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De panqueques y prontuarios: una campaña electoral que no resiste un archivo

Fernando Scolnik

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Fotomontaje: Juan Atacho

De panqueques y prontuarios: una campaña electoral que no resiste un archivo

Fernando Scolnik

En el presente artículo, en primer lugar revisaremos un poco el archivo para dar cuenta del espectáculo de “rosca” y pases que están dando de cara a las elecciones los políticos del régimen capitalista. En la segunda parte, nos referiremos a lo que está de fondo, la apuesta al orden de cara a la crisis por parte de las dos principales coaliciones que disputarán la presidencia. Finalmente, algunas palabras sobre la izquierda.

Primera parte: el festival de pases y reencuentros entre los que hasta ayer eran adversarios

“Volatilidad electoral: en cuatro años, cambiaron todos los frentes para la presidencial”.

Con esa frase, casi como si fuera un dato de color, un importante diario daba cuenta el pasado jueves de una realidad. En estas elecciones nacionales no se presentará ninguna de las alianzas políticas que disputó la elección de 2015.

Algunos hechos que explican esto son conocidos, pero otros tienden a quedar en el olvido. Por eso, vale la pena un repaso para dar cuenta de lo que Nicolás del Caño, el candidato a presidente de la izquierda, definió como un verdadero “festival de pases electorales” que deja al desnudo el carácter de la casta de políticos que gobierna para los capitalistas.

Para ellos vale más que nunca aquella frase de Groucho Marx que decía“estos son mis principios, pero si no le gustan tengo otros”. Veamos.

Pichetto vs Macri, Macri vs Pichetto

Una de las “sorpresas” de los últimos días fue, sin dudas, el anuncio de que Miguel Ángel Pichetto será el candidato a vice de Macri.

Rebobinando la cinta, se puede ver a un Pichetto que en las últimas décadas fue un hombre clave en el Congreso Nacional de Menem, Duhalde y los Kirchner. Hace pocos años, en 2015, fue candidato a gobernador de Río Negro por el Frente para la Victoria (resultó perdedor) y luego apoyó a los candidatos nacionales de ese frente encabezados por Daniel Scioli y Carlos el “Chino” Zannini.

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Cuatro años después, el rionegrino cambió de bando e irá como candidato a vicepresidente de quien entonces estuvo en la vereda de enfrente, Mauricio Macri. La alianza ya no será Cambiemos, sino Juntos por el Cambio.

Pichetto fue un hombre indispensable en estos años para que Cambiemos lograra aprobar en el Congreso nacional sus leyes de ajuste y entrega. Hay que reconocer en este sentido, que en lo que hace a los últimos 4 años se merece un premio a la coherencia.

Aunque, siempre tratando de “guardar las apariencias”, si vamos al terreno de los discursos, vemos cómo muy poco antes de dar el salto, cuando todavía intentaba construir Alternativa Federal como una opción distinta a Macri y al kirchnerismo, Pichetto dejaba frases lapidarias contra quien es ahora su compañero de fórmula.

Hace tan poco tiempo como el 15 de marzo de este año, Pichetto decía contra el actual presidente que “el Gobierno de Mauricio Macri aumentó todo y generó más incertidumbre, endeudamiento, un proceso de empobrecimiento de la clase media y de los trabajadores”. También afirmaba entonces que “debemos terminar con la grieta y derrotar la Argentina del fracaso, la angustia y la oscuridad”.

Pero se ve que entre esa fecha y la actual “pasaron cosas” y el rionegrino ahora recorre incansablemente los canales de televisión haciendo campaña electoral por Macri.

Aunque para hacer honor a una verdad completa, hay que reconocer que a la hora de cruzarse dardos políticos, el asunto era mutuo. Los lectores de La Izquierda Diario conocen, por ejemplo, aquel famoso video en el que Macri hablaba de Pichetto como uno de los máximos exponentes de la “vieja política”.

Por su parte, a pesar de haber levantado tímidamente la voz en el último tiempo para emitir algunas críticas al rumbo del Gobierno, la Unión Cívica Radical será parte también del acuerdo entre Macri y Pichetto. Casualmente, el presidente del Comité Nacional de la UCR y gobernador de Mendoza firmó esta semana un convenio con la Casa Rosada para garantizarse el financiamiento de 1023 millones de dólares para construcción de la represa Portezuelo. El acuerdo, representó un trago amargo para muchos que despotrican día y noche contra el peronismo pero no sacarán los pies del plato, aunque algunos pocos disidentes apoyarán el armado de Lavagna y Urtubey. Para sumar más al enredo, en Jujuy, el gobernador Gerardo Morales acaba de conquistar un nuevo mandato junto a un vice del Frente Renovador de Massa, Carlos Haquim.

