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Red Internacional

Cannabis y criminalización.Edith Bernstein: “¿Por qué el Estado y unos pocos pueden producir cannabis y nosotros no?”

Es odontóloga y hace años produce cannabis medicinal. El juez Ariel Lijo la acusa de narcotráfico. Prefectura allanó su casa de Gonnet, hizo destrozos y le secuestró todo el material para la producción de aceites. Su madre, de 86 años, fue allanada el mismo día. La Izquierda Diario conversó con ella sobre su historia personal, lo que le sucedió y la criminalización que sufren miles de cultivadores por parte del Estado.

Daniel Satur@saturnetroc

Valeria Jasper@ValeriaMachluk

Miércoles 15 de diciembre de 2021 | 08:38

El miércoles 1 de diciembre, como todos los días, la odontóloga Edith Bernstein salió a caminar por su barrio en la localidad de Gonnet, partido de La Plata. Una hora y media después, al regresar a su hogar se encontró con una camioneta de la Prefectura Naval y varios agentes armados en la puerta. Se asustó pensando que le había sucedido algo a su madre. Pero no. La estaban esperando a ella.

Con una orden del Juzgado Federal en lo Criminal y Correccional 4 de Comodoro Py, a cargo de Ariel Lijo, le allanaron el domicilio en el marco de una causa por infracción a la reaccionaria Ley 23.737. La acusan de narcotráfico. El operativo duró doce horas. Le secuestraron todo lo que ellos consideraban “de interés para la causa”, incluyendo sus ahorros en pesos y dólares. Pero además se la llevaron detenida, desde La Plata a la sede de la Prefectura en la Ciudad de Buenos Aires.

En una extensa charla con La Izquierda Diario en su casa de Gonnet, Edith cuenta lo que viene sufriendo desde entonces. Además explica por qué el consumo de aceite de cannabis producido por ella misma prácticamente le salvó la vida. Y describe, en primera persona, la criminalización que sufren las y los cultivadores por parte del Estado.

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Conocer el cannabis, tener otra vida

Tiene 59 años. Desde los 14 padece fibromialgia, una enfermedad que durante décadas no fue catalogada como tal. Recién en la década del 90 la Organización Mundial de la Salud la “oficializó” dentro de los síndromes de sensibilidad central, donde están incluidas muchas patologías y síndromes con dolor crónico, de más de tres meses de duración.

“Busqué por muchos lados a lo largo de mi vida. Me decían que era ‘muy sensible’, que yo misma me generaba los dolores, que tenía que estar más tranquila. O que estaba loca. Es un sufrimiento insoportable, no se lo deseo a nadie. Tenés zumbidos en los oídos, dolor de cabeza, en la cervical, en las articulaciones, en los músculos. No podés disfrutar ni programar nada”, relata Edith recordando, a la vez, las dificultades que mantenía en los vínculos con su familia y sus allegados. “Nadie te entiende”, sintentiza.

Mientras estudiaba odontología en la Universidad Nacional de La Plata aprendió a aplicarse inyecciones para esconder su dolor. Luego, durante 29 años, vivió y trabajó en El Bolsón Río Negro. Hasta 2016, que decidió regresar a La Plata. En una oportunidad, uno de sus hijos, residente en Australia, le comentó que en aquel país se estaba hablando del cannabis medicinal y resonaba el nombre del doctor Marcelo Morante (actual coordinador del Programa Nacional de Investigación sobre los Usos Medicinales del Cannabis).

En 2017 se entrevistó con Morante. La acompañó su madre. No podía caminar del dolor. Desde aquel momento, donde comenzó a utilizar el cannabis para tratar su dolencia, se sumergió en ese mundo que aún era (y es) desconocido. “Noté que algunos aceites me habían empezado a hacer algo. Empecé a dormir. Yo no sabía lo que era dormir”, manifiesta emocionada.

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Comenzó a seguir investigadores de distintos países, se contactó con grupos de cannabicultores recreativos y profundizó sus conocimientos, todo en un contexto de profundo secretismo, miedo y criminalización. Ese mismo año participó en Medellín, Colombia, de la Expo Cannabis Medicinal Internacional, donde pudo conocer a referentes internacionales como Ethan Russo o Cristina Sánchez.

