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Red Internacional

Opinion. Editorial de editoriales: dos caras de la agenda que nos consume

Lo que Washington y Recoleta nos dejó. Dólar soja y la gira de Sergio Massa en Estados Unidos. ¿Cómo se procesa el atentado contra Cristina Fernández? Datos, lecturas y contrapuntos: entre el ajuste y la desconfianza.

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Domingo 11 de septiembre | 12:26
Sergio Massa y Cristina Fernández en 2019, tras el triunfo del Frente de Todos en primera vuelta. Foto: Matías Baglietto

Sergio for export

El superministro Sergio Massa respira desde su gira por Estados Unidos. El regalo del “dólar soja” que anunció el pasado domingo casi con la valija en mano, rindió sus primeros frutos esta semana y el campo festeja. La medida es una devaluación sectorial (con un dólar diferencial de $200 en vez de $140), y representa una transferencia de ingresos de $200.000 millones hacia el campo, según los cálculos de Lucía Ortega y Martín Mikori en La Izquierda Diario. La diferencia del dólar correrá por cuenta del Estado, vía el Tesoro, emitiendo más deuda. Diego Genoud en La Política Online dice que esta “ventana devaluatoria” es “el equivalente a retenciones cero” que prometía Mauricio Macri. Este gran beneficio, que saldrá desde las arcas del Estado directo al bolsillo un “grupito de nueve sociedades” de grandes cerealeras y productores de soja que enumera Sebastián Premici en El Cohete a la Luna, fue saludado con mucho entusiasmo por “los mercados”. Lo expresaron con la calma del dólar paralelo.

El combo que ofrece Massa se completa con algunos anuncios desde Estados Unidos. Marcelo Di Bari los detalla en Tiempo Argentino: con el repentino volantazo de Claver-Carone el BID va a desembolsar U$S 1200 millones (U$S 700 ahora y U$S 500 en diciembre), y el Banco Mundial otros U$S 900 millones. Se suman las promesas de inversiones de empresas petroleras para nuevas exploraciones en Vaca Muerta (Total y Chevron), después de que Massa les ofrezca un decreto para que puedan girar dividendos al exterior con más facilidad. Alejandro Rebossio en El DiarioAr, detalla otra de las promesas a las petroleras: extender los subsidios del Plan GasAr a las empresas (que representan unos US$ 1.000 millones por año) hasta 2028 o 2029.

Con esta ronda de recaudaciones y promesas, Massa encara la frutilla del postre de la gira: el lunes con la titular del FMI, Kristalina Georgieva. Espera mostrarle que el rojo de las reservas del Banco Central podrían estabilizarse entre los efectos del dólar soja, los nuevos préstamos y promesas de inversiones. La expectativa del ministro es tener más margen para afrontar presiones devaluatorias, y la propia continuidad o no del dólar soja. ¿Podrá sacarle al campo este beneficio después de septiembre? Cuando se trata de concesiones al capital concentrado, se achican las chances de los retrocesos del gobierno. Otro de los puntos que estarán en la mesa del FMI son los últimos detalles del Presupuesto 2023 que ingresará al Congreso este jueves. El ajuste del déficit fiscal tendrá que escalar para el próximo año según las metas acordadas: del 2,5% para este año, bajaría al 1,9%. Massa avanzó con la poda de gastos en áreas sensibles como salud (que desató protestas y reclamos por el ajuste en discapacidad), educación y vivienda. En los meses que restan del 2022, el hachazo todavía no terminó: para cumplir la meta del Fondo de déficit primario se “supone una contracción real del gasto primario del 6,9% en el segundo semestre de 2022 respecto a igual período de 2021” recuerda Mónica Arancibia en La Izquierda Diario.

En este festival de beneficios a grandes empresarios, los bolsillos de las mayorías están más flacos. Los tarifazos en los servicios públicos van a empezar a sentirse cada vez más, y la inflación sigue como mecanismo de ajuste. Esta semana el Indec hará oficial la inflación de agosto, y ya hay algunas pistas. Según el Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana (ISEPCi), en los barrios populares del conurbano bonaerense la Canasta Básica de Alimentos aumentó un 64% en los ocho meses que van del 2022. Encabeza el rubro verduras y frutas que aumentaron más del 90%, seguido de productos de almacén (72%) y las carnes (44%).

