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Red Internacional

Opinión. Editorial de editoriales: el poder que pide permiso a los que no piden permiso

En una semana con números calientes de inflación y desigualdad, Cristina Fernández hizo una nueva aparición pública y habló del “poquito” poder de tener colgada la banda presidencial. El viaje de Martín Guzmán a Washington. Las alternativas frente a un crisis donde crece el malestar social.

Domingo 17 de abril | 11:50

Desiguales

“El pesimismo generalizado sobre el contexto económico se agravó en el último mes (marzo). Un 80% considera que la situación económica del país es negativa, 5 puntos más que en febrero. El malestar alcanza a la base electoral oficialista: dos tercios de los electores del FdT evalúan negativamente el presente económico”. Es la conclusión del último informe de PxQ/RAM, de Emmanuel Alvarez Agis e Ignacio Ramírez.

Un pesimismo que tiene bases materiales en la creciente desigualdad y una inflación en permanente disparada que tiñe ese malestar social. Según el Indec, el 2021 cerró con los empresarios aumentando su porción de la torta de riqueza producida. En un año pasaron de apropiarse el 43,5% a llevarse el 46,4%. Un incremento de casi 3 puntos. Para las y los trabajadores la situación es inversa, retrocedieron casi 2 puntos en un año: del 46,3% al 44,6%.

La inflación de marzo ratificó la tendencia, licuando el poder adquisitivo de las y los trabajadores. Una vez más. 6,7% en promedio. Con el rubro de alimentos por encima del promedio mensual: 7,2%, llegando a casi un 60% en el acumulado interanual.

Horacio Verbitsky en El Cohete a la Luna complementa este escenario: “Los trabajadores registrados en empresas privadas perdieron el 2,3% de su salario promedio en 2021, y los no registrados el 7,1%. Esto profundiza la distribución regresiva del ingreso”. Agrega comparaciones de un estudio de CELAG entre la evolución de los salarios, las ganancias de las empresas y los precios. Entre 2016 y 2021 esa tríada arrojó que “ganó el lucro patronal, que creció un 523%; segundos fueron los precios, con un incremento del 474%, y últimos quedaron los salarios, que sólo aumentaron un 335%”. Solo tomando el último año, la ganancia empresarial creció 75%, los precios 52% y la masa salarial 42%, dice Verbitsky.

Desde esta radiografía se posicionó Cristina Fernández, en el discurso que dio el miércoles en la apertura de EuroLat 2022. Con apariciones públicas más periódicas las últimas semanas, hizo foco en el problema de la desigualdad, ubicándose como vocera de una alternativa: un Estado presente que regule el mercado. Recordando lo que fue el Estado de Bienestar, lo contrapuso al modelo neoliberal conducido por las “leyes del mercado”. Como polemiza Eduardo Castilla en La Izquierda Diario, la alternativa que presenta la vicepresidenta navega entre dos caras de un “Estado presente”. Una, la de su incapacidad de regular resortes estratégicos de la economía local que están atados por mil y un lazos al capital extranjero (la producción de alimentos o la especulación financiera). La otra, como garante de la rentabilidad empresaria muy activo (como sucede en Vaca Muerta, haciendo del acceso a la energía que debería ser un derecho, un negocio para multinacionales y grandes empresarios nacionales).

El discurso de Cristina busca responder a una crítica situación económica y social, pero donde ella es juez y parte. Promotora de la fórmula presidencial con Alberto Fernández y creadora estelar del Frente de Todos, intenta desmarcarse del rumbo del gobierno del que sigue siendo parte. Se mueve entre las advertencias al propio presidente buscando terciar sobre pedacitos de algunas políticas y decisiones, y recrear algún tipo de relato que le de sentido, perspectiva y supervivencia como corriente política.

Jorge Fontevecchia en Perfil complementa el análisis con las apariciones y discursos de Máximo Kirchner, y sus razones electorales. “Si La Cámpora entiende que su sede central se encuentra en el conurbano bonaerense y en esa área geográfica se concentra la mayor cantidad de pobres del país, el crecimiento del trotskismo es doblemente amenazante para ellos: la mitad de los más de un millón de votos del FIT en las elecciones de 2021 vinieron de la Provincia de Buenos Aires”, asegura.

Las diputadas y diputados del Frente de Izquierda vienen planteando alternativas para hacer frente a la crisis social que emerge cada vez con más fuerza. Además de rechazar en las calles y el Congreso el acuerdo con el FMI, esta semana Nicolás del Caño anunció que presentaron "un proyecto de ley de emergencia para aumentar salarios y haberes jubilatorios. Al mismo tiempo planteamos que ningún trabajador puede cobrar menos de lo que cuesta la canasta básica total que mide el INDEC y que deberán actualizarse en forma automática". Se suma a la propuesta de reducir la jornada laboral para repartir las horas de trabajo y crear un millón de puestos de trabajo.

