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ALEMANIA

Die Linke: ¿dos partidos en uno?

El partido reformista alemán Die Linke (“La Izquierda”) recientemente dio su apoyo a huelgas e impulsa una campaña por más empleo, mejores salariales y en contra de la tercerización y los contratos temporales. Al mismo tiempo forma parte de los gobiernos que rechazan las demandas de los trabajadores en lucha. ¿Cómo encajan esas dos cosas? ¿Tenemos acaso a dos partidos rivales dentro de Die Linke? ¿O acaso se trata de un solo partido reformista?

Sábado 22 de agosto de 2015 | Edición del día

Una evaluación después del retiro del jefe de la fracción parlamentaria en el Bundestag, Gregor Gysi.

En su congreso partidario del 7 de junio Gregor Gysi anunció su retiro de la posición de presidente de la fracción parlamentaria del partido Die Linke en el Bundestag (Parlamento) alemán. Fue su congreso, ya que prácticamente lideraba a Die Linke desde 1990. El cambio en la dirección de la fracción parlamentaria pasará bajo el signo de la continuidad: el rol mediador de Gysi se volvió obsoleto pero su legado pro-burgués está por quedarse.

Según afirmó el mismo Gysi en su discurso de despedida, ese legado es el de “garantizar que con nosotros también habrá una productividad alta y una economía que funciona.” Es que “el capitalismo puede ocasionar una economía altamente eficaz y productiva” y ya que en Alemania se viste en una “democracia política”, sería ilegítima una revolución. El partido debería buscar “la alianza con la clase media burguesa” ya que “también a ella le molesta el predominio de los grandes bancos y multinacionales […]. Pero no debe ser una alianza oportunista. Debemos hacerlo en serio”.

Y Gysi está serio. Es tiempo para la “izquierda dentro de Die Linke (La Izquierda)” de tomar en serio a la dirección de su partido. La verdad es que efectivamente hay una sola posición que se articula en el partido – la de participar en los gobiernos burgueses. Quien está en contra de la participación en el gobierno, dice Gysi, en realidad “no lo admite” y espera que el partido socialdemócrata SPD y los verdes “fracasen en la segunda línea roja”. Efectivamente, esa es la estrategia del grupo marx21 que se encuentra dentro de Die Linke. Así, Janine Wissler, militante de marx21 y dirigente de la fracción parlamentaria en el parlamento provincial de Hesse, una y otra vez explica que en principio está por la participación en el gobierno si se consideran ciertas “líneas rojas”. Pero esa “táctica” que no cuestiona el Estado capitalista, solo significa el reconocimiento del rumbo pro-gobierno. Consecuentemente marx21 votó por la plataforma de la dirección del partido en el congreso partidario.

La victoria del “ala derecha”

En el centrismo y el reformismo de izquierda es muy popular la tesis que Die Linke serían “dos partidos en uno”: un partido de “la izquierda gobernante” y otro de “la izquierda anticapitalista”. Ahora el predominio lo tendría ese primer “campo reformador”. Con ese análisis, los militantes de izquierda se mienten a si mismos, porque lo único que hay son dos estrategias parlamentarias y reformistas: Una que considera más oportuno un discurso opositor para poder gobernar, y otra un discurso abiertamente claudicante. Pero los dos tienen el mismo objetivo: cogestión del capitalismo.

La plataforma “Izquierda Socialista” dentro del partido (donde está también marx21) o la plataforma “Izquierda Anticapitalista” (en la que está el grupo SAV/CIO) ocultan eso. Si hubiera un sector “revolucionario” en Die Linke, lo hubiéramos visto en algún lugar en los debates centrales de los últimos meses y años. Los proyectos centristas dentro de Die Linke apoyan a regañadientes a la política chauvinista del partido en vez de aspirar vehemente a la ruptura con ella.

La tendencia está clara: Desde el reconocimiento a la Unión Europea en su congreso antes de las elecciones europeas, los primeros votos de Die Linke por una operación de guerra en el Mar Mediterráneo, el gobierno de Ramelow en Turingia hasta la aprobación casi unánime a los dictados de ajuste para Grecia en febrero. Cierto que el partido abogó por un “No” en el referéndum griego el 5 de julio y por ende en contra de la línea del gobierno alemán – pero no existe un “ala de izquierda” que denuncie la capitulación de Syriza al imperialismo alemán y a la burguesía griega y reclame una alternativa revolucionaria.
Es por eso que Caren Lay del ala de derecha “Foro por un Socialismo Democrático” puede afirmar con orgullo lo siguiente sobre el gobierno de Die Linke en Turingia: “Sobre todo logramos eso sin que haya habido una disputa notable dentro del partido”. Otra vez, solo queda secundar al ala derechista: Su posición es idéntica con la posición del partido mismo. Que existiese otra posibilidad dentro de Die Linke o es ilusorio o una mentira apologética.

