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Diez mil personas se movilizan contra el gobierno en Hungría

Este domingo más de diez mil personas se manifestaron en las calles de la capital húngara, Budapest. Se oponen a una ley del gobierno conservador de Viktor Orban que pretende implementar un impuesto al uso de internet. Si la ley no es retirada, los manifestantes organizaran otra protesta. Esta ley parece estar catalizando un descontento social más profundo acumulado desde hace varios años.

Miércoles 29 de octubre de 2014 | Edición del día

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Diez mil personas marchan sobre el puente Elisabeth durante una protesta contra el nuevo impuesto a las transferencias de datos en internet en el centro de Budapest. 28/10/2014. Foto: Reuters/Laszlo Balogh

Según la nueva ley, los operadores de internet y los clientes deberán pagar un impuesto de 0,50€ por cada gigabyte descargado. Esto despertó la rabia de la población, especialmente de los jóvenes. Es así que se organizó rápidamente este domingo una manifestación masiva frente al ministerio de Economía y la sede del partido de Orban, la FIDESZ.

Los manifestantes lanzaron eslóganes como “Internet libre, Hungría libre”, pero también se escucharon cánticos contra el gobierno.

Ante el descontento popular provocado por la ley, el gobierno intentó desarticular la movilización haciendo algunas concesiones. Por ejemplo, decretó un límite al impuesto de 2,3€ por mes y por internauta. Pero no fue suficiente y por el momento los organizadores de las manifestaciones exigen la anulación de la ley.

Según Orban, este impuesto es fundamental para completar el presupuesto de 2015. Hungría es uno de los países más endeudados de la Unión Europea (UE) y con este nuevo impuesto el gobierno pretende recaudar 65 millones de euros.

La UE y los Estados Unidos contra Orban

En la manifestación no solo se vieron responsables de partidos políticos burgueses de oposición, también se presentaron altos funcionarios imperialistas como Andre Goodfriend responsable de la embajada norteamericana en el país. La UE denunció la ley húngara a través de su comisaria a las nuevas tecnologías, Neelie Kroes.

Es que desde hace varios años las relaciones entre Viktor Orban y estos países son por lo menos “complicadas”. Sus políticas económicas “heterodoxas” no son del gusto de los funcionarios de la UE y del FMI. Además, desde que llegó al poder Orban implementó toda una serie de reformas polémicas que, entre otras cosas, limitan ciertas libertades democráticas. Evidentemente, estos mismos funcionarios imperialistas no demuestran igual energía para denunciar los ataques profundos contra los trabajadores y las clases populares (restricción de derecho de huelga, trabajo forzoso para desempleados, estigmatización de la población Rrom y criminalización de indigentes).

Lo que despertó estas nuevas tensiones entre el gobierno húngaro y los dirigentes imperialistas, es el acercamiento político y económico de Hungría con Rusia, lo que en medio de las fricciones con Putin no agrada al imperialismo. Es así que V. Orban declaró en agosto último que la democracia liberal había hecho “bancarrota” y que quería transformar a Hungría en un régimen “iliberal” tomando a Turquía, Rusia y China como modelo.

Brechas en el “orbanismo” y oportunidades para las clases populares

A pesar de este intento de los imperialistas y políticos burgueses locales de controlar la contestación, esta movilización comienza tal vez a revelar algunas brechas en el régimen “orbanista”. A pesar de su aplastante victoria en las elecciones municipales hace 15 días, el alto nivel de abstencionismo (57%) ya demostraba sus debilidades.

Desde hace varios años V. Orban efectuó un giro bonapartista, con un discurso derechista y nacionalista que en algunos aspectos entra en contradicción con ciertos intereses imperialistas. Su discurso sobre la defensa de los “intereses nacionales”, con el objetivo de construir un tipo de “capitalismo magyar”, se combina con una orientación política y económica profundamente antipopular.

Frente a la crisis de la oposición burguesa, que cuando estuvo en el poder condujo el país de forma no menos antipopular, es más bien el desencanto con la política oficial y la apatía los que se expandieron en la sociedad. Los altos índices de abstención y el crecimiento del partido xenófobo y ultra-reaccionario Jobbik, lo expresan a su manera.

Sin embargo estas movilizaciones podrían estar marcando el inicio de nuevas perspectivas para las clases populares a través de la lucha en las calles. Un retroceso del gobierno de Orban podría dar nuevo impulso a la acción directa de las masas en Hungría y volverles a dar confianza en sus fuerzas.







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