La transferencia de ingresos desde las y los asalariados hacia el empresariado se profundiza con el Frente de Todos. Algo que está a la vista no solo con la seguidilla de anuncios de Sergio Massa. Hay otros datos que dan cuerpo a esta realidad. En El Cohete a la Luna, Horacio Verbitsky expone que “la facturación promedio en dólares de Ledesma, Aluar, Molinos Río de la Plata y Arcor muestra un incremento del 18,5% sobre 2021. (...) Sus ventas en todo 2021 fueron de 5.400 millones de dólares, y en el primer semestre de 2022 de 4.150 millones de dólares”. Agrega que, en esas mismas empresas, lo que se identifica como “costos laborales” (sueldos y cargas sociales) en lo que va del 2022 “fue del 16,7%,cuando en el mismo lapso de 2021 había sido de 17,8%”. Del lado de las y los trabajadores que producen las riquezas que se apropian esas empresas, el salario de quienes están registrados y tienen paritarias perdió contra la inflación de julio (5,3% vs. 7,4%). El cálculo lo hizo Luis Campos del Observatorio del Derecho Social de la CTA - Autónoma. Más abajo todavía están los informales.

En este mapeo, calza la definición de Diego Genoud en La Política Online: Massa avanza con un programa de esencia cambiemita: el fuerte aumento de tarifas, la pronunciada suba de la tasa de interés que encarece el crédito productivo, el recorte de partidas y, sobre todo, el ajuste sobre jubilaciones y salarios estatales”. Y llama la atención sobre el rol de Cristina Fernández: “La vicepresidenta ya no denuncia el ajuste de su propio gobierno: ahora lo avala”.

Es una tensa calma que describió Alejandro Bercovich en BaeNegocios: “El torniquete de estas semanas puede funcionar en el corto plazo para frenar las cotizaciones en el mercado paralelo, pero no será gratis. Una parte del ajuste lo hará la inflación, otra la recesión y otra el propio ministro, como ocurrió con los $128.000 millones que podó mediante la decisión administrativa 826/22”. Es precisamente la inflación, que pulveriza los ingresos de las mayorías, algo que no está en las prioridades del gobierno. Otros van más allá, como la consultora EcoGo que asegura que “para lograr bajar el rojo de las cuentas públicas, el Gobierno requiere que la inflación se siga acelerando”. Es precisamente, lo que dejó en claro el Frente de Izquierda: el acuerdo con el FMI es inflacionario. Uno de los motivos por los cuales es la única fuerza política que lo rechaza en las calles y en el Congreso.

Desconfianzas

El atentado contra Cristina Fernández se continúa procesando. La gravedad del hecho y los protagonistas del intento de magnicidio pusieron el ojo en las consecuencias del desparramo de expresiones políticas e ideológicas de derecha. Y, en algunos casos, también sus causas sociales. A uno y otro lado de las dos coaliciones mayoritarias, fueron “corrigiendo” sobre la marcha sus respuestas. Un oficialismo que fue de las plazas a la misa. La oposición cambiemita, de estar para la foto esa misma noche, a vaciar el Congreso. Con el correr de los días, avanza la investigación judicial aunque plagada de sombras y errores insólitos que aportan a la desconfianza.

Pasaron diez días, y apareció la pregunta ¿cambió algo el atentado? Martín Rodríguez Yebra en La Nación concluye que se profundizan las tendencias que ya se palpaban: “el rumbo de polarización extrema y el alejamiento hasta niveles alarmantes entre la sociedad y la dirigencia política”. Iván Schargrodsky, en su newsletter de Cenital, pone en palabras del consultor que trabajó en la campaña del Frente de Todos en 2019 (Juan Courel), una primer conclusión: “El gobierno activó todas las resistencias y prejuicios que ya existen sobre él y los reforzó”. Pablo Semán en El DiarioAr, analizó esta semana que “el gobierno tiene las de perder por partida doble: frente a la oposición que medra con su necesario desgaste, frente a la sociedad civil a la que se quiere llevar puesta con slogans”. Identifica encuestas que muestran que se agravó la polarización y “la poca solidaridad que logra el gobierno encerrado en su cámara de eco: tan grande como para no sentirse minoría, tan pequeña como para no poder formar mayoría”.

El protagonismo de Cristina mantiene activo el de Mauricio Macri, con sus propias contradicciones. Rodríguez Yebra ve que “Juntos por el Cambio navega con ansiedad hacia 2023, en un viaje que se hace eterno hasta el momento en que finalmente pueda definir liderazgos”. Y que en ese terreno pantanoso, el ex presidente es quien “más cómodo se mueve”. “Sin anticipar si querrá o no buscar una segunda oportunidad como presidente, prepara el lanzamiento de su nuevo libro (“¿Para qué?”) que saldrá antes del Mundial de fútbol y le permitirá salir de campaña”, agrega.

