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IZQUIERDA A DEBATE

De fundar Podemos a abandonarlo sin balance, ¿A dónde va Anticapitalistas?

Pablo Iglesias y Teresa Rodríguez han escenificado en un video conjunto un “divorcio amigable”. Anticapitalistas se va de Podemos, después de seis años de haber sostenido este proyecto político reformista como uno de sus principales fundadores.

Diego Lotito

@diegolotito

Jueves 13 de febrero | Edición del día

Foto: Teresa Rodríguez y Pablo Iglesias. Twitter

La integración de Podemos en el gobierno social liberal del PSOE precipita la ruptura con su principal corriente de oposición interna, que ya había comenzado la retirada en varios territorios. “En política y en la vida los caminos a veces se separan. Gracias Teresa y gracias a tu gente por vuestra lealtad. Gracias por ayudarnos a hacer esto con madurez. Este adiós es un hasta luego. Desde espacios diferentes nos encontraremos defendiendo la justicia social. Suerte”, ha señalado Iglesias en un video junto a Teresa Rodríguez en el que anuncian la retirada de Anticapitalistas de Andalucía.

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Mientras Pablo Iglesias se prepara para renovar la dirección de Podemos en la Asamblea Vistalegre III que se hará en marzo, en el marco de su integración completa al Régimen como parte del gabinete de ministros del Gobierno, Anticapitalistas ya ha adelantado que no presentará listas, candidatos ni documentos en esa instancia. Una decisión que preanunciaba su salida definitiva de Podemos.

Anticapitalistas se había retirado parcialmente en varios territorios como Madrid, Catalunya o Galiza, pero se mantenía dentro de la organización en otros como Extremadura y, sobre todo, Andalucía. Es justamente en la comunidad más populosa del Estado donde los “anticapis” lograron más responsabilidad (e integración) dentro de Podemos. Dos de sus principales referentes políticos, Teresa Rodríguez y el José María González “Kichi”, son al mismo tiempo las principales figuras públicas de Podemos en Andalucía. La primera como secretaria general autonómica, el segundo como alcalde del Ayuntamiento de Cádiz.

Hace tiempo que Teresa Rodríguez venía exigiendo una cuota mayor de “autonomía política” dentro de Podemos, un estatuto más parecido al de los Comunes de Catalunya. Pero Pablo Iglesias se había negado siempre a entregar un territorio tan importante como Andalucía, por lo que las tensiones eran una constante, aunque siempre en el marco de apoyos mutuos y acuerdos. Recordemos que días antes de las elecciones del 10N Teresa Rodríguez aseguraba en un acto de campaña que Andalucía necesitaba que Pablo Iglesias fuera “el presidente del Gobierno de este país” y que el líder de Podemos era “el depositario de todas nuestras esperanzas el próximo 10N”.

Finalmente, el grupo parlamentario de “Adelante Andalucía” se mantendrá integrado por Podemos, Izquierda Unida y previsiblemente también por Anticapitalistas, como ya ha salido a decir el coordinador general de IU Andalucía y portavoz de Adelante Andalucía, Toni Valero, tendiendo la mano a Teresa Rodríguez. Mientras Izquierda Unida y el PCE apuestan por profundizar su alianza con Podemos, comodísimos con su integración -con ministros incluidos- en el Gobierno de coalición con el PSOE, para los “anticapis” no pareciera haber inconveniente en seguir siendo parte de una coalición con ambas formaciones a escala andaluza. No por nada, la “ruptura” ha sido de lo más amable.

Ministros en un gobierno imperialista: ¿una cuestión táctica o un problema de principios?

La integración de Podemos como parte del gobierno de coalición con los social liberales del PSOE ha sido el principal argumento de Anticapitalistas para explicar su salida. Desde Anticapitalistas eran partidarios de una investidura “a la portuguesa” donde Podemos le diera el apoyo parlamentario al PSOE necesario para formar gobierno, pero manteniéndose por fuera.

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En un artículo publicado en Viento Sur, Daniel Albarracín de Anticapitalistas hace una evaluación de la situación política y el nuevo gobierno, sosteniendo que “es completamente legítimo entrar en un gobierno como vía” para “contribuir a hacer más eficaz la parte acordada en las áreas de gobierno reservadas”. Sin embargo, en este caso, la entrada de Unidas Podemos a un gobierno con hegemonía socialista es considerado un “error grave”.

En estas palabras se concentra buena parte de la concepción política por la que Anticapitalistas se ha adaptado al neorreformismo español. Ingresar a un gobierno (así en general, sin adjetivos ni naturaleza de clase, como si tal cosa existiese), no sería un problema. Pero hacerlo siendo minoría, como es el caso del ingreso de Podemos e IU con 5 ministros en el gobierno imperialista español, eso es un “error grave”. Dicho de otro modo, es un error táctico, no una cuestión de principios de clase.

