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Red Internacional

Entrevistamos a Alejandro Schneider, Doctor en Historia, docente e investigador de la Universidad Nacional de La Plata y de la Universidad de Buenos Aires sobre las movilizaciones ocurridas el 11 de Julio en Cuba.

Gastón NovalProfesor de Historia - UNLP

Sábado 24 de julio | 00:24

El 11 de Julio las movilizaciones y su represión, que terminó con decenas de detenidos, entre ellos, activistas de la izquierda cubana, marcaron una jornada que combinó el malestar por la pandemia, con una crisis económica y social más estructural. La definición de la burocracia del Partido Comunista Cubano de impulsar medidas pro mercado que tienden a la restauración capitalista, se combina con la crisis que provocó la pandemia. Un ejemplo de ello es la unificación monetaria que implicó una devaluación del 2400% del peso cubano, y un encarecimiento abismal de insumos básicos.

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Al respecto, entrevistamos a Alejandro Schneider, Doctor en Historia, docente e investigador de la Universidad Nacional de La Plata y de la Universidad de Buenos Aires, quien se ha especializado en estudios sobre Centroamérica.

El 11 de Julio hubo importantes movilizaciones en Cuba. ¿Qué reclamos y qué sectores se expresaron en las mismas? ¿En qué contexto regional las ubicas?

En los últimos años, para ser más precisos desde 2019, se desarrollaron una serie de reclamos sociales y políticos expresados a través de numerosas movilizaciones en todo el continente. Desde la aérea andina en Chile y Ecuador, hasta las actuales en Colombia iniciadas el pasado mes de abril. En términos de cercanía geográfica, en Puerto Rico, las protestas en el 2019 terminaron echando un gobernador (Ricardo Roselló), generando un hecho inédito no solo por expulsión sino también porque se produjo en un territorio colonial norteamericano. Asimismo, en Haití, desde febrero de ese año se efectuaron una serie de masivas protestas hasta nuestros días contra el reciente presidente asesinado Jovenel Moise. O sea, sin descuidar las manifestaciones en Estados Unidos en contra de la brutalidad policial tras el asesinato de George Floyd, las noticias sobre estos hechos no se pudieron ocultar, mostrando un fuerte descontento existente en amplios sectores sociales, sobre todo, en la juventud.

En ese escenario, hay que ubicar el descontento y el malestar social que se evidenció en Cuba. Si bien no ha alcanzado la magnitud de lo acontecido en otras islas del Caribe, es evidente que existe un importante fastidio en la población, sobre todo, agravado por el empeoramiento de la situación económica y por los efectos de la pandemia. En ese sentido, el primer punto a considerar es que la presión del bloqueo de Washington se ha agravado desde el gobierno de Donald Trump, subrayando que éste ha sido sostenido por Joe Biden. Desde hace más de sesenta años, la población de la isla soporta un inmundo bloqueo que en los últimos tiempos se ha agudizado ante la imposibilidad de recibir medicamentos, insumos médicos, etc. en este contexto de pandemia. A eso hay que añadir todo un conjunto de elementos no menores como es la política económica de apertura al capital extranjero que ha llevado a cabo la dirigencia cubana en las últimas décadas. Dentro de ese esquema económico, donde el turismo internacional juega un papel importante en el ingreso de divisas extranjeras, la disminución del mismo empeoró el escenario económico. Lo mismo ha sucedido con la drástica disminución de las remesas que reciben las familias desde el exterior. Esto ha conducido a que amplios sectores de la población se han pauperizado aceleradamente, en un contexto donde muchas de las mercaderías solo se consiguen con divisas extranjeras. A esto se suman problemas inherentes que ha tenido el proceso cubano tanto en términos económicos como políticos desde sus inicios. Ahora bien, lo que aparece es que los sectores que salieron a manifestarse no representan un conjunto homogéneo: en ellos se encuentran desde grupos perjudicados por el deterioro de sus condiciones económicas hasta aquellos que están interesados en que caiga el régimen a través de una intervención estadounidense. En ese sentido, hubo críticas desde una perspectiva revolucionaria, hasta sectores que se movilizaron con posturas contrarrevolucionarias. En mi opinión, producto de la fuerte y sistemática campaña de fake news, por parte de la derecha y el Imperialismo que se dieron desde el exterior, no podemos conocer con exactitud desde afuera de la Isla lo que ha sucedido.

