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Red Internacional

Desde hace 523 años los pueblos originarios luchan por hacer valer sus derechos mientras que el Estado Nacional argentino busca silenciarlos.

Lunes 12 de octubre de 2015 | Edición del día

En 1917, en Argentina, Hipólito Yrigoyen declara al “Día de la Raza” como fiesta nacional. El 3 de noviembre del 2010, el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner firma un decreto de cambio de nombre por el “Día del Respeto a la Diversidad Cultural”. A pesar de esto los pueblos originarios aún continúan peleando por sus derechos.

Entre las políticas del estado argentino hay una línea de continuidad que atraviesa a los gobiernos radicales y peronistas. Sólo a modo de ejemplo, en 1924 bajo el gobierno del radical Alvear se produce la matanza de Napalpi en Chaco. Allí fueron asesinados 200 indígenas que se negaban a seguir siendo explotados en las fincas de algodón de los grandes terratenientes. No perdonaron a los ancianos, a las mujeres ni a los niños, les cortaron orejas, testículos y penes para ser exhibidos como trofeos de guerra). Durante el peronismo en 1947 los Pilagás son masacrados en Formosa por la Gendarmería Nacional mientras el entonces Presidente, Juan Domingo Perón, daba un discurso en la Real Academia de Letras con motivo del 12 de Octubre de ese año, defendiendo la conquista y la avanzada española sobre territorio americano.

Carlos Alberto Díaz, abogado de la Federación Pilagá, dice que no fue fácil calcular el número de muertos. Pero señala que gracias a un estudio de los clanes para ver quiénes habían desaparecido, pudieron calcular que el número de víctimas “está cercano a 1.500”. Los Pilagás pedían el pago en tiempo y forma de su trabajo realizado en campos azucareros. La mayoría de ellos trabajaba en el Ingenio San Martín Tabacal conocido por los ritmos de explotación a los que eran sometidos por su dueño Patrón Costas. El pueblo Pilagá fue perseguido y masacrado en el transcurso de un mes en los alrededores del pueblo Las lomitas. Incluso el 14 de Octubre salieron de El Palomar dos aviones rumbo a la provincia norteña para sobrevolar el territorio en conflicto y disparar a mansalva sobre los Pilagá que escaparon hacia Paraguay y Salta. Era el bautismo de fuego de la Fuerza Aérea Argentina.

Las políticas de exterminio a los Pueblos Originarios continuaron. Actualmente se reconocen pertenecientes o descendientes de Pueblos Originarios el 3,9 % de la población total. Durante los últimos años del gobierno de CFK fueron asesinados 19 militantes por medidas represivas. Entre ellos, salieron a la luz, cinco casos de indígenas: dos qom en Formosa, dos en Santiago del Estero y un diaguita en Tucumán. En todos los casos por defender la tierra y la vivienda que fue expropiada por los capitalistas nacionales y extranjeros para mantener sus negocios del monocultivo de la soja y la megaminería. Solo en la provincia de Neuquén hay 300 Mapuche procesados y los desalojos son constantes como en el resto del país.

Además de las represiones y desalojos, los pueblos originarios sufren la desnutrición que lleva a que mueran niños y ancianos por enfermedades evitables, en un país que exporta millones de toneladas de alimento. Muchas comunidades aún no tienen agua potable. Bajo el ropaje de la interculturalidad se les niegan sus derechos elementales.

Actualmente el Acampe QoPiWiNi de los pueblos Qom, Pilagá, Wichi y Nivaclé, espera desde hace siete meses ser recibidos por el gobierno nacional. Allí Félix Díaz expresó: “seguiremos con el acampe hasta diciembre, a la espera de que el próximo gobierno nos reciba y escuche nuestros reclamos”.




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