De esto modo, aunque se haya opuesto al ingreso de UP al gobierno -defendiendo en cambio un acuerdo de investidura con una serie de puntos programáticos-, Anticapitalistas justifica haber sido parte de Podemos hasta ahora. Pero, sobre todo, no haber tenido ningún inconveniente en serlo durante los últimos cinco años en que Podemos formaba gobiernos en los Ayuntamientos de las principales ciudades del Estado como Barcelona, Madrid, Zaragoza -con el apoyo del PSOE- o el mismo Cádiz -que ellos mismos encabezan-, e incluso integraba gobiernos autonómicos en coalición con los "barones" socialistas, como en Castilla-La Mancha.

Esta posición, que Anticapitalistas defiende supuestamente contra el “sectarismo”, es totalmente contraria a la teoría y la tradición del marxismo revolucionario. Desde fines del siglo XIX, Rosa Luxemburg, Lenin y Trotsky combatieron contra lo definieron como “ministerialismo”, una práctica oportunista de un sector de la socialdemocracia que entraba como ministros en gobiernos burgueses.

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Para los marxistas, ingresar en un gobierno capitalista no se trata de una cuestión táctica, sino de principios. Como ya explicó Rosa Luxemburg, el ministro socialista que ingresa en un Estado capitalista no cambia el carácter de ese Estado -que no se transforma en socialista-, el ministro socialista se transforma en un ministro burgués.

Pero, además, el gobierno de coalición PSOE-Podemos no es solo un gobierno capitalista, sino un gobierno de una de las principales potencias imperialistas de Europa. Y si, como explicó Marx, el gobierno del estado capitalista moderno es una “junta para administrar los negocios comunes de la burguesía”, en este caso se trata nada menos que de gestionar y defender los intereses de las multinacionales españolas, responsables del saqueo y la expoliación en decenas de países de América Latina o África; de un Estado que es parte de la OTAN y de la UE del capital, que mantiene tropas en misiones imperialistas como en Mali, Afganistán o Irak, y que permite a Estados Unidos la presencia de bases militares en el territorio español.

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Que Anticapitalistas no considere el ingreso de los ministros de Unidas Podemos en el gobierno de coalición con el PSOE como un problema de principios, no sólo es una ruptura con la tradición del marxismo revolucionario. Es un salto en su adaptación al propio régimen capitalista. Una muestra más de los derroteros a los que lleva la concepción política de que no hay ningún problema en realizar alianzas estratégicas entre reformistas y revolucionarios, como la que Anticapitalistas llevó a cabo con la fundación de Podemos.

Una tradición política oportunista

Pero esta posición no debería sorprendernos. Anticapitalistas es la sección española de la corriente internacional conocida como el “Secretariado Unificado”, históricamente orientada por el marxista belga Ernest Mandel y una de las tendencias centristas que surgieron de la ruptura de la Cuarta Internacional en la segunda posguerra. Y sobre la cuestión del ministerialismo dentro del movimiento trotskista, un caso paradigmático fue justamente el de Miguel Rossetto, uno de los referentes de la tendencia Democracia Socialista, una corriente interna del PT e exintegrante del Secretariado Unificado en Brasil. Desde el año 2003 hasta 2016, Rossetto ocupó el cargo de Ministro de Desarrollo Agrario -y después de Trabajo- en los gobiernos de Lula da Silva y Dilma Rousseff, en un país con un fuerte movimiento campesino que fue reprimido en múltiples oportunidades por el mismo gobierno que representaba Rossetto. Junto a él, muchos otros militantes de su corriente también ocuparon diversos cargos de segundo y tercer orden en el gobierno de Brasil. El grupo Democracia Socialista rompió con el SU hacia el año 2005, pero antes de su ruptura no hubo ningún cuestionamiento serio al ingreso de uno de los principales dirigentes de su entonces corriente en Brasil como ministro del gobierno de Lula. Por el contrario, su participación fue vista entonces como una gran victoria para los socialistas revolucionarios.

Pero si el caso de Rossetto generó polémica, el SU iba a ir mucho más lejos en años más recientes. En Grecia, una de las corrientes referenciadas en el SU como DEA, se mantuvo dentro de Syriza como parte de la “Plataforma de Izquierda” -que llegó a constituir el 30% de la organización- cuando Alexis Tsipras llegó al gobierno y entregó al pueblo griego ante la Troika. En cambio, la sección oficial del SU en Grecia, el grupo OKDE, mantuvo una posición de independencia política frente a Syriza, impulsando la coalición de izquierda anticapitalista "Antarsya" junto a otros grupos políticos a la izquierda del gobierno.

