentuales del PBI hasta llegar al equilibrio en 2026”. Llevarlo a 0% en 5 años. Esto parece estar solo en los sueños del ministro, porque “ese plan carece por ahora del consenso del organismo”. El Fondo pide más. Rebossio agrega los datos del déficit de este año, que ya dicen bastante de la sintonía de ajuste del Frente de Todos. Los borradores del equipo económico admiten que terminaría en 2,5% este año, “mucho menos que el 4,5% previsto en el presupuesto 2021”.

El FMI también reclama una “normalización del sistema cambiario”. Un equivalente a devaluación, que sería un nuevo mazazo a los salarios. Horacio Rovelli en El Cohete a la Luna señala que hay una alianza de intereses entre el FMI y el Consejo Agroindustrial Argentino (CAA) “en un tipo de cambio alto, que el Fondo sugiere para acortar la brecha entre el dólar oficial (que les permite exportar la barbaridad que exportan) y el especulativo y de fuga”. Afirma que “el modelo propuesto por el FMI es funcional con el proyecto de ley que el 30 de septiembre de este año (tras perder las PASO) el gobierno nacional firmó y presentó”. Ese proyecto para “fomentar el desarrollo agroindustrial” fue aquel anunciado con la participación de la propia Cristina Fernández, junto al presidente, Julián Domínguez y Juan Manzur. Establece, por ejemplo, que “no se le pueden subir los derechos de exportación (retenciones) hasta diciembre de 2025, para un sector que básicamente no lo necesita” sentencia Rovelli.

Resumiendo, la conjura de la deuda y el “programa plurianual” tiene como menú de opciones: devaluación, tarifazos, inflación. Caminos que llevan a seguir pulverizando el salario y que buscan que sea el pueblo trabajador quien pague. Los recortes presupuestarios para reducir el déficit siempre apuntan hacia ese mismo lado: con el relato de un crecimiento que permita que ingresen más dólares, el plan del gobierno apunta a darle mayores beneficios impositivos a los sectores más concentrados del poder económico. Como el agro o la megaminería. Son además las ramas que más contaminan y destruyen el medio ambiente, saqueando los recursos naturales.

¿Quién paga?

El sistema político tradicional hoy debate la gobernabilidad, los consensos y acuerdos, con las dos coaliciones mayoritarias atravesadas por sus propias tensiones alrededor de liderazgos y disputas de poder hacia el 2023. Cada fracción interna, desde su lugar, está preocupada por su autopreservación, cuidar su “capital político” o su lanzamiento presidencial. Ahí radica gran parte de los vaivenes que giran alrededor del “plan plurianual” y quién va a quedar pegado a las medidas antipáticas de la contrapartida del acuerdo con el FMI. Porque en las distintas variantes, siguen confluyendo en que los platos rotos los pague el pueblo trabajador.

En el acto del miércoles en la Plaza de Mayo, Alberto Fernández adelantó que para el 2023 el peronismo podrá tener sus PASO. Dar rienda suelta a que cada sector busque posicionarse en la carrera electoral desde ahora, pero manteniendo la unidad los próximos dos años.

Gabriel Sued en El DiarioAr analiza el rol de Cristina Fernández. “Consciente de que la fortaleza de la oposición no deja margen para una ruptura de la coalición que ella construyó, planea fortalecer su papel de guardiana del contrato electoral de 2019 y erigirse en una suerte de contrapeso del FMI”, dice. Una fuente cercana a la vicepresidenta, le dijo que “si el FMI no permite mayor déficit, ella no va a permitir que se devalúen los salarios”. La realidad es que los salarios ya vienen muy devaluados, y tampoco hay sobre la mesa un plan alternativo del cristinismo. El propio Sued cuenta que Guzmán visitó a Cristina Fernández el viernes anterior a las elecciones, para exponerle el plan plurianual que piensa enviar al Congreso.

Brenda Struminger en Infobae, cita las palabras de un importante funcionario La Cámpora que le dijo que “la Argentina no aguanta otro ajuste. No hay espacio para eso, de ninguna manera”. Un reconocimiento que tuvieron que hacer a fuerza del resultado electoral y el mensaje de las urnas. De nuevo, ¿cuál es la alternativa que proponen si coinciden en acordar con el FMI? Diego Genoud también da cuenta de estas tensiones en la coalición oficialista. A la participación a desgano de La Cámpora en el acto del miércoles, suma un nuevo hecho: “Máximo Kirchner sumó una nueva ausencia el miércoles en la cena de Fernández con ministros e intendentes del conurbano”. Dice que Máximo “pide una postura más dura” en la negociación con el Fondo. La “dureza” con el Fondo, sin embargo, no vendrá de videos en redes sociales que amenazan con no pagar. Tampoco golpear más fuerte la mesa hará cambiar la historia de saqueo del organismo internacional. Solo en la calle, con un gran poder de movilización que rechace la estafa de la deuda y el ajuste contra el pueblo trabajador, puede empezar a escribir otra historia. ¿Quién está dispuesto a pelear por eso?

