Internacional

PANDEMIA Y CORRUPCIÓN

Detuvieron al ministro de Salud de Bolivia por compra fraudulenta de respiradores

El ministro de Salud boliviano, Marcelo Navajas, fue detenido este miércoles junto a funcionarios de su ministerio y del Banco Interamericano de Desarrollo por sobreprecio en la adquisición de 170 respiradores. Los equipos cuestan poco más de 7.000 dólares y fueron comprados a 28.000 dólares.

Miércoles 20 de mayo | 19:12

La corrupción del Gobierno golpista de Añez va en aumento en medio de la pandemia. El 14 de mayo habían llegado al país 170 ventiladores básicos procedentes, a requerimiento del Gobierno boliviano, de la compañía GPA Innova. Estos ventiladores fueron adquiridos con recursos facilitados por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), organismo que tenía también la responsabilidad de vigilar la correcta utilización de los mismos.

Los equipos costaron al Estado 4.773.600 dólares, tomando en cuenta un costo por unidad de 28.080 dólares. Lo impresionante es que en realidad estos ventiladores básicos valen 7.194 dólares, que multiplicados por los 170 hacen un total de 1.222.980 dólares. Es decir, existió un excedente de más de 3,5 millones de dólares, que se embolsaron intermediarios respecto de lo que cuesta el producto en España.

Cuando los equipos llegaron al país tuvieron un recibimiento grandilocuente. Añez señaló entonces que: “Tenemos un plan en marcha que es para que las personas infectadas con el virus puedan ser atendidas y que no lleguen a usar los respiradores, todos los bolivianos merecemos tener condiciones dignas de atención medica”. Pero los equipos desde el primer momento fueron seriamente criticados por profesionales de terapia intensiva.

Resulta que los equipos estrella de Jeanine Áñez para que todos tengamos “condiciones dignas”, más allá del escandaloso sobreprecio, no tienen una utilidad efectiva para enfrentar el COVID-19. Es decir, son equipos básicos que solo sirven para emergencias pero no son los respiradores que se necesitan para terapia intensiva.

Frente al escándalo desatado por este nuevo caso de corrupción, el martes la presidenta de facto declaró que este hecho atenta contra la economía y la salud de toda la población. En sus palabras: “Cómo es posible que alguien intente robarle a los bolivianos en pleno sacrificio como el que estamos viviendo”.

Áñez hace declaraciones absolutamente demagógicas considerando la seguidilla de casos de corrupción, uno tras del otro, de la que venimos siendo testigos y que son perpetrados por funcionarios de alto nivel nombrados por ella misma. Algunos de los cuales además involucran a su propia familia; recordemos el caso del avión de las Fuerzas Armadas, puesto a disposición de la hija de Áñez por parte del ministro de la Presidencia, Yerko Núñez.

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En medio de lo que ha sido calificado como un caso bochornoso de corrupción por conocidas figuras del periodismo nacional como Jhon Arandia o Amalia Pando -que estuvieron alineados al bando golpista y que hoy se escandalizan por la seguidilla de estos hechos-, dos altos funcionarios del ministerio de Salud fueron detenidos, entre ellos el propio ministro de Salud, Marcelo Navajas. Además también detuvieron a dos funcionarios del BID que fueron parte de la dolosa operación.

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Este sobreprecio en plena pandemia viene a acumular una más de las muchas denuncias de hechos de corrupción por parte de los golpistas que lleva en el palacio escasos meses. Si en los 14 años del MAS hubo sonados casos de corrupción, en los 6 meses de gestión gubernamental del bloque golpista van superando a paso acelerado la gestión de Morales.

La denuncia del golpe de Estado el pasado noviembre realizada por esta línea editorial contra el gobierno de Áñez, jamás estuvo orientada a guardar un silencio cómplice con el gobierno del MAS. Sostuvimos desde el primer momento que el golpe contra el MAS se realizaba, en el fondo, contra el pueblo oprimido y explotado. Ahora los apologistas del golpe pretenderán esconder la cabeza para no ser relacionados con el actual Gobierno. Sin embargo, ellos sirvieron de fuelle para encender la fragua y otorgar al actual gobierno el aval para que se perpetre el golpe.

La realidad habla por sí sola. Mientras estos “paladines de la democracia” se llenan la boca hablando de lucha contra la corrupción, existe una gran cantidad de hechos que demuestran lo contrario y en contraposición una gran cantidad de trabajadores y trabajadoras condenados a padecer de hambre o que se arriesgan a contagiarse de coronavirus por intentar vender unos cuantos productos que les sirvan para alimentarse si es que no caen presos por “romper” la cuarentena.

Mientras mujeres trabajadoras humildes venden sus productos en las peores condiciones, este Gobierno mueve todo su aparato para garantizar el viaje en avión de una ex modelo con fondos del Estado. Contundente es la realidad en mostrarnos en pocos meses la madera de que está hecho este gobierno.

La salida no vendrá de los abyectos parlamentarios del MAS, ellos desempeñan esa función como moneda de cambio para obtener condiciones más favorables para unas eventuales elecciones.

La única salida posible, aunque no fácil, es la organización de los sectores que vamos a ser los más golpeados por esta crisis del COVID-19 y la crisis económica que se aproxima a paso firme, los y las trabajadoras y el pueblo pobre.

Es imprescindible la identificación de los dirigentes burócratas que saltaron sin ruborizarse del barco del MAS al barco del gobierno golpista, identificar a los dirigentes que condujeron a amplias masas de la población al bando del golpe y que los resultados son evidentes, corrupción, represión y amedrentamiento. Es necesario identificarlos para no ser víctimas nuevamente de su palabrerío. Las y los trabajadores de base debemos recuperar de las manos de estas burocracias corrompidas, nuestras organizaciones, impulsando la organización y la más amplia democracia obrera para discutir cómo enfrentamos los despidos, las bajas salariales, y todo el ataque capitalista en marcha porque esta vez no tenemos que dejar que la crisis la descarguen sobre nuestros hombros. La crisis la deben pagar los capitalistas.

Las conquistas de los sectores populares, aunque efímeras en algunos casos, nunca fueron regaladas por ningún Gobierno, fueron obra de sus propias luchas, debemos confiar en nuestras propias fuerzas.







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