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Del "Rucci traidor" al "compañero Rucci": debate con la Agencia Paco Urondo

Facundo Aguirre

IG: @hardever // Twitter: @facuaguirre1917

Viernes 9 de octubre | 10:44

La Agencia Paco Urondo publicó una respuesta al artículo “¿El kirchnerismo abandonó la "batalla cultural"?" de La Izquierda Diario. Su autor, el historiador Horacio Bustingorry, sostiene que es un error considerar que hay un entierro del relato kirchnerista y reivindica la apropiación de la figura de José Ignacio Rucci como parte del proyecto “nacional y popular”.

Para el artículo de la Paco Urondo “La aparente reivindicación kirchnerista de Rucci es una exageración (….) no existe un balance saldado sobre su figura (...) los intentos de sumarlo al panteón K genera fuertes resistencias (...).

Es en este marco que Andrés Larroque escribió un tuit reivindicando la figura de Rucci”. Los voceros del kirchnerismo son quienes desmienten el argumento esgrimido. El ministro de seguridad del gobierno kirchnerista bonaerense, Sergio Berni, publico el ultimo 25 de septiembre un homenaje a Rucci en el derechista diario Infobae, bajo el título “Recordar a Rucci es un acto de justicia” .

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Fue ese mismo día, que Andrés Larroque, también ministro de Axel Kicillof, lanzó su tuit reivindicatorio. Continuando la senda la Legislatura bonaerense acordó un homenaje al dirigente de la CGT en los ‘70, donde el conjunto de los presidentes de los bloques enaltecieron la figura de Rucci y se unificaron en repudiar al diputado del FIT, Claudio Dellacarbonara quien expresó la voz disonante del recinto señalando la complicidad del homenajeado con las bandas de ultraderecha y su pertenencia a la burocracia sindical.

Larroque y el macartismo

El artículo de APU considera que “carece de toda seriedad y fundamento el vínculo (...) entre la reivindicación de Larroque y una supuesta metodología macartista que sería aplicada en la toma de Guernica”, porque “ el ministro de Desarrollo de la Comunidad intenta por todos los medios llegar a una salida política y negociada a contramano de la vía represiva reclamada por algunos medios de comunicación y sectores de la oposición”.

Parece que el autor olvida que el principal vocero del pedido de represión en nombre de la defensa de la propiedad privada, fue Sergio Berni, y no solo la oposición y los medios. En este cuadro la acusación mentirosa de Larroque contra la izquierda de “impedir de manera violenta la asistencia a las familias”, es parte de una división de tareas de la política oficial contra los ocupantes de Guernica que busca obligar a un desalojo voluntario con promesas vacías y amenazas represivas.

La acusación del camporista contra la izquierda es parte del operativo para deslegitimar a los que se resisten a ser desalojados con el objetivo de esas tierras a los especuladores inmobiliarios.

En conclusión, no estamos frente a una reivindicación aislada y descontextualizada, sino a un homenaje de conjunto del gobierno kirchnerista y el peronismo bonaerense sobre Rucci, y un lenguaje que se aproxima al que sostuvo en el famoso debate televisivo con Agustín Tosco, llamando "infiltrados asquerosos bolches" a quienes atentaran “contra la unidad orgánica del movimiento obrero”.

Rucci y la resistencia peronista

Bustingorry sostiene que “la reivindicación de Rucci remite a razones históricas que tal vez el PTS prefiera olvidar. La participación de Rucci en la heroica huelga metalúrgica de 1956 seguramente sea recordada por los veteranos del partido. La corriente trotskista antecesora del PTS, (…) decidió involucrarse en el conflicto (...). Con el mismo criterio acompañaron la línea de Rucci en el Congreso Normalizador de la CGT (...) Y ya cuando practicaban el entrismo en las 62 Organizaciones participaron del acto del Luna Park de diciembre de 1957, que terminaría disuelto por la policía, con Rucci preso y el gremio metalúrgico intervenido. Seguramente esos vínculos construidos ahora los avergüencen”.

La actuación de la corriente trotskista encabezada por Nahuel Moreno, a la que se refiere el autor, en la huelga metalúrgica de 1956 y las tácticas de frente único o entrismo, no nos avergüenzan, sino que son parte del balance histórico del trotskismo argentino que permiten extraer lecciones políticas y estratégicas. Estas conclusiones se tratan, en parte, en el libro Insurgencia Obrera en Argentina que el autor cita en su artículo.

Lo que busca la nota de la Paco Urondo es negar la existencia de la burocracia sindical señalando su origen histórico en las luchas de la resistencia obrera en los ‘50. Rucci fue en sus orígenes, al igual que Augusto Timoteo Vandor o José Alonso, parte de la generación de militantes y delegados obreros que participo de la llamada resistencia al régimen libertador. De su derrota, a partir de la huelga del Frigorífico Lisandro De la Torre en 1959, se consolida una nueva dirección que va a dar origen a la moderna burocracia sindical basada en la integración a los mecanismos del régimen proscriptivo y la corrupción de los dirigentes más conciliadores de la resistencia. Pretende negar el carácter burocrático y conservador de una dirigencia sindical que va a cumplir el papel de policía interna del movimiento obrero.

Rucci y la ultraderecha

Lo más increíble del artículo es que niega papel de Rucci como líder de los pistoleros de la burocracia sindical que integraran las bandas asesinas de la ultraderecha. Bustingorry sostiene ligeramente que: “No existen pruebas concluyentes sobre su involucramiento con los hechos de Ezeiza y, con toda seguridad, no tuvo vínculos con la Triple A, simplemente porque esta organización no existía al momento de su asesinato”.

