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De Mandinga y andanzas terrenales

En la columna de hoy, recomiendo una novela del escritor cordobés, Esteban F. Llamosas, La milicia del diablo. Es la quinta novela de la serie del detective Lespada y entre otros casos, le toca investigar cómo el diablo mete la cola en el negocio inmobiliario, un asunto muy terrenal.

Laura Vilches

Concejala PTS - FIT Córdoba. Legisladora provincial PTS-FIT (mandato cumplido) | @VilchesLaura

Martes 22 de septiembre | 22:14

Estuve tratando de rastrear literatura que tenga como problemática el derecho de acceso a la tierra y la vivienda, para indagar en el modo en que la literatura procesa estos conflictos estructurales bajo el capitalismo.
Pero más allá de la novela de David Viñas, Los dueños de la tierra que relata la conocida huelga de la “Patagonia rebelde” donde los obreros rurales se levantan contra los latifundistas y las condiciones de explotación, y el recuerdo del cuento tremendo de Juan Rulfo, “Nos han dado la tierra” (de El llano en llamas) en el que se relata qué tierras yermas les han entregado a los campesinos después de la revolución mexicana de 1910, desconozco mucho y encontré muy poco. Espero recomendaciones sobre la cuestión.

Lo que sí encontré, en nuestra Córdoba, la Docta, es la historia de unos de mis detectives favoritos, con un nuevo caso para resolver. Aprovecho para presentárselos.

La milicia del diablo, es la quinta novela en la serie del detective Lespada, que nació en 1998, bajo la pluma de Esteban F. Llamosas. Llamosas es un escritor cordobés que como unos cuantos en Córdoba “la docta”, se vino desde Río IV a la capital para estudiar abogacía y se hizo Doctor en Derecho y Ciencias Sociales, investigador y docente en la Fac de Derecho de la UNC. Además, se dedicó a la literatura.

La serie Lespada se inició en 1998 con El rastro de Van Espen, novela reeditada en 2010. Luego publicó La biblioteca Listen (2004), Buscando a Traci (2006) y La conspiración de los catorce (2008). Además, Llamosas publicó el volumen de cuentos Gente de cerca (2013). La milicia del diablo es de 2014.

El protagonista de la serie, Lespada, es un detective privado, un tanto cínico, que sólo se compromete con sus casos. Es un “profesional” que no comparte vínculo con la institución policial y si le pagan “cumple a rajatabla el manual de ética de los detectives”, como ironiza frente a una clienta.
Tiene un ayudante, Cherkavsky, y su único “cariño” relativo (más allá de sus andanzas amorosas), está con su gato Raimundo, de quien se olvida bastante a menudo.

La serie Lespada (además de este homenaje al detective de Dashiell Hammett, seguramente se encontrarán otros guiños a grandes autores de la tradición del policial clásico y negro) se inicia con investigaciones sobre algunas supervivencias históricas del pasado cordobés, con referencias a la Reforma del ’18, antiguas logias clericales, o la búsqueda de algunos libros antiguos robados de bibliotecas privadas.
En el caso de La milicia del diablo, la acción se concentra en un tiempo más nuestro.

La ciudad que Lespada conoce ha ido mutando, y lo encontramos un poco desencajado. Es más, podríamos decir que en su vejez (y pobreza) aparece algún rasgo un tanto decadente: su Fiat 147 modelo 1987 está en el taller y lo deja a pata cada dos por tres, la secretaria que contratan es una jubilada que no llega a fin de mes y acepta un trabajo mal pago porque tienen ganas de “sentirse útil”, su adláter Cherkavsky un personaje con una llamativa erudición que ha superado algunos problemitas con el alcohol pero parece estar siempre al límite.

Lespada es un detective que, para los cánones trastocados por el movimiento de mujeres y la marea verde, está ya en problemas por sus derrapes. Pero también para llevarse bien con el siglo XXI, porque en pleno 2012, Lespada ni siquiera usa un teléfono celular.

En su ensayo Crimen delicioso. Historia social del relato policíaco, Ernest Mandel señala que la historia de la literatura policial marca la evolución misma del crimen. De las historias de misterio y crímenes impulsados por pasiones individuales de las altas esferas de la naciente sociedad burguesa y la decadente aristocracia que encontramos en el policial clásico o “analítico”, pasamos a observar los motivos sociales y políticos que hay en la trama del policial negro, sobre todo, de tradición norteamericana: el tráfico de drogas y alcohol – plena ley seca- el surgimiento y acción de las mafias, la corrupción estatal y policial son la marca del policial de un capitalismo en decadencia.

