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Red Internacional

El 22 de mayo es el día mundial de la biodiversidad, una fecha instalada por la ONU para concientizar sobre la importancia de la biodiversidad. Sin embargo el extractivismo llevado adelante por los gobiernos la ataca constantemente

Clara GentileEstudiante en la Facultad de Ciencias Veterinarias (UBA) @gentigentilicia

Maty ZetaEstudiante de Ciencias Matemáticas y docente auxiliar en la UBA

Sábado 22 de mayo | 23:18

Se entiende por biodiversidad a la amplia variedad de plantas, animales y microorganismos existentes, incluyendo las diferencias genéticas dentro de cada especie. Así como a la variedad de ecosistemas, como por ejemplo, los lagos o bosques, que los alberga, y a las interrelaciones de sus miembros entre sí y con el entorno, como el agua o el suelo.

El 20 de diciembre del 2000, en la Asamblea General de las Naciones Unidas se decidió instaurar a esta fecha como el Día Internacional de la Biodiversidad, para "informar y concientizar a la población y a los Estados sobre las cuestiones relativas a la biodiversidad". Esta fecha coincide con el aniversario de la aprobación del Convenio sobre la Diversidad Biológica, firmado en 1992.

Según un informe realizado por la misma organización, el 75% de la superficie terrestre ha sido alterada significativamente, el 66% del área oceánica está experimentando impactos acumulativos crecientes y se ha perdido más del 85% de los humedales a nivel mundial. Un promedio del 25% de las especies conocidas de animales y plantas están amenazadas, lo que significa que alrededor de 1 millón de especies están actualmente en peligro de extinción.

La pérdida, deterioro o disminución de la diversidad, no es producto de la “actividad humana” en general, sino de las formas de producción dentro del capitalismo. El factor principal de la pérdida de flora y fauna salvajes es la alteración de los usos del suelo para producir alimentos: cerca del 50 % del área de tierra habitable se usa para la agroganadería de vacas, cerdos y cultivos (para alimentar a las personas y al ganado).

En ese marco, el plan del Gobierno argentino de instalar megafactorías con decenas de miles de porcinos en norte y sur del país se torna aún más criminal. También se suman distintos factores como la contaminación, sobreexplotación, crisis climática, pérdida y degradación de hábitats y especies invasoras producto de diferentes actividades como la pesca industrial, la agricultura, la energía, la minería, la infraestructura, la silvicultura y el turismo, según el informe Planeta vivo 2020 del El Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF en inglés).

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Mencionan como ejemplo el caso de la ecorregión del Cerrado,que limita al norte con la Amazonia y se extiende por Brasil, Bolivia, Paraguay y Argentina, que tiene la diversidad de vida más rica de todas las sabanas del mundo, es una importante fuente de agua y almacena el carbono, que evita la aceleración del cambio climático. Y lamentablemente, la mitad de la región ya se ha perdido por la cría de ganado y la producción de soja para el consumo en todo el mundo.

TimeLapse donde se ve el avance de la llamada extensión de la frontera agropecuaria al este de Salta, Argentina

Curiosamente este año la ONU propuso como lema: “Soy parte de la solución”. Esta consigna profundiza la idea de la responsabilidad individual y que todo cambio depende de la misma o que se puede enfrentar la crisis climática a partir de acciones propias y no colectivas. Además saca del eje a quienes son los verdaderos responsables de la destrucción del planeta. A partir del 2018, las huelgas por el clima impulsadas por Greta Thumberg, se replicaron en todas partes del mundo, movilizando a millones de jóvenes.

Preservar la biodiversidad y revertir la crisis climática nos ubica a les trabajadores, jóvenes, mujeres e históricos luchadores por el ambiente como “parte de la solución”, y no a los líderes de empresas y gobiernos que son “parte del problema”. Un ejemplo en nuestro país es la pelea por la defensa del agua en Mendoza y en Chubut contra la megaminería.

Cada vez son más las personas que toman en sus manos la defensa del ambiente. Y no es para menos, a la crisis climática se suma desde el año pasado la pandemia del coronavirus. Prácticas como grandes factorías de animales, donde la biodiversidad no existe (son espacios donde hay miles de animales idénticos), o la deforestación favorecen la posibilidad de que nuevos patógenos alcancen a los seres humanos, aumentando el riesgo de la aparición de nuevas enfermedades.

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En nuestro país, el Gobierno del Frente de Todos entregó beneficios, concesiones y hasta elogios al extractivismo, mientras sigue sin haber ley de humedales -como denunciaron Del Caño y otros legisladores durante la sesión por la ley de educación ambiental-, se desfinancia la ley de bosques y se siguen ofreciendo negocios a corporaciones extranjeras a expensas del ambiente. Será la movilización, como hasta ahora, la encargada de ponerle freno al saqueo y la destrucción.




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