Desde luego, en el mundo del panquequismo de los políticos burgueses, antes como ahora, a las palabras se las lleva el viento, lo que queda es el gran acuerdo para ir contra los intereses de los trabajadores.

Massa, Cristina y Alberto: todos contra todos

Veamos el caso de Sergio Massa. En el año 2015 se presentó como candidato a presidente por el frente UNA, una alianza junto al ya fallecido José Manuel De la Sota.

Desde su ruptura con el kirchnerismo, el dirigente de Tigre había prometido una y otra vez que nunca más volvería a acordar con la ex presidenta. Incluso llegó a decir el año pasado que Cristina Kirchner “debería estar presa si no existiesen los fueros”.

Pero ya es vox populi en Argentina que lo de Massa no es precisamente la coherencia. En su trayectoria política, el hombre ya fue parte de la derecha liberal de Álvaro Alsogaray en sus comienzos, para luego seguir pasando por el menemismo, el duhaldismo y el kirchnerismo, hasta después formar el Frente Renovador.

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Su retorno ahora a los acuerdos con Cristina no es entonces de extrañar tras un camino tan sinuoso. Qué le hace una vuelta más al panqueque en la sartén.

Aunque hay que reconocer que al igual que con Macri y Pichetto, la cuestión también aquí es mutua.

Desde La Cámpora y otros referentes del kirchnerismo no se cansaron de hablar de Massa como uno de los máximos exponentes de los “traidores”. La diputada Mayra Mendoza, por ejemplo, se refirió a él el año pasado como uno de los que “son el reemplazo del sistema, son la opción para cambiar la cara de Macri y mantener el mismo modelo económico. Hay que llamarlos por su nombre, traidores al pueblo y a la Patria”.

También hay interesantes videos que muestran lo que se cantaba en los actos kirchneristas contra Massa.

Sin embargo, el archivo no delata solamente las idas y vueltas con Massa. También deja a las claras el repentino reencuentro con Alberto Fernández, a quien Cristina Kirchner había denunciado en su momento como “el vocero de Clarín” dentro del gobierno kirchnerista, cuando el hoy candidato a presidente era funcionario, antes de romper con los K, entre otros motivos, por el conflicto con las patronales del campo.

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Estas “gentilezas” fueron claramente devueltas desde el otro lado. Tras la salida de la ex presidenta del Gobierno, Alberto Fernández hizo un balance que, entre otras definiciones, afirmaba que “la Argentina que dejó Cristina es una Argentina enferma, con un déficit fiscal muy importante y con inflación”.

Para el caso del kirchnerismo, hay que decir de todos modos que los “indultos” a Massa y Alberto Fernández son tan solo la punta del iceberg de algo más profundo para armar un rejunte que incluye a otros como Hugo Moyano y muchos más.

De fondo, detrás del argumento de que para llegar al Gobierno “el único límite es Macri”, se observa que lo que hay es un Frente de Todos… los que ayudaron a Macri.

Por un lado el propio Massa, cuyo Frente Renovador, al igual que muchos peronistas que irán en este espacio, fue indispensable para que Cambiemos, que es minoría en el Congreso Nacional, lograra aprobar leyes como el pago a los fondos buitre y muchas más.

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En el mismo sentido, sin los burócratas sindicales que hoy apoyan la fórmula Fernández-Fernández, como los caciques de la CGT Héctor Daer y Carlos Acuña, así como los referentes del Frente Sindical para el Modelo Nacional Hugo Moyano, Hugo Yasky o Sergio Palazzo, el Gobierno no hubiera podido pasar como pasó los ataques al pueblo trabajador. Sus treguas, paros domingueros sin continuidad y llamados a esperar las elecciones fueron las mejores armas de Macri para hacer pasar los tarifazos, la inflación y los despidos.

