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Red Internacional

Tribuna abierta.¿De qué te reís?: una reflexión acerca de los chistes sobre la discapacidad

Escribo estas líneas procurando que podamos reflexionar acerca de los chistes sobre la discapacidad. Día a día veo cómo personas sensibles y educadas en ámbitos progresistas, se burlan de otras por sus dificultades o discapacidades.

Lunes 31 de mayo | 19:36

No es mi intención aquí hacer un debate sobre el humor, sino que quisiera que podamos reflexionar acerca del por qué quienes ya no se reirían públicamente de un chiste machista o racista, sí reafirman su supuesto derecho a reírse de la discapacidad de un sujeto.

Para comenzar, quisiera tomar prestada la definición de violencia simbólica expresada en la Ley N° 26.485 de Protección integral a las Mujeres. Allí, explican que este tipo de violencia consiste en la reproducción de patrones estereotipados, iconos, valores, que contribuyen a la naturalización de las relaciones de subordinación en la sociedad. No me remito por azar a esta ley, lo hago porque entiendo que las personas con discapacidad, así como las mujeres y otros grupos sociales como los pueblos originarios, las disidencias sexuales, o las personas afrodescendientes, compartimos el hecho de ser históricamente discriminadas.

Reírse de un sector oprimido no es un hecho neutral. Ha sido un avance en el campo de las ciencias sociales, poder pensar al colectivo de personas con diversidad funcional como oprimidas y pensar que las causas de su exclusión no son individuales sino sociales.

Fue Mike Oliver quien en la década de los ´80, abrió este debate y planteó que la sociología hasta ese momento, pensaba a la discapacidad desde una teoría de la tragedia personal y no reflexionaba sobre las causas de la exclusión. Por ello, Oliver propuso su teoría de la opresión social, es decir, pensar que el aislamiento de las personas con discapacidad no se debía a rasgos propios de la persona sino a una sociedad que no estaba diseñada para que pudiéramos convivir personas con distintos cuerpos y maneras de ser o de pensar.

A lo largo de la historia, la humanidad le dio un estatuto de indignidad a quienes nacían con diversidad funcional. En la Grecia antigua, por ejemplo, se mataba a los bebés con estas características porque creían que eran un mal presagio o el signo de que se había roto la alianza con los dioses. Siglos después, en la Edad media, se los relegaba a la mendicidad o se los usaba como "hazmerreír" en las cortes, es decir, tenían techo y comida a cambio de ser objeto de burlas.

Al reírnos de una discapacidad o dificultad corporal o intelectual, nos instalamos como sujetos hegemónicos, desde una supuesta normalidad que es la que habilita a mirar al diferente desde la risa. Y aunque tal vez no nos demos cuenta, es la misma normalidad que obligó a las personas homosexuales a encerrarse en el armario, la misma normalidad que discrimina a las personas negras, que se burla de alguien obeso. La misma normalidad que no se cansa de ejercer su tiranía contra les diferentes.

Antes de reírte de una persona enana, pensá en esto.

Antes de reírte de un “chiste” sobre una persona sorda, pensá en esto.

Antes de hacer un “chiste” sobre alguien en silla de ruedas pensá en esto.

En Argentina, más del 75% de las personas con discapacidad están desocupadas o inactivas. Esta es la realidad y lejos de seguir tomándolos como tema de burla, debería sublevarnos el modo en el que viven. Construyamos una sociedad en donde lo diverso y lo disidente sea lo naturalizado, tanto que ya no tenga sentido reírnos de ellos.




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