“Ahí fue el cambio total”, reconoce Bernstein. A su regreso comenzó con el autocultivo. Se vinculó con Darío Andrinolo, investigador del Conicet, y fue estudiando con mayor rigor el cannabis medicinal, sus distintas combinaciones y sus múltiples aplicaciones.

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Su conocimiento en el tema la llevó a dar charlas en la Universidad Arturo Jaureche, convocada por Adriana Petinelli (hoy directora de la carrera de Medicina). También para la cátedra de Aceites Esenciales de la Facultad de Veterinaria de la UNLP. Incluso muchos profesionales médicos la han consultado por el uso de sus aceites. “Si es una llave para mí, puede ser para otros también”, reflexiona Edith al relatar su historia con el cannabis.

Allanada

Sin embargo, aunque muchos funcionarios vociferen discursos ‘progres’, desde el poder hay quienes no coinciden con Edit. Y así se lo hicieron saber el 1 de diciembre, cuando la Prefectura, Itakas en mano, la esperó en la puerta de su casa con una orden del juez Lijo.

“Estamos para hacerle un allanamiento a su propiedad y llevarnos todo lo relacionado con la marihuana”, le dijo el encargado del operativo. La acusaban de narcotráfico en una causa de 2019 generada a partir de una denuncia anónima. “Todos me miraban y dos oficiales me apuntaban”, relata Edith.

En ese mismo momento, a algunos kilómetros de allí, su madre de 86 años también era allanada por la misma Prefectura y en el marco de la misma causa. A ella, por suerte, no la detuvieron.

Puertas destrozadas durante en allanamiento
Puertas destrozadas durante en allanamiento

Con la presencia de dos testigos recolectados en el vecindario, comenzaron el despliegue “al estilo Hollywood”, como lo llamó Edith. Ella ofreció abrir con sus llaves para que pasaran, porque considera que no tiene nada que esconder. Pero ellos entraron con total brutalidad. Destrozaron una puerta compartida por su casa y unas oficinas alquiladas a otras personas. Destrozaron las puertas de su casa, una de ella vidriada.

Y lo que no rompieron, lo secuestraron como supuesta “evidencia”. Con desprecio arrancaron los indoors que mantenía con arte y paciencia. Junto a ellos, se llevaron frascos de elaboradísimos aceites y plantas germinadas con dedicación. Y por si fuera poco, le sustrajeron dinero que tenía en un cajón.

Todo fue desplegado en el piso del garaje de entrada. Un prefecto fotógrafo registró la escena. Luego, con esas imágenes la Prefectura y el Ministerio de Seguridad de la Nación ilustrarían un artículo oficial en el que se aseguraba haber desbaratado parte de una peligrosa banda narco.

Desde la mañana hasta entrada la noche, a Edith le impidieron contactarse con sus familiares. Asegura que durante esas horas recibió un trato humillante. “Me callaban todo el tiempo, me amenazaban con poner cosas de más en el acta que labraban. En un momento me desvanecí y cuando me recuperaba escuché que decían ‘¿Respira?, dejala que es una narco’”.

Imágenes difundidas por el Ministerio de Seguridad de la Nación
Imágenes difundidas por el Ministerio de Seguridad de la Nación

Medio día duró el allanamiento. Pasadas las 20, desde el juzgado de Ariel Lijo llegó la orden de trasladarla a la guardia de Prefectura Naval, ubicada en Combate de los Pozos 152 de CABA, para “averiguación de antecedentes”. Le registraron sus huellas dactilares y le tomaron fotos. Luego la llevaron a Sanidad, donde fue desvestida y revisada por personal médico.

Lugar donde se encontraba el material de trabajo
Lugar donde se encontraba el material de trabajo

La familia de Edith estuvo muchas horas sin saber su paradero. La preocupación iba en aumento. Poco antes de la medianoche su hermano le escribió un tuit directamente a Aníbal Fernández, relatándole la situación y pidiendo una ayuda. Previsiblemente, desde la cuenta del ministro de Seguridad no hubo respuesta.

A las 6:30 del jueves 2 le informaron que habían averiguado sus antecedentes y llegaron a la conclusión de que son “intachables” (palabra que remarca fuerte al relatar). Por eso ya tenía “salida” para volver a su casa.

