Cultura

OPINIÓN

Dos maestros

En la unión y en la paz, o en la unión por la paz, no van a disolverse sin más, así porque sí, las tensiones, las luchas, el agonismo más verdadero.

Sábado 22 de octubre de 2016 | Edición del día

¡Qué flor de lección nos brindaron a todos Diego Armando Maradona y Juan Sebastián Verón la otra noche, peleándose sin ningún disimulo en pleno partido de “Unidos por la paz”! Fue pelea de dedos índices, sobre todo. El de Diego, mano izquierda, se levantó hacia Verón para advertirle: “Te voy a decir una cosa”. Y el de Verón, por su parte, mano derecha, se alzó a su vez para aclararle: “A mí no me hablás así”. Discutieron caminando a la par, mientras salían del campo de juego.

Verón pareció valerse de su mayor altura para mostrarse tal como cuando jugaba: erguido en su displicencia, altivo y no sólo alto, mirando lejos o a ninguna parte, más allá. Maradona, más retacón, le habló en contrapicado, y giraba un poco hacia él para espetarle esto o aquello. Pero luego, ya a distancia, le lanzó un “Yo te hablo en la cara”, lo que podría significar, entre otras muchas cosas, que la vista en lontananza de Verón no indicaba sino el amedrentamiento de quien no habría podido interponer sus razones mirando a su interlocutor a los ojos (recuérdese aquel otro desvío de vista: Ramón Díaz, mano fofa, en un saludo de protocolo en remilgo antes de un clásico en el Antonio Vespucio Liberti, que Boca por cierto ganó).

El Papa Francisco, en persona, había bendecido este match, justo antes de su inicio. Partido bendito, entonces, que Maradona y Verón se ocuparon fehacientemente de llenar de maldiciones (mutuas). ¡Lo bien que hicieron! ¡El gran ejemplo que dieron! Porque la paz (pax romana en sentido literal, pues se jugaba en el Estadio Olímpico de Roma), esta invocada unión por la paz, ¿qué es lo que quiere decir exactamente, más allá de la fraseología hueca habitual, de los rezos largamente desatendidos, del letargo de una declaración abstracta? La guerra en Siria, que cuenta entre sus varios responsables a un Premio Nobel de la Paz, o la paz en Colombia, frustrada por el momento por el fracaso político de otro Premio Nobel de la Paz, revelan que la idea de estar “Unidos por la paz” es correcta pero ilusoria.

Se trata de detectar, más bien, eso que Michel Foucault tan lúcidamente definió como “la guerra en la filigrana de la paz”. De qué modo, y hasta qué punto, aun en el orden aparentemente estabilizado de las sociedades que lograron pacificarse, la guerra perdura asordinada, filigranada, en pugnas y conflictos persistentes, en el acto de violencia en que la ley se fundó (y no al que la ley abolió).

Es eso lo que dieron a ver Maradona y Verón el otro día, así fuera probablemente sin saberlo: que en la unión y en la paz, o en la unión por la paz, no van a disolverse sin más, así porque sí, las tensiones, las luchas, el agonismo más verdadero. Yo no sé sobre qué discutieron, y preferí no averiguarlo. Me quedo tanto mejor con los gestos, que en este caso fueron lo sustancial. A Maradona se lo llevaron entre dos. A Verón no hizo falta, se fue solito. La lección ya estaba dada.







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