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Red Internacional
La Izquierda Diario

Una imagen, mil palabras.Desde lejos no se ve: Alberto o los de abajo

El crudo contraste entre la realidad que te cuenta el presidente por la radio, y la que te encontrás parado en un semáforo, en una esquina de la ciudad.

Viernes 9 de abril | Edición del día
Foto I @martinviene I Enfoque Rojo

El presidente Alberto (¿por qué lo llamamos por el nombre, como a Mauricio, a Cristina, o a Carlos?) decía por el parlante de la radio que no hacía falta un nuevo IFE, porque “la economía está funcionando a pleno”. Mientras, el auto frenaba en el semáforo de Rivadavia y Río de Janeiro, y el pibe sin nombre (pongámosle: Jonatan) deja el paquete de pañuelitos sobre el parabrisas con un cartelito escrito con marcador mirando hacia adentro que dice: “Hola, intento salir adelante ¿me ayudás?”

¿Por qué a quién llamamos Alberto afirma tan livianamente que la economía está “a pleno” (es decir: a full, pum para arriba, a todo vapor) cuando Jonatan y miles, millones de Jonatan (19 millones por lo menos, según el INDEC) se las rebuscan intentando salir adelante vendiendo pañuelitos en los semáforos?
¿Como sabrá Alberto que está a pleno? ¿Se lo dirán Paolo, Marcos, Goyo? (Rocca, Galperín, Perez Companc, los milmillonarios argentinos según la revista Forbes)
Mientras la línea de pobreza sube como la inundación y ya tapa al 42% de la población, los diez más ricos son ricos como nunca antes.

Ese al que llamamos Alberto, ve la realidad con los anteojos viejos. Sólo percibe nítidamente lo que está a pocos centímetros de sus ojos, lo que está bien cerca: el poder. Ese poder que escucha sus discursos sentado en la primera fila de la sala alfombrada, perfumada y acondicionada. Héctor no lo va a dejar mentir.
Basta recordar el affaire Vicentin, el grupo empresario que ya no es de Pedro, sino de Sergio (Nardelli): la expropiación que no fue y que había provocado la ira de Mauricio, Patricia, Lilita, Horacio.

La miopía de Alberto sólo le permite ver esa realidad, la que está cerquita de su nariz, la que le cuenta Martín que le dice Cristalina en Washington. La que le cuenta Axel que le dice Sergio, que en Guernica es la izquierda que tira gases. La que le cuenta Hugo (el que hizo las vacunas en su laboratorio) que le dice Carlos (el billonario mexicano que las iba a enfrascar) que en febrero íbamos a tener 20 millones de dosis. La que le decía Ginés, y ahora le dice Carla, que el sistema de salud anda bárbaro y está preparado para la segunda ola.

La otra realidad, esa que se ve borrosa detrás de los anteojos vencidos de Alberto, “la única verdad” según Juan Domingo, es la de las y los Jonatan, que desde hoy no van a poder intentar salir adelante en un semáforo, o haciendo una changa en una obra, o yendo a limpiar una casa por hora para llevar unos pesos a casa.

Pero los anteojos de Alberto están bien, son los correctos. Son los mismos que usan Paolo, Marcos y Goyo, Axel y Cristina, Mauricio y Horacio. Con esos lentes se ve así: la economía a pleno.
Y a pleno significa que está lleno, que no hay lugar para esos 19 millones de Jonatan.



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