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Red Internacional

17 de noviembre. Día de la militancia: Perón contra la insurgencia obrera

El 17 de noviembre de 1972 Juan Domingo Perón retorna a la Argentina después de 17 años de exilio. La izquierda peronista reivindica dicho retorno como producto de su lucha, pero el símbolo del regreso es la foto de José Ignacio Rucci, secretario general de la CGT, sosteniendo el paraguas al líder que volvía, en la pista de aterrizaje de Ezeiza.

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Jueves 17 de noviembre | 11:20

El Cordobazo, la izquierda peronista y Perón

John William Cooke creía que se podía transformar al peronismo en una fuerza revolucionaria dirigente de una insurrección popular para traer de regreso a Perón. Consideraba que en una situación tal, Perón se vería obligado a encabezar una revolución social. El ideólogo del llamado peronismo revolucionario le pedía al líder exiliado que “defina al Movimiento como lo que es, como lo único que puede ser, un movimiento de liberación nacional de extrema izquierda, en cuanto se propone sustituir el régimen capitalista por formas sociales de acuerdo a las características de cada país”. Los Montoneros, por su lado, coreaban “fusiles, machetes, por otro 17”, en referencia a octubre de 1945. Creían que con la lucha guerrillera primero, militando la campaña electoral con Héctor Cámpora y rompiendo lo que llamaban el “cerco” de la burocracia calificada como “brujo-vandorista”, después, el general podía ser empujado a realizar la “patria socialista”.

El pronóstico de Cooke sobre la insurrección popular se cumplió con el Cordobazo de mayo de 1969. La semi-insurrección mediterránea, cuyos protagonistas fueron los obreros y estudiantes, quebró el espinazo de la dictadura de Juan Carlos Onganía y la autoproclamada “Revolución Argentina”. Pero, a contrapelo del planteo de Cooke, el Cordobazo no se realizó bajo las consignas del peronismo, y mucho menos bajo su dirección, sino que en sus calles se coreaba por el gobierno obrero y popular y dio origen a una vanguardia clasista que ponía en pie comisiones internas y sindicatos democráticos y combativos que en sus planteos y su práctica eran un doble poder de hecho dentro de las empresas y enfrentaban a la burguesía.

Tampoco se cumplieron las expectativas revolucionarias del dirigente de la resistencia peronista, ni de Montoneros. Perón no retornaba al país para encabezar la lucha por la liberación nacional y la “patria socialista”, ni para hacer un nuevo 17 de octubre. Lo hacía luego de negociar con el dictador Alejandro Lanusse un Gran Acuerdo Nacional que consistía en salvar al país burgués y sus instituciones, particularmente a las FFAA. Es decir, no vino como dirigente de la revolución, sino como cabeza de una política contrarrevolucionaria que buscaba impedir la victoria de la insurgencia obrera y popular y reconducir a la clase obrera a la subordinación del régimen burgués.

Para hacerlo, Perón apeló primero a una alianza con la izquierda peronista, Montoneros en particular, que fue quien contuvo a la juventud radicalizada dentro del peronismo. Los Montoneros consideraban que había que subordinarse a la estrategia de Perón del frente policlasista para luchar contra el imperialismo. Así, se integraron al gobierno de Héctor Cámpora y fueron derrotados por la asonada contrarrevolucionaria de la derecha peronista del 20 de junio de 1973 en Ezeiza, y más tarde caen con el golpe de palacio que da la presidencia provisional a Raúl Lastiri, yerno de José López Rega. Más tarde perderán sus puestos institucionales en las provincias a raíz de los golpes destituyentes comenzados por el Navarrazo, en Córdoba, a principios de 1974. Los mismos fueron promovidos por el propio Perón. El programa de Perón no fue el de la liberación y el socialismo nacional que esperaban los Montoneros y, antes de ellos Cooke, sino el Pacto Social a favor de los empresarios y la Triple A, creada con la venia de Perón y lanzada a disciplinar a los tiros a la amplia vanguardia obrera y juvenil que protagonizaba la insurgencia setentista.

