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OPINIÓN

#DebateAr2019: de #lamebotas, silencios y relatos fallidos

En política, los silencios pueden decir mucho más que las palabras. Algunas omisiones de este domingo adelantan la Argentina por venir.

Eduardo Castilla

@castillaeduardo

Lunes 14 de octubre | 06:47

Foto: Enfoque Rojo

Alberto Fernández no necesitó nada, o casi nada, para derrotar a Macri este domingo por la noche. Le alcanzó con evidenciar que el presidente se ahogaba en su propio y fallido relato.

Sin embargo, el golpe más duro al mandatario lo propinó Nicolás del Caño. Cuando se discutía el tópico Relaciones Internacionales, el candidato de la izquierda lo definió como un "lamebotas de Donald Trump". El diputado nacional no falta, para nada, a la verdad.

Cuando todavía no habían pasado dos horas de esa afirmación, una catarata de memes circulaba por las redes sociales, celebrando la denuncia. A las 6 de la mañana de este lunes, el hashtag #lamebotas encabezaba las tendencias en Twitter y el apellido del dirigente de izquierda marchaba cuarto. La red social sólo confirmaba lo evidente: el actual diputado nacional estuvo entre los ganadores del debate.

Del Caño se convirtió en la voz incómoda de un debate que había sido clausurado antes de iniciar. Los representantes de Macri y Alberto Fernández en la Cámara Nacional Electoral hicieron lo imposible por constreñir las discusiones y cruces a nivel mínimo. Lo que pudo verse este domingo por la noche fue una sucesión de exposiciones, dónde nadie estaba obligado a explicar o responder nada.

Ese esquema también facilitó que Alberto Fernández apareciera como uno de los ganadores. Tuvo solvencia y seguridad a la hora de intervenir. Sin embargo, no quiso y no tuvo que responder a los múltiples interrogantes que se le plantearon. Apostó a omitir todas las respuestas posibles a los cuestionamientos hechos, literalmente, desde su izquierda.

El silencio sobre Juan Manzur o sobre Mariano Arcioni complementó aquel sobre el futuro de la economía. El candidato del Frente de Todos no contestó la consulta de Del Caño sobre temas bien precisos y que afectan a millones de personas: salarios, jubilaciones, tarifazos, despidos.

Prefirió hablar contra "los dogmas" en materia de economía. Afirmó que, de llegar a presidente, será "ortodoxo y heterodoxo" a la vez. El tópico discursivo funciona como adelanto de lo que se dirá a la hora de aplicar futuros ajustes.

Fernández tampoco quiso defender a sus indefendibles aliados. Se entiende. Los gobernadores peronistas y los caciques de la CGT fueron un pilar de hierro para la gestión macrista. Del Caño le recordó la votación de la reforma previsional, ocurrida a fines de 2017. En aquel entonces los socios actuales de Frente de Todos garantizaban el robo a los jubilados.

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El silencio del candidato peronista incluyó el espinoso tema de la deuda y el FMI. Parece que las salidas "a la uruguaya" son un tema para exponer ante los dueños del poder económico, no ante los millones que deberán concurrir a las urnas en 13 días.

Alberto Fernández eludió la defensa de Sergio Massa. El actual candidato a diputado nacional acompaña la posición de Macri, Bolsonaro y Trump en Venezuela. En la intervención de Del Caño, la definición de "lamebotas" también lo alcanzaba.

El catastrófico estado de la economía nacional no permite parches. Obliga, por el contrario, a soluciones de fondo. En la noche de este domingo, mientras Alberto Fernández reemplazaba omisiones con generalidades bien presentadas, Del Caño nombró a algunos de los ganadores de la fiesta de estás décadas. Grandes bancos, petroleras, privatizadas y un largo etcétera. Ahí está la riqueza necesaria para revertir la "herencia" macrista de pobreza y desocupación que pesa sobre la vida de 40 millones de personas.

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Este silencio también habla de los límites del proyecto enunciado por Alberto Fernández. Contrasta, marcadamente, con la verborragia -fuertemente aplaudida- que tuvo lugar, semanas atrás, ante los empresarios de la UIA y la Fundación Mediterránea.

Ninguna de las omisiones señaladas es casual. No hay azar o descuido. En un debate que vieron millones de personas, las palabras, los gestos y los silencios se eligieron con sumo cuidado.

Muy posiblemente las elecciones del próximo 27 de octubre depositen al Frente de Todos en la Casa Rosada. Será puesto a prueba el discurso que hoy propone conciliar los intereses de grandes empresarios y trabajadores, en un difuso Pacto Social. Pero las condiciones de la economía mundial y nacional imposibilitan esa perspectiva tranquilizadora.

Por estas horas, luego de 12 días de un enorme levantamiento popular, el presidente ecuatoriano Lenín Moreno se vio obligado a derogar el paquetazo de ajuste lanzado contra el pueblo de aquel país a exigencia del FMI.

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Allí, en el cinturón del continente, el motor de la lucha de clases se activó contra un gobierno nacido bajo banderas progresistas, continuador del legado de Rafael Correa. A miles de kilómetros de la Argentina, es posible hallar otro relato fallido, cercano al que postula el Frente de Todos.

Es posible que Alberto Fernández mire su futuro en el espejo de aquel país. Es (muy) posible que, precisamente por eso, Ecuador haya sido otro de sus grandes silencios.







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