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Red Internacional

Entrevista. Desgaste acelerado del Gobierno en Chile: ¿Adónde va Boric?

Catalizador de las enormes expectativas populares, el gobierno de Boric vive un rápido agotamiento de su "luna de miel". Entrevistamos a Pablo Torres, dirigente del PTR, grupo que impulsa La Izquierda Diario en Chile.

Martes 26 de abril | 21:39

Hace poco más de un mes asumió la presidencia Gabriel Boric. Fue el presidente más votado de la historia, pero en una elección con baja participación. Catalizador de las enormes expectativas populares que hicieron arder las calles del país durante meses, su Gobierno vive un rápido agotamiento de la "luna de miel" con sus votantes. Para entender un poco más de la situación en Chile entrevistamos a Pablo Torres, dirigente del Partido de Trabajadores Revolucionarios, grupo que impulsa La Izquierda Diario en Chile.

Según algunas encuestas, la desaprobación del nuevo gobierno ya supera la aprobación, tras haber subido un 9 puntos en una semana y 30 desde que asumió. ¿Cómo se explica eso?

Pablo Torres: Chile sigue transitando las crisis económica, política y social que fueron componentes claves -en distinto grado- de la revuelta de 2019. Paralelamente, hay un intento de cerrar por la vía institucional, de poner fin a la etapa abierta con la rebelión popular. Junto con la Convención Constitucional, el nuevo Gobierno de Boric -que podríamos llamar "pos-neoliberal"- es una herramienta central. Estas dos fuerzas, las crisis estructurales y la contención social, generan los claroscuros, tensiones y choques que estamos viendo.

No se trata de la falta de un atributo personal o “falta de experiencia” o falta de “relato” como indican numerosos analistas. Su debilidad reside, por un lado, en la crisis contenida que vive el país, económica-social-política, de problemas estructurales irresueltos en los “30 años” y que siempre tiene latente el peligro de “la calle”. Y por otro lado, el Gobierno de Boric se sostiene en dos coaliciones, con intereses contradictorios, y que expresan la ausencia de hegemonía del Gobierno y de la alianza que lo llevó al poder, Apruebo Dignidad, que recordemos, en primera vuelta alcanzó el 25 % de los votos y ganó solo un tercio del Congreso.

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Una de las últimas novedades es que Boric desalentó la aprobación en el Congreso de un nuevo retiro de dinero (el quinto) de los fondos de pensiones, una medida muy esperada y muy necesitada por el pueblo trabajador. ¿Cómo entender esa ubicación contraria a los intereses de las mayorías?

Pablo Torres: La batalla por el quinto retiro mostró a flor de piel las contradicciones que mencioné. Si bien el Gobierno pudo defender su visión de no poner en riesgo las “reformas estructurales”, como dijo el ministro de Hacienda Mario Marcel, y el mercado “celebró”, el rechazo a los proyectos presentados continuó agrietando la brecha o separación entre “representantes y representados”, que es una de las causas de la revuelta de 2019. Desde los matinales hasta las redes sociales, se vio a mucha gente cuestionar este rechazo: que los de Boric “se dieron vuelta la chaqueta”; que el Congreso “no entiende” los problemas sociales de la gente.

Desde el punto de vista de la relación de fuerzas política, el bloqueo parlamentario evidenció que, de no llegar a grandes acuerdos, será un potencial de crisis políticas futuras. Sumado a las debilidades mostradas en todo el primer mes, contribuyó al desgaste en la popularidad de Boric y su Gobierno. Además del aumento de la desaprobación y caída de la aprobación al Gobierno, varias encuestas dan un triunfo del "rechazo" de la nueva Constitución, o si le dan triunfo al "apruebo", lo hacen por estrecho margen.

¿Qué señales manda el Gobierno en el sentido de retomar la iniciativa?

Pablo Torres: Dos claves para buscar una estrategia que le de gobernabilidad sólida a Chile y abrir un nuevo ciclo sería una hoja de ruta para sostener las reformas estructurales e intervenir en apoyo a la Convención Constituyente.

Esta vez, el bloqueo del quinto retiro no generó la misma respuesta en las calles como con el anterior gobierno de Sebastián Piñera. ¿Por qué?