El papel de Rucci en Ezeiza, considerada por muchos historiadores el bautismo de fuego de la Triple A, es inapelable. Fue parte de la Comisión Organizadora que puso al Coronel Jorge Osinde a cargo de la defensa del palco contra los manifestantes de la JP. Las bandas armadas de la Juventud Sindical Peronista que le respondían fueron parte de las fuerzas de ultraderecha que abrieron fuego contra la multitud el 20 de junio de 1973. El jefe de lsu custodia, el negro Correa, torturó personalmente a 8 manifestantes en el Hotel Internacional de Ezeiza.

Rucci además estableció alianzas con grupos de la ultraderecha peronista mucho antes de Ezeiza. Sus vínculos con la Concentración Nacional Universitaria que asesino en 1971 a la estudiante Silvia Filler son innegables. El líder sindical participo de actos de la agrupación con su fundador Carlos Disandro y con Juan Carlos Gómez, uno de los asesinos de Filler.

Rucci impulsa en febrero de 1973 la creación de la Juventud Sindical Peronista para combatir "los ritos e ideologías foráneas que deforman el ser nacional". Por último, para no abundar, en julio de 1973, luego de que la derecha peronista y la burocracia sindical derrocaran por un golpe de palacio al gobierno de Héctor Cámpora, Rucci va a intervenir la CGT Córdoba, por ese entonces la más combativa el país, asaltando la sede de la central, el local de Luz y Fuerza y del SMATA a punta de pistola.

Rucci y el Pacto Social

Para Bustingorry: “Rucci fue pieza clave del Pacto Social, programa que inauguró Cámpora y continuó Perón. Reducir ese programa a una política contrainsurgente y contrarrevolucionaria es una vieja idea (…) que oculta el enorme plan de reformas estructurales impulsado por el FreJuLi.

Parte de ese programa incluía reformas laborales elaboradas por la CGT como la Ley de Contrato de Trabajo (…) Es difícil que Aguirre desconozca el asunto. En el libro “Insurgencia Obrera en la Argentina”, que escribió junto a Ruth Werner, retrata un conflicto en la fábrica metalúrgica Santa Rosa de La Matanza en reclamo del cumplimiento de la paga correspondiente a los “turnos americanos” según lo fijado por la LCT.

El hecho demuestra que la ley lejos de ser un engranaje contrarrevolucionario contenía un potencial movilizador y un fortalecimiento de la conciencia obrera”.

Una interpretación forzada la del autor sobre el Pacto Social que fue una la política de Perón y la burocracia sindical para contener el proceso de insurgencia fabril que abrió el Cordobazo. La otra política fue la de los ataques contrarrevolucionarios a la vanguardia militante de la clase obrera y la juventud que describimos anteriormente.

El Pacto Social suscripto por la CGT, la CGE y el Estado nacional, establecía un congelamiento de los precios y salarios. El acuerdo suspendía por dos años las discusiones de paritarias. El complemento del acuerdo la ley de Asociaciones Profesionales, que reforzaba el poder de la burocracia sindical y una legislación represiva que prohibía expresamente las huelgas y perseguía a la militancia de izquierda.

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La respuesta obrera al Pacto Social se expresó en multitud de huelgas salvajes y rebeliones anti-burocráticas que enfrentaron las restricciones del Pacto Social, la legislación represiva y a las bandas armadas de la burocracia sindical. El conflicto de los metalúrgicos de la empresa Santa Rosa se desarrolla en noviembre de 1974 y es cierto que exige el cumplimiento de la ley Ley de Contrato de Trabajo que les permite mejorar sus salarios.

Los obreros denuncian que las patronales no la cumplen, es decir que era letra muerta. En su lucha los obreros enfrentan a la burocracia de la UOM La Matanza que se oponía a la huelga y debió enfrentar el desalojo de la fábrica por la policía. A pesar de ello la lucha triunfa dando un golpe a Ley de Seguridad del Estado que prohibía las huelgas. Es decir que los trabajadores durante este periodo debieron luchar contra todas las instituciones que se erigieron para garantizar la tregua fabril y el Pacto Social.

Rucci “nacional y popular”

El artículo de la Paco Urondo sostiene que: “En la reivindicación de Rucci hay todo un planteo programático. Es poner en agenda el capitalismo nacional de liberación”. En los ‘70 el programa de un “capitalismo nacional de liberación” no expresó una política anti-imperialista sino de confrontación con el proceso de insurgencia obrera y popular que abrió la semiinsurrección de mayo de 1969.

Rucci inauguro el baño de sangre del terrorismo ultraderechista que busco mantener a raya a los trabajadores que superaban con sus luchas el intento de rescatar al capitalismo. Su papel fue el de combatir con el matonaje y el asesinato de activistas a los dirigentes combativos y clasistas y las instituciones que se iban creando al calor de la lucha de clases, como las comisiones internas anti-burocráticas que ponían en cuestión el mando capitalista en las empresas y prefiguraban el surgimiento de organismos del poder obrero y popular.

El programa del “capitalismo nacional de liberación” no era entonces una política de enfrentamiento con el imperialismo sino de desvío y confrontación con la insurgencia obrera y popular que cuestionaba al capitalismo. La política de la burocracia sindical fue una de las responsables de la derrota de la clase obrera en manos de la dictadura genocida.

En medio de la más brutal crisis capitalista de la historia, reivindicar un programa de rescate del capital, es una completa desorientación. Encubre la deriva del gobierno peronista que cede a todos los aprietes de la derecha y las patronales y se somete al imperialismo como se pudo ver con la votación en la ONU junto a Bolsonaro, Duque y Piñera contra Venezuela.

La reivindicación de Rucci es una manifestación de la capitulación del progresismo y la centroizquierda, que tiran por la borda su relato para contener a los elementos más reaccionarios del peronismo.







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