Pedir permiso

Martín Guzmán hizo su propia aparición pública el lunes en C5N. Para mostrar que sigue en pie ratificado por el presidente ("seguiremos con aquellos que estén alineados con el plan económico”), y adelantarse al dato de inflación de marzo poniendo sobre la mesa algunas posibles iniciativas.

Gimena Fuertes en Tiempo Argentino destaca lo que anunció el ministro de Economía: “la posibilidad de lanzar una medida para capturar las ´ganancias inesperadas´ de tres sectores clave beneficiados por el aumento internacional de los commodites en el contexto de la guerra: granos, minería y petróleo”. Desde el círculo presidencial sostienen que “Eso puede formar un fondo para compensar a los sectores no registrados del mundo del trabajo y de la economía popular”. En El DiarioAr, Pablo Ibáñez señala que, con esos recursos, buscarían “fondear una especie de IFE que sería rebautizado”.

Según Alejandro Rebossio de El DiarioAr, “En el equipo económico aclaran que, independientemente del proyecto de gravar la renta extraordinaria, el Gobierno analiza otorgar un Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) para trabajadores desocupados e informales para contrarrestar el salto de la inflación. ¿Cómo se financiaría? Con el salto de la recaudación tributaria que provoca la misma suba de precios”.

Pero el tímido anuncio de Guzmán ya generó rechazos desde la propia coalición. Esta vez del ministerio de agricultura: “Domínguez dijo desconocer la iniciativa, mientras el secretario de Agricultura, Matías Lestani -que fue director del Departamento Económico de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA)-, le contestó al titular de la cartera económica: ´No veo que haya una renta inesperada´”.

Jaime Rosemberg en La Nación agrega otra presión desde las tribus del Frente de Todos. La de los gobernadores “preocupados por la inflación”. Dice que “el lunes, estos mismos gobernadores, la mayoría de extracción peronista, hará un reclamo de mayor celeridad para concretar obras para la región -Norte Grande-, en otra advertencia ´amable´ para sus socios en la Casa Rosada, y cada vez más lejos de Cristina Kirchner”.

Aún con la posibilidad de algún anuncio de ese tipo, con la lapicera del FMI sería igualmente una de cal y otra de arena. Rebossio detalla las medidas que ya tomó esta semana el gobierno. Una, fue la cuarta suba de tasas de interés por parte del Banco Central, que encarece el crédito y afecta el consumo. La otra, subir por segunda vez en el año las tarifas de luz y gas.

Eduardo Van Der Kooy en Clarín, festeja los aumentos tarifarios, y los anota como un punto para Alberto Fernández. “Sin escándalo logró que el secretario de Energía, Darío Martínez, habilite las audiencias públicas para el aumento de tarifas. Será en mayo para que rijan desde junio. Como Guzmán pactó con el FMI”.

El llamado a las audiencias por las tarifas de luz y gas, fue criticado por el subsecretario de Energía Eléctrica, Federico Basualdo. Identificado con la vicepresidenta, dejó trascender una carta con sus cuestionamientos. Es que el aumento de tarifas será otra variable que asegura empujar la suba de precios y castigar los bolsillos. El sector cristinista, se inclina a sostener los subsidios, aunque actúan en beneficio de las empresas de energía. Como detalla Mónica Arancibia en La Izquierda Diario, al mantener las tarifas dolarizadas (y las privatizaciones que ninguno cuestiona), los subsidios a la energía subieron 90,1% en el primer trimestre del año, en comparación al mismo período de 2021. “Un aumento que beneficia a las empresas privatizadas y que estuvo muy por encima de lo que subieron las jubilaciones y pensiones (5,3 %), o la Asignación Universal por Hijo (3,7 %) en el mismo período en términos reales”, explica Arancibia.

Sin embargo, esta vez Guzmán sí contó con el respaldo del secretario de Energía, Darío Martínez, para avanzar con el compromiso que exige el FMI sobre tarifas.

Gabriel Sued en El DiarioAr plantea la disyuntiva del kirchnerismo: “se le abren, en definitiva, dos caminos. Seguir marcando las diferencias con el rumbo de la gestión económica pero circunscribir la batalla al plano discursivo. O pasar a la acción, como hizo Máximo Kirchner cuando renunció a la jefatura del bloque en Diputados”. Desde los leales a la vicepresidenta se inclinan más por el primer camino, cuando le aseguraron que “Este es nuestro gobierno. Nosotros lo construimos” junto a la aclaración “Pero no nos vamos a callar”. Noelia Barral Grigera resumió esta ubicación: “En el FDT, la discusión por tarifas repite la dinámica política del acuerdo con el FMI. El kirchnerismo cuestiona, advierte, señala y raspa, pero no obstruye. El albertismo avanza”.