Mientras el Imperialismo busca capitalizar estas movilizaciones para una salida de derecha, Biden ha continuado las políticas de sanciones de Trump y los gobiernos precedentes. ¿Por qué? ¿Qué rol ha jugado el bloqueo imperialista en la situación social en Cuba?

La administración estadounidense ha proseguido con esas sanciones, incluso como todos los años, se ha burlado de las resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas que en forma abrumadoramente mayoritaria (con la excepción negativa del gobierno genocida de Israel) vota el fin del bloqueo impuesto a Cuba. En ese marco, el comportamiento de la Casa Blanca responde a cuestiones domésticas, sobre todo, a satisfacer una parte significativa del Partido Demócrata y su electorado, claramente opositor a que se levante el bloqueo.
Desde que Cuba volvió a ser ubicado como un país patrocinador del terrorismo, con Trump, el bloqueo se ha agudizado con más de doscientas sanciones, impactando en el acceso a productos básicos, remedios, etc. como mencioné con anterioridad. Panorama que se agravó en el contexto de la pandemia.

La pandemia profundizó enormemente la crisis económica y el deterioro social. Pero el gobierno ha tomado medidas como la disminución de la inversión en ciencia y tecnología, ha facilitado la inversión extranjera, y además, reprimió las movilizaciones y entre los encarcelados hay gente que se opone a la política del gobierno desde la izquierda, incluso algunos militantes del Partido Comunista. ¿Qué rol juega en este contexto el PC y las Fuerzas Armadas que manejan los resortes de la economía y la política de la isla?

En términos generales, existen problemas de larga data, que tienen que ver con la concepción que se pensó y se desarrolló el proceso cubano desde la década del sesenta. A partir de ahí, hay que pensar la respuesta que da la dirección gubernamental desde la caída del bloque soviético y el intento de impulsar un modelo económico similar al Dói Mói vietnamita combinando apertura de mercados (sobre todo en turismo) con el control político del Partido Comunista. En ese marco, se deben comprender las medidas impulsadas desde los años ochenta cuando se aprobó la primera ley sobre inversiones extranjeras para otorgarles garantías a los inversores. Posteriormente, desde el 2013, Raúl Castro impulsó un grupo de trabajo para realizar modificaciones en la futura constitución, que fue aprobada en el 2019, en torno al reconocimiento del papel del mercado, los diferentes tipos de propiedad que pueden coexistir en la economía. Por último, en lo inmediato, el panorama económico se agravó con las disposiciones referentes a la unificación monetaria adoptada a comienzos del presente año.

En el contexto regional que mencionaste, y las particularidades de la situación en Cuba, ¿qué perspectiva ves respecto a la situación abierta en la última semana? ¿Que desarrollo opinas que pueden tener las movilizaciones de los últimos días?

Si bien el gobierno adoptó algunas medidas para aplacar el descontento en lo inmediato, el malestar creo que va a subsistir porque remiten a problemas que no se solucionan con medidas de maquillaje. Tanto por la existencia del bloqueo como por las formas que ha tenido el régimen, en términos económicos y políticos, las quejas y los reclamos van a proseguir.

En una gran parte de los análisis sobre la situación en Cuba de comentaristas que se consideran de izquierda, las críticas a la situación social se ubican como “funcionales al Imperialismo”. ¿Por qué consideras que sucede esto?

Existen varios motivos: Desde aquellos que aceptan el modelo cubano y su actual gestión como la única válida posible frente a la injerencia real imperialista, hasta aquellos que comulgan con una concepción ideológica frente populista, donde la política de colaboración de clases no entra en contradicción con su pensamiento.




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