Eduardo Van Der Kooy cita en Clarín los datos de uno de los sondeos comentados en la semana, de la consultora Trespuntozero: solo un 30,8% “habla con contundencia de un intento de asesinato”, mientras que el “53,6% de los consultados opina que el ataque ´fue un hecho inventado, usado por Cristina para victimizarse´”.

Las primeras encuestas que está mirando la política tradicional, es parte de la explicación de ciertos reacomodamientos tras el grave hecho. También aparecen los análisis que hacen eje en “la radicalización de la derecha”. Fernando Rosso en El DiarioAr hace un contrapunto: “la idea de un giro unilateral hacia la derecha o la ultraderecha puede ser desacertada y, sobre todo, desorientadora. Las tendencias a la polarización se sostienen, aunque sea en forma de ´polarización asimétrica´”. Una definición usada por académicos norteamericanos para explicar un fenómeno donde “el partido Republicano ha girado proporcionalmente más hacia la derecha que lo que el Demócrata ha avanzado hacia la izquierda”.

En la ecuación, para pensar la relación de fuerzas y la acción política, Fernando Rosso incluye “una centroizquierda contenida (hasta ahora) en el Frente de Todos, en el que los talibanes de la moderación se hicieron del mando, pero además, una ´extrema izquierda´ (el FITU con guarismos destacados en provincias como Jujuy o el conurbano bonaerense), y en el terreno social, una extendida organización sindical de ocupados, desocupados o informales que nadie pudo desmantelar”.

La radicalización a derecha existe, y el atentado lo vuelve a poner en evidencia. Pero la subvaloración de contratendencias a izquierda (no solo en nuestro país sino en la región que viene de una seguidilla de protestas y revueltas, muchas contra gobiernos abiertamente neoliberales), actúa limitando la propia disputa con esas derechas y los debates de cómo enfrentarla.

¿Noticias de ayer?

Hay dos operaciones que se están poniendo en juego, y se retroalimentan. Uno, el de aislar el fenómeno de una derecha radicalizada de sus raíces económicas y sociales. La degradación de las condiciones de vida para las mayorías no es gratuita. Las frustraciones de sucesivos gobiernos que incumplen sus promesas electorales, no pasan en vano. El pasaje de gobiernos posneoliberales con los beneficios del ciclo de alza de las commodities, a otro centrado en administrar la escasez para contener crisis latentes, hace sentir todo su rigor contra la clase trabajadora. La decisión de mantener “herencias neoliberales” pasa factura.

Otra operación, está en esa lectura unilateral del “el avance de la derecha”, que encierra el peligro de rendirse al statu quo. El de justificar las concesiones al capital, el ajuste a los mismos de siempre, y los retrocesos infinitos porque “no da la relación de fuerzas”. Una oda a la resignación, bajo el disfraz del “realismo”, “lo que se puede aquí y ahora”.

El presente de ajuste y co-gobierno con el FMI, es el camino que eligió el Frente de Todos, con el aval de todas sus alas. Con nuevos récords de pobreza y transferencia de ingresos de las y los asalariados hacia el capital concentrado, la desilusión de quienes los votaron en 2019 por sus promesas se agrandan, la desconfianza se extiende. Son elementos actuantes en la dinámica política.

Brasil ofrece otro caso, con sus propias particularidades, de estos fenómenos y procesos. La fórmula presidencial de Lula con un emblema del neoliberalismo nivel Macri como Alckim, que competirá con Bolsonaro el próximo 2 de octubre. La estrategia del PT, analiza Breno Altman en Le Monde Diplomatique, busca transformar la polarización “en un conflicto entre democracia y autoritarismo”. La designación de Alckmin como candidato a vicepresidente, dice Altman, “debe despegar potencialmente la lucha contra el bolsonarismo del combate al neoliberalismo, priorizando lo primero sobre lo segundo, además de prácticamente archivar la narrativa petista sobre los acontecimientos posteriores a la reelección de Dilma en 2014; en particular, el papel del impeachment, del que fueron cómplices muchos de sus actuales aliados, en el ascenso del neofascismo”. Pone sobre la mesa las sospechas de quienes creen que con esta estrategia, “un eventual gobierno del PT quedará preso del pacto con su antigua oposición neoliberal, paralizando al Presidente e irritando su base social, lo que reabriría las puertas a la derecha”.

Cría cuervos y te sacarán los ojos. La política al servicio de las clases dominantes, está en el barro de ese dicho. Enfrentar la agenda de la derecha, defendiendo las libertades democráticas y peleando contra los consensos del ajuste, está en manos de una política de otra clase. Que además de posible, es urgente y necesaria.




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