Fue un mes después de la histórica capitulación de Syriza frente a la Troika, en el verano de 2015, cuando los militantes del SU dentro de Syriza se separaron de esa organización y lanzaron el nuevo partido, “Unidad Popular”. Es decir, que fueron claves en la formación de Syriza, en generar ilusiones que con un gobierno “antineoliberal” se podía frenar a la Troika, sostuvieron al gobierno en sus primeros meses, y rompieron solo una vez que el desastre estaba consumado. En el momento de la ruptura, además, plantearon la idea de “volver a la Syriza original”, es decir, repetir el mismo camino que llevó a la tragedia más grande del pueblo griego en los últimos años, sin la menor autocrítica sobre su responsabilidad política, habiendo sido parte de la dirección de Syriza y de su gobierno.

Finalmente, el año 2019, cuando Syriza perdió las elecciones ante la derecha conservadora, desde el SU sostenían que esto era la consecuencia de “una sociedad agotada por un gobierno de Syriza que allanó el camino a Nueva Democracia”, pero sobre su responsabilidad en haber creado el Frankenstein de Syriza, que allanó el camino a la derecha, ni una palabra.

Un caso más reciente es el del gobierno de Portugal. En este caso los militantes de la misma corriente que integra Anticapitalistas son parte del Bloco de Esquerda, que, aunque no es parte del gobierno de Antonio Costa, lo sostiene “desde afuera” mediante los mecanismos de un régimen parlamentario. El apoyo del Bloco al gobierno portugués no solo se mantuvo a lo largo de los últimos cuatro años, sino que se renovó en octubre pasado, iniciando una nueva legislatura. El gobierno de Costa enfrentó numerosas huelgas obreras, a las que en varios casos respondió con la militarización para quebrarlas, y de conjunto aplica un programa social liberal. Pero aun así el Bloco reiteró su apoyo al gobierno socialdemócrata luso, bien lejos de toda política de independencia de clase.

Un balance autocomplaciente para seguir defendiendo una estrategia equivocada

Todo indica que Anticapitalistas terminará saliendo por completo de Podemos en los próximos días, resolviendo así la situación de estar con una “pata dentro y otra afuera” como era hasta ahora. Sin embargo, lo hace sin un balance autocrítico de su responsabilidad en haber creado el “monstruo” que es Podemos, ni de las condiciones en las que se separan de él.

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Después de la crisis capitalista del 2008, en medio del ciclo abierto por el 15M y las mareas, Anticapitalistas consideró que la manera de no caer en la irrelevancia sectaria era construir un partido común con reformistas y populistas de izquierda y fundar Podemos. En general, su visión es un balance positivo de los inicios de este proceso y el problema parece reducirse a que Pablo Iglesias tomó el control de Podemos de forma centralizada y burocrática, abandonando el “espíritu original” de la formación morada.

Este relato, sin embargo, oculta el elemento político fundamental: que Podemos se inició sobre la base de un programa abiertamente reformista y con la estrategia de ocupar espacios electorales y conquistar posiciones en las instituciones de la democracia capitalista por medio de figuras reconocidas, el recurso a la “videopolítica” y mecanismos plebiscitarios para la toma de decisiones, algo que Anticapitalistas avaló desde el primer momento. Todo lo contrario de construir una organización con un programa revolucionario para “superar radicalmente” el sistema capitalista.

Volviendo a la experiencia griega, esta resulta muy aleccionadora para pensar el balance de Podemos y el rol de Anticapitalistas, porque mostró el rotundo fracaso de la estrategia de ser las “alas izquierda” del neorreformismo, que en el caso de Syriza, como decíamos, llegó a representar el 30% de la organización, pero hacia mediados de 2015 quedó reducida a su mínima expresión. La posterior conformación de “Unidad Popular”, encabezada por 25 diputados, dejó plasmada su impotencia: en las elecciones de septiembre de 2015 obtuvo apenas el 3% de los votos en las elecciones, quedando fuera del parlamente heleno.

En el caso de Anticapitalistas, después de seis años, en el “debe” y el “haber” parece que toda la ganancia se la ha llevado Pablo Iglesias, que logró su objetivo de ser la “nueva” izquierda del Régimen, mientras Anticapitalistas sale de Podemos con algunas figuras públicas, pero sin haber aportado significativamente al desarrollo de una fuerza militante de la clase obrera y la juventud que pueda plantear una perspectiva para la izquierda revolucionaria en el Estado español frente al fracaso del neorreformismo.