Pablo Torres: Si bien los ánimos populares estaban agitados y se desarrolló en tres ciudades un paro portuario parcial, de conjunto la situación fue bien distinta a los años anteriores, donde los retiros –en plena pandemia- encendieron a diversos sectores, como fueron los cacerolazos, y con el gobierno impopular de Piñera, llevó a numerosas concesiones como los IFE universales. Esta vez primó la pasividad, y las expectativas.

Un primer elemento es que la crisis no es tan fuerte como en la pandemia, donde dos millones de personas perdieron el trabajo y otros cientos de miles fueron suspendidos, en la medida que hay recuperación del empleo. Otro elemento es que hay expectativas en el nuevo Gobierno, que mucha gente lo ve como un producto de las calles.

Y esto es importante porque no estamos hablando de un gobierno “de derecha” ni puramente “ajustador”. Se trata de un gobierno de contención social y de desvío institucional hacia una nueva transición, que busca consolidar un nuevo ciclo político “pos neoliberal” que aún no está asegurado, a riesgo de mayor crisis y choques.

Antes mencionaste que el Gobierno de Boric es un "gobierno de dos coaliciones", ¿qué quiere decir eso?

Pablo Torres: Las dos coaliciones que la campaña electoral de Boric aglutinó hacia la segunda vuelta electoral son Apruebo Dignidad, la alianza de partidos que postuló a Boric en la primera vuelta, y los partidos de la vieja Concertación que gobernó durante 20 de "los 30 años" tan rechazados por el pueblo.

El carácter conciliador del Gobierno responde al objetivo de armonizar las demandas populares con las demandas del gran capital y transnacional. Las “dos almas” del gobierno bi-coalicional expresan estas fuerzas sociales. Sin embargo, en un contexto de crisis, de poco margen económico para hacer reformas progresivas, el fracaso de este proyecto puede significar mayores crisis, cimbronazos y choques sociales. O sea, más lucha de clases, por derecha y por izquierda. De allí que no pueda ser ni solo ataques ni solo concesiones o reformas.

¿Qué expresa el paro de camioneros, que viene haciendo oposición en las calles al Gobierno en estos días?

Pablo Torres: El llamado “paro nacional” de ciertos grupos camioneros este martes, si bien de conjunto es un fracaso, expresa “por derecha” esta tendencia a mayores choques y polarización. Donde más fuerte ha sido es en el norte, con los “paros camioneros” por seguridad contra la inmigración y en el sur contra la lucha mapuche. Esta fractura, que no es solo social sino política y territorial, se expresó en la primera vuelta electoral, con el sur dando sus votos mayoritariamente a José Antonio Kast, y en el norte donde ganó Franco Parisi, ambos candidatos de derecha. Boric se impuso solo en las grandes ciudades como Santiago y Valparaíso.

Por izquierda se expresa en sectores secundarios que salen a marchar, ocupar liceos y protestar, por ahora minoritarios. Se expresa en luchas locales parciales pero importantes como la lucha docente en Antofagasta en más de 30 liceos, y que se han organizado en asambleas, delegados y planes de lucha. Y así en otras luchas parciales.

Por derecha y por izquierda, sin embargo, estas tendencias hoy se desarrollan “en los márgenes”, y en las grandes mayorías aún prima pasividad y expectación, que le dan tiempo a Boric y a la Convención para buscar revertir sus debilidades combinando concesiones y ataques.

Al igual que en muchos países, la inflación es una de las expresiones de la crisis económica que abruma fuertemente al pueblo trabajador. ¿Cómo está respondiendo el Gobierno?

Pablo Torres: La carestía de la vida entró de lleno a la vida social y política. A quienes más golpea son a las y los trabajadores y sectores populares, que gastan casi todo sus salarios o ingresos en alimentos. Estos son los productos que más han subido de precios. Según el INE, la “inflación de los alimentos” alcanzó un 13,9 % anualizado en febrero.

Entre una economía que recupera empleos, pero que tiene riesgos de recesión o estancamiento por un lado, y una inflación no vista en 30 años por el otro, el ánimo social se está caldeando.

El Gobierno responde jugando al equilibrista, haciendo concesiones menores y protección del mercado y del gran capital. Así fue su plan “Chile apoya”, dirigido sobre todo a las Pymes, donde el Frente Amplio busca establecer una nueva base social. Subirá en unos 60 dólares el salario mínimo en dos cuotas, algo nuevo que gobiernos anteriores no hicieron, pero que sigue sin alcanzar para llegar a fin de mes y puede terminar “comido” por la inflación. Subsidiará algunos productos de la canasta básica, pero no tocará los precios que suben los especuladores y grandes monopolios de los alimentos ni supermercados.