Clase obrera y peronismo

La foto de Rucci sosteniendo el paraguas a Perón es emblemática porque indica la alianza con una burocracia sindical que apelaba a los pistoleros y los grupos fascistizantes, en el caso del secretario de la CGT los falangistas de la CNU, con que el líder justicialista buscó combatir a los sectores militantes de los trabajadores y la juventud. Perón expulsó a los diputados afines a Montoneros por TV e insultó en Plaza de Mayo a la juventud dirigida por Montoneros llamándolos “imberbes y estúpidos” y elogiando a los burócratas sindicales como los “dirigentes sabios y prudentes”, a los que llamó a hacer “tronar el escarmiento” contra su propia ala izquierda.

A pesar de la política represiva y el accionar de las bandas ultraderechistas, los trabajadores no dejaron de luchar contra el Pacto Social, incluso en vida de Perón. Prueba de ello es el primer Villazo de 1974, donde los metalúrgicos de Villa Constitución derrotaron a la alianza de la patronal de Acindar, el gobierno y la burocracia de Lorenzo Miguel, recuperando la UOM Villa Constitución para la lucha de clases.

Muerto en junio de 1974, Perón es sucedido por su viuda María Estela Martinez, Isabel, quien, con el ministro de Bienestar Social, José López Rega como hombre fuerte gobierno apelando al terrorismo paraestatal, la intervención de las FFAA y el Estado de Sitio, para derrotar la insurgencia social. Lejos de profundizar el camino de la “revolución peronista”, el peronismo de Isabel y López Rega llevó adelante un programa de ajuste brutal, conocido como Rodrigazo, en junio de 1975. En junio y julio de aquel año, una movilización obrera extraordinaria impulsada por las comisiones internas y cuerpos de delegados combativos que se habían fogueado al calor de las luchas contra el Pacto Social dieron lugar a las coordinadoras interfabriles e impusieron a la burocracia sindical la huelga general.

El ajuste es derrotado gracias a la autoorganización y la democracia obrera que había ganado la gran industria, expulsando a López Rega del poder y liquidando a las bandas ultraderechistas. Es este fracaso del peronismo en contener a los trabajadores en medio de una crisis brutal lo que decide a la burguesía a dar por terminado el gobierno peronista y apelar al golpe genocida de marzo de 1976.

La farsa progre

La izquierda peronista de los ‘60 y ‘70 fracasó en su intento de radicalizar a Perón y el peronismo. Su política de subordinar a los sectores combativos de los trabajadores y la juventud al liderazgo de Perón y el programa del FrejuLi, fue un bloqueo para que la clase obrera conquiste su independencia política y desarrolle las coordinadoras como un doble poder que disputará el poder abiertamente al Estado capitalista. Lo pagó de manera trágica.

El progresismo kirchnerista, junto a la burocracia sindical, celebra este 17 de noviembre a un peronismo y a una líder, CFK, que erigió como superministro a un agente de la Embajada yanqui, como Sergio Massa, y que es el instrumento del ajuste y el régimen del FMI, lo que encubre bajo el relato de un capitalismo regulado y la prédica de la resignación porque “no dan las relaciones de fuerza”. Lejos, muy lejos, de cualquier pretensión de transformación revolucionaria de la sociedad y de lucha contra el imperialismo.

La reivindicación histórica de las luchas de la clase obrera argentina, de la resistencia obrera a la fusiladora que proscribió al peronismo y la insurgencia abierta por el Cordobazo, constituye parte del arsenal de la izquierda revolucionaria y los antecedentes del socialismo revolucionario desde abajo. La conquista de la independencia política de les trabajadores, la lucha por un gran partido socialista de la clase trabajadora, es el mejor homenaje a la lucha militante de la clase obrera.


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