Un “Consenso” con pase de facturas entre Lavagna y Urtubey

Si hay un frente que se armó de apuro, ese es“Consenso Federal”, que llevará como candidato a presidente a Lavagna y a Urtubey de vice. El primero de ellos tiene un pasado en la función pública desde hace décadas: pasó por los gobiernos de Juan Domingo Perón (y continuó con Isabel), Raúl Alfonsín, Fernando de la Rúa, Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner. Luego, en 2007 fue candidato a presidente en una fórmula junto al actual gobernador de Jujuy Gerardo Morales, para, finalmente, en 2015 apoyar la candidatura de Sergio Massa. Por su parte, Urtubey es uno de los representantes de las más rancias oligarquías del norte del país.

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La conformación de este frente surgió tras el fracaso de Alternativa Federal, por la “fuga” de Pichetto y Massa a otros espacios y la negativa de Lavagna a participar de una primaria para elegir los candidatos.

Entre los nuevos socios de apuro todavía resuenan las palabras que Urtubey dejó hace muy pocos días, cuando dijo que Lavagna tiene “una mirada muy antigua respecto de que la política debe ordenar dentro de la rosca una oferta que tiene que resolver la sociedad”.

Como tantos otros en esta historia de panqueques, el salteño se tragó días después sus propias palabras y acordó mediante la“rosca” una candidatura con el “antiguo” Lavagna.

Lo que tampoco es muy claro dentro de este espacio, es con cuánto entusiasmo participan del mismo Margarita Stolbizer del GEN o los dirigentes del Partido Socialista, que por lo pronto no habían dado el presente en la inauguración del búnker de Lavagna en el centro porteño.

Por lo pronto, uno que ya se tomó el palo es el dirigente del Partido Socialista Roy Cortina, que se sumó en la Ciudad de Buenos Aires al frente de Horacio Rodríguez Larreta.

Segunda parte: las coaliciones y su fuerza política y social de cara a la crisis

Esta larga historia de sapos y panqueques podría continuar, pero nos detendremos aquí, para no aburrir al lector, con lo central respecto de las tres principales coaliciones que se presentan a las elecciones nacionales.

En este “festival de pases”, por supuesto, hay argumentos políticos para intentar justificar el arribismo individual, las necesidades de campaña electoral y las del futuro Gobierno.

Entre las dos principales fórmulas que disputarán la presidencia, hay un denominador común en este terreno: las enormes dificultades que tendrá el próximo mandatario para conducir una crisis económica bajo los mandatos de ajuste del FMI, sin perder la “gobernabilidad”. Porque más allá de los discursos de campaña, todos ellos tienen claro que lo peor aún está por venir.

Por el lado del macrismo, a las dudas sobre sus posibilidades de ganar tras un largo período de crisis económica y caída de la imagen del Gobierno, se venían sumando in crescendo temores sobre la posibilidad de una rápida “delarruización” en un hipotético segundo mandato.

Es por eso que los “mercados” celebraron con entusiasmo la incorporación de Miguel Ángel Pichetto a la fórmula, interpretándolo como un aumento del volumen político de la propuesta electoral, que podría llevar a mayor fortaleza no tanto para ganar las elecciones, pero sí para gobernar. El actual candidato a vicepresidente es un hombre del riñón del régimen político desde hace décadas, con amplia experiencia de negociación y conocedor de todos los factores de poder. Desde el capital financiero y las grandes patronales del campo lo ven como un dirigente indicado para tender puentes también con otros sectores del gran capital nacional y con los gobernadores peronistas, muchos de los cuales aplicaron y pactaron durante estos años los planes de Macri, aunque algunos ahora se estén acomodando con la fórmula de los Fernández.

En cuanto al Frente de Todos, el objetivo de su armado electoral ya lo había dejado en claro la propia Cristina Kirchner en el video mediante el cual anunció en su momento la fórmula Fernández-Fernández.

Recordemos que en aquel mensaje, la ex presidenta afirmaba que “el país empieza a mostrar en este presente los primeros síntomas de una realidad que será muy difícil de revertir”, y por lo tanto “se necesita convocar a los más amplios sectores sociales, políticos y económicos no solo para ganar una elección sino para gobernar”.

A la endeble argumentación de juntarse con cualquiera para ganarle a Macri, se sumaba entonces la profundidad de la crisis como factor para justificar una propuesta electoral.

