Juventud

GUERRA DE SECESIÓN Y MÁRTIRES DE CHICAGO

De una burguesía esclavista hacia una burguesía verduga de obreros

A propósito del primero de mayo, algunas reflexiones en torno la guerra civil norteamericana, el triunfo del “Norte” y el proceso de industrialización que implicó el desarrollo de las grandes urbes. Particularmente la ciudad de Chicago, sitio que conoce de explotación, de protestas, de huelgas y de mártires.

Tomás Giusti

Estudiante de Sociología - UBA

Sábado 2 de mayo de 2020 | 17:00

Ilustración: Agustina Scliar - Ig: @okscliar

La guerra por dos modelos económicos

El fenómeno de la guerra atraviesa todo el complejo social, lo modifica y lo altera, de tal forma que se la puede comprender como una de las actividades humanas con mayor impacto en la sociedad. La guerra, entonces, es un elemento activo de la sociedad, que tiene la capacidad de modificar las relaciones productivas y el orden social de conjunto. En este mismo sentido Clausewitz, uno de los principales estudiosos del fenómeno de la guerra, concluyó: “La guerra es la continuación de la política por otros medios”.

La Guerra Civil Norteamericana transcurrió en el periodo 1861-1865, enfrentando dos bandos: los Estados de la Unión (el Norte), con un modelo de desarrollo industrial basado en el trabajo asalariado libre, y por otro lado los Estados Confederados (el Sur), con su modelo de desarrollo agrario basado en la extensión de las plantaciones y el trabajo esclavo. Habitualmente la guerra se presenta como una disputa ideológica en torno a la abolición de la esclavitud entre la incipiente burguesía del norte ( influenciada por las ideas del liberalismo y la ilustración) confrontaba con los grandes terratenientes agrarios del sur y su modelo económico basado en la esclavitud. Sin embargo, si analizamos con mayor profundidad, tras estas ideas subyacía una disputa por dos formaciones sociales y modelos productivos distintos. Si bien ambos modelos se pensaban bajo la lógica del capital, tenían características y desarrollos muy diferentes y se presentaban bien divididos geográficamente. En términos estructurales el Norte poseía una gran ventaja con respeto al Sur: tenía el 70% de las líneas férreas, el 90% de la producción industrial, y además en esas tierras habitaba la mayor parte de la población total de los Estados Unidos (1). Con respecto al Sur, gran parte de la población era esclava y su economía principalmente se regía por las exportación de algodón y con una lógica necesariamente expansiva en términos territoriales.

Marx y Engels observaron la guerra civil con gran detenimiento al punto de intercambiar correspondencia con el mismo Lincoln. Sus principales argumentos sobre los motivos de la guerra se situaban en las condiciones estructurales de ambos bandos que representaban dos sistemas económicos con intereses, relaciones sociales y formas de vida incongruentes entre sí. De esta forma Marx concluyó: "La lucha ha estallado porque los dos sistemas no pueden coexistir en paz por más tiempo sobre el continente americano. Esa lucha solo puede terminar con la victoria de uno o del otro” (2). Abolir la esclavitud sería para el Sur abolir sus relaciones productivas y por lo tanto su forma de vida. En este sentido, la cuestión de la esclavitud hay que pensarla como el factor central de la guerra, sin embargo hay que observarla en términos estructurales, es decir la relación social del capital para ese momento de industrialización requería necesariamente la liberación de la mano de obra esclava e imponer el trabajo asalariado como forma predominante en el capitalismo moderno.

El racismo fue constitutivo de la nación y la atravesaba a lo largo y a lo ancho, por eso es necesario matizar esta cuestión, ya que el escenario no se presentaba tan homogéneo hacia el interior de cada modelo de país, en el Norte existía un sentimiento anti negro que influyó de forma negativa en el reclutamiento para la guerra, ya que una parte de la población blanca se rehusaba a combatir por la liberación de esclavos, y en el sur dos tercios de la población blanca eran pobres y por lo tanto no poseían esclavos. Por ejemplo, en una plantación de algodón en Misisipi, un negro recibia 20 centimos al dia que era lo que necesitaba para subsistir y al dia siguiente continuar siendo explotado y los trabajadores blancos recibían 30 (3).

