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Red Internacional

Opinión. Día de las infancias: ¿qué pasa con la salud en niñes y adolescentes trans?

Un recorrido sobre la realidad de niñes y adolescentes trans en el sistema sanitario a diez años de la sanción de la Ley de Identidad de Género.

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Domingo 21 de agosto de 2022 | 20:38

De acuerdo con el informe elaborado por la Asociación Civil Infancias Libres, sobre una muestra de cien experiencias trans relevadas, las primeras expresiones de la autopercepción de un género distinto al asignado al nacer, se dan principalmente entre el primero y los 4 años de edad (46%), y en segunda instancia entre los 5 y 8 años (31%). Es decir, en casi 8 de cada 10 de los casos estas manifestaciones suceden antes de los 9 años.

Según explican distintos profesionales de la salud, la mayoría de las niñas y niños que llegan a las primeras consultas tienen entre 3 y 5 años. El motivo de la consulta es por la angustia de los padres que desconocen cómo acompañar a sus hijos en este recorrido. Hasta que se escolarizan, los chicos no viven su situación como algo angustiante. Recién en la primaria, cuando los tabúes de género están más arraigados. Madres, padres, docentes e incluso los alumnos desconocen cómo abordar el tema, y muchas veces responden desde los prejuicios, y cuando no, con violencia. “Como pediatra especializada en género, veo que los prejuicios vienen más desde los adultos que de les niñes y/o adolescentes”, afirma la Dra. Mariana González para La Izquierda Diario.

La aplicación de la educación sexual sirve para que ningún niñe vuelva a tener que vivir una situación violenta, porque debería aplicarse para enseñar sobre la existencia de identidades y sexualidades que no tienen como único horizonte a la heteronorma. Sin embargo, en estos tiempos de ajuste una de las demandas prioritarias es la aplicación del art 11 de la Ley Nacional de Identidad que habla de la salud integral: “Derecho al libre desarrollo personal. Todas las personas mayores de dieciocho (18) años de edad podrán, conforme al artículo 1° de la presente ley y a fin de garantizar el goce de su salud integral, acceder a intervenciones quirúrgicas totales y parciales y/o tratamientos integrales hormonales para adecuar su cuerpo, incluida su genitalidad, a su identidad de género autopercibida, sin necesidad de requerir autorización judicial o administrativa”.

¿Cuál es el tiempo de tratamiento típico?

En la mayoría de les niñes, la pubertad comienza alrededor de los 10 y 11 años, aunque en algunos comienza antes. El efecto de los bloqueadores puberales depende del momento en que le niñe comience el proceso. El tratamiento con análogos de la hormona liberadora de gonadotropina se puede comenzar al inicio de la pubertad para retrasar las características sexuales secundarias. En etapas ligeramente posteriores de la pubertad, el tratamiento podría utilizarse para detener la menstruación o las erecciones o para prevenir el desarrollo posterior de características sexuales secundarias no deseadas.

Aunque la mayoría de les niñes toman el medicamento durante unos cuantos años, cada niño es diferente. Después de suprimir la pubertad durante algunos años, el niño podría decidir suspender la terapia de bloqueo de la pubertad o seguir con otros tratamientos hormonales.

Las hormonas como otros medicamentos están incluídos en el Programa médico obligatorio. ¿Qué es esto? El Programa Médico Obligatorio es una especie de canasta básica de medicamentos, prestaciones e insumos que deben ser garantizados al 100% por los tres subsistemas de salud: el sistema público, el de medicina prepaga y las obras sociales.

¿Qué pasa si se interrumpen?, nos responde la médica recibida en la Universidad Nacional de Buenos Aires, activista lesbiana, feminista y antirracista, Marina Erichirly.

La interrupción de la hormonización puede acarrear consecuencias físicas y psíquicas. En cuanto a lo físico, las complicaciones dependen del esquema de tratamiento, del tiempo de uso de hormonas, y si pasó por una gonadectomía o no. El primer efecto de la interrupción de la hormonización es que algunos efectos deseados pueden revertir; por ejemplo, en hombres trans puede haber sangrado vaginal o menstruación, disminución del vello facial y corporal, y en mujeres trans y otras feminidades trans pueden reaparecer erecciones no deseadas, entre otros posibles efectos. Todo esto lleva a una aparición de sufrimiento psíquico asociado a características corporales no deseadas. Por otro lado, en aquellas personas que realizaron una gonadectomía, es decir, la extirpación de ovarios o testículos, el mantenimiento de la hormonización es imprescindible para evitar daños a la salud como la pérdida de densidad de los huesos.

