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Red Internacional

Exigen que se restituyan los Encuentros de Mejora Institucional (EMI). En su lugar, la ministra de Educación porteña, Soledad Acuña, impuso jornadas de capacitación no obligatorias los días sábados. Masivo rechazo de la docencia porteña.

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Viernes 28 de octubre | 14:54

La medida de fuerza, convocada por los sindicatos docentes UTE y Ademys, será el lunes 31 de octubre, mismo día en que en toda la Ciudad de Buenos Aires se iba a llevar a cabo el Encuentro de Mejora Institucional suspendido por el Gobierno porteño.

Desde Ademys, la convocatoria fue decidida y votada en una asamblea que contó con numerosos mandatos de escuelas. Como parte del plan de lucha que el sindicato viene llevando adelante, además de las sucesivas asambleas para que la docencia pueda organizarse y decidir, se impulsaron otras iniciativas como cartas dirigidas a las familias describiendo las condiciones laborales de las y los docentes, su vínculo con el bajo presupuesto educativo, campañas de fotos para visibilizar el reclamo, entre otras.

Por su parte, la conducción de UTE adhirió a la convocatoria del paro mediante un flyer difundido en sus redes sociales. Si bien se plegaron a la medida de fuerza, no han hecho un llamado a movilizar en unidad con Ademys, que convoca a la comunidad educativa a concentrar a las 13 hs. en la Jefatura de Gobierno porteño. Hoy más que nunca necesitamos imponer a la burocrática conducción de la UTE, el sindicato docente mayoritario de la Ciudad de Bueno Aires, un plan de lucha en unidad para terminar con los avances en la educación pública de Horacio Rodriguez Larreta y Soledad Acuña.

La capacitación docente

Todos los años, quienes nos desempeñamos como docentes en la Ciudad de Buenos Aires contamos con cinco Encuentros de Mejora Institucional (EMI) en la agenda educativa, los cuales incluyen instancias de capacitación conocidas como Formación Docente Situada. En ellas, docentes contratados (y precarizados) por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires brindan capacitaciones para el conjunto de la docencia dentro del horario laboral según el nivel y el distrito escolar donde se trabaja. Para que las jornadas puedan desarrollarse como indica el estatuto docente, en servicio, es decir, de lunes a viernes con los y las docentes presentes, esos días se suspenden las clases en todos los establecimientos educativos.

Sin embargo, hace diez días las y los miles de docentes que trabajamos en la Ciudad de Buenos Aires recibimos, en nuestra casilla de correo electrónico laboral, una notificación del Ministerio de Educación porteño que establecía el reemplazo de estos espacios por otros a realizarse los sábados 29 de octubre y 5 y 12 de noviembre de forma remunerada, no obligatoria. Por eso, las y los docentes de las escuelas explican porqué, aunque el Ministerio de Educación llame Encuentros de Mejora Institucional a los que se realizarán los sábados, no lo son: los EMI se realizan de lunes a viernes, con suspensión de clases y la presencia de todas y todos los compañeros.

Este cambio repentino, impuesto e inconsulto, como es costumbre de esta gestión, generó, en un gremio donde casi el 80% son mujeres sostenes de hogar que están doce horas fuera de sus casas sin ver a sus hijos e hijas de lunes a viernes, una preocupación y un rechazo masivo: tanto desinterés por las condiciones de vida de las docentes porteñas desencadena mucha bronca.

La opinión de la ministra: “con planificación se pueden organizar”

Encima, como si desconociera totalmente la existencia del estatuto docente que establece el derecho a la capacitación en servicio, la ministra de Educación porteña, Soledad Acuña, muy suelta de cuerpo utilizó estas palabras para justificar en un programa de TV porqué no es un problema asistir a jornadas de capacitación fuera de la jornada laboral. Para la funcionaria, las docentes simplemente tienen que “organizarse” para no asistir con sus hijos e hijas ya que, de lo contrario, como ya ha ocurrido en otras instancias, las excluyen. Se trata de una doble exclusión: no sólo al derecho a capacitarse, sino también al derecho, luego de una larga y extenuante semana laboral, de disponer de su tiempo libre para dedicarlo a lo que deseen.

Es que actualmente una docente, para llegar a fin de mes, tiene que tomar dos o tres cargos. Esto se traduce en jornadas laborales muy extensas y agotadoras de ocho a doce horas dando clases en diferentes cursos, sin contar el trabajo extra clase no reconocido ni remunerado que se hace en los domicilios (como la planificación, la revisión de las producciones de los y las estudiantes, la organización de actos escolares, entre otras tareas). Los resultados del día a día de una docente con este nivel de sobre carga laboral son obvios: no sólo impacta negativamente su cotidianidad laboral sino que también obstaculiza el deseo de destinar tiempo a actividades que incluso pueden potenciar su rol docente: el estudio de alguna carrera o postítulo de su interés, la lectura, la visita a diversos espacios culturales y científicos que pueden ser significativo para llevar a sus estudiantes, son algunos ejemplos.

La educación que queremos

Este debate, como se ve, hace emerger la necesidad de discutir la jornada de trabajo docente de conjunto. No sirve de nada la imposición de medidas por parte de funcionarios y funcionarias que no sólo ignoran y desprecian cómo se trabaja en las escuelas públicas, sino que van en contra de nuestro rol docente como guía para la construcción del pensamiento crítico de nuestros y nuestras estudiantes. Lo que sí sirve, y es urgente, es organizar desde abajo a toda la comunidad educativa para poner en debate qué educación queremos, denunciando y visibilizando como nunca este ritmo laboral antinatural que tenemos las y los docentes que agobia y estresa.

No podemos permitir que se naturalice la necesidad de tomar dos o tres cargos, o su equivalente en nivel medio y superior, para cobrar un salario que ni siquiera alcanza para llegar a fin de mes. Otra jornada laboral es posible y es clave nuestra organización para debatir y conquistarla: de lunes a viernes, seis horas diarias, de las cuales cuatro sean frente al curso y dos para capacitación, planificación, preparación de proyectos y salidas didácticas, entre otras tareas, con un salario que cubra la canasta básica familiar y nos permita el acceso a la cultura, al tiempo compartido con nuestras familias.

Por una jornada laboral en la que podamos trabajar en pareja pedagógica dentro del aula a partir de la duplicación de los cargos y un plan de formación docente continuo para que sean cubiertos por las y los aspirantes a la docencia. Por un mayor presupuesto educativo que permita no sólo la construcción de escuelas para que ningún niño, niña ni adolescente se quede sin su vacante, sino para que también haya un servicio de comedor de calidad manejado por los trabajadores y no por las empresas concesionarias que lucran con el hambre de nuestros estudiantes. Quienes sostenemos la escuela pública (docentes, familias, cooperadoras y estudiantes) somos miles, conquistemos otra escuela con lucha y organización en unidad.


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