En el caso de este policial cordobés y los casos de detective Lespada, el tono paródico inicial de las primeras novelas y su homenaje al policial de corte más clásico (que siempre tiene algo de noir), va dejando paso a una problemática que adquiere peso social: el problema de la tierra urbana y el derecho a la vivienda.
En La Milicia del diablo, el crimen que aparece es el crimen más o menos organizado de sectores vinculados a la especulación inmobiliaria, la de los negocios desarrollistas y el excedente del negocio de la soja.

Quien conozco Córdoba y haya visitado en el último tiempo la ciudad, habrá notado el cambio en su fisonomía, la expansión de las megatorres cuyo único objetivo es la “inversión” en ladrillos (como se anuncia en los mismo carteles publicitarios), ante una economía nacional volátil, mientras está sin resolverse la falta de vivienda para alrededor de 400 mil familias. Un desarrollo similar tuvo la ciudad de Rosario, Santa Fe, con el desarrollo de esas torres a la vera del río con el mismo destino que las que aparecen en los barrios céntricos de la ciudad de Córdoba o las que emergen como monolitos casi pegadas a las sierras, mientras las familias populares se hacinan en villas miseria o “barrios populares” cuando no ocupan terrenos para tener un pedazo de terreno donde vivir.

Lo que ocurre en la localidad de Guernica y tantas otras, en Bs As, es algo que, como dan cuenta muchas y muchos analistas tiene larga data. La contracara de esa falta de acceso a la vivienda propia, es que el 75% de lo que se construye son viviendas de lujo que no serán ocupadas, ya sea en megatorres o en barrios cerrados que además, avanzan sobre el poco bosque nativo que queda en la provincia.

Y un poco de eso, con un toque de humor y mucho realismo detrás de una investigación detectivesca que parece ir detrás de algunos demonios, exorcismos, presencia esotérica y estafas, andan nuestro detective Lespada y su ayudante Cherkavsky, para dar cuenta de las andanzas de diablos más terrenales, literalmente.

Sin ánimo de adelantar mucho, la novela recorre el enigma (entre otros) de las amenazas del “Señor Maitreya”, Lucifer, Mandinga o el Maligno recibidas por personas mayores, la mayoría mujeres que habitan en viejos barrios populares como Güemes y Alberdi, devenidos en zonas deseables para los llamados “proyectos urbanísticos”.

De su última novela, Llamosas dice que “al momento de escribir pensé más en un modelo de corrupción que en un caso concreto. Me interesaba porque esos negocios dan cuenta de una Córdoba que muta vertiginosamente y sin orden, donde el único motor del cambio parece ser el dinero, y esa transformación desacomoda al detective, que empieza a ver que el mundo que conocía y los delitos que investigaba ya no existen más, fueron reemplazados por otros más violentos y más impunes.”

En este caso, la novela de Llamosas permite no sólo quedarnos en el crimen anecdótico que se presenta como excusa narrativa, el de la estafa y la amenaza para expulsar a los antiguos pobladores de las zonas codiciadas de una ciudad, sino ese crimen que se comete a plena luz del día y a cielo abierto, que es el saqueo descarado de millones de personas que son despojadas de su derecho a un suelo habitable. Quizás el proceso ficcionalizado por Llamosas tenga un carácter más terrenal: como se ve en todas las tomas de tierras, las ofertas de desalojo con promesas, las amenazas y el uso de patotas cuando no haya argumento y promesa que convenzan, así como el uso de la represión policial, sean los mecanismos menos “místicos” que intendentes y gobernadores usen para expulsar a las familias si techo.

Mandel señalaba, en el ensayo crítico que les mencionaba, que esa visión un tanto romántica del detective de la novela negra, a lo sumo puede chocarse con individuos en los cuales se personaliza el crimen, pero es incapaz de enfrentarse, como en este caso le ocurre a Lespada, con una gran corporación y salir airoso. En definitiva, la respuesta a los crímenes cometidos por el gran capital solo pueden darla la clase trabajadora junto a los pobres urbanos imponiendo una salida contra el gran negocio especulativo con la tierra. Pero esa es una novela, en una etapa que se abre, que quizás recién se está empezando a escribir. Por eso, toda nuestra solidaridad está hoy en la batalla, junto a las familias de Guernica.







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