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Red Internacional

Efemérides. De todo nos salvará este amor: 35 años de Superficies de Placer

Fines de 1987 entre Buenos Aires, Río de Janeiro y Nueva York: tiempo y lugares del último disco de Virus con Federico Moura y el recuerdo de Julio.

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Sábado 31 de diciembre de 2022 | 09:00
Portada de Superficies de Placer, último disco de Virus con Federico Moura.

La belleza y la tragedia bailan juntas a lo largo de tres cuartos de hora en un disco esencial. A finales de 1987, Virus precipitaba el cierre de esa década con Superficies de placer, última entrega en voz de Federico Moura. Una despedida poética que nos dejó para siempre canciones maravillosas, hermosas, y también dolorosas: “Las cosas se alejan de mí y es difícil poder tocarlas; las cosas se alejan de mí y yo debo seguir soñando”, se debatía Federico en “Ausencia”.

Superficies de placer es la épica de una banda que viaja a Brasil para grabar el sucesor de Locura en un clima favorable y termina sacando tripa y corazón en una obra bella y triste: tonos pasteles de esos coloridos 80s que comienzan a cerrarse. “Estuvimos casi tres meses en Río de Janeiro; algunos en Leblon, otros en Arpoador. El clima era muy lindo, y tuvo que ver el hecho de estar en Río, un lugar que nos gustaba mucho. Un trabajo más relajado que en las grabaciones anteriores. Hasta que pasó lo de Federico. Entonces quedan sensaciones ambivalentes. O contradictorias”, piensa Julio Moura.

Si uno escucha Superficies respetando el orden de sus canciones, “Mirada speed” sorprende con un inicio intenso, abrazado al beat de una pista de baile, aunque con una narrativa intrigante: “Flotando, navego en dirección de aquella extraña figura de poder”, sugiere Federico. Y si bien es cierto que el disco entrega otra cantidad de temas para “mover esos culitos” (tal como había desafiado Federico entre medio de los naranjazos del Prima Rock 82), la tónica parece representarse más en, por ejemplo, el remanso de “Transeúnte sin identidad”.

“El comienzo de la enfermedad de Federico coincidió también con un momento en el que estábamos descartando ciertas cosas por otras más analógicas”, reconoce Julio, en relación a la sonoridad reposada que ofrece gran parte del disco. “Para Relax aparecieron cambios que se fueron insertando en los instrumentos; los cuales, por cierto, eran muy seductores. Y en la época de Locura llegamos a tocar en vivo con tres teclados —describe—. Pero, en un momento, ya dejó de ser tan divertido tocar arriba de una secuencia. Entonces Superficies pasa a otra circunstancia. Ahí yo toco más guitarras acústicas, sonidos analógicos. Tiene que ver con esos momentos, y también por cosas que nos pasaban a nosotros después de varios años de carrera”.

Según los créditos, siete de las once canciones fueron creaciones musicales de Federico o de Julio (especialmente del segundo). Y las letras son casi todas de Federico, aunque una compartida con Julio: “Ausencia”. Ese tema encierra una anécdota que permite aproximarnos un poco a lo que fue la cocina de ese disco. “Yo estaba en Leblon, él en Arpoador, y grabábamos de noche en Botafogo, un barrio medio siniestro. Lo pasaba a buscar e íbamos a un bar en una esquina, cerca del estudio, para retocar cosas, terminar letras”, recuerda Julio. “Una noche, en ese bar, no nos poníamos de acuerdo y terminamos peleados, así que tiré la letra a la mierda. Él entró al estudio enojado y yo me quedé en la calle, sentado, y también enojado”.
“En eso para un auto. Se baja un tipo y se sienta al lado mío. Lo miro: era Roberto Carlos”, narra Julio. “Fui al estudio a contarle a Federico, salimos juntos y nos mirábamos los tres. Roberto Carlos, por supuesto, no entendía nada. Pero sonreía. Y nos saludaba. “¿Qué pasó con la letra?”, me pregunta Federico en un momento. “La tiré”, le contesté. Así que fuimos hasta la esquina del bar… y la encontramos. Eso es lo que terminamos grabando como “Ausencia”.

Un poco en broma, se le sugiere a Julio que todo disco necesita de una pelea así con Federico para llegar a una canción emblemática: en Locura había ocurrido una tangana entre hermanos que terminó en “Pronta entrega”. “Con Federico teníamos una relación muy tirante. Pero no mal, eh. Éramos dos personalidades completamente distintas. Los dos muy cabezones, quizás. Él tenía una vida muy tranquila, muy solitaria… y yo también”, reconoce Julio. “Eso sí: cuando había tomas de decisiones, situaciones de mezcla que no estaban ordenadas y que se yo, nos poníamos las pilas los dos y nos entendíamos muchísimo”. En ese sentido, Julio evoca el cierre de la grabación de Superficies de placer, cuando Federico debió grabar las últimas voces. Todos los demás Virus regresaron a Argentina y ellos se quedaron en Río. “Fue una historia intensísima y alucinante, a la vez: él venía de cuarenta días de pulmonía, y largarse a grabar las voces de todo un disco en quince o veinte días era una verdadera proeza”, destaca Julio. “En lo personal, creo que Superficies es el disco en el que Federico mejor cantó. Puede sonar medio raro, pero así lo siento yo: con más pasión y más profundidad”.

Superficies de placer salió a la venta en septiembre de 1987, fue presentado oficialmente dos meses después en Obras y en diciembre Virus gana el concurso que una marca de gaseosas había articulado con el programa Badía y Compañía para financiar la realización de un videoclip (la banda eligió “Encuentro en el río”).

Pero, antes de todo aquello, fue necesaria otra instancia más entre Brasil y Argentina: la mezcla del disco en los estudios Record Plant de Nueva York. “Fuimos Federico, Marcelo y yo —dice Julio—. Ahí puse algunas guitarras, aunque llevábamos como 48 tracks de Río y las voces estaban muy bien capturadas. Además, el que mezclaba había sido sonidista de John Lennon: le presentábamos algo y al otro día lo armaba. Así que nuestro laburo terminó siendo más en la cuestión organizativa de los tracks, digamos. Una experiencia fantástica para nosotros”.

“Por supuesto que con el tiempo vas a decir: ‘Me hubiese gustado que tuviera más de tal cosa’. Pero eso tiene que ver con el paso de los años, en los cuales incorporás nuevas cosas a nivel conceptual que te hacen variar la mirada”, analiza Julio Moura. “De todos modos, una vez que haces la canción… deja de ser tuya. Así que volver para atrás es imposible. ¡Y eso me parece genial! Cada persona lo incorpora a su manera de percibir la música: un mismo tema puede tener miles de significados distintos, uno por cada persona que lo escucha y lo hace propio. Algo que, reconozco, lo terminé de entender ahora”.


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