La confirmación de que el gobierno ató de pies y manos al país con el acuerdo con el FMI, se ratifica en estas disputas discursivas e intentos de tomar medidas. Ezequiel Burgo en Clarín, cuenta que Martín Guzmán estará desde el miércoles en Estados Unidos, para asistir a las reuniones del FMI y el Banco Mundial. El FMI ya viene expresando su preocupación por el cumplimiento de las metas fiscales del acuerdo, en especial lo que hace a la “cuenta energética”. Burgo señala que “Las conversaciones de esta semana en Washington serían la previa de esa auditoría” en referencia a la primera revisión trimestral del organismo sobre el país, que será el 10 de mayo. El viaje de Guzmán a Estados Unidos, está ahí para recordarnos que no hay paso que vaya a darse sin “pedir permiso” al FMI. Ante todo, lo que ordena es el acuerdo con el Fondo. Y que es garantía de alta inflación.

Mientras, el presidente posterga los cambios en el gabinete que se pronosticaban para este fin de semana. Brenda Struminger de Infobae lo atribuye a que se están negociando en “acuerdo” con el kirchnerismo. “Todo indica que va a seguir en la línea de la unidad”, le confió un funcionario que responde a la Vicepresidenta.

El juego opositor

Como buen aprendiz de Mauricio, Horacio Rodríguez Larreta hace honores al espionaje PRO que ya es un modus operandi. A dirigentes propios y ajenos, como volvió a denunciar Myriam Bregman del Frente de Izquierda. La noticia se conoció la misma semana que el gobierno porteño decidió mandar la policía a la protesta de trabajadores de la cultura frente al INCAA. Entre la necesidad de “endurecer” su perfil frente a la protesta social, y las declaraciones a tono de funcionarios del Frente de Todos, Larreta se sintió con luz verde.

En Juntos por el Cambio también se animan cada vez más a vociferar sus planes económicos. Mario Wainfeld en Página 12 describe sus objetivos en terreno pantanoso: “La estrategia de Cambiemos presupone el fracaso del oficialismo acompañado de gobernabilidad. (...) Polarización sí, cambios institucionales no. Un cataclismo económico, un estallido social, serían el caldo de cultivo ideal para una reconfiguración del sistema político donde podría prosperar Milei o algún otro tapado”. Claudio Mardones en Tiempo Argentino adjudica esta ubicación, sobre todo a Mauricio Macri: “cree que es posible, pero gracias a una estrepitosa crisis económica del actual gobierno que le permita regresar triunfal. Con ese capital político aplicaría un ´shock´. (...) Nada de gradualismos, un ajuste drástico sobre distintas áreas del Estado y con un dólar ´ultracompetitivo´”.

Alejandro Rebossio enumera algunos de los “consensos” del programa económico que se escucha desde la coalición opositora: reforma monetaria, tributaria, y “las reformas laboral, de los planes sociales y de la Seguridad Social. Ya se conoce la propuesta de flexibilización laboral al eliminar la indemnización por despido, como sugirieron Larreta y Lousteau”.

Un plan de “shock de ajuste” que tampoco cayó del cielo. El acuerdo con el FMI del gobierno, legitimando la estafa macrista y aceptando la bota del organismo, actuó como luz verde y sustento para que Juntos por el Cambio se anime más a sincerar un programa económico que responde más directamente a los intereses del poder económico más concentrado.

¿Y el poder?

Del discurso de Cristina Fernández en el CCK, se destacó el mensaje dirigido al presidente Alberto Fernández: “que te pongan una banda y te den el bastón no significa que tengas poder”, y el “ni te cuento si además no se hacen las cosas que hay que hacer” apuntando a la falta de decisiones políticas.

Pero hubo otra afirmación, menos comentada, que estructura toda una concepción. Habló de los poderes que están “afuera de nuestras Constituciones (..) los mercados, monopolios, oligopolios, poder financiero internacional”. Y luego agregó , que “cuando las sociedades cada cuatro años o cada dos años eligen a sus representantes, no juzgan a ninguno de esos poderes, juzgan a ustedes, a los que están sentados en las bancas, que mucho, mucho, mucho tampoco se puede hacer”. La alternativa que presentó de “un Estado regulando el mercado” se reconoce con pies de barro. Mucho tampoco se puede hacer frente a esos poderes. Fernando Rosso hizo una observación sobre estas definiciones de Cristina, en una entrevista sobre su nuevo libro “La hegemonía imposible”: “el sistema capitalista que sería el más eficiente es el que deja el 25% del poder a la política para que se entretenga en el pelotero mientras el poder está en otro lado. Es una visión muy desnuda del capitalismo”.

La llave a la encerrona de un Estado que responde a los intereses de la clase capitalista y es garantía de desigualdad, no está entre un “shock de ajuste” abiertamente neoliberal y una “regulación” que se reconoce impotente. Sino en un nuevo orden social que le devuelva el poder a la clase que verdaderamente mueve el mundo y produce las riquezas que hoy se apropia una minoría. Como aquella revolución socialista que fue tan poderosa para trabajadores y trabajadoras de todo el mundo, que hasta obligó al capitalismo a ensayar una competencia con los “Estados de Bienestar” frente a la amenaza de que se extienda como alternativa.




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