El gran problema que tiene Boric es que estas medidas no alcanzan para sortear la crisis. Y jugando al equilibrista, sin tocar ni un pelo los intereses de multinacionales y del gran capital -los grandes “ganadores” del neoliberalismo-, dejará insatisfechas las demandas populares.

Las “reformas estructurales” tributaria, previsional y laboral, aún no están diseñadas, y de seguir este camino, podrá repetir un “nuevo bacheletismo”. La nueva constitución y su catálogo de derechos puede ser impulso distinto, pero de ser muy ajustado el resultado, puede significar su fracaso.

La inflación y la crisis muestran que no se puede dejar contento a nadie sin tocar intereses. En Chile las grandes riquezas, recursos, y ganancias se las llevan unos pocos “ganadores” de los 30 años: multinacionales, grandes empresas, todos amigos de la derecha y la ex Concertación. Para que la clase trabajadora y el pueblo no paguen la crisis, deben pagarlo los capitalistas, con medidas extraordinarias y de emergencia como impuestos progresivos a banqueros y al gran capital, hasta medidas de fondo que apunten a recuperar los recursos naturales y estratégicos privatizados en dictadura y democracia. Sin embargo, el gobierno de Boric no pretende tocar sus bolsillos, única forma de resolver las necesidades populares.

Hoy las grandes mayorías siguen expectantes, con Boric y la Convención. El riesgo de una frustración con ambas, pues no se plantean tocar los intereses de los grandes capitales, es que se vayan a la derecha, lo que termine siendo capitalizadas por nuevos populismos o viejos derechistas reaccionarios tipo Kast. La crisis de los partidos de la derecha no implica un vacío, por algo los “gremios” se están organizando para pelear la defensa de “su” modelo.

En este marco, ¿qué tareas tiene planteada la izquierda revolucionaria?

Pablo Torres: La izquierda revolucionaria debe evitar el “denuncismo” sin buscar las vías para establecer un diálogo con sectores que confían en el gobierno, para llevar sus expectativas al terreno de la organización, la lucha y la independencia, y sin dejar de denunciar cada paso que se da en favor de la derecha y los empresarios.

Mientras hay una oposición derechista y empresarial organizada, con medios, recursos, etc., a la izquierda del gobierno de Boric no hay una fuerte izquierda revolucionaria y clasista. Desde adentro del PC, que es parte del gobierno y fue parte esencial del desvío de la rebelión hacia los canales institucionales, surgió el “Jaduismo” (por Daniel Jadue, alcalde del Partido Comunista), que busca ocupar el espacio existente a la izquierda del gobierno con un discurso más reformista y menos centroizquierdista que Boric, y anticipar futuras crisis del PC, que las tuvo durante su alianza con Bachelet.

Jadue no pretende apoyar, unificar y buscar coordinar las luchas que surgen desde abajo, desde profesores, trabajadores, estudiantes, mujeres, pobladores. Más bien, es parte de la vieja burocracia de la CUT que ayudó a desarticular el paro general que pudo significar un salto en la rebelión. No ha movido un dedo por alguna lucha y se viste de “oficialista” rondando los palacios ministeriales. Su ex presidenta, Bárbara Figueroa, fue premiada por los servicios prestados y es la embajadora del Gobierno en Argentina. Jadue es parte del mismo PC que participa de un gobierno que no se propone tocar a los dueños del país ni se propone medidas para que la crisis la paguen los capitalistas y no los trabajadores.

La salida hoy pasa por el apoyo a las luchas, la unidad y la pelea por su coordinación. Es lo que buscamos hacer en la lucha docente en Antofagasta. Pasa también por la construcción de una organización revolucionaria de la clase trabajadora, con peso en la realidad social y política, que unifique a los sectores más avanzados bajo una estrategia de autoorganización y un programa de las y los trabajadores, por un salario y pensión mínima que cubra las necesidades del pueblo trabajador, por impuesto progresivo a los capitalistas, por IFE universal para todos desocupados, por el fin de las AFP, etc., y se proponga una salida de fondo de la clase trabajadora y el pueblo, no de los capitalistas y sus ganancias. Una organización así no se construye de la noche a la mañana. Para que la salida no sea por derecha, no hay tiempo que perder en esta construcción.




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