El desarrollo más profundo de esta idea lo había planteado la ex presidenta en la Feria del Libro, al postular la necesidad de hacer un Pacto Social, tomando como modelo el del ‘73-‘74, convocando a dirigentes políticos, empresarios y burócratas sindicales. Recordemos que dicho acuerdo en los ‘70 buscaba frenar a una clase obrera que venía a la ofensiva desde el Cordobazo del ‘69, por medio de la congelación de precios y salarios por dos años, y que incluyó la represión de la Triple A a los sectores más combativos. Finalmente, este plan económico llevó al Rodrigazo y la gran crisis del ‘75.

Como siempre, toda analogía es limitada. Pero lo que tiene en común es que el próximo Gobierno deberá lidiar con aspiraciones de las grandes mayorías que no estará dispuesto a cumplir, ya que todos anunciaron que priorizarán pagarle al capital financiero internacional. Durante los siguientes cuatro años, Argentina tiene compromisos de deuda por 40.000 millones de dólares anuales promedio. Cualquier perspectiva de renegociación con el FMI, como la que proponen desde el kirchnerismo, será a cambio de las exigencias de este organismo: más ajuste fiscal y poner en discusión reformas estructurales como la jubilatoria o la laboral (sea mediante una ley o intentando pasar el ataque gremio por gremio). Pero el FMI es además solo una parte del problema. Sin crédito externo ni dólares suficientes del comercio exterior (el país genera con suerte 10.000 millones de dólares de superávit comercial), cualquiera que decida “honrar las deudas” estará obligado a un salvaje ajuste de las cuentas públicas. Además, como ya advirtieron los economistas de Fernández, buscarán un “tipo de cambio competitivo”, lo que significa básicamente pulverizar el salario en dólares (y nuestro poder de compra) para que le vaya bien a los empresarios “nacionales”. Por eso, la idea de que “el ajuste se termina con Macri”, enunciada por quienes no piensan decirle “no” al acuerdo con el FMI ni enfrentar la voracidad de los acreedores, es puro humo.

El trasfondo del panquequismo político que analizamos en la primera parte es que las dos principales coaliciones políticas se preparan para un escenario muy complejo. Son dos propuestas distintas para administrar la escasez, en un marco de crisis económica. Preparándose para eso, intentan ganar volumen político y fuerza social para no perder “gobernabilidad” cuando intenten imponer sus planes contra las aspiraciones de las grandes mayorías de superar la pérdida del salario, los tarifazos, los despidos, la precarización laboral o la decadencia de la salud, la educación o la vivienda. También piensan en postergar las demandas de las mujeres como el derecho al aborto, ya que ambos espacios estarán integrados por múltiples representantes “celestes”.

En estos días, algunos analistas políticos, como Sergio Berensztein de La Nación, han comenzado a ilusionarse, a partir de las últimas novedades electorales, con la posibilidad de que emerjan dos coaliciones que

le pueden dar estabilidad, previsibilidad y relativa certidumbre a un sistema político que durante demasiado tiempo se reveló errático, disfuncional e incapaz de resolver las demandas más elementales de la ciudadanía”. En su visión, se abre la posibilidad de “encarar con mejores perspectivas una agenda de reformas ambiciosa, imprescindible para sacar al país de la larga decadencia en la que está envuelto hace décadas.

Sin embargo, la principal incógnita que tiene este razonamiento, es que a diferencia de otros momentos históricos, el próximo Gobierno asumirá luego de una considerable pasivización (para esto jugaron un rol central las burocracias sindicales y de distintos movimientos sociales), pero no de derrotas históricas de los sectores populares. Esa“agenda de reformas”, impopular, será rechaza entonces por amplias mayorías que tienen expectativas en mejorar sus condiciones de vida.

De algo de esto, tiene que dar cuenta Eduardo Fidanza, cuando al referirse a las perspectivas sostiene que:

Es probable que trate sobre la cuadratura del círculo y sus disyuntivas. Acaso los protagonistas de la trama sean dos: por un lado, la clase política, cuya táctica consistirá en negociar con el poder económico procurando no perder legitimidad; y, por el otro, la sociedad, que seguirá demandando justicia distributiva aunque para eso haya que sacrificar la macroeconomía e indisponer al capital.