Es así como el enfrentamiento ponía en evidencia el antagonismo entre un sistema basado en la explotación de los trabajadores “libres” (4) del norte y los propietarios de esclavos del sur. Los ideólogos del sur, basados en su ferviente racismo, sostenían que los trabajadores asalariados del norte padecían una humillante dependencia indigna de la raza blanca, ya que los trabajos duros debían ser realizado por los negros. En cambio, la ideología del trabajo libre de los “antiesclavistas” y republicanos del norte, hacía hincapié en la posibilidad de la apertura y la incorporación del país a la alta capitalización y desarrollo de nuevas industrias, que auspiciaban abrir paso al despliegue de las fuerzas productivas capitalistas características de la modernidad. La esclavitud en este esquema economico y productivo era un obstáculo a ser erradicado.

Triunfo del Norte: auge industrial y explotación obrera

Los resultados de la guerra civil fueron un factor determinante en el desarrollo industrial. Esta victoria por el modelo de país, permitió al norte industrialista imponerse sobre el sur. La explotación en las fábricas comenzó a disponer de la mano de obra negra que, junto con la constante inmigración de los años posteriores, fueron algunos de los factores que permitieron la expansión del mercado interno y la ampliación de la capacidad de aplicar materias primas a las industrias, dando lugar al auge industrial y fabril. Se impuso un grado de explotación y concentración de asalariados nunca antes visto, que significaron ganancias tan altas que superaron a la “fiebre del oro” de California.

En este período post guerra que se llamó la “Reconstrucción”, se trataron de redefinir las relaciones productivas del sur, por imposición del desarrollo de la naciente burguesía del norte, ahora con un carácter nacional, en paralelo a un aumento de su poderío económico y político. Sin embargo, la liberación de los esclavos le jugaba una contrapartida: el enorme impulso de masas, la liberación de la mano de obra convirtiendo a los esclavos en asalariados contribuyó, entre otros factores, al crecimiento y la potencialidad de la clase obrera, de tal manera, que los rasgos preexistentes de racismo (5) en la sociedad norteamericana fueron utilizados por la burguesía industrial como medio de dominación de clase. El racismo fue institucionalizado a sangre y fuego con leyes promulgadas por legislaturas estatales blancas, que sostenían la segregación racial en todos los espacios públicos, bajo el lema “separados pero iguales”, los capitalistas utilizaron la opresion racial como una vía para mejorar las condiciones de explotacion de la clase obrera. Este racismo se extendió, también, a las organizaciones obreras que lo materializaban al no incorporar a los negros en sus filas (incluso a los que votaron a favor de la huelga del primero de mayo), es decir el racismo funcionaba también como un elemento que dividía a la clase obrera y disipaba el conflicto, por ejemplo, los industriales utilizaban a los negros como “rompehuelgas”.

Si bien el comercio de esclavos había sido abolido a principios del siglo XIX, el tráfico de humanos continuaba de forma clandestina, ya que el sur necesitaba un flujo de mano de obra esclava constante. Para ese entonces, los esclavos no contaban con plenos derechos, por lo tanto muchos esclavos intentaban huir al norte, pero los propietarios tenían permitido recuperar a los huidos. En el Norte los negros no eran esclavos, pero sí sufrían legislaciones discriminatorias y segregacionistas: restricción de derechos políticos y espacios públicos distintos.

Chicago como epicentro industrial y de lucha obrera.

La ciudad de Chicago supo ser una gran heredera del modelo de país que triunfó en la guerra civil, siendo la ciudad que recibió gran parte de la inmigración (6) que llegó particularmente de Europa y de China y fue, en gran medida, mano de obra para las incipientes industrias. Con la industrialización llevada a cabo por los dueños de la riqueza, empresarios, banqueros e industriales, se consolidó una clase obrera que debía soportar duras condiciones de trabajo, horarios interminables e incluso el trabajo infantil, a cambio de escasos salarios que apenas alcanzaba para sobrevivir. Una notoria característica de la época fue el crecimiento económico de las empresas, la aparición de mercados monopólicos y también mercados en los que unas pocas empresas se lo repartían todo, dando lugar al nacimiento de los oligopolios y junto con ellos las grandes ciudades industriales como Chicago. La integración territorial estaba concluida y las burguesías nacionales afianzaban su dominio por la disputa de la renta interna y la riqueza mundial, para esto era necesario mantener al movimiento obrero debilitado y controlado, que fuera incapaz de poner en jaque a la producción capitalista.