Además del sufrimiento psíquico asociado a la falta de acceso a la hormonización, hay que tener en cuenta que las personas más afectadas por estos riesgos son las más pobres y las que no tienen empleo formal, características que lamentablemente son frecuentes en la población trans, debido a las múltiples exclusiones que padecen. Por último, si no hay acceso a la salud pública las persona trans se exponen nuevamente a tratamientos inseguros como inyecciones de aceite industriales o siliconas líquidas, que producen altos riesgos inmediatos (de muerte por embolias) y a la largo plazo por inflamación crónica, infecciones y migración de los aceites; así como al uso de hormonas anticonceptivas para feminizar el cuerpo, a veces en altas dosis, tratamientos que aumentan muchísimo el riesgo de tener coágulos en las venas, trombosis en los pulmones, aumentan el riesgo cardiovascular, etc. Si no se garantizan los tratamientos hormonales y quirúrgicos en el sistema público, se realizan de manera insegura y se sigue perpetuando la injusticia a la cual son sometidas las personas trans en el ámbito de salud, la educación y el trabajo. Estas injusticias requieren no sólo acceso universal a la salud sino también a trabajo, por eso también resulta fundamental el cupo laboral trans.
El acceso al reconocimiento y desarrollo de la identidad de género es un derecho humano que está previsto en la Ley de Identidad, así como en los Principios de Yogyakarta, por lo cual estas intervenciones deberían estar cubiertas totalmente por todos los subsistemas de salud.

No a la patologización

La categoría de la transexualidad se ha suprimido y sustituido por una nueva categoría llamada “incongruencia de género en la adolescencia y la adultezˮ. “Esta categoría no se define en términos binarios y no impone estereotipos de género; sólo es aplicable una vez comenzada la pubertad y se caracteriza por una marcada y persistente incongruencia entre el género vivido por una persona y el sexo asignado, que a menudo conduce a un deseo de “transiciónˮ, para vivir y ser aceptada como una persona del género vivido, por medio de tratamiento hormonal, cirugía u otros servicios de asistencia sanitaria a fin de armonizar el cuerpo de la persona, tanto como se desee y en la medida de lo posible, con el género vivido”, así lo dice el último documento “Promoción y protección de los derechos humanos: cuestiones de derechos humanos, incluidos otros medios de mejorar el goce efectivo de los derechos humanos y las libertades fundamentales” de las Naciones Unidas.

Es importante porque se debería homogeneizar, o por lo menos ofrecer de manera justa y equitativa, la ESI en todas las instituciones educativas. Se deberían incluir contenidos no sólo sobre anticonceptivos o fertilidad -cuestiones que son biologicistas ya que tienen que ver con los órganos o la reproducción cisheterosexual- sino que deberían presentes en los materiales sobre ESI, las cuestiones que tienen que ver con todo tipo de corporalidades y deseos, sin utilizar categorías binarias o dicotómicas que intentan representar que un tipo de gónada o de cromosoma está alineado sólo con cierta identidad de género u orientación sexual.

La ley de Educación Sexual Integral se sancionó en el 2006 y por el momento sigue sin haber datos oficiales de cuánto se aplica en las escuelas tanto públicas como privadas. En octubre del año pasado el ministro de Educación, Nicolás Trotta, lanzó el Observatorio Federal de la ESI, una mesa con el objetivo de monitorear la implementación.

En una encuesta reciente, elaborada por el proyecto #EsConESI a casi 400 estudiantes de distintas provincias, resultó que solo el 2,02 % recibió ESI por docentes en todas las materias y que 21,41 % directamente no recibió ningún contenido. En muchos casos se refleja una aplicación parcial, tanto en algunas materias de la currícula, como charlas especiales de invitados externos, o gracias a la exigencia de los centros de estudiantes, que en algunos lugares llegaron a redactar manuales propios. Si se aplica en las escuelas es gracias al esfuerzo de les docentes a pesar de los obstáculos.

Como dijo Pablo Heron en La Izquierda Diario “entre los principales temas de interés para recibirla que surgieron en ese relevo aparecen los métodos anticonceptivos e infecciones, sexualidades, violencia de género, diversidad sexual y género, autocuidado, relaciones interpersonales, entre otros. Un dato que refleja el carácter urgente de la medida, es que según el análisis de los casos de abuso sexual infantil tratados durante el 2019 por el Ministerio Público Tutelar porteño, entre el 70% y 80% de los niños de entre 12 y 14 años se dan cuenta de que fueron abusados después de sus clases de Educación Sexual Integral”.
Se suma, además, que hay muy pocos Hospitales Públicos con equipos interdisciplinarios que aborden de manera integral la salud de niñes y adolescentes. La mayoría opta por buscar información en internet y desconoce que su salud es un derecho.

Nuestra salud vale más que sus ganancias.

El ajuste en la salud afecta principalmente a la clase trabajadora y los sectores más vulnerados. Es necesario implementar medidas de emergencia y de fondo contra la precarización laboral. Se impone implementar medidas de emergencia y salidas de fondo ante la precariedad con que se sostiene el sistema de salud y el Estado de conjunto desde los ’90 a esta parte y que han mantenido todos los gobiernos de turno.

Hay que atacar es esas causas estructurales que producen la inflación, y por supuesto todos esos grandes empresarios son absolutamente responsables. El Gobierno no ha tomado, a pesar de la ‘guerra contra la inflación’, una sola medida contra ellos. Toda la pelea que tiene el Gobierno de ajustar para juntar reservar no es porque con eso quieran hacer escuelas, hospitales o darle de comer como a los niños y las niñas como la chica de 11 años de la Ciudad de Buenos Aires en la 21-24 que murió por desnutrición. No están pensando en ella, están juntando reservas para pagarle al FMI.

Las prioridades de les niñes y adolescentes son claras: salud, vivienda y educación. ¿Vos de qué lado vas a estar?


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