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Red Internacional

Aniversario.Del arte a la acción: el legado de Oesterheld como sinónimo de la lucha colectiva

Un día como hoy pero de 1919 nació el guionista Héctor Germán Oesterheld, autor de El Eternauta, su obra más famosa. Cincuenta y ocho años después fue secuestrado por la última dictadura militar y aún continúa desaparecido.

Viernes 23 de julio | 00:00
Enfoque Rojo.

“Yo no puedo excluirme de la lucha en la que está involucrada toda la juventud, incluidas mis hijas, que además es por una causa en la que siempre creí: un país mejor”. Esas fueron las palabras del escritor a su esposa, Elsa, en junio de 1973, cuando fue con sus cuatro hijas a Ezeiza a recibir a Perón.

Pero antes, como si estuviéramos hablando de su personaje más conocido, tenemos que viajar treinta años en el tiempo. La pareja se había casado a fines de la década del ’40, un año después de que Héctor se hubiera recibido de geólogo en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA. Sin embargo, su interés también estaba en las palabras: en 1943 publicó su primer cuento en el suplemento literario del diario La Prensa y evidentemente fue lo que necesitaba para cumplir con el mandato académico y después sí, de una vez por todas, ponerse a escribir en serio.

Con la ciencia ficción siempre rondando en la cabeza, colaboró con algunas editoriales y luego empezó a guionar historietas, logrando cierto reconocimiento. En 1955 fundó su propia editorial con su hermano y conquistó un éxito con personajes como Ernie Pike, un corresponsal de guerra que narra batallas de la Segunda Guerra Mundial. Aunque el tema era un cliché, al igual que ya lo había hecho antes, Oesterheld encontró su propia vuelta para relatar la historia saliendo de los cánones comunes y enfocando la mirada en relatos de héroes anónimos.

Quizás haya sido toda esta experiencia la que permitió que en 1957 publicara el comienzo de la historia del personaje que más renombre tuvo en la editorial: Juan Salvo, el protagonista de El Eternauta. Con ilustraciones de Francisco Solano Lopez y considerada una de las historietas más importantes de Latinoamérica, fue publicada por entregas semanales hasta 1959 y narra las aventuras de un viajante eterno que llega hasta la casa del propio Oesterheld y que le cuenta la historia de una invasión extraterrestre en Buenos Aires. La gran conclusión de El Eternauta fue demostrar que no existen los héroes individuales sino que solamente el “héroe en grupo”, la organización de las personas, es la que lograría vencer las adversidades.

Para fines de la década del ’60, el guionista, que ya era una figura consagrada, comenzó a colaborar en la editorial del productor discográfico y empresario Jorge Álvarez para realizar una serie biográfica de personajes emblemáticos de América Latina. Lograron publicar solamente la del Che Guevara antes que la dictadura de Onganía retirara y secuestrara los originales. Es que para entonces Sócrates, tal como le decían a Oesterheld por su amplia cultura general, ya había decidido que la militancia era la única vía para lograr cambiar la realidad.

Sus cuatro hijas comenzaron a militar en Montoneros y Héctor fue acercándose a estas ideas, aunque su esposa no estaba de acuerdo con este compromiso político. Con una vida de clase media y con hijas educadas en colegios bilingües, el cambio que realizó la familia Oesterheld fue abrupto para Elsa. Ya habiendo pasado a la clandestinidad, el 27 de abril de 1977 Héctor fue secuestrado por las fuerzas represivas en La Plata. Para entonces, ya habían sido detenidas y asesinadas todas sus hijas, dos de ellas embarazadas y sus parejas. Elsa sobrevivió a todos: falleció en 2015 a los 90 años de edad.

El legado y la profunda huella que Héctor Oesterheld dejó en la cultura popular sigue presente hasta nuestros días. Murales en subtes, plazas con su nombre, películas sobre su vida y hasta una adaptación de El Eternauta en formato de serie para Netflix fueron algunas de las últimas noticias sobre este guionista, a 102 años de su nacimiento y a 44 años de su desaparición.

En las escenas finales de su obra cumbre, Oesterheld escribió: “Tu lucha, lo mismo que la lucha de tus compañeros y de todos los hombres que combatieron contra la invasión, no ha sido en vano aunque así te lo parezca, Juan Salvo, porque esa lucha ha servido a todos los que combaten contra los Ellos, para saber que todavía hay especies inteligentes, decididas, para pelear hasta lo último”. Toda una declaración de principios por parte de una persona que decidió utilizar su arte y pasar a la acción en busca de pelear por sus propios ideales.




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