Cuáles serán los “compromisos” que también el ala izquierda del partido tendrá que apoyar en el caso de una participación en el gobierno nacional, Gysi los definió muy concretamente: exportaciones de armas a “democracias”, operaciones militares sin “combate”, Unión Europea “con democracia”, servicios secretos y NSA pero “presentarse con confianza en sí mismo ante la administración de EEUU”, no abolir sino “regular” la tercerización, aumentar los impuestos a las fortunas “sin debilitar las empresas pequeñas y medianas”, un “seguro social mínimo sin sanciones” en vez de abolir Hartz IV.

Chauvinismo contra Grecia

Die Linke esta “parlamentarizado y conciliado con el centro“, como lo afirmó el profesor conservador Korte en un programa de entrevistas. Es por eso que el debate sobre un camino revolucionario ahora significa la discusión sobre la ruptura con Die Linke. Quien aún no lo quiera creer, eche un vistazo a la “unidad nacional” chauvinista contra Grecia a la que el partido se integró casi unánime. Otra vez, la única autoestimación correcta viene del ala derechista: La aprobación por parte de Die Linke de los dictados de ajuste de Schäuble en el parlamento en febrero es “un cambio que va más allá de la decisión concreta”, como lo formuló el representante de la “izquierda gobernante” berlinesa, Stefan Liebich.

En ese debate parlamentario de Febrero, Gysi llegó a afirmar que esa decisión de gran alcance no significaba “ningún apoyo a la política del gobierno”. Como respuesta, hubo risas maliciosas y una interrupción desde la bancada del CDU (partido del que forma parte la canciller Angela Merkel): “Entonces hubieran podido votar a favor ya en diciembre” Y tiene razón. Die Linke tomó la primera ocasión para alejarse de su rechazo táctico contra los dictados de ajuste. Su única “alternativa” a Merkel y Schäube es un keynesianismo fuera de lugar para el capital alemán que no lo quiere: Grecia debería reconstruirse con un nuevo “plan Marshall” para poder devolver su deuda. En el mismo aliento, Gysi apeló a “la obligación de salvar a la Unión Europea.”
Un Partido que apoya las huelgas pero gobierna para los capitalistas

Al parecer, el rumbo derechista intransigente estaría por cambiarse: Con una campaña pública, Die Linke apoya a luchas obreras. Eso es algo que siempre hemos demandado de ese partido. El contenido de la campaña: acabar con los contratos temporales y la tercerización, seguro social mínimo sin sanciones en vez de Hartz IV, redistribución del trabajo en vez de estrés permanente y angustia existencial, hacer pagable la vivienda y la energía, más personal para la educación, el cuidado y la salud. Y también en la coyuntura huelguística actual, uno puede ver a Die Linke en las movilizaciones.

Como encajan esos dos desarrollos: apoyo a las huelgas a la vez que el giro derechista en casi todas las cuestiones políticas ¿Acaso existe finalmente una lucha de alas en Die Linke? ¿Hay todavía chances para la “izquierda en Die Linke”?
No. Lo que observamos es el resultado del proceso contradictorio de desarrollo de un partido obrero-burgués.

Bajo ese término entendemos los marxistas un partido con programa capitalista y dirección pro-capitalista, pero con una base en la clase trabajadora. La ligazón orgánica de Die Linke a la clase obrera se limita en lo esencial a los sectores más bajos de la burocracia sindical. Si hubiera una ligazón más estrecha, Gysi no debería admitir en su discurso final que “los empresarios medianos tienen más influencia a la mayor parte de sus trabajadores que nosotros” y no pedirles a estos empresarios por “un permiso general para que los trabajadores puedan votarnos”.

Su partido se apoya en su militancia (cuya media de edad ronda los 60 años) en ex-burócratas estatales (y jubilados) de Alemania Oriental y en burócratas sindicales de Alemania Occidental. Es decir que ya en su base se apoya más a las instancias mediadoras entre las clases que en la propia clase trabajadora. Con ello refleja una tendencia generalizada en los partidos reformistas de los países imperialistas que dura desde la derrota del último ascenso de la lucha de clases de los 70: los partidos reformistas pierden parte de su base trabajadora o incluso surgen nuevos partidos reformistas sin anclaje profundo en la clase.

El partido “Die Linke” ha sido podrido desde el principio. Por lo tanto, la historia de Die Linke es una historia de quitar los “obstáculos” para la participación en el gobierno, en la que el mismo partido una y otra vez intenta enraizarse en la clase trabajadora para ganar una base en delimitación con el SPD. Para Die Linke, la clase trabajadora sirve tanto en Grecia como en Alemania solo como base de maniobra en las negociaciones con el gobierno burgués del cual quiere formar parte.







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