Desde la oposición de Juntos, se montan en las tensiones del Frente de Todos, como excusa para no comprometerse públicamente con nada. Struminger en Infobae lo cuenta en palabras de un dirigente radical: “Hasta que no esté el programa final que quieren presentar, no nos vamos a sentar a discutir. No podemos debatir algo que después pueda sea vetado por Cristina Kirchner”. Eduardo Van Der Kooy en Clarín se hace eco de la misma línea discursiva de la oposición de derecha. Dice que hay escepticismo con la convocatoria al “acuerdo nacional”, porque el presidente “mantiene sin saldar las diferencias con Cristina Fernández y el kirchnerismo. De allí las sombras que envuelven la posibilidad del trato con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Un asunto de fondo que condiciona su gestión y la idea de relanzar su Gobierno”.

El gobierno de Macri se endeudó con el FMI para que se vaya por una puerta giratoria a la fuga y la especulación financiera. Hoy Juntos por el Cambio hace como si nada tuvieran que ver, pero por lo bajo está el sincericidio de ex funcionarios macristas. Como cuenta Alejandro Bercovich en BaeNegocios, se lo escuchó a Nicolás Dujovne decir que "Dejarles al Fondo fue lo mejor que hicimos. Así gobiernan bien". Su “gobernar bien” es igual a infierno para la clase trabajadora y los sectores populares.

Con el mensaje de “programa plurianual” el oficialismo busca responder con la misma moneda: comprometerlos hoy en los ajustes que pide el Fondo, y extender las consecuencias al próximo gobierno. Una posibilidad que, vista desde los resultados, no puede descartarse. Como analiza Diego Genoud, “el piso del antiperonismo está en niveles de lo más elevados en términos históricos (…),y a los 9.798.295 de votos (42,18%) que obtuvo Juntos en todo el país hay que sumarle lo que consiguieron las expresiones electorales que se paran a la derecha de Macri”. Eso sí, podría ser una posibilidad si la relación de fuerzas se mantiene inalterable por un nuevo ciclo de quietismo y resignación de las centrales sindicales, de división de ocupados y desocupados, y todo lo que contienen los discursos del “no se puede” otra cosa.

La conjura de la deuda es contra el pueblo trabajador, y se está cocinando con la coparticipación del Frente de Todos y Juntos por el Cambio. Pero también de las fuerzas liberales, que presentan sus diferencias pidiendo un “ajuste enorme” más desembozado. Este camino de más penurias y miserias para las mayorías no es el único posible, como dijo el Frente de Izquierda que es el único que rechaza el pago de la deuda y el ajuste de la mano del FMI. Desde hoy ya están poniendo las bancas conquistadas al servicio de construir la más amplia unidad para movilizar con fuerza en las calles apostando a torcer ese rumbo. Convocando a organizaciones de trabajadores ocupados, desocupados, de mujeres, las que defienden el medio ambiente, estudiantiles. A todas y todos los que serán agraviados en sus condiciones de vida, de salud y trabajo si se paga esta estafa.

¿Qué harán los dirigentes sindicales y de los movimientos sociales oficialistas que se han pronunciado contra el ajuste? ¿Seguirán encorsetados en movilizaciones para apoyar al gobierno o pondrán esa fuerza al servicio de defender los intereses de las y los trabajadores? ¿No es hora de defender los intereses nacionales frente al saqueo y la estafa del FMI?

Estos son los debates que deberían anteponerse a las disputas de liderazgos o preservación de “capital político” hacia el 2023. La experiencia de movilización de diciembre de 2017 logró frenar los planes de más ajuste del macrismo, y luego terminó contenida con el “hay 2019” del peronismo. Así llegamos a un 2021, tras dos años de gobierno del Frente de Todos y pandemia mediante, con más del 40% de pobreza, con una tasa de precariedad laboral extrema que asciende al 44% y en la juventud es mayor al 80% en muchas ciudades. Así llegamos con salarios que acumulan una pérdida del 20% entre 2018-2020, que no se revierten con los mínimos repuntes de los últimos meses. Hoy la participación de los trabajadores en el “reparto de la torta” del PBI está 12 puntos debajo de los niveles del 2016, mientras que la participación de las empresas subió 11 puntos en el mismo período. No fue saliendo de la calle que pudimos estar mejor y revertir el desastre de Macri, es una conclusión que está sobre la mesa. En los palacios y la diplomacia, los grandes poderes económicos son los que corren ventaja. Ahora toca darle cuerpo y forma a estas lecciones a todos aquellos y aquellas que no quieran más ajuste. Debajo del asfalto, está la playa.




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