Este rostro represivo del Estado tiene como momento crucial la masacre de los mártires de Chicago de 1886, siendo esta una clara respuesta a cualquier intento de organización y de lucha del movimiento obrero. Una justicia manipulada y clasista llevó a que sean condenados a ser ahorcados por crímenes que no cometieron, salvo su pertenencia a la clase obrera, su militancia anarquista y su lucha por una medida tan esencial y humana como las 8 horas de trabajo. La desmoralización que produjeron estos hechos, llevó a que el principal sindicato (7) (clandestino) que unificaba a los trabajadores de diversas ramas de las industrias, desapareciera. Era tanta la preocupación de los capitalistas por mantener sus altísimas ganancias sin importar las penurias de los obreros que se reflejaba en el discurso de legitimación de la represión. El principal periódico citadino de la época, el Chicago Tribune llegó a publicar: “el plomo es el mejor alimento para los huelguistas, la prisión y los trabajos forzados son la única solución posible a la cuestión social”.

El primero de mayo hoy y su legado de lucha

El movimiento obrero internacional reconoce a los Mártires de Chicago y al primero de mayo como el día del trabajador, sin embargo en la actualidad la clase obrera norteamericana es la única que no conmemora el día del trabajador en tal fecha. El ocultamiento y la canalización de la potencialidad del movimiento obrero por parte de las burguesías, buscó la desaparición de la lucha por la jornada de las 8 horas en los libros de historia, con el fin de disipar su legado sobre la memoria colectiva. Sin embargo, gran parte de la clase obrera de Estados Unidos nos muestra en este marco de pandemia y de crisis, que en el actual May Day no se queda sumisa ante el atropello de los derechos ya conquistados y actúan ante la rebaja salarial, suspensiones, despidos, malas condiciones de trabajo que implican la precarización de sus trabajos y de sus vidas con grandes huelgas y protestas en sectores de trabajo que no tenían tradición de lucha.

La clase obrera del siglo XIX demostró ser indispensable para la existencia del sistema social capitalista y logró conquistar derechos tan básicos como la posibilidad de descanso y la posibilidad de educarse. En el contexto actual, la crisis y la pandemia han demostrado una vez más quienes hacen que todo funcione. La clase trabajadora, frente a los que hablaban del "fin del trabajo" y de que las máquinas iban a reemplazar el trabajo humano, muestra la importancia decisiva para mover los motores de la economía capitalista. Por esto es necesario retomar el legado de lucha de los Mártires de Chicago, mientras que al mismo tiempo que crece una gran masa de desocupados, el modelo de precarización laboral demuestra que las 8 horas de trabajo son un derecho para pocos, las rebajas y suspensiones salariales son insumos para las ganancias capitalistas. Por el grado de desarrollo de la ciencia y la técnica que se alcanzó es posible pensar en una división de las horas de trabajo entre ocupados y desocupados, repartir el trabajo social entre todas las manos disponibles, reduciendo las horas de trabajo sin afectar el salario. Pero esto no se puede dar bajo la lógica capitalista de explotación y ganancia, es indispensable la toma de poder y la organización por parte de la clase que, una vez más, ha demostrado que mueve al mundo: la clase trabajadora.

(1) Keegan, John (2009) Secesión. La guerra civil americana. Madrid: Turner Teorema.

(2) Karl Marx, Friedrich Engels, "La guerra civil en los Estados Unidos", en Andres de Francisco (comp) Guerra y Emancipación. Lincoln & Marx, pg. 22.

(3) Howard Zinn. La otra historia de los Estados Unidos. México: Siglo XXI, 1999

(4) El trabajador se presenta en el mercado como una mercancía más, como un poseedor de fuerza de trabajo que la vende a cambio de un salario. Marx señala que, para que su poseedor la venda como mercancía, debe ser libre propietario de su capacidad de trabajo.

(5) En Estados Unidos había un millón trescientos mil esclavos negros a mediados de la segunda década del siglo XIX.

(6) Entre 1850 y 1880, la inmigración fue constante. En esos treinta años llegaron al país 7.500.000 personas.

(7) El sindicato era conocido como “La Muy Sagrada Orden de los Caballeros del Trabajo”







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