Aventurando hipótesis, si el macrismo quisiera aplicarlas desde el 10 de diciembre de 2019 en un eventual segundo mandato, el agotamiento de la paciencia de millones con el actual presidente, luego de años de tarifazos y ajustes, podría dar lugar rápidamente a nuevos saltos de la lucha de clases. En cambio, si los ganadores de la elección resultaran los Fernández, las ilusiones de amplios sectores que los votarán por verlos como única vía posible de terminar con un Gobierno como el macrista (ya que la tregua de la burocracia sindical abrió este escenario), podrían ser frustradas más temprano que tarde, en el marco de una difícil situación económica, dando lugar al desarrollo no solo de luchas sino también de un campo mucho más amplio de oposición por izquierda al Gobierno peronista.

Gane quien gane, los próximos años serán entonces escenario de choques entre las aspiraciones de las masas y la realidad de una Argentina subordinada al FMI.

Si macristas y peronistas se preparan para ese escenario, también la política de la izquierda es preparatoria hacia años de tensiones sociales, que requieren el desarrollo de una alternativa política con un programa distinto, un planteo para que la crisis la paguen los capitalistas. Pasemos entonces al siguiente punto.

Tercera parte: la izquierda, siempre del mismo lado. Con los trabajadores, las mujeres y la juventud. #NoFMI

La única coalición política que mantuvo su coherencia es el Frente de Izquierda y de los Trabajadores, que logró ampliarse con nuevos aliados como el MST y la participación de compañeros y compañeras como María del Carmen Verdú o los del PSTU, entre otros.

Esta unidad fue lograda bajo un programa de veinte puntos con la perspectiva puesta en que la crisis la paguen los capitalistas, para intervenir con la mayor fuerza política en el escenario electoral.

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Al mismo tiempo que venimos apoyando cada lucha en curso contra el ajuste, como la de los ceramistas de Neuquén que defienden 400 puestos de trabajo o la de la Cooperativa Madygraf por mantener de pie la fábrica y un centro de organización de la clase obrera, entre muchas otras.

El mensaje de la izquierda en esta campaña tendrá un cometido claro: a diferencia del oportunismo y festival de pases de los partidos del régimen, decir la verdad a las grandes mayorías. Esto es, que más allá de toda la demagogia que se escuche durante la campaña, hay que prepararse para enfrentar los planes del FMI y sus consecuencias, si no queremos que otra vez, como en el ‘89-‘91, el 2001 y otras crisis, el resultado sea siempre un aumento de la pobreza y la decadencia de las condiciones de vida del pueblo trabajador.

Hace poco tiempo, el Congreso Nacional aprobó la ley de financiamiento político, que autoriza a los empresarios a financiar las campañas electorales. De ese modo, los poderosos “comprarán” directamente a los candidatos para que gobiernen para ellos en caso de ganar. Lo mismo de siempre, pero ahora legalizado.

Como señalaron Nicolás del Caño y Romina del Plá recientemente,“la izquierda será la única fuerza que no recibe el dinero de los empresarios”. Nuestra campaña estará hecha en base a la militancia y convicciones de miles de trabajadores, mujeres y jóvenes para llegar con nuestras ideas hasta cada rincón del país.

Además, como siempre, el Frente de Izquierda y de los Trabajadores, ahora también con el MST, mantendrá un criterio de rotación para el ejercicio de las bancas que eventualmente sean conquistadas, las cuales serán puestas como siempre al servicio de las luchas de los trabajadores, las mujeres y la juventud. En este espacio nadie se atornilla a sus sillones.

A su vez, los diputados y diputadas del PTS-FIT/U cobran el mismo salario que una maestra, y donan el resto de sus dietas a luchas y causas populares. Porque para nosotros la política no es una vía de enriquecimiento personal, sino una vía de lucha para la transformación revolucionaria de la sociedad, por un sistema basado en las necesidades de las grandes mayorías y no en la ganancia capitalista.

Desde esta perspectiva de otra clase, la izquierda planteará el único programa realista para que la crisis no la paguen otra vez las grandes mayorías. Invirtiendo las prioridades: primero las necesidades de las grandes mayorías como el trabajo, la educación o la salud, no los especuladores del capital financiero ni otros grandes empresarios; por las demandas de las que nadie habla de la juventud precarizada; por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito, porque no se puede seguir esperando; por el apoyo a todas las luchas obreras y populares. Por un gobierno de los trabajadores y el pueblo impuesto por la movilización de los explotados y oprimidos, por la unidad socialista de América Latina y por el socialismo internacional.

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