Mundo Obrero

CONFLICTO DOCENTE

Detrás del “ausentismo” de Vidal y Clarín: la vida de los docentes

En medio de la negociación paritaria, Vidal propuso una extorsión. Atar el aumento del salario al ausentismo, para ocultar los verdaderos problemas de la educación pública.

Virginia Gómez

@mavirginiagomez

Miércoles 29 de marzo de 2017 | Edición del día

El día martes se reunió la mesa técnico salarial en La Plata, con representantes del Gobierno y los gremios. Vidal, a través de los primeros, argumentando un 17 % de ausentismo docente en la provincia de Buenos Aires, propuso un 5 % más de aumento por presentismo.

El 23 de marzo, Clarín ya había adelantado esta política a través de una nota titulada “Ausentismo docente: el pago de suplencias equivaldría a una suba salarial del 24 %”. Nada sorprende del pasquín del Gobierno contra los trabajadores. Pero esta vez, omitieron decir que los docentes suplentes, son quienes reemplazan en sus tareas a maestras y profesoras que gozan de licencias por embarazo (en un gremio donde tres de cada cuatro son mujeres), o que hacen uso de su legítimo derecho cuando se enferman, entre otros casos.

Ya en 2004 un estudio de la Unesco dio cuenta de las enfermedades más comunes y específicas del trabajo docente: padecimientos como las várices, disfonía, lumbalgias, hasta manifestaciones psicosomáticas como el estrés, gastritis, hipertensión arterial, disfonía, llegando a la angustia y la depresión. Es que el trabajo docente no es cualquier trabajo.

Por un lado, las largas jornadas laborales producto de los dos o tres cargos para llegar a fin de mes, junto con permanecer muchas horas de pie, forzar la voz, la mala posición lumbar, realizar esfuerzo físico excesivo, exponerse a temperatura inadecuada, ambiente ruidoso, junto con el trabajo que se realiza en la casa, más las tareas domésticas que siguen recayendo mayoritariamente en las mujeres, configuran un cuadro de insalubridad laboral en donde las docentes suelen ser las más afectadas.

Los trastornos ginecológicos, por la feminización del trabajo docente, también ocupan un lugar destacado. Así lo demuestra un estudio de años atrás de Ctera, en el que los datos de padecimientos de mujeres son preocupantes: el 15,4 % soporta trastornos ginecológicos; el 24,5 % perdió un embarazo y el 14,5 % tuvo un parto prematuro. Las suplencias son para reemplazar a las docentes que atraviesan estas situaciones.

Inclusive, en dicha encuesta, más del 80 % de las maestras y profesoras consultadas reconoció ir a trabajar estando enfermas; cuando muchas de las mismas pueden incluso contagiar o enfermar a los niños, niñas y jóvenes que se encuentran en espacios físicos comunes.

Otro punto, también preocupante, es que las mujeres docentes que atraviesan por situaciones de violencia machista, no tienen derecho a una licencia específica. Muchas veces, o lo ocultan, o recaen en el pedido de licencias psiquiátricas, para poder evitar estar frente a clase luego de haber vivido violencia de género.

Y por otro lado, según la OIT, el síndrome de Burnout (o de “estar quemado”), también es muy común en la docencia y se expresa en un agotamiento emocional, sensación de estar sobrepasado, despersonalización o endurecimiento emocional. Algunas de estas enfermedades laborales no están contempladas en la legislación actual y el “esfuerzo extra” nunca tuvo reconocimiento salarial y legal. ¿Pero de dónde deviene la existencia de este síndrome? Por las consecuencias sociales de que el propio sistema capitalista genera, y más aún en tiempos de crisis, las docentes también abordamos situaciones que exceden lo escolar: como el trabajo con niños, niñas y jóvenes que atraviesan situación de pobreza, violencia, que sobre todo dejaron las políticas neoliberales de desempleo y precarización laboral posdictadura y desde los años ´90 hasta la actualidad. De esta cruda realidad derivan enfermedades propias de un trabajo donde hay un “alto componente de experiencias de intercambio emocional”, que tienen consecuencias concretas.

Por eso, para gran parte de la docencia el trabajo es “de riesgo”, porque la escuela va transformándose en un ámbito insalubre, para quienes trabajan en ella y para quienes asisten.

Un grave precedente

En la provincia de Mendoza, los docentes enfrentaron el “Ítem aula”, que castiga a los docentes que por cualquier razón, necesitan faltar a la escuela, inclusive cuando esas “ausencias” sean por enfermedad. Pero la burocracia kirchnerista, de Mendoza y de la Ctera, terminó dejando pasar este duro ataque, que se convirtió en un grave precedente.

El macrismo ahora intenta imponer el presentismo a cambio de la salud de los docentes en la provincia de Buenos Aires, para imponer una política educativa que ataca a los docentes y los hace responsables de las “ineficiencias”, hablando en su lenguaje. Hablan de la escuela pública, como si fuese una empresa, con el lenguaje de los costos y beneficios.

El presentismo, o los premios a quienes no faltan, así como el ataque a los suplentes, pone en el centro la sanción al docente que padece una enfermedad, atraviesa una situación de violencia de género, o simplemente goza del periodo de recesión en la maternidad y lactancia, entre otros casos. Osea, una política discriminatoria de estigmatización, de premios y castigos, que principalmente afecta a las mujeres trabajadoras.

Quieren imponer un avance en las condiciones de precarización de la docencia, que aparte de no obtener un salario equivalente a la canasta familiar, debería soportar enfermedades o resignar derechos a cambio de un magro 5 %. A la vez, esta es una política con claras intenciones de dividir a los trabajadores de la educación.

Una salida por izquierda

Por el contrario, desde el Frente de Izquierda proponemos una política de prevención de la salud, basada en poner fin a las condiciones de precarización de la docencia, porque nuestra vida vale mucho más que las ganancias del Gobierno de los CEOs y de los presupuestos que destinan a intereses de deuda o armamento.

Nuestra propuesta es absolutamente factible de implementar si realmente se quisiera mejorar la calidad educativa y se destinase el presupuesto necesario en vez de achicarlo. Con la plata de los intereses de la deuda ($ 247 mil millones), o con lo que se destina a equipamiento armamentìstico ($ 40 mil millones entre 2018 y 2019) o con lo que se subsidia a la educación privada, se podría avanzar en implementar que el trabajo docente sea de 6 horas en total, con sólo cuatro frente al aula y dos para planificaciones y otras tareas ligadas a la labor. Esto ya reduciría en gran parte la exposición a enfermedades laborales. Eso sí, con salario igual a la canasta familiar por cargo, lo que a la vez permitiría que haya más trabajo, y combatiría la inestabilidad laboral y discontinuidad que padecen los suplentes, que por lo general son los más jóvenes.







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