Antes de irse Edith exigió que la comunicaran con el juez Lijo. Sentía que tenía el derecho a que le dieran mínimamente una explicación por semejante atropello. Pero se lo negaron tajantemente. Apenas le devolvieron su DNI antes de ordenarle que se fuera.

A dos semanas de los hechos, ningún funcionario judicial ni político, del ámbito nacional o provincial, se comunicó con ella al menos para informarle sobre la causa. Sólo lo hicieron quienes se solidarizan y la apoyan. Son usuarios de sus aceites, investigadores del Conicet como Darío Andrinolo o instituciones como Max Nordau de La Plata.

"El conocimiento es de la humanidad"

Edith nunca ocultó su actividad en favor de la producción y consumo de cannabis medicinal. Cumple con las inscripciones requeridas por el Registro del Programa de Cannabis (Reprocann), dependiente del Ministerio de Salud de Nación. Pero sabe que no es suficiente y es consciente de la “suerte” que tuvo. "Yo pude volver a mi casa, ¿pero cuántos no?. Hoy me toca a mí ser quien visibilice esta situación y lo tomo como una responsabilidad”, confiesa.

En septiembre, el ministro de Desarrollo Productivo Matías Kulfas inauguró el Primer Congreso Internacional Cannabis y Desarrollo Productivo. Allí sostuvo que el desarrollo de la industria del cannabis representa una gran oportunidad para las llamadas “economías regionales” y que ese desarrollo le puede generar muchos millones de ingreso a empresarios y al mismo Estado.

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Edith participó en ese congreso. Luego de lo sufrido en carne propia, reflexiona sobre el rol del Estado en este tema. “¿Por qué en Jujuy hay 14.000 hectáreas para la exportación? ¿Por qué el Estado puede producir cannabis medicinal y nosotros no? Hay que hacer algo con la ley, con el consumo de cannabis, con las fuerzas de seguridad”, dice Edith con preocupación.

El ejemplo que menciona es el negociado entre el Gobierno radical de Gerardo Morales y la empresa norteamericana Green Leaf Farms International para la producción de cannabis en terrenos fiscales de Jujuy. En el proyecto cumple un rol fundamental Gastón Morales, hijo del gobernador. Y todo se realiza bajo el amparo del Ministerio de Desarrollo Productivo de la Nación a cargo de Matías Kulfas.

El pante de Edith Bernstein no es solo sobre lo que se conoce como cannabis medicinal. “Yo digo en mis charlas que la gente que consume cannabis de forma recreativa, también lo hace para su bien, que también ahí hay un fin medicinal. Yo me dedico a investigar para el bien común, para mí el conocimiento es de toda la humanidad”, incorpora como idea Edith ante La Izquierda Diario. Luego confiesa sentirse sorprendida de que le haya sucedido esto “en un gobierno progre”, cuando “en el gobierno de Macri tenía más de miedo”.

Durante su conversación con estes cronistas, Edith repitió varias veces que si esto le sucedió a ella, siendo alguien con un desarrollo profesional reconocido, es imaginable lo que les pasa a miles y miles de cultivadores y cultivadoras en todo el país. Un tema del que este diario viene dando cuenta hace años y del que pocos hablan. Sobre todo quienes gobiernan, que se llenan la boca hablando de derechos y libertades pero mantienen el mismo sistema criminalizador que Macri, Bullrich y compañía.

El cannabis se perfila cada vez más como una gran fuente de ganancias para unos pocos. En paralelo, quienes le dan a la planta un uso medicinal o recreativo responsable, sin lucrar con su producción y socializando el conocimiento para que nadie quede excluido de sus amplios beneficios, reciben una constante persecución.

De esa gente están llenas las cárceles y las comisarías. Hoy en Argentina dos de cada tres causas que se abren por “infracción a la ley de estupefacientes” son contra consumidores. Mientras tanto, el negocio de la ilegalidad sigue funcionando a todo vapor. Con la cobertura y complicidad de fuerzas represivas, funcionarios, jueces y fiscales (muchos “socios” en los dividendos). Los mismos que hoy quieren arruinarle la vida a Edith Bernstein.




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