Por nuestra parte, no sólo hemos cuestionado la hipótesis Podemos de conjunto, sino que también hemos sido muy críticos con la participación de Anticapitalistas: su adaptación, las concesiones al aparato a la hora de acordar posiciones dentro del partido, así como su actitud conciliadora ante los permanentes zig zags, cada vez más a la derecha. Y especialmente hemos cuestionado su participación en la gestión del Ayuntamiento de Cádiz por su adaptación pasiva y reformista al régimen burgués, en vez de intentar señalar a cada paso a la clase trabajadora -al mismo tiempo que se hacía todo lo posible en defensa de sus intereses- que, sin la conquista del poder del estado, la política municipal es impotente.

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El salto cualitativo que implicó la integración de Podemos en el gobierno imperialista español le ha planteado a Anticapitalistas una disyuntiva de hierro: seguir subordinados a una formación que en los hechos forjó una nueva “casta” de izquierda, cuyo centro de gravedad es el parlamentarismo y, ahora, el “ministerialismo”; o romper con Podemos, sacar lecciones y apostar por la construcción de una alternativa anticapitalista y revolucionaria independiente basada en la lucha de clases. La dinámica es hacia la ruptura, pero el balance y la perspectiva política no terminan de romper con su adaptación al neorreformismo.

Después de Podemos, ¿qué?

Anticapitalistas concluye un ciclo. De ser la organización fundadora de Podemos, a retirarse cuando su propia creación ha terminado jugando el triste papel de salvavidas del Régimen del 78.

Así, ante este nuevo escenario, se abre un interrogante fundamental: ¿qué proyecto político para la izquierda a la izquierda del gobierno de coalición? Por parte de Anticapitalistas, ya tenemos algunas pistas y no son muy auspiciosas. Teresa Rodríguez en Andalucía ha dejado claro que apuesta por un partido de tipo andalucista y una confluencia amplia con Podemos y con IU, es decir, un nuevo “frente amplio” con un programa reformista, pero con el espíritu del Podemos “de los orígenes”.

Después de la experiencia de Podemos es necesario sacar conclusiones y no volver a marcar el paso en el mismo lugar. Frente a un gobierno que promete mantener las políticas neoliberales de la UE, y que generará profundas decepciones, no hay tiempo que perder para construir una alternativa política anticapitalista, anti régimen y de independencia de clase, es decir, revolucionaria. Con ese sentido estratégico desde la CRT e Izquierda Diario, con nuestras humildes fuerzas, ya desde las pasadas elecciones del 28A y nuevamente el 10N, planteamos que las fuerzas que se reivindican anticapitalistas, empezando por la CUP y Anticapitalistas, teníamos la oportunidad (y la responsabilidad) de avanzar en poner en pie un frente de la izquierda anticapitalista y de independencia de clase en todo el Estado, que promoviese la autoorganización y movilización social. La salida de Anticapitalistas de Podemos debería ser un punto de partida en esta dirección y no en el de la refundación de un proyecto político que ha demostrado su bancarrota.

La experiencia del Frente de Izquierda y los Trabajadores – Unidad, del que participan nuestros compañeros y compañeras del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) de Argentina, es en este sentido un ejemplo a seguir. Un frente de independencia de clase y socialista que sostiene la perspectiva de un gobierno de trabajadores de ruptura con el capitalismo y que ha puesto cada una de sus conquistas en las instituciones de la democracia capitalista para desarrollar la agitación extraparlamentaria y la lucha de clases, preparándose para escenarios como los que ya comenzamos a ver en América Latina.

A las puertas de una nueva recesión económica internacional y cuando un nuevo ciclo de lucha de clases comienza a desarrollarse a nivel internacional, como lo empezamos a ver en Francia, Chile, Ecuador o Hong Kong, lo que hace falta es mayor audacia para desplegar una estrategia que se enfrente con los poderes fácticos del régimen capitalista. Y para ello es necesario construir y organizar una fuerza material hegemónica a partir de los principales combates y procesos de organización de la clase obrera –así como de la juventud y el movimiento de mujeres- desarrollando fracciones revolucionarias en su interior, mediante la articulación de los diferentes métodos y formas de lucha (la acción parlamentaria y extraparlamentaria, la lucha contra las burocracias sindicales, el Frente Único obrero, etc.). Ese es el desafío que tenemos por delante. Apostar por la construcción no de una “alternativa política” cualquiera, sino una de izquierda revolucionaria, que luche por el gobierno de los trabajadores y contra el régimen capitalista; que desenmascare las trampas de quienes, como Podemos desde el gobierno, están llevando adelante nuevos “compromisos históricos” para salvarlo.

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Quienes luchamos por esta perspectiva tenemos la responsabilidad de abrir audazmente una reflexión, llamando a asambleas o comités comunes de todos los sectores de la izquierda rupturista y el activismo obrero, juvenil y del movimiento de mujeres, con el objetivo de superar la bancarrota de las variantes neorreformistas que sólo abrirán el camino a la derecha y la extrema derecha.







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